#442 El Transcurrir del Tiempo
November 21, 2015Hola Dr. Craig,
Gracias por el trabajo que usted hace. Estoy estudiando neuropsicología y me encanta, en particular, los recursos suyos en su página web. Además, ¿Cuándo va a venir a Francia? Usted debe saber que aquí muchos estudiantes universitarios se están interesando en la apologética y el trabajo suyo no es en vano.
Le estoy escribiendo porque estoy muy interesado en el libre albedrío y actualmente estoy trabajando en las implicaciones de la teoría A o B del tiempo. Estoy de acuerdo con usted de que juntar la teoría-A es un prerrequisito para el libre albedrío.
Con frecuencia, la relatividad de Einstein se resalta para apoyar la teoría-B del tiempo, pero no explica el transcurrir del tiempo. Según ellos, el transcurri del tiempo (también conocido como el tiempo psicológico) no es objetivo sino subjetivo, una ilusión que produce nuestro cerebro. Sin embargo, en mi investigación me encontré con un argumento reciente de un filósofo francés que parece refutar esta explicación del paso/transcurso del tiempo. Según Quentin Meillassoux, las dos propuestas generan una paradoja que él llama “la paradoja del ancestro”. En francés la paradoja es esta: “comment concevoir l'émergence de la conscience dans le temps si le temps a besoin de la conscience ?"/ ¿Cómo diseñar el surgimiento de la conciencia en el tiempo si el tiempo necesita de la conciencia?” De hecho, si el flujo del tiempo depende de la conciencia, no puede haber ningún ancestro en los acontecimientos que precedieron la llegada de la conciencia, sino que ahora sabemos que los objetos y los acontecimientos han existido antes de que surgiera la conciencia humana.
¿Hay algún error en el razonamiento del filósofo? Me gustaría escuchar su opinión sobre esto, ya que parece que esta paradoja es un gran obstáculo para los proponentes de la teoría-B del tiempo o por lo menos para la explicación de ellos del transcurso del tiempo.
Bendiciones,
Joel
France
Respuesta de Dr. Craig
R
Me fascina mucho escuchar de un cristiano de Francia, Joel, y saber que el material de Reasonable Faith está siendo utilizado allá. La publicación de Foi raisonnable (Éditions la Lumière, 2012) es un sueño hecho realidad para mí. Mi esposa Jan y yo estuvimos en Francia este pasado verano para asistir a una conferencia y estoy listo para hablar en Francia si se me invita a hacerlo en el futuro. Después de haber vivido en Francia por un tiempo, sentimos una carga por la gente de Francia, de ver la iglesia equipada intelectualmente y de ver un avivamiento del cristianismo en Francia.
Me emocioné con tu pregunta porque me recordó de una conversación que tuve unos años atrás con un estudiante suizo de postgrado. Como él hablaba francés, se encontró casi imposible comunicarles a sus colegas su interés en las teorías temporalizada (tensed) y atemporal (tenseless) del tiempo. Como en francés, la palabra para el inglés “time” y la palabra para tense es la misma, es decir temps, él se encontró completamente perdido de cómo comunicar algo como el tiempo atemporal (tenseless time). Las personas no tienen ni idea de cómo los idiomas pueden limitar o facilitar nuestra habilidad de conceptualizar las cosas filosóficamente.
Ahora, para aquellas personas que no están familiarizadas con los términos, permítanme explicar que según la teoría temporalizada (tensed) del tiempo (arbitrariamente designada una “teoría-A”), la diferencia entre el pasado, presente y futuro es una característica objetiva de la realidad, mientras que según una teoría atemporal (tenseless) (o teoría-B) del tiempo, la diferencia entre el pasado, presente y futuro es sólo una característica subjetiva de la conciencia humana, más bien parecida a la diferencia entre aquí y allá. A falta de observadores auto-conscientes, las cosas aun existirían en sus coordenadas espaciales x, y, z, pero ellas no estarían aquí o allá. De igual manera, a falta de observadores auto-conscientes, los acontecimientos aun estarían ubicados en una coordenada temporal t, pero no serían pasados, presentes o futuros, según el teórico-B.
