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#289 ¿Podemos Referirnos a las Cosas que no están Presentes?

December 21, 2012
P

Buenos días Dr. Craig,

Soy un misionero interino del ministerio Chi Alpha en la Universidad Auburn en los Estados Unidos y su trabajo ha sido instrumental para pensar acerca de mi fe y de la relación que Dios tiene para cada parte de mi vida y para mi cosmovisión. Ahora mismo estoy trabajando en mi propia comprensión del tiempo y en la relación de Dios con él. He estado leyendo acerca del tiempo en la Enciclopedia Filosófica de Standford y me encontré con un artículo escrito por Ned Markosian en el que él presenta algunos problemas para el a-teórico, en particular para el “presentista”. Sé que usted es un presentista y lo ha afirmado en repetidas ocasiones en sus obras. Le agradecería grandemente sus pensamientos sobre este asunto.

Este es mi problema: el presentismo significa que sólo el presente existe en este momento, pero entonces hay un problema con tratar de hablar significativamente acerca de los objetos no presentes. Por ejemplo, Jesús de Nazaret es un objeto no-presente y hay hechos o datos acerca de las cosas que él hizo y habló en su ministerio, pero ¿cómo podemos decir de una manera significativa que Jesús realmente existió, que eso o aquello fue lo que él realmente dijo o hizo? Si el presentismo es verdadero y sólo el presente existe ahora, ¿cómo podemos hablar de manera significativa sobre lo que una vez existió y hablar acerca de la forma particular en que eso existió? Siento que lo que estoy hablando es bastante nebuloso, pero como un filósofo del tiempo estoy seguro de usted puede identificarse con la dificultad de expresar estas ideas con claridad. ¡Hice mi estudio de licenciatura en historia en Longwood University y veo que el pensamiento histórico y la filosofía del tiempo tienen una relación interesante!

Un teórico del universo creciente podría ofrecer una solución a esto diciendo que Jesús de Nazaret existió y que había cierta manera en la que sucedió y existió su ministerio en el pasado, pero el problema con esta visión, como usted lo ha expresado en el podcast Defenders (Defensores), es que esto implica que Jesús todavía está colgado en la cruz y que los pecados pasados todavía están allí y no han sido redimidos. Así que ¿cómo puede un presentista manejar el tema de los objetos no presentes que alguna vez existieron?

¡Muchísimas gracias por tomar el tiempo para leer esto y ofrecer sus pensamientos!

Will

United States

Respuesta de Dr. Craig


R

¡Will, no puedo creer que usted hizo esa pregunta! ¡Nunca me deja de sorprender de cómo la gente hace las preguntas filosóficas más profundas, tal vez sin ni siquiera darse cuenta con lo que se ha tropezado! De hecho, su pregunta se cruza con mi trabajo actual (¡esa es la razón por lo que la elegí!) y se discute en mi capítulo sobre el neo-meinongianismo, el cual escribí este verano.

Así que aquí está el asunto: los presentistas piensan que el único momento que existe es el presente. (Observe: usted no debería decir, como usted dice, "existe ahora" porque todo el mundo está de acuerdo en que en la actualidad sólo existe el presente, eso es, en el presente). Los no presentistas piensan que los tiempos que están antes o después del presente también existen. El presente no es más real que el pasado o que el futuro. (Como usted observa, algunos de los “no presentistas” dicen que el futuro es irreal, mientras que el pasado y el presente son igualmente reales.).

Así que la objeción al presentismo es que dado que las cosas que son pasadas o futuras no existen, no podemos referirnos a ellas o incluso decir que había dichas cosas o que habrá dichas cosas. Por lo tanto, se deduce que no hay verdades en tiempos pasados ni verdades en tiempo futuro. Pero eso está obviamente equivocado. Por lo tanto, el presentismo debe ser rechazado. Todas las cosas en el tiempo son igualmente reales y el devenir temporal es una ilusión de la conciencia humana.

