#660 Las Genealogías de Génesis 1-11
September 08, 2025He estado tanto fascinado como inquieto por su trabajo reciente sobre los primeros capítulos del Génesis. Inquieto porque es tan diferente de todo lo que me han enseñado en mis 35 años de vida. ¡Casi siento como si me hubieran quitado el suelo bajo los pies! He estado escuchando su clase de Defensores sobre el tema y confieso que no me han satisfecho del todo algunas de sus respuestas o soluciones a ciertos «problemas» en estos primeros capítulos.
Una de las áreas que me ha causado inquietud es la de las genealogías en Génesis. He escuchado en el pasado que «engendró» o «fue padre de» no tiene que implicar que la persona sea el hijo directo y biológico, por así decirlo. Las personas usan eso para argumentar que los seres humanos podrían haber existido desde hace mucho más tiempo que solo unos pocos miles de años. Sin embargo, incluso aceptando ese hecho, me resulta problemático que la genealogía en Génesis 5 parezca dar edades exactas en las que nació otra persona (por ejemplo: «Cuando Set tenía 105 años, engendró a Enós…»). Lo que me inquieta es la edad de Set cuando nació Enós, no si Enós es hijo, nieto o bisnieto de Set.
Por lo que recuerdo de su clase, usted pareció minimizar la importancia de las genealogías diciendo que simplemente no estaban destinadas a ser tomadas literalmente. Pero ¿por qué? Supongo que no me ha convencido la idea de que los lectores originales habrían interpretado las genealogías como una exageración. Me parece que estaban destinadas a ser tomadas literalmente, debido a lo específicas que son. Al menos, así es como me parecen a mí cuando las leo.
Tengo otra pregunta, que reconozco no tiene una respuesta definitiva, pero me da curiosidad saber si usted ha reflexionado sobre esto, porque ciertamente me resulta inquietante. Si los seres humanos han existido durante, digamos, 100,000 años (¿acaso eso no es una estimación conservadora?), ¿por qué habría de esperar Dios hasta los últimos pocos miles de años para dar una revelación especial a la humanidad? ¿Por qué permitiría que los seres humanos vivieran y murieran durante más de 90,000 años antes de llamar a una nación para sí y enviar a un Salvador? Entiendo que, por supuesto, Dios puede salvar a cualquiera en cualquier momento… pero simplemente no me parece lógico que haya esperado tanto para dar una revelación especial a las personas. Obviamente, no puedo conocer todas las razones de Dios para hacer lo que hace, así que tal vez esta no sea una pregunta con la que debería estar teniendo dificultades. ¡Y, sin embargo, aquí estoy! ¡Realmente me ha estado inquietando! Muchas gracias por su tiempo y sus reflexiones.
Rebecca
Estados Unidos
Respuesta de Dr. Craig
R
¡Comparto tu fascinación y perplejidad respecto a mi trabajo reciente sobre el Adán histórico, Rebecca! Es algo desconcertante.
Sin embargo, me sorprende tu afirmación de que parezco «minimizar la importancia a las genealogías», cuando, por el contrario, las genealogías de Génesis 1–11 fueron fundamentales para mi argumento de que las historias de Génesis 1–11 no son mito puro, sino que tienen un interés histórico.
He argumentado que las narrativas de Génesis 1–11 comparten suficientes semejanzas estructurales con los mitos como para calificarlas como mitos hebreos. Sin embargo, esa no es toda mi argumentación. El interés histórico de Génesis 1–11 se expresa con mayor claridad en las genealogías que ordenan cronológicamente las narraciones.
Las narrativas de Génesis están intercaladas con referencias genealógicas que incluyen a los personajes principales de las historias. Estas se introducen mediante una fórmula estándar: «estas son las generaciones [tôledôt, literalmente, engendramientos] de», que marca las secciones narrativas a lo largo del libro (2:4; 5:1; 6:9; 10:1; 11:10, 27; 25:12, 19; 36:1, 9; 37:2). Al ordenar a los personajes principales en líneas de descendencia, las fórmulas tôledôt convierten las narrativas primordiales en una historia primordial. No tenemos en Génesis 1–11 un conjunto de relatos prehistóricos desordenados, sino un relato cronológico que comienza en el momento de la creación y se extiende hasta el llamado de Abraham. Las genealogías se funden sin interrupción con el período histórico de los patriarcas, donde el interés histórico es evidente y no está en disputa. Así como Abraham es presentado como una persona histórica, también lo son sus antepasados.
