#290 Una Pregunta sobre la Justicia
December 21, 2012Hola Dr. Craig,
Mi pregunta es acerca de la justicia divina. Usted describe a Dios como un ser esencialmente bondadoso, justo y compasivo, pero no veo cómo su justicia puede ser ejemplificada con escenarios como el que se describe al siguiente:
Supongamos que un asesino en serie como Jeffrey Dahmer disfruta de un estilo de vida de torturar, matar y comerse la gente por diversión. Con el tiempo, la policía le descubre y le lleva a la cárcel. En la cárcel él se convierte en un cristiano nacido de nuevo y todos esos pecados que había cometido fueron perdonados. Luego le matan y va al cielo ya que el mero hecho de la conversión al cristianismo le limpió de todos los malos hechos que había cometido anteriormente. Sin embargo, algunas de sus víctimas no eran cristianas cuando fueron asesinadas y de esa manera se fueron al infierno cuando murieron. Así que las víctimas asesinadas no sólo fueron torturadas y asesinadas en este mundo, sino que peor aún fueron enviadas al infierno para ser torturadas, pero esta vez para siempre, mientras que su asesino disfruta de la paz eterna en el cielo.
Nunca me he encontrado a un cristiano que me explique cómo el escenario que se describe arriba, no es sólo la obra de una deidad "perfecta" y "todo-amorosa", sino un ejemplo de la justicia perfecta que posiblemente no podría ser mejorada por cualquier generación de humanos pasados, presentes o futuros. En otras palabras, si el Dios de la Biblia es inherentemente perfecto, compasivo y justo, ¿por qué iría a permitir que un asesino en serie entrara al cielo, mientras que sus víctimas sufren en el infierno por la eternidad, cuando la única cosa que les separa (aparte del hecho de que las víctimas nunca torturaron ni mataron a nadie) es la conversión del asesino al cristianismo en la cárcel antes de morir?
La objeción que tengo es que esto no es un acto de una justicia perfecta y que el Dios cristiano está meramente siendo definido como perfecto/bondadoso/justo/compasivo etc., lo que para mí es sólo un juego de palabras, ya que su historial demuestra lo contrario. La única respuesta que todavía no he oído es que todos somos merecedores del infierno y que sólo se les da misericordia a las personas que se entregan a Dios, aún si son asesinos en serie. Así que le tengo que preguntar, con todo respeto, si usted realmente está de acuerdo con esta noción de justicia, la cual le permitiría a un sádico asesino en serie salir impune del castigo divino, cuando sus víctimas, quienes le rogaron por sus vidas y murieron sin misericordia, están ahora siendo torturadas mucho peor, mientras todos los clamores por misericordia de esas víctimas estarán sin respuesta por toda la eternidad.
Gracias por su tiempo.
Mike
United States
Respuesta de Dr. Craig
R
Su pregunta es una que despierta emociones profundas, Mike. Como usted la ha hecho sin apasionamiento, por lo que le elogio, le pido que también considere mi respuesta sin apasionamiento.
Creo que su pregunta se basa en un malentendido elemental de la fe cristiana. Muchas personas, y cuidado si no la mayoría, piensan que el cristianismo enseña que la salvación del pecado y de la separación eterna de Dios es el resultado de algo que hacemos—como por ejemplo, amar a nuestro prójimo como a uno mismo o hacer con los demás de la manera que nos gustaría que se hiciera con nosotros mismos o creer en Jesús—y como resultado de eso, Dios nos recompensa con el perdón y con la vida eterna. Esto es un terrible error. Lo que el cristianismo bíblico enseña, como el gran Reformador Protestante Martín Lutero llegó a entender después de años de luchar en vano para ganarse la aprobación de Dios, es que la salvación es totalmente por la gracia de Dios. Eso significa el favor inmerecido de Dios. No hay nada que podamos hacer para ganarnos el perdón de Dios y merecer la vida eterna. La Biblia dice que todas nuestras obras justas son como trapos sucios cuando se comparan con la santidad maravillosa de Dios. Nadie podría pararse delante Dios y decir para justificarse: “¡yo merezco tu favor, me he ganado tu perdón, y me merezco la vida eterna!" Lo que eso implica es que si Dios es perfectamente justo y que si eso fuera el fin de la historia, todos los seres humanos se perderían. Al pararnos delante de un Dios santo, de justicia absoluta e intransigente, todos nosotros estaríamos perdidos.
Es por eso que desde el principio su pregunta arranca con el pie equivocado: usted formula la pregunta como un asunto de justicia. Pero la justicia pura y simple implicaría la condena de todos los seres humanos que son moralmente responsables. Si Dios escogiera no salvar a ninguna persona, eso sería misericordia de Su parte. Las personas que fuesen condenadas no podrían quejarse de que fueron castigadas injustamente, ya que ellas obtuvieron lo que se merecían.
