#828 ¿Por qué Un Dios Justo Me Permite Experimentar el Bien?
January 08, 2025Buenos días, Dr. Craig.
En mi interminable búsqueda de la verdad sobre Dios (si es que existe), y en las numerosas discusiones que he mantenido sobre su naturaleza, la preocupación más desconcertante y a la vez más repetida que las personas parecen tener sobre la existencia de tal creador divino es casi siempre algo parecido a: «¿Por qué, si existe un Dios bueno, me permitiría experimentar un mal y un sufrimiento tan horrendos?». Las personas que experimentan traumas, sufrimiento, maldad, abandono, racismo, etc., parecen mantener un ferviente nivel de desconfianza en tal creador, y eso me parece (en mi limitada experiencia) que es la principal fuerza impulsa la falta de voluntad de la mayoría de los individuos no creyentes para depositar su fe en tal ser y dedicarle toda su vida. (Esto me parece interesante porque da por sentado muchas cosas sobre la forma en que Dios DEBERÍA ser, sin tener apenas en cuenta si pudiera tener motivos para permitir tales cosas).
Como he dicho, esto me desconcierta, y me encuentro en lo que parece ser una situación única, en el sentido de que soy la única persona que conozco que piensa que estos individuos están enfocando esta cuestión al revés.
Cuando, en mi frecuente introspección, evalúo el estado de mi ser, me causa mucho dolor admitir que, a pesar de mis años de esfuerzo por mejorarme, los deseos internos de mi corazón siguen siendo repugnantes, manchados de una desdicha y malevolencia que no pueden superarse. El abuso del alcohol, la mala conducta sexual, la avaricia, la deshonestidad y muchos vicios más, impregnan mi espíritu de principio a fin, atándome en una red de autodesprecio.
A la luz de este autoconocimiento, creo que la pregunta entonces no debería ser por qué un Dios bueno me permitiría experimentar el mal y el sufrimiento, sino más bien: ¿Por qué un Dios JUSTO me permitiría experimentar algo bueno? Sabiendo lo que he hecho, parece perfectamente racional aceptar que todas las dificultades, tragedias, sufrimientos y aflicciones que me acontecen deberían ser exactamente el tipo de cosas que debería esperar recibir de un Dios bueno, y sin embargo aquí estoy, viviendo, respirando, experimentando la bondad que es la vida, totalmente inmerecida. ¿Por qué Dios me permitiría experimentar algo bueno en esta vida, o en la próxima (si es que hay otra vida después de ésta)?
Joseph
Estados Unidos
Respuesta de Dr. Craig
R
Realmente me identifico con tu pregunta, Joseph. Cuando no era cristiano y miraba dentro de mi propio corazón, yo también veía el mal y la oscuridad que albergaba, a pesar de que externamente llevaba una vida bastante moral. Por eso, cuando escuché el mensaje del Evangelio, aunque me inquietaba la perspectiva de que mis amigos del instituto fueran al infierno, el pensamiento de que yo iba a ir al infierno no me causaba ninguna dificultad, porque sentía que me lo merecía. ¿Qué derecho tenía yo, que había ofendido tanto la santidad de Dios y violado Su ley moral, al perdón de Dios?
Posteriormente, después de haberme hecho cristiano, se me ocurrió una pregunta parecida a la tuya. Aunque la gente suele preguntar: «¿Cómo puede un Dios totalmente amoroso enviar a la gente al infierno?», la pregunta «¿Cómo puede un Dios totalmente justo enviar a la gente al cielo?» parece intelectualmente igual de difícil de responder. Sin embargo, ¿cuántas personas se hacen esta última pregunta? ¿Cuántas personas rechazan el cristianismo porque no pueden entender cómo un Dios santo y justo puede enviar a la gente al cielo? Nadie, ¿verdad? Creo que esto demuestra que la cuestión es emocional y no intelectual. A las personas simplemente no les gusta la idea de un Dios que los enviaría al infierno, y por eso eligen no creer en Él. Es como ponerse delante de un coche que va a toda velocidad, cerrar bien los ojos y decir: «Cualquiera que me atropelle no puede ser una buena persona. No voy a creer en él. Si elijo no creer en él, ¡entonces no me afecta!». Y entonces ya es demasiado tarde.
Como señalas, Dios no nos debe nada. No tenemos derecho a una vida que sea todo color de rosa y libre de sufrimiento. En todo caso, merecemos lo contrario. El hecho de que nuestras vidas estén a menudo llenas de bienes que no merecemos es una expresión de lo que los teólogos llaman la gracia común de Dios, concedida gratuitamente a toda la humanidad. Jesús dijo: «Él hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos» (Mt 5:45). La gracia especial de Dios se encuentra en Jesús, a quien Dios envió como expiación por nuestros pecados. Es una maravilla de la condescendencia y la gracia de Dios que nos ame tanto como para enviar a su Hijo a soportar el sufrimiento que merecíamos como castigo por nuestros pecados, para que pudiéramos ser redimidos, restaurados y perdonados. ¡Espero que encuentres vida nueva en Él!
- William Lane Craig