Como señala el erudito del Antiguo Testamento John Walton, no hay evidencia de que las genealogías antiguas incluyeran individuos que no se creyera que hubieran existido.[1] De hecho, con respecto a muchos de los reyes en las listas de la realeza de la antigua Mesopotamia, tenemos buenas razones par confiar en que realmente existieron.[2] «En consecuencia, no habría precedente para pensar que las genealogías bíblicas deban entenderse de manera diferente. Al incluir a Adán en listas genealógicas, los autores de las Escrituras lo están tratando como una persona histórica».[3]
Aun así, las genealogías antiguas no eran obra de historiadores desinteresados, sino que podían cumplir fines no históricos. Por ejemplo, la genealogía que constituye la Tabla de las Naciones en Génesis 10, a pesar de sus fórmulas como «hijos de» y «engendró», no trata sobre relaciones de sangre, sino que enlista personas basándose en factores políticos, lingüísticos, geográficos y similares—y el autor de Génesis lo sabía. Es un ejemplo paradigmático de cómo las genealogías pueden servir a propósitos domésticos, políticos y religiosos.
En las genealogías lineales, la técnica del telescopio (la omisión de generaciones intermedias) y la fluidez son características comunes. Las lagunas en las listas reales sumerias, asirias y babilónicas son frecuentes. Entonces, ¿permiten las genealogías de Génesis 1–11 lagunas extensas? Cuando el tôledôt de Adán en 5:1–32 se une con el tôledôt de Sem en 11:10–26, se presenta una sucesión de descendientes desde Adán hasta Abraham que parece no permitir generaciones omitidas, debido a la fórmula utilizada a lo largo del texto: «cuando X había vivido n años, engendró a Y; y cuando Y había vivido m años, engendró a Z». Al estipular la edad del padre en el momento del nacimiento de su descendencia, las lagunas parecen quedar excluidas.
La integridad de las genealogías de Génesis fue, sin embargo, cuestionada por W. H. Green en un artículo seminal.[4] En apoyo de su afirmación de que las genealogías de Génesis 5 y 11 no deben necesariamente considerarse completas, Green presenta cinco líneas de evidencia:
(i) En numerosas otras genealogías bíblicas hay evidencia incontrovertible de abreviación.
(ii) El autor en ningún lugar suma las edades de las personas mencionadas ni deduce ninguna afirmación cronológica sobre el tiempo transcurrido desde la creación o desde el diluvio, como sí se hace desde el descenso a Egipto hasta el Éxodo (Éxodo 12:40) o desde el Éxodo hasta la construcción del templo (1 Reyes 6:1).
(iii) El paralelo más cercano al lapso de la historia primitiva es el tiempo de la esclavitud de Israel en Egipto, que se cubre únicamente con una genealogía que va de Leví a Moisés y Aarón (Éxodo 6:16–26), una genealogía que no puede haber registrado todos los eslabones de esa línea de descendencia y que, por tanto, no pudo haber sido destinada a servir como base para un cálculo cronológico.
(iv) En la medida en que los registros y monumentos del antiguo Egipto muestran que el intervalo entre el Diluvio y el llamado de Abraham debió haber sido mayor que el que resulta de la genealogía en Génesis 11, estos datos van en contra de la suposición de que dicha genealogía fue concebida para proporcionar los elementos de un cálculo cronológico.
(v) La estructura simétrica de las genealogías en Génesis 5 y 11 favorece la idea de que no registran todos los nombres en estas respectivas líneas de descendencia.
