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#372 La Coherencia del Teísmo

July 31, 2014
P

Estimado Dr. Craig,

En ocasión usted ha dicho que el problema del mal es el mejor argumento a favor del ateísmo, pero estoy muy en desacuerdo con usted. Pienso que los argumentos o el argumento de la incoherencia es el mejor. ¿Cuáles respuestas ha dado usted a estos argumentos? Hay un libro entero publicado por la publicadora Prometheus acerca de varios argumentos incoherentes contra la existencia de Dios y la cantidad de esos argumentos es enorme. Este libro se llama “The Impossibility of God” [La Imposibilidad de Dios] y fue editado por Michael Martin de la Universidad de Boston.

Considere este argumento Modus Tollens:

1) Dios es todopoderoso

2) Pero Dios no puede hacer ciertas cosas como el mal y no puede interferir con el libre albedrío de alguien.

3) Por lo tanto, Dios no existe.

Éste es solamente uno de una gran cantidad de argumentos aparentemente imposibles de refutar. ¿Qué puede decir usted?

Para mí, esto parece ser un problema serio para el teísmo y estoy hasta pensando de renunciar a mi creencia en Dios. Debido a esto, le agradecería su ayuda. Si no puede hacer nada, por favor déjeme saber de algunos libros que respondan a estos argumentos. Muchísimas gracias.

Anthony

United States

Respuesta de Dr. Craig


R

Anthony, tu pregunta es muy apreciada y muy cercana a mi corazón, ya que mi carrera filosófica por completa ha sido una exploración de la coherencia del teísmo. Como joven filósofo, recién graduado de mis estudios de postgrado, tuve que decidir el proyecto de investigación el cual quería emprender como mi área de especialización. Inspirado por el pequeño libro de Anthony Kenny titulado “The God of the Philosophers” [El Dios de los Filósofos] publicado en el 1979, decidí analizar de una forma filosófica los diferentes atributos de Dios con el objetivo de crear un concepto coherente de Dios. Descubrí que era un tema tan amplio en su alcance, tan profundo en su profundidad y tan desafiante en sus conceptos que de inmediato se me hizo obvio que dicho proyecto se me iba a tomar toda una vida.

Así que pasé los primeros siete años estudiando y escribiendo acerca del concepto de la omnisciencia divina, con un enfoque en particular acerca de la compatibilidad de la presciencia (o conocimiento previo) divina y la libertad humana. Luego pasé los siguientes once años estudiando y escribiendo sobre el concepto de la eternidad divina, intentando lidiar con la relación de Dios con el tiempo. Más recientemente, he invertido los últimos doce años estudiando el concepto de la aseidad, enfocándome en el desafío que presentan los objetos abstractos al hecho de Dios siendo la única realidad última y ahora estoy en el proceso de reportar los resultados gratificantes de esos tantos años de estudio.

Uno de los aspectos en los cuales la Filosofía de la Religión ha cambiado más dramáticamente desde el principio cuando comencé mi programa de investigación es precisamente con respecto a la coherencia del teísmo. Durante la generación anterior (más o menos el tercer cuarto del siglo XX), al concepto de Dios con frecuencia se le consideraba como tierra fértil para los argumentos anti-teístas. La dificultad que hay con el teísmo, se solía decir, no era simplemente de que no existen buenos argumentos a favor de la existencia de Dios, sino, más fundamentalmente, de que la noción de Dios es incoherente.

Sin embargo, esa estrategia anti-teísta resultó siendo contraproducente, ya que provocó que se escribiera una literatura prodigiosa dedicada al análisis filosófico del concepto de Dios, que de ese modo refinaba y fortalecía la creencia teísta. El libro de William J. Wainwright “Philosophy of Religion: An Annotated Bibliography of Twentieth-Century Writings in English” [La Filosofía de la Religión: Una Bibliografía Anotada de los Escritos en Inglés del Siglo XX] (publicado en el 1978) fue una guía importante para la literatura en ese tiempo. Aunque esos temas se continuaban debatiendo (mi propio trabajo es testigo de eso), la batalla fuerte en gran parte ya ha pasado. Como los datos bíblicos no proporcionan muchas limitaciones para el concepto de Dios, los filósofos que trabajan dentro de la tradición judeo-cristiana disfrutan de una gran latitud en formular una doctrina de Dios que sea filosóficamente coherente y bíblicamente fiel. Por lo tanto, los teístas encontraron que las críticas anti-teístas de ciertas concepciones de Dios realmente podían ser muy útiles en formar una concepción más adecuada. Así que lejos de socavar el teísmo, las críticas anti-teístas sirvieron principalmente para revelar cuán rico, cuán abigarrado, y cuán desafiante es el concepto de Dios. Hoy en día, el debate continúa principalmente como una exploración en la teología filosófica, y no como una iniciativa apologética.

