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#373 La Autoría de los Evangelios—¿A Quién le Importa?

July 31, 2014
P

Estimado Dr. Craig,

Soy ateo y me encuentro que usted es muy sincero y razonable en su defensa de la religión cristiana. Usted se ha dirigido a muchas de las posiciones de Dr. Bart Ehrman sobre la crítica textual de la biblia, sin embargo no he encontrado que usted se dirija a la afirmación principal del libro de Ehrman que trata con las falsificaciones. ¿Cómo sabemos que los evangelios fueron escritos por autores que se registran en las biblias actuales de hoy? Fueron los títulos adiciones que se hicieron después y cuando leo todos los demás libros del nuevo testamento [me encuentro con] un tema común de que hay muchos falsos maestros que están divulgando falsas doctrinas. En resumen, ¿hay buena evidencia que apoye las afirmaciones de la autoría de los evangelios? Y si la hay, ¿Cuál es?

Atentamente,

J. C.

Afghanistan

Respuesta de Dr. Craig


R

Aunque tomé tu pregunta esta semana, J.C., en realidad no la voy a responder. A veces es más importante explicarle a una persona de que está haciendo la pregunta equivocada que responderle su pregunta. Al ayudarle a ver cuáles son las preguntas cruciales, podemos evitar distracciones y no perdemos el enfoque.

Tu pregunta es una de esas. La suposición detrás de la pregunta parece ser que la autoría de los documentos del Nuevo Testamento es, de alguna manera, crucial para que los documentos sean considerados fuentes históricas creíbles de la vida de Jesús. Esa suposición está bastantemente lejos de la realidad de la crítica histórica contemporánea del Nuevo Testamento. Dudo que cualquier erudito del Jesús histórico piense que el tener éxito identificando cuáles son los autores de los diversos documentos que se copilaron para formar el Nuevo Testamento sea crucial para que ellos sirvan como fuentes históricas creíbles para los acontecimientos o dichos de Jesús.

Por esa razón, pienso que has leído muy mal las obras de Bart Ehrman, juzgando por la manera que consideras su afirmación central como que si él quisiera decir que los Evangelios no fueron escritos por los autores que tradicionalmente los recibieron. (J.C., caracterizar la incertidumbre acerca de la autoría de los evangelios como "falsificación" también traiciona el malentendido. Si, como tú señalas, los Evangelios originales no llevaban los nombres de los autores, entonces no pueden ser falsificaciones, ¡ya que ellos no hacen afirmaciones acerca de los nombres de sus autores! Tu preocupación, más bien, es que los Evangelios son anónimos, y que los nombres de Mateo, Marcos, etc., llegaron a ser asociados con ellos más tarde.) Ehrman reconoce que de los cuatro Evangelios podemos juntar una gran cantidad de información histórica acerca de Jesús (sin mencionar de las cartas de Pablo), inclusive si no sabemos quiénes los escribieron. De hecho, hasta hace poco, a pesar de su incertidumbre acerca de la autoría de los Evangelios, Ehrman aceptó la historicidad de los hechos centrales que apoyan la inferencia a la resurrección de Jesús, como por ejemplo, su sepultura realizada por José de Arimatea, el descubrimiento de su tumba vacía por un grupo de sus discípulas, sus apariciones post-mortem, y el que los discípulos originales llegaron a creer que Dios lo había resucitado de entre los muertos. El hecho de que recientemente Ehrman se retractó de algunos de estos hechos no se debe a su incertidumbre sobre la autoría de los Evangelios sino a otros factores.
 

Ahora bien, sí encuentro que las preguntas relacionadas con la fecha y la autoría de los documentos del Nuevo Testamento son muy interesantes, de modo que sí me preocupo por esas preguntas. (¡Fíjate que el título que le puse a la Pregunta de esta Semana es deliberadamente provocativo!) Pero responder esas preguntas no es crucial para la fiabilidad de esos documentos. En realidad, eso se convirtió en un punto de discordia con los editores de la publicadora Crossway Books acerca de la segunda edición de mi libro “Reasonable Faith” [Fe Razonable]. Ellos insistían en que yo añadiera un capítulo acerca de la fiabilidad general de los cuatro Evangelios. Protesté, explicando que mi caso a favor de la auto-comprensión radical de Jesús y de la historicidad de su resurrección no colgaba o dependía de la fiabilidad general de esos documentos. Ellos se mantenían firmes, y por eso le pedí al erudito del Nuevo Testamento, Craig Blomberg, que escribiera dicho capítulo para mi libro Reasonable Faith, a pesar del hecho de que ese capítulo interrumpe el flujo del argumento. Puedes observar que con el tiempo prevalecí y el capítulo extraño ha sido removido de la tercera edición. Sin embargo, si estás realmente interesado en las preguntas de la autoría y de la fiabilidad general, J.C., te recomiendo a que leas el capítulo de Blomberg.

