#454 La inerrancia de la Biblia y la tarea apologética
November 21, 2015Dr. Craig,
Yo siempre disfruto escucharlo hablar y, en especial, me encantan los interrogatorios y las sesiones de preguntas y respuestas en sus debates. Fue un placer conocerle en la conferencia en Atlanta.
Mi pregunta tiene que ver con la naturaleza de la inspiración de las Escrituras. Los creyentes debaten la diferencia entre la inspiración y la inerrancia, y con frecuencia argumentan sobre la definición de lo que significa ser inerrante (lo cual yo creo que conlleva a una exegesis y hermenéutica mala cuando son obligados a encajar una interpretación que realmente no es probable debido a una visión de inerrancia que Dios no había planeado).
Como ateo, llegué a la fe primeramente por leer la Biblia por un año. Como la segunda parte del libro que estoy escribiendo está relacionada con la inspiración de las Escrituras, yo he pasado mucho tiempo pensando sobre cómo convencer a los no creyentes. En mi estudio, se me ocurrió un pensamiento extraño. No importa si el Nuevo Testamento (NT) es inerrante o incluso inspirado—¡sólo importa si es verdadero!
Si los escritores de los evangelios registraron precisamente lo que Jesús dijo e hizo, si Lucas preservó la historia desde alrededor 30-62 a.C., y si los escritores de las epístolas escribieron sobre lo que ellos aprendieron de Jesús y de los apóstoles, entonces tenemos todo lo que necesitamos para convertirnos en cristianos y para tener una relación con Dios. Las personas se convirtieron en discípulos de Jesús por más de dos décadas antes de que se comenzara a escribir el NT.
No me entienda mal—pienso que el NT es inspirado por Dios, como sugieren 2 Timoteo 3 y 1 Pedro 1 (a pesar de que ambos textos se refieren al Antiguo Testamento, 2 Pedro 3:16 se refiere a las cartas de Pablo como Escritura y Pablo cita o parafrasea el evangelio de Lucas en más de una ocasión).
Sin embargo, he notado que muchos apologistas habilidosos (usted incluido) no argumentan a favor de la inspiración de la Escritura en los debates, sino que argumentan a favor de la veracidad histórica.
Mi pregunta es: ¿realmente usted necesita argumentar sobre la inspiración o sobre la inerrancia? ¿No sería mejor hacer el argumento de que las Escrituras son confiables? Al hacer eso, nosotros silenciamos (como a Bart Ehrman o Shabir Ally) a quienes discuten sobre las discrepancias que hay entre los relatos (la mayoría de las cuales son difíciles de explicar).
Gracias por escoger mi pregunta y por ayudar a tantas personas.
Joe
United States
Respuesta de Dr. Craig
R
Al tratar con tu pregunta, Joe, es importante que hagamos la distinción entre las diferentes tareas de la apologética y de la teología.
La tarea de la apologética es presentar una justificación para la verdad de la cosmovisión cristiana. Por “cosmovisión cristiana” no quiero decir el cuerpo completo de la doctrina cristiana. A lo que me refiero es a los amplios bosquejos de una visión que merecería llevar pegado el rótulo “cristiano” a esa visión. Más simple, es lo que es necesario y suficiente para creer y convertirse en cristiano. Este tipo de entendimiento minimalista de la cosmovisión cristiana es lo que C.S. Lewis llamó “Mero Cristianismo”.
Los pilares centrales de la cosmovisión cristiana, me parece, son la existencia de Dios y Su auto-revelación decisiva en Jesús, demostrada al resucitarlo de entre los muertos. Si alguien llega a creer en esas dos cosas, entonces esa persona debería convertirse en cristiano y lo demás sería resolver los detalles.
Ahora bien, como tú señalas, para poder proveer una justificación para esas dos creencias, uno no necesita afirmar o creer en la inspiración bíblica, mucho menos en la inerrancia. Los argumentos de la teología natural para la existencia de Dios no dependen de la inerrancia bíblica, ni tampoco depende ella el demostrar los hechos cruciales sobre la vida de Jesús de Nazaret, los cuales incluyen sus declaraciones personales radicales, donde él se puso en el lugar de Dios, y los acontecimientos claves que apoyan la conclusión de su resurrección.
