#78 Su Testimonio Personal
March 21, 2012Estimado Dr. Craig,
Recientemente estaba escuchando su podcast “Defenders” (Defensores) y en el mismo, usted fuertemente animó a la clase a desarrollar un testimonio personal como una herramienta apologética para cuando compartan su fe con los no creyentes.
En mis 10 años que tengo de seguir a Jesucristo, mi observación ha sido que muchos de estos “testimonios personales,” que son pasatiempos apreciados por los evangélicos, son contraproducentes a la expansión del Evangelio.
Ellos casi se convierten en una discusión libre acerca de cualquier cosa para todas las personas.
Escucho todo tipo de cosas perturbadoras en esos testimonios como por ejemplo, “Dios me dijo esto o aquello.” En otras ocasiones escucho, “Yo era una persona hecha un desastre hasta que Dios me dijo que hiciera esto o aquello y ahora mi vida es maravillosa. Él tiene un plan maravilloso para usted también. Repita esta oración de arrepentimiento y será salvo.”
Con frecuencia esos testimonios son el principio y el final de la mayoría de los cristianos cuando comparten su fe con los no creyentes, ya que ellos no hacen mención de la vida, la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo.
Sé que estoy exagerando un poco, pero en mi opinión hay muchas tonterías en la mayoría de los “testimonios personales,” que son endémicos en la Palabra de Fe y otros denominados movimientos cristianos.
De modo que aquí están las preguntas que tengo:
-Según la Biblia, ¿Estamos obligados a tener un testimonio personal?
-¿Qué propósito sirve este?
-¿Qué modelo debería este seguir?
-¿Comparte usted la misma frustración que tengo yo con los evangélicos modernos que participan de estos ya mencionados testimonios que son contraproducentes?
Su ministerio y su trabajo han sido un tremendo recurso en mi caminar como un Embajador de Cristo.
En Él,
Ryan
United States
Respuesta de Dr. Craig
R
Ryan, me imagino que es que yo no he tenido las experiencias negativas con los testimonios personales que usted ha tenido. Quizás eso se debe a que principalmente los he escuchado en el contexto de actividades patrocinadas por el ministerio Cruzada Estudiantil para Cristo, el cual proporciona pautas de cómo preparar esa clase de historia. De igual manera, en nuestra clase de Defenders (Defensores) dimos algunas pautas o instrucciones a seguir para la preparación a las personas que compartieron sus relatos de cómo llegaron a conocer a Cristo y luego les ofrecimos algunos comentarios críticos. Debo decir que escuchar los relatos personales de las personas de cómo llegaron a conocer a Cristo ha sido completamente fascinante. Es asombroso ver la diversidad de maneras en la que las personas vienen a la fe. Con frecuencia me sorprendo de ver como las personas que aparentan tener todo organizado tienen trasfondos y experiencias increíbles que les llevan a Cristo. Ver la variedad en el cuerpo de Cristo y todas las formas maravillosas en las que el Señor obra para traer personas a Él hace que mi corazón se regocije.
No sé que la Biblia nos manda a preparar un testimonio personal, pero sí vemos a Pablo, por ejemplo, compartiendo su testimonio con regularidad de cómo él llegó a la fe en el camino a Damasco. Aún años más tarde él se encontraba relatando esa experiencia con la gente.
En cuanto al propósito del compartir nuestro testimonio, estamos supuestos a ser sal y luz en un mundo de tinieblas y una de las formas más interesantes que usted puede hacer eso es al compartir nuestra vida personal con las personas. Me encuentro que la gente se conecta más con el relato personal de alguien que con los argumentos. Ellos desean saber cómo lo que usted cree ha afectado su vida, la diferencia que eso hace en usted. Una de las ventajas de compartir nuestro relato personal es que con frecuencia nos vamos con encontrar a personas que se identifican con algún elemento de nuestra vida, lo cual va a traer esas personas a nuestro relato. Por lo tanto, veo que compartir nuestro testimonio personal es un elemento clave en el evangelismo. El testimonio personal ayuda a que las personas conecten de manera personal con el mensaje del Evangelio.
Así que aquí le presento un modelo a seguir: elabore un relato de cómo usted vino a Cristo que pueda dar en voz alta y que dure más o menos tres minutos. Su relato debería incluir tres partes generales: Primero, cuente cómo era su vida antes de que usted viniera a fe en Cristo. Por supuesto, si usted vino a Cristo cuando era niño, esta parte de la historia será menos significativa que si usted vino al Señor en años más tarde. Pero muchas personas que crecieron en hogares cristianos podrían identificarse con el esfuerzo de hacer su fe personal y no simplemente la fe de sus padres. Segundo, cuente cómo se convirtió en cristiano. Sea específico. ¿Qué realmente hizo? Una persona que esté escuchando su testimonio debería saber después de escuchar lo que él debería hacer si él decide entregar su vida a Cristo. Al compartir esta parte de mi historia, yo normalmente trato de incluir el contenido del mensaje del Evangelio que fue compartido conmigo y al que respondí. Así que el mensaje de la muerte y resurrección de Cristo realmente puede ser incluido en su testimonio. Por último, haga una breve descripción de cómo su vida ha cambiado desde que se convirtió en cristiano. ¿Qué significa Cristo para usted hoy? ¿Qué diferencia hace el ser cristiano comparado con la manera que usted era antes? Después que haya elaborado su testimonio, memorícelo para que le pueda contar a alguien su relato de inmediato si alguien se lo pide.