De hecho, no pienso que la teoría atemporal (tenseless) del tiempo es incompatible con el libre albedrío. Siempre y cuando el determinismo causal sea falso, no parece importar en lo que concierne a la libertad libertaria si existen las decisiones futuras de una persona. Eso nos lleva a discusiones muy interesantes de la presciencia divina de las elecciones libres futuras.
Tienes razón de que a menudo se apela a la teoría especial de la relatividad como una justificación para la teoría atemporal [tenseless] del tiempo, una afirmación que está errada en muchas facetas. Quiero traer a tu atención un diálogo fascinante que ocurrió entre Albert Einstein y el gran filósofo francés del tiempo Henri Bergson en la primavera del 1922 en la reunión de la Société Française de Philosophie en París, el cual fue posteriormente publicado en el Bulletin de la Sociedad.[1] He defendido el argumento de Bergson de ese intercambio en un artículo que saldrá pronto titulado: “Bergson Was Right about Relativity [Bergson Tenía Razón acerca de la Relatividad] (bueno, ¡parcialmente!)” en Time and Tense, editado por S. Gerogiorgakis (Munich: Philosophia Verlag, 2015), pp. 295-330.
Yo, juntamente con los teóricos A [del tiempo], estoy de acuerdo de que el pasar o transcurso del tiempo o el tiempo psicológico, es puramente subjetivo. ¡El tiempo pasa rápido cuando te estás divirtiendo! Pero no confundas el transcurrir del tiempo con el devenir temporal. Afirmar la realidad objetiva del devenir temporal no es afirmar que el tiempo está literalmente pasando, sino más bien afirmar que las cosas verdaderamente entran y salen de la existencia. El filósofo británico, C.D. Broad acertadamente le llamó a esto “devenir absoluto” porque las cosas simplemente no llegan a ser F, donde F designa algún predicado como “gordura”, “azul”, o “maduro”, sino que ellas llegan a ser, y punto (o como nuestros amigos británicos dicen: parada completa o punto y aparte). El teórico A está comprometido con la realidad objetiva del devenir absoluto, no con el transcurrir del tiempo.
No conozco el trabajo de M. Meillassoux, pero la paradoja del ancestro que tú identificas se pudiera formular mejor de la siguiente manera: “¿Cómo concebir el surgimiento de la conciencia en el tiempo si la conciencia es una condición necesaria del tiempo?” La objeción aquí parece ser que el teórico del tiempo atemporal está atrapado en un círculo vicioso. Cuando se entiende de esa manera, eso no me parece ser una buena objeción. La afirmación del teórico B (del tiempo) es que la conciencia es una condición necesaria del transcurrir del tiempo, pero no del propio tiempo. El tiempo existiría incluso si no hubiera observadores conscientes, pero no habría nada presente aquí; tal como existiría el espacio si no hubiera observadores conscientes, pero nada estaría aquí. Entonces, el tiempo (y el espacio) necesita existir para que las criaturas conscientes lleguen a existir en el curso del proceso evolutivo y, una vez ellos existan, dice el teórico B [del tiempo], entonces ciertas cosas estarán aquí y ahora para ellos. Esta posición, sin importar que esté equivocada, no me parece implicar ningún círculo vicioso.
¡Te deseo lo mejor en tus futuros estudios, Joel! Que le Seigneur vous bénisse!
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[1]
“La théorie de la relativité,” Bulletin de la Société Française de Philosophie 17 (1922): 91-113. Esa porción del dialógo que trata con el intercambio entre Bergson y Einstein ha sido traducida al inglés como “Remarks concerning Relativity Theory,” [Comentarios que tratan con la Teoría de la Relatividad], en Bergson and the Evolution of Physics, ed. P.A. Y. Gunter (Knoxville: University of Tennessee Press, 1969), pp. 123-135.
“La théorie de la relativité,” Bulletin de la Société Française de Philosophie 17 (1922): 91-113. Esa porción del dialógo que trata con el intercambio entre Bergson y Einstein ha sido traducida al inglés como “Remarks concerning Relativity Theory,” [Comentarios que tratan con la Teoría de la Relatividad], en Bergson and the Evolution of Physics, ed. P.A. Y. Gunter (Knoxville: University of Tennessee Press, 1969), pp. 123-135.
- William Lane Craig