Los apologistas cristianos populares, por mucho tiempo, han apoyado ese punto de la boca para fuera, pero realmente no lo toman en serio, como ha sido revelado por sus improbables armonizaciones recurrentes para poder defender los relatos de los Evangelios contra cualquier acusación de error. Tales medidas son innecesarias. El hecho es que la gran mayoría de los eruditos del Nuevo Testamento de hoy admiten los hechos centrales que apoyan la inferencia a la resurrección de Jesús, incluso aquellos que piensan que los Evangelios están repletos de errores e inconsistencias. Por ejemplo, mi Doktorvater Wolfhart Pannenberg argumentaba a favor de la historicidad de Jesús y del sepulcro vacío, a pesar de que él pensaba que los relatos del sepulcro vacío en los Evangelios eran tan legendarios que ellos tenían “escasamente un núcleo histórico” en ellos. Pienso que Pannenberg, seriamente, subestimó la credibilidad histórica de los relatos del sepulcro vacío, principalmente debido al trabajo del crítico alemán Hans Grass, pero olvidemos de eso: el punto es esto ilustra muy bien de cómo alguien puede tener una creencia justificada históricamente en la resurrección corporal de Jesús sin tener un compromiso con inerrancia de los textos.
Entonces, yo casi nunca argumento con un no creyente sobre la inerrancia bíblica. Yo le concedo, por hipótesis, virtualmente todos los errores e inconsistencias en el Antiguo y Nuevo Testamento que él quiere traer, mientras que yo insisto de que los documentos colectados en lo que luego se llamaría el Nuevo Testamento son fundamentalmente confiables en lo que trata con los hechos centrales que apoyan las declaraciones y el destino de Jesús de Nazaret. Para la tarea de la apologética, no importa si Jesús haya nacido o no en Belén, de cuál día de semana fue crucificado, de cuántos ángeles llegaron al sepulcro, etc. Siempre y cuando los hechos centrales están seguros, el no creyente se debería convertir en cristiano.
Sin embargo, en lo que trata con la tarea de la teología, las cosas son diferentes. La tarea de la teología es de presentar sistemáticamente las verdades que se enseñan en la Escritura. Por lo tanto, uno trata de desarrollar un sistema coherente de doctrina que sea fiel a la Escritura. Basado en lo que uno cree que hace más sentido de la Escritura, esa persona desarrolla un cuerpo más detallado de la doctrina cristiana. Eso sí va a incluir doctrinas sobre lo que la Escritura tiene que decir sobre sí misma.
C. S. Lewis reconoció que nadie debería simplemente permanecer con un mero cristianismo. El mero cristianismo, dijo, es como el vestíbulo, un lugar donde se pasa a las diferentes puertas de las habitaciones. Nadie está contento de permanecer en vestíbulo. Pero es en las habitaciones, no en el vestíbulo, donde hay chimeneas encendidas, sillones y conversaciones. Así que después de entrar el vestíbulo, uno camina hacia las habitaciones donde se encuentran los cristianos católicos, o ortodoxos, o protestantes. Con el tiempo, uno va a encontrar una habitación donde uno se siente más cómodo con las doctrinas que se afirman allí.
Por lo tanto, en mi clase Defenders [Defensores] (haciendo un estudio general de la doctrina cristiana) el primer tema que tratamos es la Doctrina de la Revelación, es decir, sobre cómo Dios se ha revelado a nosotros, lo cual incluye las doctrinas sobre la inspiración y la inerrancia de la Escritura. La creencia de que la Escritura no es meramente la enseñanza humana sino la propia Palabra de Dios para nosotros será importante para vivir la vida cristiana. Ella también proporciona una guía autoritaria para desarrollar el resto de las doctrinas cristianas.
Entonces, en respuesta a tus preguntas, no necesitamos “argumentar sobre la inspiración o sobre la inerrancia” con los no creyentes, sino que necesitamos discutir esas cuestiones con nuestros hermanos cristianos. Con los no creyentes simplemente debemos hacer el caso de que los documentos que se colectaron y que componen el Nuevo Testamento son lo suficientemente confiables para garantizar o justificar las creencias de que Jesús mismo entendió que él era el Mesías, el unigénito Hijo de Dios y el Hijo del Hombre que Daniel menciona, y que su crucifixión, sepultura, tumba vacía, apariciones post-mortem y el inicio de la creencia de sus discípulos en la resurrección están históricamente bien fundamentadas. Con nuestros hermanos cristianos, necesitamos discutir la naturaleza de la inspiración bíblica y de lo que se deduce a partir de eso para la veracidad de la Escritura.
- William Lane Craig