Hay una escena fascinante en “El Conde de Montecristo” de Alejandro Dumas en la que el Conde salva a una de dos personas que estaban condenadas a muerte. El otro prisionero, al ver que su compañero de prisión fue puesto en libertad, de repente comienza a gritar y a forcejear, diciendo que él también debe ser puesto en libertad, que el otro prisionero no es menos culpable que él, que es injusto que el otro sea liberado y que él muriera. Luego él es arrastrado hacia el tajo y allí fue ejecutado. El Conde comenta sobre lo extraño que es que mientras el prójimo estaba siendo condenado juntamente con él, él estaba conforme con ser ejecutado, reconociendo que él merecía el castigo. Pero tan pronto se le mostró misericordia al otro, de repente se puso a gritar de injusticia, como si ya no merecía morir.
Todos merecemos la muerte. Esa es la justicia perfecta. Si Dios salva a alguien, esa es una manifestación de Su misericordia.
Por lo tanto, el problema no es realmente un problema de justicia. Más bien es un problema de amor. La Biblia dice que Dios es tanto amoroso como santo. A medida que Su justicia fluye de Su santidad, así también Su misericordia fluye de su amor. Puesto que Él es amoroso, Él quiere salvar la mayor cantidad de persona que Él pueda. La Biblia dice: "pues él quiere que todos sean salvos y lleguen a conocer la verdad." (I Timoteo 2.4). En particular, la Biblia dice que Dios no se complace con la muerte del malvado, sino que quiere que los malvados se vuelvan a Él y vivan (Ezequiel 8.23).
Entonces, ¿cómo puede Dios ser perfectamente justo y perfectamente amoroso a la vez? ¿Cómo puede Él mostrar misericordia sin comprometer Su justicia? ¿Cómo puede Él mostrar justicia sin comprometer Su amor? Las dos cosas son esenciales para Su naturaleza. Ninguna de las dos puede ser comprometida. Su santidad exige justicia, el castigo por el pecado justamente merecido. Su amor exige misericordia, el perdón y el indulto para el delincuente. ¿Qué debe hacer Dios en este dilema?
La respuesta es Jesucristo. Él es el cumplimiento o la satisfacción de la misericordia y la justicia de Dios. Las dos se juntan en la cruz: la santidad y el amor de Dios. En la cruz vemos la justicia de Dios: Cristo llevando el castigo por el pecado que nosotros merecíamos. Pero también vemos el amor de Dios: la segunda persona de la Trinidad voluntariamente dando su vida por nosotros. Cristo es la personificación de la justicia y misericordia de Dios.
Entonces, la pregunta "¿Qué usted va a hacer con Cristo?" se convierte en la pregunta más importante de la vida. En él, usted encuentra la gracia y el perdón inmerecido de Dios. Lo único que podemos hacer es, con gratitud, recibir el don de la gracia de Dios. Si lo rechaza, usted recurre a la justicia de Dios y Él debe darle lo que usted se merece.
Así que vamos a aplicar esos principios al caso de Jeffrey Dahmer. La justicia perfecta habría condenado a ese hombre a la condenación eterna. Pero Dios le amaba y quería salvarle. Cristo murió por sus pecados. En el escenario que usted describe, ese hombre llegó a ver la maldad que había en su manera de vivir y se volvió a Dios en un arrepentimiento sincero por todo lo que había hecho. Ahora, ¿qué tipo de Dios sería aquel que rechace su clamor sincero de perdón? ¡Dicho Dios no sería amoroso ni misericordioso! Es evidente que un Dios amoroso se regocijaría de ver que una persona tan perdida vea el error de sus caminos y acuda a Él para ser perdonado.
Así que podemos poner el caso de Dahmer a descansar. Todos estamos de acuerdo de que un Dios verdaderamente amoroso le va a querer perdonar y salvar. Poner a Dahmer en el relato es un elemento extraño que no tiene ningún efecto sobre la manera que Dios trata a otra persona.
Ahora bien, veamos el caso de sus víctimas. Precisamente los mismos principios se aplican a ese caso. Ellos no merecen el perdón de Dios. Si Dios les diera la justicia perfecta, todos se perderían. Pero Dios les ama y quiere salvar la mayor cantidad de personas que Él pueda, sin tener que llegar a violar el libre albedrío que ellos tienen. Las personas que aceptan Su gracia, se salvarán; las personas que la rechazan, para su desgracia, se perderán. La horrible tragedia de la incredulidad, yo pienso, es que algunas personas, después de haber pasado por mucho en esta vida, agravan su miseria al rechazar al Dios que les ama y quien es su única esperanza de felicidad. ¡El caso de los no creyentes es trágico, horriblemente trágico! Pero es una tragedia que ellos se traen sobre sí mismos al rechazar la gracia y el amor de Dios.