Para darle un ejemplo de lo que hablo, ahora permítame compartir con usted mi propio relato de como llegué a una fe en Cristo:
No crecí en una familia que asistía a la iglesia, mucho menos en una familia cristiana—a pesar de era una familia buena y un hogar amoroso. Sin embargo, cuando crecí a la adolescencia, comencé a hacer las grandes preguntas de la vida: “¿Quién soy?” “¿Por qué estoy aquí?” “¿Para dónde voy?” En la búsqueda de respuestas, comencé a asistir por mí mismo a una iglesia grande en la comunidad. Pero en lugar de encontrar respuestas, todo lo que encontré fue un club social donde la “membresía” era un dólar por semana en la canasta de ofrenda. Los demás estudiantes de secundaria que estaban involucrados en el grupo de jóvenes y que confesaban ser cristianos los domingos vivían para el Dios real del resto de la semana, el cual era “la popularidad.” Parecía que ellos estaban dispuestos a hacer lo que sea para ser populares.
Eso me molestó mucho. Yo pensaba, “Ellos confiesan ser cristianos, pero estoy viviendo una vida mejor que ellos. Y todavía me siento vacío por dentro. Ellos deben estar tan vacíos como yo, pero están pretendiendo ser algo que no son. Sólo son una jauría de hipócritas.” Así que comencé a desarrollar una amargura muy fuerte hacía la iglesia institucional y hacia las personas que se encontraban en ella.
A veces esa actitud se expandía hacia otras personas. Pesaba, “Nadie es realmente genuino. Sólo son todos un grupo de farsantes, que sostienen una mascara plástica para el mundo mientras que la verdadera persona se acobarda dentro, con temor de salir y ser real.” Así que mi enojo y resentimiento se expandió a otras personas en general. Llegué a odiar personas, no quería nada con ellas. Pensaba, “no tengo necesidad de la gente,” y me dediqué a los estudios. Francamente, estaba en el camino de convertirme en un joven muy marginado.
Y aún así—en momentos de introspección y honestidad, sabía en lo más profundo que yo realmente deseaba amar y ser amado por otros. Entendí en ese momento que yo era tan farsante como ellos. Ya que ahí estaba yo, fingiendo que no tenía necesidad de personas, cuando en lo profundo sabía que sí la tenía. Así que ese enojo y odio se giró hacia mí por mi propia hipocresía y falsedad.
No sé si usted entiende cómo es esto, pero este tipo de enojo y desesperación interna solamente devora lo interior, haciendo cada uno de los días miserable, otro día que pasar. No podía ver ningún propósito que pudiera tener la vida; nada realmente tenía importancia.
Un día cuando me sentía particularmente horrible, entré a mi clase de alemán en la secundaria y me senté detrás de una chica del tipo que siempre parece estar tan feliz que hace que uno se sienta enfermo. Le toqué en el hombro y ella se dio la vuelta. Yo gruñí, “Sandy, ¿por qué es que siempre te ves tan contenta?
“Bueno, Bill,” ella dijo, “¡Es porque soy salva!”
Estuve totalmente sorprendido. Anteriormente, nunca había escuchado este tipo de lenguaje.
“¿Tú estás qué?” le pregunté.
“Conozco a Jesucristo como mi Salvador personal,” me explicó.
“Voy a la iglesia,” le dije de manera poco convincente.
“Eso no es suficiente, Bill,” me dijo. “Tienes que tenerle realmente viviendo en tu corazón.”
¡Eso era el límite! ¿Para qué quisiera él hacer algo como eso? Le pregunté.
“Porque él te ama, Bill.”
Eso me golpeó como una tonelada de ladrillos. Allí estaba yo, tan lleno de enojo y odio, y ella dijo que existía alguien que verdaderamente me amaba. ¡Quién más podría ser sino el Dios del universo! Ese pensamiento me dejo pasmado. ¡Pensar que el Dios del universo me debería amar a Bill Craig, esa lombriz allá abajo en esa mota de polvo llamada planeta Tierra! Simplemente no lo podía pensar.