Ahora bien, Markosian mismo es un presentista, por lo que sólo se aguanta y se pone de acuerdo en que, estrictamente hablando, todos los enunciados (contingentes) en pasado y futuro son falsos[1]. Ahora bien, encuentro que la posición de Markosian es completamente improbable. Ulrich Meyer tiene razón: "César cruzó el Rubicón, eso fue lo que inició la guerra civil. Cualquier visión filosófica que nos obliga a negar afirmaciones como [esa], es por esa razón inaceptable"[2]. ¡Como estudiante de historia, usted tiene toda la razón para estar escéptico de las afirmaciones filosóficas que dice que su disciplina es una trama de falsedades!

Pero, ¿el presentismo lleva dicha implicación improbable? Sólo si usted adopta una visión de referencia y cuantificación que sea eminentemente discutible y que esté en desacuerdo con el lenguaje ordinario.

Usted ve, tanto Markosian como el no presentista están presuponiendo tácitamente que usted puede, con éxito, hacer referencia a algo o decir que hubo (habrá) algo sólo si esa cosa existe. Esta suposición es el nervio real del argumento, no la teoría que alguien tenga del tiempo.

Por el contrario, los neo-meinongianos, como Richard Routley, rechazan lo que él llama la Presuposición Ontológica (PO), es decir,

PO. Ningún enunciado genuino acerca de lo que no existe es verdadero.

Es interesante que una de las piezas de evidencia más poderosa que Routley da en contra de la Presuposición Ontológica es precisamente la verdad de ciertos enunciados temporalizados acerca de individuos que ya no existen o que aún no existen. Por ejemplo, parece ser indiscutiblemente cierto que "ha habido 44 presidentes en los Estados Unidos." La no-existencia de muchos de ellos no es impedimento para que podamos cuantificar sobre los presidentes pasados de los Estados Unidos. Para inferir de la verdad de dichos enunciados de que el tiempo es, de hecho, intemporal y que los individuos pasados y futuros se encuentran en un mismo nivel ontológico con los individuos presentes sería extraer una inferencia metafísica impresionante sobre la base débil que son las teorías de referencia y cuantificación subyacente (PO).

Yo, y muchos otros filósofos que no son neo-Meinongianos, pensamos que una teoría ontológicamente neutral de cuantificación no es sólo eminentemente plausible, sino que también está de acuerdo con el lenguaje ordinario. Consideremos la lista de Thomas Hofweber de algunas de las cosas que ordinariamente decimos que hay:

• Algo que tenemos en común.
• Muchos números primos infinitos.
• Algo que ambos creemos.
• La ilusión común de que uno es más inteligente que un colega promedio.
• Una manera que usted sonríe.
• La falta de compasión en el mundo.
• La manera en que el mundo es.
• Una manera más rápida de llegar a Berkeley desde Stanford que la de pasar por San José, California. [3]

¿Por qué pensar que "hay" (¡sin mencionar "hubo" o "habrá"!) es ontológicamente comprometedor? W. V. O Quine, la fuente del criterio de compromiso ontológico detrás de la (PO), reconoció que la aplicación de tal criterio al lenguaje ordinario traería consigo todo tipo de compromisos ontológicos fantásticos e indeseados, y de esa manera él limitó la aplicación legítima solamente a un lenguaje artificial y canónico. El problema con esta limitación es que no tenemos ni idea de cómo construir dicho lenguaje artificial de una manera exitosa[4]. Dada la quiebra o bancarrota del proyecto de Quine, su criterio de compromiso ontológico se convierte en una guía extremadamente no confiable.

Lo mismo se aplica para la referencia. Creo que demasiados filósofos todavía están esclavizados a un tipo de teoría de lenguaje según la cual los términos exitosos de referencia deben tener objetos que les corresponden en el mundo. Con respecto al lenguaje ordinario, por lo menos, esa visión parece patentemente falsa. Considere los siguientes ejemplos:

• La temperatura de hoy en Atlanta estará caliente.
• La desilusión de Sherrie con su esposo era profunda e innegable.
• El precio de las boletas es de diez dólares.
• El miércoles cae entre el martes y el jueves.
• Su sinceridad fue conmovedora.
• Santiago no pudo pagar su hipoteca.
• El panorama del Valle Jezreel desde la cima de la montaña Monte Carmelo fue impresionante.
• Tu constante queja es inútil.
• La pérdida de Spassky terminó el duelo.
• Él lo hizo por amor a mí y a los niños.

