#150 Evitando la Apostasía
February 17, 2012Estimado Dr. Craig,
Permítame decir que amo su trabajo, me ha ayudado en numerosas ocasiones. De todos modos, mi pregunta tiene que ver con el fracaso espiritual. Escuché su reciente podcast de Reasonable Faith referente a ese tema, usted hablaba de ex-cristianos que perdieron su fe. Seré directo, desde que comencé a dudar, eso ha causado estragos en mi vida espiritual y siento que voy por el mismo camino por donde fueron los ex-cristianos que usted menciona. Desde el momento que comencé a estudiar más y más apologética, me he hecho intelectualmente orgulloso o vano. De modo que me gustaría que usted me dé algunas sugerencias de cómo no abandonar la fe.
Sinceramente,
Christopher
United States
Respuesta de Dr. Craig
R
Christopher: Creo que el aspecto más esperanzador de tu pregunta es tu honestidad al reconocer tu propio orgullo y vanidad espiritual y al darte cuenta que son precisamente factores de esa naturaleza en lugar de cuestiones puramente intelectuales los que plantean el mayor peligro para nuestra perseverancia en la fe. La Biblia nos advierte, "Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes." (Santiago 4.6). ¡Qué horror sería encontrar que Dios realmente se opone a nosotros debido a nuestro orgullo y ambición!
Una de mis mayores preocupaciones como cristiano es que yo, de alguna manera, abandonara la fe y de esa manera traicionara a Cristo. Sería la cumbre de la locura y la arrogancia pensar que eso no pueda suceder. Pensemos en lo que le sucedió a Judas, es asombroso que un hombre que haya sido parte de los doce discípulos originales (escogidos por el mismo Jesús), que había estado por años (tan cerca de Él) y que al final terminara en su contra. ¿Es entonces sorpresa alguna que nosotros, por igual, podríamos abandonar la fe y traicionar a Jesús? Pablo habla de varios, conocidos por él, que habían abandonado la fe (1 Timoteo 1.20; 2 Timoteo 2.17; 4. 10). Él advierte, "Por lo tanto, si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer" (1 Corintios 10.12). Pablo se incluyó él mismo en esa admonición, "no sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo quede descalificado" (1 Corintios 9.27). Si alguien de la estatura y del compromiso espiritual de Pablo tomó tan en serio ese peligro, ¿cuánto más deberíamos hacerlo nosotros? Pablo nos insta, "Examínense para ver si están en la fe" (2 Corintios 13.5).
¿Cómo podemos evitar abandonar la fe? No creo que existe una receta simple, pero 2 de Pedro 1.5-11 provee algunas pautas importantes:
Por esto mismo, poned toda diligencia en añadir a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Si tenéis estas cosas y abundan en vosotros, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no tiene estas cosas es muy corto de vista; está ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección, porque haciendo estas cosas, jamás caeréis. De esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
Fíjate en la promesa que se encuentra aquí: "porque haciendo estas cosas, JAMAS CAEREIS." ¡Qué promesa tan maravillosa! Eso es exactamente lo que buscamos y, de esa manera, necesitamos prestar mucha atención a este pasaje. Lo que es sorprendente acerca de las condiciones de esa promesa es que son primeramente morales y espirituales por naturaleza. Se nos aconseja que suplementemos nuestra fe con siete cualidades de carácter.
Fe + Virtud
Conocimiento
Dominio propio
Perseverancia
Piedad
Afecto fraternal
Amor
Además, debemos buscar esta formación de carácter con toda diligencia: "poned…." Eso es intencional, no sucede solo.
Ahora bien, ¿Cuáles son esas cualidades? Te aconsejo que hagas un estudio bíblico sobre ellas. Virtud quiere decir excelencia moral. Estamos supuesto a ser personas buenas que reflejen la santidad de Dios. Conocimiento implica un conocimiento sólido de la doctrina cristiana. Eso es parte de la madurez espiritual, como Pablo enfatiza, "Así ya no seremos niños, zarandeados por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza" (Efesios 4:14). Esta es la única cualidad intelectual que se encuentra en la lista. Dominio propio quiere decir dominio de sí mismo, el cual implica la habilidad de controlar su propia lujuria, temperamento, lengua y deseos. ¡Todos sabemos lo fácil que es dejarse llevar por las pasiones propias en vez de tenerlas bajo el control de uno!De la manera que un atleta en entrenamiento ejercita dominio propio en todas las cosas, así también nosotros estamos supuestos a traer todas nuestras pasiones bajo nuestro control (1 Corintios 9.5). Perseverancia denota resistencia, permaneciendo en eso por un largo tiempo, a pesar de las altas y las bajas de la vida. Necesitamos ser corredores de larga distancia y no solamente esprínter (corredores de corta distancia). De lo contrario, nos agotaremos. Piedad implica tener una orientación espiritual para nuestra vida en lugar de tener una mentalidad materialista y consumidora la cual valora y se enfoca en bienes terrenales (1 Timoteo 6.6-11). Afecto fraternal involucra un afecto y cuidado genuino por sus hermanos cristianos (Romanos 12.10; 1 Juan 3.16-20). ¿De veras te preocupas por ellos como personas o solamente son ellos un medio para llegar a nuestro fin? Finalmente, el amor se describe en 1 Corintios 13.4-7. Deberíamos esforzarnos para encajar en la descripción que da Pablo en ese pasaje. Si somos diligentes en inculcar esa clase de cualidades del carácter en nosotros, se nos promete que seremos efectivos y fructíferos en el conocimiento de Cristo.