Todos estos puntos son válidos. Los comentaristas contemporáneos se ven especialmente impactados por la simetría artificial de diez antepasados antediluvianos desde Adán hasta Noé, seguidos por diez antepasados postdiluvianos desde Sem hasta Abraham. Una genealogía similar de diez nombres aparece en Rut 4:18–22, así como en varias listas reales sumerias, asirias y babilónicas. Nahum Sarna comenta: «La conclusión es inconfundible: tenemos aquí una esquematización deliberada y simétrica de la historia, que presenta segmentos de tiempo equilibrados y significativos como una forma de expresar la enseñanza bíblica fundamental de que la historia tiene sentido».[5] También es notable la omisión del autor de sumar las edades de las personas mencionadas, lo cual sugiere una indiferencia hacia el lapso total. En este sentido, puede contrastarse con la Lista Real Sumeria, que sí proporciona totales y subtotales de los reinados antediluvianos y postdiluvianos.[6]
Además, las longevidades de los patriarcas antediluvianos parecen poco probables de haber sido concebidas para ser interpretadas literalmente. En la lista de reyes sumerios, los reyes antediluvianos también tienen reinados fantásticamente largos, llegando hasta 43,200 años por reinado individual, con una disminución en la duración de los reinados después del Diluvio. En Génesis, el Diluvio interrumpe de manera similar las genealogías en 5:32 y 9:28, y se atribuyen longevidades extraordinarias a los antediluvianos, aunque menos extravagantes que las de los reyes mesopotámicos, y con una reducción de la longevidad después del Diluvio. El autor de Génesis habría sido consciente de lo fantásticas que son estas longevidades ancestrales, lo cual da razones para pensar que las genealogías no están destinadas a ser una historia literal. No existe consenso entre los estudiosos del Antiguo Testamento sobre la razón o el significado de las longevidades fantásticas atribuidas a los antediluvianos.
Podrían insertarse pequeñas lagunas en las genealogías de Génesis 5 y 11 interpretando «padre» como algo similar a «abuelo» (cf. Génesis 46:12, 25; 46:16–18): cuando X había vivido n años, se convirtió en abuelo de Y; y cuando Y había vivido m años, se convirtió en abuelo de Z. Pero tales lagunas son limitadas, ya que el progenitor aún debe tener cierta edad cuando nace el descendiente. Además, algunos pasajes en las genealogías conectan estrechamente a los sucesores, por ejemplo, el comentario de Lamec sobre el significado del nombre de Noé. La sugerencia de que «X engendró a Y» podría significar «X engendró la línea que culmina en Y» resulta poco verosímil, ya que las genealogías implican que X aún está vivo cuando la línea culmina en Y.
Entonces, ¿cómo deberíamos entender las genealogías de Génesis 1–11? Sobre la base de estudios comparativos de la literatura sumeria, el eminente asiriólogo Thorkild Jacobsen propuso que reconozcamos un género literario único que él denominó «mitohistoria». Un buen ejemplo del género mitohistórico, más familiar para los lectores occidentales, sería el relato de la guerra de Troya en la Ilíada. Según el clasicista G. S. Kirk, «Gran parte de la Ilíada es obviamente historicista en su contenido... incluso quienes menos confían en la existencia de una “guerra de Troya” conceden que tuvo lugar algún tipo de ataque y que algunos aqueos estuvieron entre los atacantes... la historia se basa en algún tipo de memoria del pasado y.… su desarrollo se describe en términos en gran medida realistas».[7] La principal excepción es el papel de los dioses en la historia. Pero Kirk cree que, lejos de ser una «jungla mitopoiética», muchas de las personificaciones de fenómenos físicos e impulsos psicológicos en la Ilíada y la Odisea «es más probable que formen parte de una convención literaria arcaica y duradera que de las suposiciones reales de Homero sobre la causalidad».[8] Los mitos griegos, por tanto, ofrecen un ejemplo de «historia mítica».[9]
Aunque las genealogías de Génesis 1–11 evidencian un interés histórico por parte del autor y su audiencia, es importante tener presente que lo que se está narrando es una mitohistoria. Los cálculos cronológicos se vuelven inapropiados para este tipo de género. Kenneth Kitchen observa que en el Antiguo Cercano Oriente las personas ya eran conscientes de que el mundo era extremadamente antiguo.[10] Las listas de reyes mesopotámicas indican que los reyes habían reinado en Sumer durante 241,200 años antes del Diluvio, seguido por otros 26,997 años de reinados reales. Según el sacerdote babilónico Beroso, los reyes habían reinado en Babilonia durante 432,000 años antes del Diluvio.[11]
En contraste, las genealogías bíblicas suman, de manera famosa, apenas 1,656 años desde Adán hasta el Diluvio, y otros 367 años desde el Diluvio hasta el llamado de Abraham. Estas genealogías presentan dificultades si se toman literalmente; por ejemplo, Noé aún está vivo cuando nace Abraham, y Sem vive posterior a Abraham por 35 años. Génesis presenta una historia mitológica del mundo que es extremadamente breve según los estándares antiguos, estrechamente delimitada por fórmulas genealógicas de padre a hijo que parecen no contemplar lagunas de decenas de miles de años entre generaciones. No deberíamos imaginar que las genealogías contemplan los enormes saltos necesarios para armonizarlas con lo que sabemos sobre la historia de la humanidad; pero tampoco deberíamos pensar que están compuestas por personajes puramente ficticios. Podemos evitar estos extremos al considerar que la breve historia que relatan es una mitohistoria que no está destinada a ser tomada literalmente.