De manera que si los eruditos del Jesús histórico no están debidamente preocupados con las preguntas de la autoría, ¿Cómo identifican ellos los elementos históricos en los Evangelios? Una de las maneras es por medio de la aplicación de los llamados “criterios de autenticidad”.
Lo que estos “criterios” realmente llegan a ser son enunciados acerca del efecto de ciertos tipos de evidencia sobre la probabilidad de varios dichos o acontecimientos en la vida de Jesús. Para algún registrado dicho o acontecimiento D, la evidencia de cierto tipo E y nuestra información de trasfondo I, los criterios declararían que, todo siendo igual, Pr (D|E&I) > Pr (D|I). Es decir que, todas las cosas siendo iguales, la probabilidad de algún acontecimiento o dicho es mayor dado, por ejemplo, su testimonio múltiple que lo habría sido sin éste.
 

¿Cuáles son algunos de los factores que podrían servir como rol o papel de E en incrementar la probabilidad de algún hecho o acontecimiento D? Lo que continúa son algunos de los factores más importantes:

(1) Congruencia Histórica: D encaja con los hechos históricos conocidos relacionados con el contexto en el cual se dice que D ha ocurrido.

2) Independiente, atestiguación temprana: D aparece en fuentes múltiples las cuales están cercas al tiempo en el que se alega que D haya ocurrido y la que no dependen de cada una ni de una fuente común.

(3) Vergüenza: D es algo tonto o contraproducente para las personas que sirven como la fuente de información para D.

(4) Disimilitud: D no es como las formas de pensar del antecedente judío y/o tampoco como las formas de pensar del cristiano subsiguiente.

(5) Semitismos: Indicios en la narrativa de las formas lingüísticas arameas o hebreas.

(6) Coherencia: D es consistente con los hechos que ya están establecidos acerca de Jesús.

Puedes observar que esos “criterios” no presuponen la autoría tradicional o inclusive la fiabilidad general de los Evangelios. Más bien, ellos se enfocan en un dicho o acontecimiento en particular y proporcionan la evidencia para pensar que ese elemento específico de la vida de Jesús es histórico, independiente a la fiabilidad general del documento en el cual se reporta el dicho o el acontecimiento particular. Por lo tanto, esos mismos “criterios” son aplicables a los reportes de Jesús que se encuentran en los Evangelios apócrifos, o en los escritos rabinos o incluso en el Corán. Por supuesto, si se puede mostrar que los Evangelios son documentos generalmente fidedignos, es aún mucho mejor. Pero los “criterios” no dependen de ninguna de esas presuposiciones. Ellos sirven para ayudar a ubicar el grano histórico que se encuentra en medio de [toda] la paja histórica.

Además, uno de los desarrollos más importantes en los estudios del Nuevo Testamento ha sido la identificación de las fuentes históricas detrás de los documentos del Nuevo Testamento. Uno de los ejemplos más dramáticos es la fórmula tradicional de cuatro líneas acerca de los acontecimientos centrales de la pasión y resurrección de Jesús, la cual Pablo difundió a la iglesia que había fundado en Corinto, Grecia. Pablo escribió a la iglesia de Corinto:

Primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí:

[…]que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado

y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;

y que apareció a Cefas, y después a los doce (1 Cor. 15: 3-5).

Estas líneas están llenas de semitismos y de características no Paulinas, las cuales han convencido a los eruditos que Pablo aquí no está escribiendo de manera libre, sino, así como él dice, que está entregando una tradición que él mismo había recibido, una tradición que casi todos los eruditos fechan dentro de los primeros años después de la crucifixión de Jesús. Por lo tanto, la autoría de la carta de Pablo (la cual de ninguna manera está en disputa) se convierte en algo muy secundario. Lo que aquí es crucial es que aquí tenemos una fuente extraordinariamente temprana que delinea los acontecimientos centrales de la pasión y resurrección de Jesús.

Los laicos que no entienden el método histórico a veces exigen fuentes para la vida de Jesús que están fuera del Nuevo Testamento—como si el hecho de que un documento haya sido copilado más tarde para una antología, de alguna manera, pone en tela de juicio su credibilidad. Olvidémonos de eso. Lo que ahora vemos es que dichos recursos existen, pero que los más importantes no son aquellos que vinieron después de los documentos del Nuevo Testamento, como el testimonio Josefo o Tácito, sino más bien aquellos que vinieron antes de que los documentos del Nuevo Testamento fueran escritos y utilizados por los autores de Nuevo Testamento.

Por último, cuando piensas sobre esto, los nombres de los autores de los Evangelios son completamente inmateriales. Como más, lo que importa es que el autor, ya sea Lucas o Josué, o Herkimer, o quien sea, estuviera en una posición de entregar información históricamente fiable acerca del Jesús histórico. Por esa razón, consideremos a Lucas. Lucas es el autor que recibió una obra de dos partes: el Evangelio de Lucas y los Hechos de los Apóstoles. Estas, en realidad, son una sola obra y están separadas en nuestra Biblia solamente porque la iglesia luego unió los Evangelios en el Nuevo Testamento. Lucas es el escritor del Evangelio quien escribió la mayor parte auto-conscientemente como un historiador. En el prefacio de su obra, él escribe:


 

Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos las enseñaron los que desde el principio las vieron con sus ojos y fueron ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido (Lucas 1:1-4).

