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#551 ¿Las declaraciones doctrinales institucionales son contraproducentes?

March 11, 2018
P

Caro Dr. Craig,

Soy ateo y me preocupan las declaraciones de fe. Su lado negativo parece ser ignorado y me gustaría ver algún artículo, libro o charla de un erudito sujeto a una declaracion de fe aclarando esa declaración.

Entiendo cómo las declaraciones de fe ayudan con los donantes. Hay varias organizaciones religiosas rivales y donantes que quieren asegurarse de que están donando a la que corresponde a sus valores cristianos. Las declaraciones de fe son malas, sin embargo, para las instituciones que las tienen. Una declaración de fe es un compromiso con una conclusión. Al aceptar la conclusión de antemano, las instituciones regidas por ellas pierden la capacidad de defender o incluso comentar los puntos en esas declaraciones.

Voy a dar un ejemplo. Aquí está un fragmento de la declaración de fe de la Universidad Bautista de Houston: "[Quien esté afiliado a la universidad debe creer] que el hombre fue directamente creado por Dios, en el nacimiento virginal de Jesucristo, en nuestro Señor y Salvador, como el Hijo de Dios, y que él murió por los pecados de todos los hombres y luego resucitó del sepulcro”.

Cuando un erudito de la Universidad Bautista de Houston concluye que el nacimiento virginal es historia y no mitología, ¿por qué creer en eso? Se trata sólo de la declaración de fe. Al firmar la declaración, un profesor declaró públicamente (entre otras cosas): "Prometo jamás concluir que el nacimiento virginal fue sólo un mito".

El mismo problema sucede cuando el Instituto Discovery relata que el proyecto inteligente refuta la evolución o Answers in Genesis [Respuesta en Génesis] defiende que la tierra tiene 6 mil años.

¿Es posible que un erudito haya llegado simplemente llegar a una conclusión imparcial? Eso es posible, pero ¿cómo lo sabemos? Mike Licona es un erudito cristiano que descubrió de la peor manera que las declaraciones de fe muerden. En 2011, perdió dos empleos porque, en un libro de 700 páginas, cuestionó la inerrancia de un solo versículo bíblico.

Hay una vara colocada sobre esos académicos cristianos exigiendo que anden sobre la línea, si no lo hacen entonces... Con algunas conclusiones predeterminadas como correctas y otras incorrectas, ¿cómo sabemos que su trabajo es una búsqueda honesta por la verdad? No lo sabemos, y de hecho el trabajo de todos los eruditos cristianos limitado por una declaración de fe es sospechoso. Al comprometerse con la declaración de fe, están descartando ciertas conclusiones incluso antes de hacer cualquier investigación.

Los conflictos de interés son entendidos y tratados en otras áreas. Muchas entrevistas académicas de medicina y ciencia exigen que los autores declaren conflictos de interés. La Asociación Histórica Americana exige de los historiadores que revelen cualquier ayuda a la investigación que pueda hacer que sus conclusiones sean parcializadas. Los periodistas tienen el cuidado de evitar no sólo conflictos de interés, sino incluso la apariencia de esos conflictos. En las áreas judicial, legal o gubernamental, a eso se le llama recusación—abstenerse de tomar participación en cuestión que traería conflicto de interés.

¿Importa si la investigación sobre fumar es financiada por el Instituto del Tabaco, y no por los Institutos Nacionales de la Salud? El simple hecho de que la investigación es patrocinada por una organización con interés en el resultado no significa que la investigación sea errónea. La cuestión es que simplemente todas las tendencias o sesgos potenciales deberían hacerse públicas.

Llevemos este razonamiento a la erudición cristiana. Todas las publicaciones en blog, artículos en revistas académicas, libros o charlas de un estudioso cristiano limitado por una declaración de fe deberían tener esa declaración de fe claramente revelada. Quienquiera que oiga o lea las conclusiones debe tener conocimiento de cualquier conflicto de interés potencial.

¿Qué cree usted de la declaración de fe?