Eso dio inicio en mí al periodo más angustioso de introspectivo por el cual alguna vez había pasado. Conseguí un Nuevo Testamento y lo leí por completo. Mientras lo hacía, estuve absolutamente cautivado por la persona de Jesús de Nazaret. Había una sabiduría acerca de su enseñanza que nunca había encontrado antes y una autenticidad en su vida que no era característica de aquellas personas que confesaban ser sus seguidores en la iglesia local que yo asistía. ¡Sé que no podía echar la sopa tras el cardero!
Con la lectura del Nuevo Testamento, descubrí donde radicaba mi problema. Mis propias fallas morales—en pensamiento, palabra y hecho—me habían hecho moralmente culpable ante Dios y de esa manera espiritualmente separado de Él. Es por eso que Dios parecía ser irreal para mí. Sin embargo, las Buenas Nuevas era que Dios había enviado a Su Hijo Jesucristo al mundo para pagar la sentencia de muerte por mi pecado, y así hacer disponible el amor y el perdón de Dios para que me perdone, me limpie y me restaure a la relación que fui creado a tener con Dios.
Mientras tanto, Sandy me presentó a otros estudiantes cristianos en la secundaria. ¡Nunca había conocido personas como estas! Cualquier cosa que decían de Jesús, lo que era innegable era que ellos estaban viviendo la vida en un plano de realidad que yo ni siquiera pensaba que existiera y que impartía el significado y el gozo profundo a sus vidas que yo anhelaba.
Para hacer la historia corta, mi búsqueda espiritual continuó por los próximos seis meses. Asistía a reuniones cristianas; leía libros cristianos; buscaba a Dios en oración. Finalmente, una noche llegué al final de mi cuerda y clamé a Dios. Clamé todo el enojo y la amargura que había construido dentro de mí, y a la misma vez sentí esa tremenda infusión de gozo, como un globo siendo inflado e inflado hasta que estaba listo para reventar. Me acuerdo de correr hacia afuera—era una noche de verano clara y de esas del medio-occidente. Se podría contemplar la Vía Láctea extendida de horizonte a horizonte. Mientras miraba las estrellas, pensaba, “¡Dios!” “¡He llegado a conocer a Dios!”
Ese momento cambió toda mi vida. Había pensado lo suficiente acerca de este mensaje durante esos seis meses para darme cuenta que si fuese realmente la verdad—realmente la verdad—, entonces no podía hacer nada menos que pasar mi vida entera expandiendo este maravilloso mensaje a toda la humanidad.
Para muchos cristianos, la diferencia principal que encuentran cuando llegan a conocer a Cristo es el amor o el gozo o la paz que este encuentro trae. Todas esas cosas fueron emocionantes para mí también, pero si usted me preguntara cual es la diferencia principal que Cristo ha hecho en mi vida, sin ninguna vacilación diría que es el “Significado.” Conocía la tiniebla, la desesperación de una vida vivida separada de Dios. Llegar a conocer a Dios de repente trajo un significado eterno a mi vida. Ahora las cosas que hago son cambiadas con un significado eterno. Ahora la vida tiene importancia. Ahora todos los días me despierto para tener un día para caminar con Él.
El impacto de compartir este testimonio ha sido extraordinario. Hace más o menos un año que estuve en una conferencia de filosofía en la Universidad Fudan de Shanghai juntamente con varios filósofos cristianos. El último día de la conferencia, el moderador de improviso me pidió que compartiera como me convertí en cristiano. ¡Eso fue una puerta que se había abierto por completo! Así que inmediatamente compartí mi testimonio personal. Cuando terminé, usted podía decir que el testimonio había conmovido muchísimo a los estudiantes. Hace unos meses atrás, recibí la siguiente carta por el internet:
¡Saludos desde Shanghai! Nos conocimos el pasado año cuando usted estuvo aquí hablando en la Universidad Fudan. Después del simposio, han sucedido algunas historias maravillosas por aquí. Pudimos dar seguimiento a algunos estudiantes que estaban interesados de sus charlas. Después de la charla, algunas de las personas que asistieron a su última charla vinieron a la fe. Espero que Dios le use a usted y a sus compañeros para capacitar Su obra aquí en China.
¿Es compartir el testimonio algo contraproducente? ¡No sobre nuestra vida! Seguro que puede que haya testimonios que son contraproducentes. Esos testimonios son divagantes, poco concisos, ambiguos o incompletos, o simplemente chiflados (el Cuerpo de Cristo realmente está compuesto por todo tipo de persona). Sin embargo, no dejemos que esos abusos nos desalienten de hacer bien la cosa correcta: compartir la historia de cómo Dios actuó para traerle a la fe en Él. Un buen testimonio le da gloria a Dios y señala a la persona que lo escucha hacia Cristo, quién es exaltado por medio del testimonio en lugar de la persona que testifica. Encuentro que cuando comparto mi testimonio con otras personas, juntamente con compartir el mensaje del Evangelio y la evidencia para su verdad, es un testigo poderoso para la realidad de Cristo y hace el Evangelio muy atractivo para las personas que le están buscando hoy día.
- William Lane Craig