Este prólogo está escrito al estilo del griego clásico, de la manera que solían hacer los historiadores griegos. Después de esto, Lucas cambió a un griego más ordinario. Sin embargo, él ha puesto a su lector pendiente de que él puede escribir, si así lo desea, como un historiador educado. Él habla de su investigación extensa del relato que está a punto de contar y nos asegura que está basado en información de testimonio ocular y que, como consecuencia, es confiable.

¿Quién era este autor a quien llamamos Lucas? Por lo que él dice, queda claro de que él mismo no era un testigo ocular de la vida de Jesús. Pero descubrimos un importante hecho acerca de Lucas por medio del libro de los Hechos. Comenzando en el capítulo 16 del libro de los Hechos, cuando Pablo llega a Troas, hoy en día Turquía, el autor de repente comienza a utilizar la primera persona plural: “ Zarpando, pues, de Troas navegamos directamente a Samotracia”, “estuvimos en aquella ciudad [Filipo] algunos días”, “salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración”, etc. La explicación más obvia es que el autor se había juntado con el grupo de Pablo en sus viajes evangelistícos de las ciudades mediterráneas. En el capítulo 21, él acompaña a Pablo de regreso a Palestina y por último a Jerusalén. Lo que esto significa es que el autor de Lucas—Hechos estaba, de hecho, en contacto de primera mano con los testigos oculares de la vida y ministerio de Jesús en Jerusalén.

Los críticos escépticos han hecho volteretas hacia atrás para tratar de evitar esta conclusión. Han dicho, por ejemplo, que el uso de la primera persona plural en Hechos no se debería considerar literalmente. Simplemente es una herramienta literaria que era común en los relatos de viaje de barco por el mar de la antigüedad. Olvidémonos que muchos de esos pasajes en Hechos no se tratan de la navegación de Pablo, sino que sucedieron en tierra. El punto más importante es que esta afirmación, cuando lo revisas, resulta ser pura fantasía. Simplemente no existe ninguna herramienta literaria antigua de las navegaciones en la primera persona plural—todo eso se ha demostrado ser una ficción académica. No hay razón para negar que Lucas—Hechos fueran escritos por un compañero de viaje de Pablo que tuvo la oportunidad de entrevistar a testigos oculares de la vida de Jesús mientras estaba en Jerusalén.

¿Quiénes eran esos testigos? Tal vez, podemos obtener alguna clave al substraerle todas las cosas que se encuentran en los otros Evangelios del Evangelio de Lucas y al ver lo que es peculiar para Lucas. Lo que vas a descubrir es que muchas de las narrativas peculiares de Lucas están conectadas a las mujeres que seguían a Jesús: personas como Johana y Susana, y significativamente, María, la madre de Jesús.

¿Podemos confiar en que el autor tenía los datos correctos? El libro de Hechos nos ayuda a responder esa pregunta de manera decisiva, ya que Hechos coincide en el tiempo con la histórica secular del mundo antiguo y la exactitud histórica de Hechos es indisputable. Esto ha sido demostrado nuevamente por Colin Hemer, un erudito clásico quien acudió a los estudios del Nuevo Testamento en su libro The Book of Acts in the Setting of Hellenistic History [El Libro de Hechos en el Marco Histórico Helenista] (Tübingen: J. C. B. Mohr, 1989). Hemer examina el libro de Hechos con una “lupa”, extrayendo una gran cantidad de detalles históricos, que se extienden desde lo que hubiese sido el conocimiento común hasta los detalles que solamente una persona local hubiese sabido. Una y otra vez se demuestra la exactitud de Lucas: desde los viajes de flotas de Alejandría cargadas de maíz hacia el terreno litoral de las islas a los títulos peculiares y cambiantes de los oficiales locales, Lucas está en lo correcto.

Según el historiador clásico A. N. Sherwin-White, “Para el libro de Hechos, la confirmación de la historicidad es abrumadora. Cualquier intento para rechazar su historicidad básica inclusive en asuntos de detalle ahora debe parecer absurdo”.[1] El juicio de Sir William Ramsay, un arqueólogo mundialmente famoso, aún permanece: “Lucas es un historiador de primer rango […] Este autor debería ser colocado juntamente con los historiadores más grandes del mundo”.[2]Dado el cuidado y la fiabilidad de este autor, como su contacto con los testigos oculares dentro de la primera generación después de los acontecimientos, este hombre puede ser confiado en lo que se refiere a los asuntos en la vida de Jesús para los cuales no disfrutamos de una confirmación independiente.

Este último punto demuestra que tener algún conocimiento de los autores del Evangelio, en realidad puede ser útil. Pero el punto aún permanece: no es crucial.

  • [1]

    A. N. Sherwin-White, Roman Society and Roman Law in the New Testament [La Sociedad Romana y la Ley Romana en el Nuevo Testamento] (Oxford: Clarendon Press, 1963), p. 189.

  • [2]

    William M. Ramsay, The Bearing of Recent Discovery on the Trustworthiness of the New Testament [El Peso de los Descubrimientos Recientes sobre la Fiabilidad del Nuevo Testamente] (London: Hodder & Stoughton, 1915), p. 222.

- William Lane Craig