Cordialmente,

Bob

United States

Respuesta de Dr. Craig


R

Ya he escuchado esta queja anteriormente de parte de otros incrédulos y, francamente, a veces es sólo una excusa para ignorar el trabajo de eruditos cristianos que enseñan en instituciones que tienen declaraciones doctrinales.

Obsérvese que estoy hablando de "declaraciones doctrinales", y no de "declaraciones de fe", como lo hiciste tú. Caracterizar esas declaraciones doctrinales como "declaraciones de fe" lleva la connotación de que tales afirmaciones doctrinales son hechas solamente por la fe, sin base razonable. Pero esto no es verdad. Buenos profesores típicamente tienen razones para lo que creen y han pensado sobre esas cuestiones cuidadosamente.

Creo que tu queja se basa en un malentendido sobre la manera en que tales declaraciones doctrinales funcionan. El propósito principal de las declaraciones es ayudar a construir una comunidad de estudiosos que tenga cierto valor o carácter,  fundamentado en una cosmovisión común. Nosotros que enseñamos en tales instituciones valoramos una comunidad cristiana donde los problemas puedan ser investigados desde dentro de la cosmovisión compartida por todos y donde los estudiantes puedan recibir una educación que refleje la cosmovisión cristiana.

Las declaraciones doctrinales tienen una importancia especial de mantener esos valores entre generaciones. Todos sabemos que universidades como Harvard, Yale y Princeton fueron fundadas como instituciones cristianas, dedicadas a instruir hombres para el ministerio o para el servicio misionero. Sin embargo, a medida que se fueron, con el pasar de las generaciones, lejos de los anclajes cristianos, se secularizaron y perdieron su identidad cristiana. En contraste, al llevar seriamente sus compromisos doctrinales, una facultad como Wheaton, donde estudié, ha logrado preservar su identidad evangélica desde su inicio, en 1860, al mismo tiempo que ofrece educación de primera calidad en las artes liberales.

Las declaraciones doctrinales institucionales típicamente no sirven, como hiciste la sugerencia, para determinar de antemano las conclusiones de un profesor. Por el contrario, los profesores típicamente ya habrán formado sus visiones sobre esas tantas doctrinas antes de presentar una solicitud de un empleo en dicha institución, siendo guiados por las declaraciones para cuáles instituciones serían adecuadas a sus perspectivas teológicas personales. Ellos buscarán cargos en instituciones donde se sienten teológicamente cómodos e ignorarán vacantes en instituciones que representan doctrinas que ellos no sostienen.

Tú pareces haber caído en el curioso tipo de falacia post hoc, propter hoc: doy clases en universidad que exige de los profesores crean en X; por lo tanto, creo en X porque yo doy clases en tal universidad. Antes, la verdad es que, porque creo en X, yo (con alegría) doy clases en tal universidad.

Por eso, es ingenuo de tu parte imaginar que la declaración doctrinal de la Universidad Bautista de Houston, por ejemplo, imponga algún tipo de restricción sobre mí respecto a la creencia en el nacimiento virginal, en la divinidad de Cristo o en la resurrección de Jesús. Yo sostenía esas creencias mucho antes de estar afiliado a esa universidad, y creería en ellas independientemente de donde dé clases.

Por eso, sugerir, como tú lo haces, que una declaración doctrinal institucional realmente determina o moldea la visión teológica de un profesor es ingenuo al extremo. Un simple documento no tiene casi ningún efecto en lo que uno cree. Por el contrario, serán los escritos de otros eruditos en la propia área, así como la reflexión personal sobre las cuestiones, que determinarán aquello en lo que uno cree.

En realidad, el peligro real planteado por declaraciones doctrinales institucionales es casi exactamente lo opuesto a lo que tú supones. Debido a que una mera declaración doctrinal tiene tan poca influencia en lo que un profesor cree, puede suceder que las visiones doctrinales de la persona cambien en el curso de su carrera y, por consiguiente, ya no pueda firmar la declaración doctrinal en buena fe. En ese caso, el profesor debería buscar empleo en otro lugar. El peligro es que, debido a que un cambio así es tan doloroso, el profesor puede estar tentado a continuar en su posición presente, aunque no crea más en la declaración doctrinal. En tal caso, él compromete su propia integridad y la integridad de la institución. Si la institución no da el difícil paso de despedirlo, la semilla de corrupción es plantada, la cual puede descarrilar la institución en las generaciones venideras.