¡Ahora bien, esa tarea parecería ser tan desalentadora que nos pone debajo de la pila en lugar de confortarnos! ¿Cómo nosotros siendo tan débiles y defectuosos, podemos desarrollar esas cualidades de carácter en nuestras vidas? Podría parecer que no tenemos esperanza.
¡Ah, pero aquí es muy interesante comparar esa lista con la lista de cualidades de carácter que Pablo proporciona del fruto del Espíritu Santo en nuestras vidas (Gálatas 5.22-23)! Pablo dice que el fruto del Espíritu es
amor
gozo
paz
paciencia
benignidad
bondad
fe
mansedumbre
dominio propio (templanza).
Aquí varias de las mismas características de carácter se consideran ser la obra del Espíritu Santo mientras nos sometemos a Él: amor, benignidad, bondad y dominio propio. Además, puedes observar que la fe y la paciencia en combinación se suman a la perseverancia. También, ya que esas cualidades son el fruto del Espíritu, tener esas cualidades es tener una orientación espiritual, o tener piedad. Así mientras nos llenamos con el Espíritu Santo, es decir, rendido e investido de Su poder, Él producirá el fruto de esas cualidades en nuestras vidas. No estamos de nuestra cuenta, "reventándonos" con nuestros propios esfuerzos. Al contrario, la clave para la formación del carácter es estar lleno del Espíritu Santo.
Interesante, la única excepción parece ser el conocimiento. Eso es algo que tenemos que adquirir por medio del estudio de la verdad de Dios. Pero mientras buscamos adquirir conocimiento, ¿qué podemos hacer para combatir el pecado del orgullo intelectual?
En primer lugar, necesitamos reconocer la primacía del amor sobre el conocimiento en la economía de Dios. ¡Sócrates dijo que él era el hombre más sabio en Atenas porque reconocía que no sabía nada! El apóstol Pablo, cuando se confrontó con los Gnósticos griegos, quienes promocionaban la importancia del conocimiento, tomó una línea similar. "El conocimiento" él advierte, "envanece, pero el amor edifica. Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo. Pero si alguno ama a Dios, es conocido por él." (1 Corintios 8.1b-3). Según Pablo, si pensamos que somos tan inteligentes que tenemos todo resuelto acerca de Dios, entonces de hecho no sabemos nada. Solamente estamos inflados como fanfarrones intelectuales. Por el contrario, la persona que ama a Dios es la que verdaderamente le ha conocido. Eso tiene implicaciones devastadoras para nuestros orgullosos logros intelectuales. Significa que el más simple niño de Dios que vive en amor es más sabio a la vista de Dios que el más brillante Bertrand Russell que el mundo haya visto.
En segundo lugar, necesitamos reconocer la debilidad y la finitud de nuestro conocimiento humano. Puedo honestamente testificar que mientras más aprendo, más ignorante me siento. Además, el estudio sólo sirve para abrir nuestra conciencia a todos los panoramas del conocimiento ilimitado, aún en la misma área de nuestra especialización, o de la que ignoramos absolutamente todo. Me identifico con la declaración que hizo una vez Isaac Newton, cuando estaba reflexionando de sus descubrimientos establecidos en su grandes tratados en la física, Principia matemática. Él dijo que se sentía "como un niño jugando en la orilla del mar, y divirtiéndome de vez en cuando encontrando una piedra más suave o una cubierta de caracol más hermosa de lo normal, mientras que el gran océano de la verdad yace ante mí sin ser descubierto." ¡Que débil, incierto e inestable son nuestros propios logros intelectuales!
Por último, en tercer lugar, quiero transmitir algunos consejos de Hugo de San Víctor, quien escribió en su Didascalicon (1125):
El principio de la disciplina es la humildad. Aunque muchas son las lecciones de la humildad, el lector aprende tres lecciones especialmente importantes: la primera, que no debe despreciar ningún conocimiento o escrito, cualquiera que sea. La segunda, que no se avergonzará de aprender de ningún hombre. La tercera, que cuando él mismo haya alcanzado el conocimiento, no mirará a nadie por encima del hombro.
- William Lane Craig