En cuanto a tu inquietud final, como expliqué en mi debate con Christopher Hitchens, debido a la explosión demográfica mundial, el número de personas que vivieron antes de la época de Cristo, incluso remontándonos cientos de miles de años, se vuelve cada vez más trivial en comparación con el número de personas vivas hoy. Por lo tanto, no hay problema con que Dios haya esperado «la plenitud del tiempo» (Gálatas 4:4) para enviar a Su Hijo a redimir a la humanidad. Cristo murió no solo por quienes vendrían después de Él, sino también por quienes vivieron antes—incluyendo los neandertales y los denisovanos, si es que, en efecto, pertenecen a la familia humana.
[1] John H. Walton, “Response from the Archetypal View,” en Matthew Barrett y Ardel B. Caneday, eds., Four Views on the Historical Adam, Counterpoints (Grand Rapids, Mich.: Zondervan, 2013), p. 69.
[2] Jacobsen escribe: «Nuestra conclusión respecto al valor histórico de la Lista de Reyes debe ser, por tanto, que si bien la disposición, la sucesión de las diversas dinastías, puede considerarse una construcción posterior sin importancia, poseemos en el material real de ese documento una fuente histórica de gran valor, de la cual solo deben excluirse algunos reinados exagerados que aparecen con los gobernantes más antiguos» (Thorkild Jacobsen, The Sumerian King List, Assyriological Studies 11 [Chicago: University of Chicago Press, 1939], p. 167).
[3] John H. Walton, The Lost World of Adam and Eve: Genesis 2-3 and the Human Origins Debate (Downers Grove, Ill.: InterVarsity Press, 2015), p. 102.
[4] William Henry Green, “Primeval Chronology,” Bibliotheca Sacra 47 (1890): 285–303.
[5] Nahum M. Sarna, Genesis, The JPS Torah Commentary (Philadelphia: Jewish Publication Society, 1989), p. 40.
[6] Jacobsen, The Sumerian King List, col. i.35; col. ii, 43.
[7] G. S. Kirk, Myth: Its Meaning and Functions in Ancient and Other Cultures, Sather Classical Lectures 40 (Cambridge: Cambridge University Press, 1970), p. 32. Incluso la Odisea, señala Kirk, está en gran parte ambientada en un mundo supuestamente histórico. Cf. G. S. Kirk, “On Defining Myths,” p. 55.
[8] Kirk, Myth, p. 240.
[9] Ibid., p. 254.
[10] Kenneth Kitchen, On the Historical Reliability of the Old Testament (Grand Rapids, Mich.: Wm. B. Eerdmans, 2003), p. 439.
[11] Stanley Mayer Burstein, ed., The Babyloniaca of Berossus, Sources from the Ancient Near East 1/5 (Malibu, Calif.: Undena Publication, 1978), p. 48. Para poner esta cifra en perspectiva, ubicaría a los primeros reyes babilónicos a mediados del período Pleistoceno de la Edad Paleolítica, justo antes de la aparición del Homo sapiens moderno.
- William Lane Craig