Por lo tanto, es falso, como alegas, que al firmar una declaración doctrinal, "Al firmar la declaración, un profesor declaró públicamente (entre otras cosas): ‘Prometo jamás concluir que el nacimiento virginal fue sólo un mito’”. Él no hizo ninguna promesa como esa. Por el contrario, él prometió enseñar en dicha institución bajo la condición de que siempre cuando él crea que el nacimiento virginal no es un mito. Si llegase a creer que se trata de mito, la integridad exige que renuncie de su cargo.

Además, tú necesitas entender que esas declaraciones doctrinales suelen ser bien flexibles y tienen amplios márgenes, estando abiertas a diversas interpretaciones. ¡Por ejemplo, en realidad, me asombra cómo la declaración de la Universidad Bautista que citaste es tan vaga! Caracterizar a Cristo meramente como "nuestro Señor y Salvador  [...] el Hijo de Dios" es terriblemente ambiguo, a menos que los términos sean definidos; por ejemplo decir que "él murió por los pecados de todos los hombres" es totalmente opaco en relación a la expiación; y afirmar que "él resucitó del sepulcro" es compatible con un cuerpo resucitado no físico. Entonces, aunque las declaraciones doctrinales establecen algunas líneas marcadoras, normalmente no son tan refinadas.

El caso de Mike Licona es un buen ejemplo. Licona jamás negó la inerrancia bíblica, tampoco fue despedido por eso. Antes, lo que él cuestiona es imponer patrones historiográficos modernos de lo que constituye un error en autores antiguos que emplean las técnicas de la antigua historiografía y de la imaginación apocalíptica. Él defiende que, por los patrones de la época de ellos, ejemplificados, por ejemplo, por Plutarco, no habría sido considerado erróneamente que los evangelistas narraran eventos fuera del orden cronológico o abreviar o parafrasear una historia. Por eso, Mike sigue siendo miembro de buena reputación en la Sociedad Teológica Evangélica.

Además, en el seminario Talbot, donde también soy profesor, se le permite al profesor adjuntar un codicilo a la declaración doctrinal al firmarla, indicando dónde hay discordancias con ciertos detalles de la declaración (por ejemplo, tener aprehensiones sobre la interpretación bíblica dispensacionalista). Hacer eso permite firmar la declaración sin reservas mentales.

Por eso, creo que la acusación de sesgo académico a causa de una declaración doctrinal es ingenua y sin mérito. Las declaraciones doctrinales no determinan lo que cree un profesor, sino que reflejan sus creencias.

Por último -y más importante-, la alegación de sesgo es, en última instancia, irrelevante. Como aprendí por medio de mis estudios de la objetividad de la historia, todo historiador aborda un asunto con sus sesgos y punto de vista. Lo que, en última instancia, descalifica al historiador no es el sesgo, sino la falta de consonancia con las evidencias. Siempre y cuando la historia sea apoyada por el peso de las evidencias, los sesgos personales del historiador se hacen irrelevantes; si su historia no concuerda con las evidencias, entonces su objetividad no puede rescatarla

Este punto puede ser generalizado. Todos tenemos nuestros sesgos, incluso los ateos. (Si los eruditos cristianos necesitan adjuntar a su trabajo una alerta, los ateos también lo necesitan hacer lo mismo). Pero nuestro trabajo debe ser juzgado por la solidez de nuestros argumentos, y no por nuestros sesgos. Por eso, nunca me verás descartando el trabajo de un filósofo ateo basado en el hecho de que él muestre sesgo o tendencia, aunque eso sea descaradamente obvio. Antes bien, procuro exponer la falacia en su raciocinio o la falsa o injustificada premisa en su argumento.

Así, la respuesta a tu pregunta: "¿Cómo saber si el trabajo de un estudioso cristiano debe ser confiable?" es fácil: debes evaluar los argumentos y evidencias que él ofrece para apoyar  sus conclusiones. En última instancia, eso es todo lo que importa.

- William Lane Craig