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#477 ¿Qué sufrió Jesús?

November 09, 2016
P

Dr. Craig,

Estoy contento de escuchar que su próximo proyecto de investigación trata con la expiación. También he estado estudiando ese tema y estoy tratando de encontrar algunas respuestas referentes a un aspecto de la teoría de la sustitución, es decir, Cristo tomando nuestro castigo o la ira de Dios. Tengo que creer que esto implica mucho más que simplemente la muerte física, ya que nuestro castigo sin que la justicia de Cristo lo haya cubierto resultaría en una eternidad en el lago de fuego.

¿Eso significa que mientras Jesús sufría una muerte física horrible en la cruz, él también sufría esa misma eternidad de la ira de Dios por cada persona que haya vivido o que alguna vez vivirá?

De otra manera, ha habido muchos mártires que han sufrido horribles muertes, entonces, ¿qué hubiese hecho la muerte de Cristo más difícil de manejar que la muerte de esas personas, en cuanto a la ira de Dios, si solamente implicaba el aspecto físico?

Aarón

Estados Unidos

United States

Respuesta de Dr. Craig


R

Hay muchos temas que la doctrina de expiación plantea y tu pregunta, Aarón, es uno de los desafíos de la llamada teoría penal de la expiación, según la cual Cristo cargó el sufrimiento que nosotros merecíamos como castigo por nuestros pecados.

¿Cuál es el castigo por nuestros pecados? En Génesis, Dios les advirtió a Adán y a Eva, “mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2.17). Aquí no está claro si la muerte es el castigo por el pecado o simplemente la consecuencia del pecado. Lo que está claro es que Adán y Eva no murieron físicamente el día que ellos desobedecieron a Dios, sino que fueron expulsados de Su presencia del Jardín del Edén. Esa expulsión de la presencia de Dios es una especie de muerte espiritual. La promesa del Nuevo Testamento de la vida eterna en Cristo es la promesa no una mera vida (bios) biológica, sino de una vida (zoē) espiritual, una comunión con Dios. Contrario a eso, a las personas que no están en Cristo se les llama “muertos en vuestros delitos y pecados” (Efesios 2.1).

Algunos teólogos bíblicos han dicho que el castigo por los pecados es simplemente Dios abandonándonos para que suframos las consecuencias del pecado—vidas fracturadas, perversas y mortal vividas en un comportamiento egocéntrico y auto-destructivo, como se describe en Romanos 1.24-32. Esa no puede ser toda la historia, sin embargo, debido (como tú observas) a que el Nuevo Testamento advierte del juicio escatológico o final de parte de Dios para los pecadores. La muerte física no es el fin de la historia: “para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Corintios 5.10). Los que no conocen a Cristo estarán separados de él por siempre (Mateo 7.23).

En un sentido, incluso esa separación eterna de Dios se puede considerar como una consecuencia del pecado. Los pecadores no redimidos no pueden existir en una relación de comunión con un Dios santo. La presencia de Dios expulsa la maldad de la misma manera que la luz expulsa la tiniebla. La consecuencia del pecado, por lo tanto, es una separación de Dios y de la vida eterna que se encuentra en Él. Sin embargo, Pablo habla de esta separación eterna de Dios no solamente como una consecuencia del pecado, sino como un castigo por el pecado: “los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder” (2 Tesalonicenses 1.9). Los pecadores no redimidos, dice Pablo, “son dignos de muerte” (Romanos 1.32). Su destino final, después de todo, es un resultado del juicio de Dios sobre ellos.

Ahora bien, si pensamos que Cristo tomó sobre sí lo que nosotros merecíamos como resultado de nuestros pecados, ¿qué exactamente él sufrió en lugar de nosotros? El castigo por nuestros pecados es la separación eterna de Dios; pero Cristo no sufrió una separación eterna de Dios. En vez, Dios lo resucitó de entre los muerto. ¿Cómo debemos nosotros entender eso?

Una respuesta es que en virtud de la dignidad de su persona, es decir, de la segunda persona de la trinidad, lo que él sufrió es equivalente al sufrimiento eterno de los perdidos en el infierno. Es interesante que en nuestro sistema jurídico criminal, esta clase de diferencia se reconoce, pero no es permitida. Se reconoce que diferentes prisioneros pueden experimentar el mismo veredicto de maneras radicalmente diferentes, ya que para un criminal endurecido, el castigo pudiera ser un mero fastidio, pero para una persona que sea frágil o sensible, el mismo castigo pudiera ocasionar un terrible sufrimiento. Nuestro sistema legal no permitirá que esas diferencias en las personas lleguen a jugar papel alguno al sentenciar por obvias razones: eso pudiera llevar a explotación horribles del sistema por ciertas personas. De modo que el sufrimiento subjetivo de las personas no es permitido que juegue un papel cuando se asigna el castigo. Pero Dios obviamente no está sucesible al tipo de abusos que está un sistema legal humano y por eso pudiera tomar en consideración esas diferencias subjetivas. En ese caso, se pudiera decir que Cristo sufrió subjetivamente los mismos dolores que los perdidos.

Sin embargo, incluso en una perspectiva puramente objetiva del castigo pudiera ser que Cristo, de hecho, es sentenciado al mismo destino que nosotros, a la muerte. Una y otra vez, el Nuevo Testamento dice que Cristo murió por nuestros pecados.[1] Pero, como tú preguntarás: ¿qué hay de la muerte eterna? ¿No es el castigo por el pecado la muerte eterna? Pues bien, talvez no. Talvez la eternidad de la muerte es una consecuencia contingente de los perdidos que persisten por siempre. Ellos están sentenciados a la muerte, y punto, pero debido a que ellos persisten—sin arrepentirse (tenemos que añadir) su castigo continúa para siempre. Un análogo de eso sería un prisionero sentenciado a cadena perpetua sin libertad condicional pudiera vivir tanto por un año como por 100 años. La duración de su castigo es una consecuencia contingente de cuanto tiempo él viva. De igual manera, la duración de la pena de muerte pronunciada al perdido es una consecuencia contingente de su duración eterna.

En el caso de Cristo, él sufrió la muerte, así pagó nuestro castigo y nos liberó de la sentencia. Pero esa muerte no necesita ser prolongada, ya que él es inocente. Cualquier culpa que él llevó no es suya sino no nuestra, la cual le fue imputa a él. Por lo tanto, no hay razón para que él permanezca en la muerte. Dios, al levantarlo de entre los muertos, lo vindicó y demostró su victoria sobre el pecado, la muerte y sobre el infierno.

Pero, ¿cómo puede Cristo (quien es una persona divina) experimentar una separación de Dios? ¿No dividiría, por imposible, la trinidad por mitad? Bueno, me parece que Cristo en su naturaleza humana puede experimentar el abandono y separación de Dios el Padre, una ruptura y retirada de la comunión de Su bendición. En las teorías clásicas de la encarnación, el alma humana de Jesús (la cual no es una persona) experimenta ese abandono, no el Logos/Verbo divino (quien es la persona de Cristo). En mi doctrina neo-apolinariana favorita de la encarnación, Cristo, en sus experiencias despierta de conciencia, experimenta ese abandono. En esa manera, él puede sufrir la paga de la muerte que nosotros merecíamos.

  • [1]

    Mientras pensamos que esto no implicaba más que una muerte física, en la perspectiva objetivista no es relevante que los otros martires también experimentaron muertes horribles para que Cristo no experimentara algún sufrimiento “más fuerte de manejar que ellos”. El hecho todavía permanece que Cristo estuvo muriendo en tu lugar, pagando la paga que tú merecías y ellos no.

- William Lane Craig