Una vez me comentó Anthony Kenny que la Filosofía de la Religión es muy interesante porque, así como el buje de una rueda cuyos rayos se extienden hacia afuera, ésta toca todas las áreas de la filosofía. Mi estudio de Dios ciertamente ha resultado en eso. Nada más mi actual trabajo me ha llevado a entrar en lo profundo de la metafísica, la filosofía de las matemáticas y la filosofía del lenguaje. El estudio de los atributos de Dios ha sido una experiencia rica y satisfactoria, tanto en lo intelectual como en lo espiritual.

Hay dos dominios que tienden a guiar la investigación de los teólogos filosóficos sobre la naturaleza divina: la Escritura y la teología del Ser Perfecto. Para los pensadores en la tradición judeo-cristiana, la auto-revelación de Dios en la Escritura es obviamente primordial para entender cómo Dios es. Pero la Biblia no es un libro de filosofía y de esa manera con frecuencia es subdeterminante (underdeterminative) con respecto a los atributos de Dios. Tomemos, por ejemplo, la eternidad divina. La Biblia enseña que Dios es eterno, eso es decir, que no tiene ni comienzo ni fin. Pero por lo menos hay dos maneras en las que una entidad puede ser sin comienzo y sin fin. Una de ella sería de existir desde el pasado infinito hacia el futuro infinito, o de tener existencia temporal inmemorial y eterna. Otra manera sería de trascender el tiempo en su totalidad, es decir, existir pero no existir en el tiempo, o de existir atemporalmente. Ahora bien, la Biblia no resuelve esa pregunta. Si ella ha de responderse, la respuesta debe venir de la teología filosófica y no de la bíblica.

En cuanto a la teología del Ser Perfecto, la concepción de Anselmo de Dios, como el ser más grande que se pueda concebir, ha guiado la especulación filosófica sobre datos crudos de la Escritura, de modo que los atributos bíblicos de Dios han de ser considerados de formas que servirían para exaltar la grandeza de Dios. Así que cuando la Escritura afirma que Dios, por ejemplo, es Todopoderoso, eso debería ser interpretado en el sentido más grande posible. Aquí también, hay espacio para estar en desacuerdo. A pesar de que es obvio que es mayor, por así decir, ser personal que impersonal, ser moralmente perfecto que moralmente imperfecto, ser auto-existente que ser contingente, ¿es mayor ser atemporal que intemporal, ser simple que compuesto, ser mutable que inmutable? Las respuestas a esas preguntas están lejos de ser obvias y por eso requieren argumentos de apoyo.

Por lo tanto, cuando uno se enfrenta a la supuesta incoherencia en el concepto de Dios, el teológico filosófico normalmente tiene dos posibilidades: (1) él tiene que demostrar que la supuesta incoherencia es meramente aparente y no real; o (2) él tiene que reevaluar el concepto que él tiene de Dios. (Sí, es por eso que en mi diálogo con Lawrence Krauss dije que la teología es como la ciencia en que es un asunto en curso que se puede refinar a la luz de nuevos datos). Así que, por ejemplo, como resultado de mi estudio de la eternidad divina, llegué a rechazar la visión tradicional de que Dios existe atemporalmente, más bien llegué a sostener que Él es atemporal sólo en lo que se refiere a Él existiendo san (sin) la creación—una visión que resulta ser tanto bíblica como también coherente. Quizás estoy equivocado acerca de eso (¡como sin lugar a dudas piensan muchos de mis colegas!). ¡No importa! La teología bíblica permite una diversidad de visiones. Presenta tus argumentos y lo presentaré los míos y luego hablemos de eso.

Yo no me pondría tan nervioso, si yo fuera tú, acerca del libro de Martin, el cual es representante de una generación pasada. El argumento que compartes en contra de la omnipotencia divina no tiene ninguna esperanza, ya que el término clave “todopoderoso” ni siquiera está definido (sin mencionar el hecho de que el argumento como se presenta ni siquiera es un argumento lógicamente válido). Si quieres leer una formulación brillante de una doctrina coherente de la omnipotencia, puedes leer el artículo “Maximal Power” [Poder Máximo], escrito por filósofos talentosos de la Universidad de Notre Dame, Thomas Flint y Alfred Freddoso. Es una de las piezas más finas de la Filosofía de la Religión que yo haya alguna vez leído. (Pero te advierto: ¡[el lenguaje] es muy técnico!)

El ensayo de Flint y Fredosso se encuentra reimpreso en mi antología “Philosophy of Religion: a Reader and Guide” [Filosofía de la Religión: Un Texto y una Guía] (Edinburgh: Edinburgh University Press, 2002), juntamente con varios otros de los ensayos principales sobre la coherencia del teísmo. Más accesible para el lector laico serían mis propios dos capítulos en Philosophical Foundations for a Christian Worldview [Fundamentos Filosóficos para una Cosmovisión Cristiana], escritos juntamente con J. P. Moreland (Downer’s Grove, Ill.: Inter-Varsity Press, 2003). Esos dos libros contienen bibliografías útiles que te van a dirigir a una literatura abundante adicional sobre este tema. Nadie que conozca esta literatura iría a pensar que los argumentos a favor de la incoherencia del teísmo son imposibles de refutar.

- William Lane Craig