#300 Llegar a Amar a Dios
January 20, 2013Dr. Craig, aquí está el problema: Soy tan ateo como la persona que más pueda serlo. Nunca creí ni por un minuto que eso sucedería en mi vida. Sin embargo, cuando lo pienso, como filósofo, tengo que admitir que no tengo ningún buen argumento para invalidar la existencia de Dios. Además, cuando veo los debates en el Internet y cuando leo los artículos, encuentro que los argumentos ateos son muy convincentes. Los argumentos que usted presenta, con los cuales estoy muy familiarizados, son argumentos sólidos. Aún así, aquí está el problema, todavía estoy convencido. Además, pienso esto: ¿Qué si me encontrara con Dios hoy? Estoy seguro que creería en su existencia. Pero, ¿por qué adorar? Aún si los argumentos me convencen de que Dios existe, ¿por qué debería eso importarme? O adoro porque si no lo hago Dios me va a torturar para siempre o acepto su amistad de manera voluntaria. Pero ¿qué pasa si no quiero ser su amigo?
Carl
United States
Respuesta de Dr. Craig
R
¡Caramba, qué pregunta tan interesante, Carl! Realmente le agradezco su honestidad. Su pregunta enfatiza la diferencia que hay entre creer meramente que Dios existe y creer en Dios. Uno podría dar un tipo de reconocimiento desinteresado y hasta apático al hecho que Dios existe sin que uno realmente ame y confíe en Dios.
Jesús enseñó que a la persona a quien se le perdona mucho ama mucho, y al que se perdona poco ama poco (Lucas 7:40-50). Sospecho que en eso está la clave para la pregunta que usted hace. La adoración a Dios se enciende con la profunda gratitud a Dios por Su perdón por las cosas malas que uno hace. Las personas que no tienen un sentido profundo de su propia pecaminosidad probablemente no van a sentir mucho la necesidad de venir a Dios. Pero el saber que uno, sin ser merecedor del perdón como lo es usted, ha sido perdonado de inclusive los peores pecados y que ha sido limpiado de culpa para siempre, eso emite espontáneamente acción de gracias y alabanza a Dios por ese favor inmerecido.
Estuve fuertemente sorprendido al final de mi debate con Louise Anthony acerca de la existencia de Dios cuando ella confesó que una de las desventajas del ateísmo que ella había llegado a apoyar es que bajo el ateísmo no hay redención. ¡Pensemos en esto! El pecado y la culpa de una persona son verdaderamente indelebles. No se puede enmendar ninguna de las cosas que uno ha cometido ni restaurar la inocencia. Pero el mensaje cristiano es un mensaje de redención. Es por eso que un escritor de un himno exclama, “Redimido, ¡Cómo me Gusta Proclamarlo!”
Por lo tanto, para venir a Dios, creo que usted probablemente necesita reflexionar sobre su propia pecaminosidad. Una vez C. S. Lewis comentó, “Nadie sabe cuán malo es hasta que ha tratado muy intensamente de ser bueno.” El filósofo danés Soren Kierkegaard hizo el mismo punto. Kierkegaard pensaba de la vida como una que se vive en tres niveles. El nivel más básico es la fase estética, en el cual la vida se vive egocéntricamente para el placer que esta proporciona. La vida que se vive de esa manera al final emite aburrimiento y fastidio. El nivel próximo más alto es la fase ética, en la cual una persona vive de acuerdo a los estándares morales estrictos. Sin embargo, al final esa vida resulta en desesperación ya que uno no puede vivir a la altura del estándar de la bondad moral. Sólo en el plano o nivel más alto, la fase religiosa, se encuentra verdaderamente la existencia autentica. Kierkegaard vio de una manera correcta que es un fracaso de la vida ética que impulsa a una persona al plano religioso.
Me acuerdo que cuando yo no era cristiano y cuando escuché el mensaje del Evangelio por primera vez, a pesar de que estaba viviendo una vida externamente moral, estaba fuertemente consciente de la tiniebla y de la perversidad que había dentro mí. Hasta que usted llegue a estar consciente de su propia caída, egoísmo, y necesidad de perdón, usted probablemente no estará inclinado a adorar y a amar a Dios. Pero le insto a leer un poco de Kierkegaard o tal vez los Pensées de Pascal y a tratar de vivir fielmente de acuerdo con la Regla de Oro. Eso podría ayudar a despertar en usted un sentir agudo de cuán verdaderamente necesitado está usted.
- William Lane Craig