Por supuesto, es una tentación de elevar su relato al añadir elementos, por ejemplo, "¿Qué sucede si algunos no habían escuchado el evangelio?" "¿Qué pasa si algunos habían oído sólo una perversión del Evangelio?" "¿Qué pasa si algunos eran niños o incapacitados mentales?” Pero entonces esas serían las preguntas que se deben hacer, preguntas sobre la providencia de Dios, que he tratado de responder en otra parte desde una visión de una perspectiva del conocimiento del medio. Cada una de esas preguntas es independiente en su propio derecho. Pero la pregunta que usted hace no plantea ningún problema en particular, por lo menos intelectualmente hablando. Su fuerza es puramente emocional, que surge de una situación verdaderamente trágica que usted describe.
Tal vez su dificultad, Mike, no tiene que ver con el presunto trato diferente de Dios con las personas involucradas (espero haber explicado que las personas no son tratadas de manera diferente), sino más bien que el escenario miserable por completo no debería haber sido materializado por Dios. Dios debió haber elegido otro mundo viable posible para Él, el cual no incluía ese escenario. Pero este es sólo el antiguo problema del mal. Lo que usted tendría que mostrar es que hay otro mundo viable para Dios de agentes libres en el que se logra tanto bien, incluyendo la salvación de las personas (de ese mundo), pero que no tiene escenarios como el que usted se imagina. Eso es pura conjetura. Creo que usted puede ver el por qué digo que este es un problema emocional y no un problema intelectual.
Por lo tanto, permítame responder a sus preguntas de una forma más específica:
¿Cómo puede ser el escenario que se describe arriba, no sólo la obra de una deidad "perfecta" y "todo-amorosa", sino un ejemplo de la justicia perfecta que posiblemente no podría ser mejorada por cualquier generación de humanos, pasados, presentes o futuros? En este escenario, Dios es perfectamente justo y perfectamente amoroso a la vez, ya que ningún pecado queda impune y Su gracia es ofrecida gratuitamente a todos los que la aceptan. Usted parece pensar que el escenario que usted describe es causado por Dios de una manera unilateral. No estoy de acuerdo. Hay varios agentes libres involucrados, cuyas decisiones deben ser respetadas y el escenario es una intersección compleja de las decisiones libres de esos agentes. Dios va a salvar la mayor cantidad de esas personas que le sea posible sin violar su libre albedrío. Nadie dice que este sea un ejemplo inmejorable de la justicia perfecta por cualquier generación de seres humanos. Esta situación fácilmente mejoraría con el simple hecho de que todas las personas libremente vinieran a Dios para salvación. Pero Dios hace todo lo posible para salvar la mayor cantidad de personas que le sea posible, tomando en cuenta las decisiones libres de ellos.
¿Por qué iría Dios a permitir que un asesino en serie entrara al cielo, mientras que sus víctimas sufren en el infierno por la eternidad, cuando la única cosa que les separa (aparte del hecho de que las víctimas nunca torturaron ni mataron a nadie) es la conversión del asesino al cristianismo en la cárcel antes de morir? Un Dios todo-amoroso no rehusaría perdonar a un asesino en serie que sinceramente se arrepienta y se vuelva a Dios para el perdón. Del mismo modo, Dios salvaría a cualquiera de las víctimas que se arrepintiera de sus pecados y confíe en Él para salvación. La salvación de cada persona está en sus propias manos.
¿Estoy realmente de acuerdo con una noción de justicia que le permitiría a un sádico asesino en serie salir impune del castigo divino, cuando sus víctimas, quienes le rogaron por sus vidas y murieron sin misericordia, están ahora siendo torturadas mucho peor, mientras todos los clamores por misericordia de esas víctimas estarán sin respuesta por toda la eternidad? Esta pregunta está puesta de una manera peyorativa. ¡Por supuesto, creo que Dios estaría listo y gozoso de perdonar a un asesino en serie que se arrepienta y se vuelva a Él para perdón! ¡En lo absoluto! Pero no es como si no hubiese castigo divino por sus pecados. Hay un castigo divino por los pecados del asesino en serie, pero fue cargado por Cristo. En cuanto a las víctimas del asesino que rechazaron la gracia de Dios en sus vidas, ellos han elegido de una forma libre resistir todos los esfuerzos de Dios para salvarles y así, en contra de Su voluntad, se han separado de Él para siempre. No veo razón alguna para pensar, como usted se imagina, que los que están perdidos en el infierno claman a Dios por misericordia. Por el contrario, mi lectura de las Escrituras sugiere que los que se han perdido se convierten en más endurecidos y más implacables en su odio hacia Dios por Su castigo para ellos (Apocalipsis 16.11, 21).
Mike, no pude evitar de observar que usted no refuta a los cristianos que le han dicho que nosotros todos merecemos ir al infierno pero que la gracia de Dios está disponible para todos los que libremente la acepten. Usted simplemente repudia su respuesta. Pero entonces el problema es emocional y no intelectual.
- William Lane Craig