Sería fantástico pensar que todos los términos singulares que aparecen en estas oraciones plausiblemente verdaderas tienen objetos en el mundo correspondientes a ellos. Ejemplos como estos hay muchísimos. De hecho, he llegado a sospechar que los términos singulares que hacen referencia a objetos reales del mundo podrían realmente ser la excepción más que la regla. Consideremos el siguiente párrafo que Michael Dummett cita de un periódico de Londres:

Margaret Thatcher dio ayer su más cruda advertencia acerca de los peligros del calentamiento global que causa la contaminación del aire. Pero ella no anunció una nueva política para combatir el cambio climático y el aumento del nivel del mar, sino que dio un compromiso calificado de que Gran Bretaña estabilizaría sus emisiones de dióxido de carbono—el gas del efecto invernadero más importante que altera el clima—para el año 2005. Gran Bretaña sólo podría cumplir con ese compromiso si otras naciones, no especificadas, prometen una restricción similar.

No hay nada inusual acerca de ese discurso, pero como señala Dummett, "Aparte de 'Margaret Thatcher,' 'aire' y 'mar', no hay un sustantivo o una frase sustantiva en este párrafo que incontrovertiblemente signifique o que se aplique a un objeto concreto. . . "[5]. Como un platónico ligero, Dummett ni se inmutó de postular objetos como referentes para esos términos, sino los que tienen un sentido más robusto de la realidad pueden ser excusados por estar indecisos acerca de aumentar la población del mundo de una manera tan derrochadora.

Cabe señalar de que en debates sobre el presentismo, los teóricos del tiempo temporalizado tienden simplemente a presuponer el criterio de Quine del compromiso ontológico, de modo que nuestra habilidad de hablar de los individuos pasados/futuros en oraciones verdaderas se toma para comprometernos con su existencia. Nunca parece ocurrirle a los teóricos de la teoría atemporal del tiempo que nuestra habilidad de hablar de individuos puramente pasados/futuros en oraciones verdaderas podría ser una buena razón para rechazar el criterio del compromiso ontológico, el cual ellos incuestionablemente presuponen.

  • [1]

    Ned Markosian, “A Defense of Presentism,” (Una Defensa del Presentismo) publicado por Oxford Studies in Metaphysics 1 en el 2004: 47–82.

  • [2]

    Ulrich Meyer, “The Presentist’s Dilemma,” (El Dilema del Presentista), Philosophical Studies 122 (2005): 22

  • [3]

    Thomas Hofweber, “Ontology and Objectivity” (Ontología y Objetividad) (una disertación de Doctorado, Stanford University, 1999), páginas 1-2. Para un buen enunciado de este punto juntamente con una crítica convincente de lo que él llama “argumento de cuantificación,” véase “Reference and the Ghost of Parmenides,” (Referencia y el Fantasma de Parmenides) de Gerald Vision en Non-Existence and Predication, ed. Rudolf Haller, Grazer Philosophische Studien 25-26 (Amsterdam: Rodopi, 1986), páginas 297-36. Decimos que hay, por ejemplo, posibilidades de incertidumbre, diferencias en estatura, diferentes ángulos de donde se puede ver algo, principios, hostilidades, prospectos para el éxito, (números) primos entre el 2 y el 12, horas antes de la madrugada, excesos peligrosos, inconveniencias al plan, etc.

  • [4]

    Como señala Chihara, Quine ni siquiera da una pista de cómo deberíamos formular las oraciones del lenguaje común a una forma canónica, ni tampoco da ningún argumento, de modo que hacerlo les librará de todos los compromisos indeseados del lenguaje ordinario, también de cualquier garantía que nuestras mejores teorías científicas pueden ser puestas de una forma exitosa en una notación lógica de primer orden. (Charles S. Chihara, Ontology and the Vicious Circle Principle (Ontología y el Principio del Círculo Vicioso) [Ithaca, N.Y.: Cornell University Press, 1973], chap. 3; idem, Constructibility and Mathematical Existence (Constructibilidad y la Existencia Matemática) [Oxford: Clarendon Press, 1990], chap. 2).

  • [5]

    Michael Dummett, Frege: Philosophy of Mathematics (Frege: Filosofía de la Matemática) (Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 1991), p. 231.

- William Lane Craig