#76 Los Pastores También Tienen Necesidad de la Apologética
March 21, 2012Estimado Dr. Craig,
Le pregunté a mi pastor si alguien podría presentar el argumento que usted hace de la existencia de valores morales objetivos al ateo como evidencia de la existencia de Dios. El argumento fue:
1. Si Dios no existe, los valores morales objetivos no existen.
2. Los valores morales objetivos existen.
3. Por lo tanto, Dios existe.
Mi pastor completamente negó que esto siguiera o que se dedujera de una forma lógica, o que lo pudiéramos utilizar. Él no estaba de acuerdo con la premisa 2, que los valores morales objetivos existen. Él dijo que aunque creemos que ellos existen, no podemos decir que existen hasta que sabemos que Dios existe. También dijo que a pesar de que estamos tentados (probablemente por nuestros valores sociales) a decir que los valores morales objetivos existen, pero no podemos saber que existen hasta que haya un Dios trascendente que los fundamente. Sospecho que ese argumento se formularía de la siguiente manera:
1’. Si Dios no existe, los valores objetivos no existen.
2’. Dios existe
3’. Por lo tanto, los valores objetivos morales existen.
Sin embargo, eso inmediatamente plantea la misma pregunta, ¿cómo sabemos que la segunda premisa [en cada argumento] es verdadera?
¿Cómo podría yo mostrarle que los valores morales objetivos existen? ¿Existe una forma de hacerlo sin tener que afirmarlos porque percibimos una esfera de moralidad objetiva? ¿No podría ser que las premisas 2 y 3 se convierten en algo circular?
¡Continúe haciendo la obra maravillosa!
Atentamente,
En Cristo
Rohit
United States
Respuesta de Dr. Craig
R
Respuesta:
Me desanimé cuando leí su carta, Rohit, ya que ilustra muy bien el pensamiento desordenado que con frecuencia caracteriza los dictámenes que provienen de los ministros evangélicos. (Estoy suponiendo, por supuesto, que usted ha presentado fielmente las visiones de su pastor y que no es usted quien está confundido). Su respuesta confusa al argumento que usted hace, subraya la importancia de hacer algún entrenamiento filosófico en los estudios de seminario para nuestros futuros ministros.
La confusión fundamental que él tiene se refiere a la diferencia entre la verdad de una premisa y nuestra garantía para ella. Entiendo que es obvio que un enunciado puede ser verdadero aún si no tenemos ninguna evidencia para su verdad; igualmente podemos tener evidencias muy potentes para un enunciado que sea, en efecto, falso. Se lo dejo a usted de pensar en algunos ejemplos.
Ahora bien, no creo que su pastor realmente niegue la verdad de la premisa (2) (si lo hiciera, sería mejor que usted buscara otra iglesia). Al contrario, lo que él piensa es que no tenemos garantía para creer en la premisa (2) independiente a nuestra creencia en Dios, ya que él piensa que una vez que sabemos que un Dios trascendente existe, entonces sabemos que hay una base para los valores morales objetivos. De manera que él realmente cree que los valores morales objetivos existen y por lo tanto, él debería estar de acuerdo que la premisa (2) es verdadera.
Además, la premisa (3) sigue lógicamente de la premisa (1) y (2) por medio de la regla de inferencia llamada modus tollens. Así que su pastor no debería quejarse de la lógica del argumento. (El intento que usted hace para reconstruir el pensamiento de él me supongo que no representa fielmente el razonamiento que él hace ya que es lógicamente inválido: ninguna regla de la lógica le va a permitir a que usted infiera (3’) de la (1’) y la (2’).)
En lugar, la queja de su pastor se debe entender mejor como el alegato que no podemos usar el argumento moral, no porque éste sea formalmente inválido o tenga una premisa falsa, sino porque incurre una petición del principio, eso es decir que la única razón que tenemos para creer en la premisa (2) es que ya creemos en la premisa (3). De modo que cualquier persona que utilice este argumento está racionalizando en un círculo.
Entenderlo de esa manera, yo creo que es claramente un error. Las personas no creen en la premisa (2) porque creen en Dios. Ellos creen en la premisa (2) debido a su experiencia moral, en la cual ellos entienden ciertos valores que se imponen sobre nosotros y ciertos deberes que hacen reclamos sobre nosotros. Eso va para los ateos y los agnósticos como también para los teístas. Debería decir que los no-teístas que aceptan la premisa (2) obviamente no lo hacen de una manera que incurre a una petición de principio ni tampoco lo hacen los teístas.
Por supuesto, su pastor debería estar escéptico de nuestra experiencia, al pensar que eso se atribuye plausiblemente tanto al condicionamiento social como a una experiencia genuina de los valores morales. ¿Pero por qué estar de acuerdo con él en eso? Estoy mucho más confiado que percibo los valores y deberes morales objetivos que lo que lo estoy de las premisas en cualquier argumento a favor del escepticismo moral. Y así también lo están la mayoría de los no teístas a quienes estoy buscando persuadir.
Su pastor parece estar confundiendo el orden del conocimiento (ordo cognoscendi) con el orden de ser. En el orden del conocimiento, nosotros primero percibimos una esfera de valores morales objetivos y luego inferimos a Dios como el fundamento de ellos. Sin embargo, en el orden de ser, Dios es primordial como el fundamento de los valores morales, y los valores morales dependen de Él para su realidad objetiva. Sólo porque Dios viene primero en el orden de ser, eso no implica que Él sea primero en el orden del conocimiento.
Así que para responder su pregunta, la mejor forma de convencer a alguien de la realidad moral de los valores objetivos es de recurrir a la experiencia moral que esa persona tenga. Usted puede dar algunas ilustraciones de las atrocidades morales y pregúntele a las personas si creen que esas cosas son realmente malvadas o malas. Creo que va a encontrar que un 98% de las personas estarán de acuerdo, sobre la base de su experiencia, que en efecto percibimos por lo menos algunos valores y deberes morales objetivos. Con esas personas, el argumento que usted presenta no incurre una petición de principio.
- William Lane Craig