#863 ¿Por qué ir a la iglesia?
June 03, 2025Hola, Dr. Craig:
Disfruto mucho de su boletín informativo y valoro profundamente su labor. Hablo en nombre de otros miembros de mi escuela cuando digo que usted ha sido un salvavidas para muchos que buscan la verdad y los fundamentos de la fe cristiana.
Le escribo para traer a su atención un tema que considero digno de una atención apologética urgente. Seguramente ya lo ha abordado, pero yo diría que esta es la pregunta apologética de nuestra generación, y que necesita ser respondida de formas nuevas y creativas: ¿Puede defenderse la Iglesia?
No solemos escuchar a cristianos —ni a nadie más— atacar el ideal de la Iglesia. Dios pudo haber tenido una intención noble e importante al instituirla. Lo que realmente no podemos comprender es que la Iglesia real, tal como existe en esa pequeña capilla al final de la calle, es el cuerpo mismo de Cristo, necesario en el camino de nuestra salvación y desempeña un papel significativo en el cuidado providencial de Dios por el mundo.
Veo esto con frecuencia en mis estudiantes evangélicos. No tienen mayores problemas con los milagros, la veracidad de las Escrituras, la existencia de Dios, el nacimiento virginal o incluso la salvación de los no alcanzados. Muchos están profundamente impresionados por la historia de la salvación y los temas del evangelio tal como los presentan el Bible Project o autores como N. T. Wright. Pero lo que no comprenden es por qué todo eso implica levantarse de la cama un domingo por la mañana, alistarse para el culto y asistir a esa desventurada reunión de personas tan diversas en la Cuarta Avenida.
Las fallas morales de la Iglesia se han vuelto demasiado evidentes para estos estudiantes, el estímulo espiritual que reciben de sus mediocres congregaciones es escaso, y el esfuerzo que implica comprometerse con la Iglesia resulta desalentador para personas mentalmente agotadas o emocionalmente heridas. Muchos, simplemente, no llegan a integrarse.
La respuesta común que solemos dar a esta crisis es una evasiva: «las iglesias simplemente necesitan mejorar». Por supuesto, siempre hay espacio para ser mejores iglesias. Pero eso no llega al meollo de nuestra tarea apologética. Las iglesias siempre han sido más prostitutas que novias. Y ahora debemos enfrentar esa realidad de una forma que las generaciones anteriores no hicieron.
Mis breves comentarios.
Boyd
Estados Unidos
Respuesta de Dr. Craig
R
Tu pregunta es muy pertinente, Boyd, y como filósofo no estoy especialmente capacitado para responderla. Sin embargo, permíteme compartir un par de breves reflexiones.
Yo adoptaría un enfoque muy distinto al que tú consideras «la respuesta común a esta crisis». Más bien, culparía directamente a quienes se niegan a asistir y participar en la iglesia. Puede que no quieran oír esta respuesta, pero creo que es la verdad. No debemos consentirlos, sino tratarlos con firmeza. Como Jordan Peterson ha enfatizado tantas veces, debemos exigirles un estándar más alto.
Quienes se niegan a asistir y participar en la iglesia actúan de manera antibíblica, desafiando los requisitos de un verdadero discípulo de Jesús. La iglesia local es el cuerpo de Cristo. Las Escrituras nos ordenan no descuidar nuestra congregación (Hebreos 10:24-26). Por tanto, quienes se niegan a hacerlo están desobedeciendo tanto a las Escrituras como al Señor.
El error fundamental de estas personas es pensar que la razón para ir a la iglesia es lo que uno obtiene. Así que, si no se recibe nada al asistir —como lamentablemente sucede con demasiada frecuencia—, se creen eximidos de este deber cristiano. Pero esto es un error total. La razón por la que asistimos a la iglesia no es para recibir algo, sino para dar: es decir, el culto colectivo que se le debe a Dios, por no mencionar el amor y el servicio al prójimo. La razón para «levantarse el domingo por la mañana [¡a veces en el frío y la oscuridad, añadiría!], prepararse para el culto y dirigirse a la desventurada reunión de gente diversa en la Cuarta Avenida» es dar a Dios y a nuestros hermanos lo que les debemos. La actitud que describes es reprensiblemente egoísta. ¿Cómo puede un cristiano que ama a Dios negarle lo que le corresponde e ignorar las necesidades de sus hermanos y hermanas?
Jan me preguntó una vez: «¿Por qué la iglesia está tan mal?» Le respondí: «Probablemente porque está llena de gente como nosotros». Ninguno de nosotros está en posición de adoptar una actitud superior hacia quienes forman parte de la iglesia local. Claro que no alcanzan el ideal —a veces de manera muy evidente—, pero nosotros también tenemos defectos y fallas. ¡Estas personas son hijos de Dios, y por lo tanto, miembros de la realeza! Merecen ser tratados con respeto. La humildad exige que seamos tolerantes con los defectos de los demás y que los tratemos con compasión.
También debemos preguntarnos qué podemos hacer cada uno para contribuir a la salud del cuerpo local de Cristo. Recordemos que a cada uno se le ha dado un don espiritual, el cual tenemos la responsabilidad de ejercer dentro del cuerpo local para la edificación de toda la comunidad (1 Pedro 4:10). Quienes se niegan a asistir y participar en la iglesia están descuidando su don espiritual y, por lo tanto, perjudican no solo al cuerpo de Cristo, sino también a sí mismos en su propio desarrollo espiritual. Por supuesto, si el tipo de adoración que se lleva a cabo en nuestra iglesia local no nos permite adorar a Dios, entonces necesitamos buscar otra congregación más propicia para ese fin. Pero lo que no es correcto es dejar de asistir y desvincularse por completo de la vida de la iglesia.
- William Lane Craig