#324 El Mal Gratuito y el Discernimiento Moral
October 10, 2013Estimado Dr. Craig,
Debo admitir, por adelantado, que soy tanto ateo como también Nietzscheano y tengo un escepticismo moral profundo. Me encuentro que el argumento de Hume de la diferencia entre “ser” y “debería ser” es convincente y, a pesar de que no niego que tengo sentimientos morales, creo que es más sensible explicarlos como experiencias psicológicas humanas y no como “percepciones” de normas morales objetivas.
Mi pregunta se trata de la respuesta que usted da al problema del mal natural gratuito. En su debate con Walter Sinnott-Armstrong, usted respondió a sus puntos hipotéticos acerca de los bebés que mueren de enfermedades dolorosas diciendo que estamos carentes de todos los aspectos del entendimiento para evaluar la rectitud moral de la no intervención de Dios. El argumento que usted hace tiene perfecto sentido. Carecemos de la omnisciencia de Dios. De modo que no podemos juzgar de si permitir que un bebé muera de una horrible enfermedad vaya de alguna manera a prevenir un mal terrible o permitirá un gran bien. De hecho, posiblemente haya muchas limitaciones en nuestro juicio moral en comparación con un ser perfectamente bueno.
Pero la respuesta suya al mal natural gratuito parece crear un problema para aquellas personas que quieren ser moral. Percibo a un bebé que se esté muriendo de una enfermedad dolorosa como un mal moral y juzgo a Dios como un monstruo inmoral por permitir que eso suceda. Sin embargo, su respuesta sugiere que mi juicio está equivocado: ¿Cómo yo sé que Dios no tiene una razón mejor para permitir ese sufrimiento? Pero ¿significa eso que todos los juicios morales están posiblemente errados? Si me falta el conocimiento y el alcance de cognición para juzgar a Dios como un ser inmoral por permitir que un bebé muera de una muerte horrible, ¿no estoy de igual manera no apto para juzgar a un ser humano que pueda curar a un bebé que se esté muriendo, pero que elije no hacerlo? Para ir un poco más lejos, si veo a alguien a punto de morir en un tsunami, ¿debería yo tratar de salvarlo? ¿Qué si Dios está tratando de llevar a cabo algún bien mejor al permitir que esa persona muera?
En resumen, si no estamos en posición para juzgar la moralidad de las acciones o las inactividades de Dios, ¿cómo podemos estar en una posición para juzgar las acciones morales de las demás personas o inclusive a tomar decisiones morales en primer lugar? Como demuestra el caso de los bebés afectados por la enfermedad, mis juicios morales pueden equivocarse. ¿Cómo puedo saber, entonces, que mi juicio moral está equivocado? Si presumo que la respuesta suya al problema del mal está correcta, entonces mi sentido se equivoca con mucha frecuencia, usualmente en respuesta a todo el mal natural horrible que nos rodea. ¿No muestra esto que es algo absurdo el tratar de comportarse moral?
Atentamente,
Nick
United States
Respuesta de Dr. Craig
R
Estoy muy de acuerdo contigo, Nick, de que un ateo como tu debería ser un escéptico y antirrealista. Pero necesitas ponerte en el lugar del teísta y preguntarte si él confronta el mismo problema que el Nietzscheano. Después de todo, fue la muerte de Dios que llevó a Nietzsche a proclamar el advenimiento del nihilismo. Pero el teísta posee los recursos para fundamentar los valores y deberes morales objetivos. Simplemente no hay buena razón para ser un escéptico moral al menos que tengas algún tipo de argumento verdaderamente poderoso a favor del ateísmo, un argumento cuyas premisas sean atestiguadas ser aun más poderosas que la existencia de los valores y deberes morales objetivos. ¿Pero cuál podría ser ese argumento? Tú mismo admites que el argumento del aparentemente mal gratuito en el mundo no va a lograr nada debido a la no viabilidad de probar que la maldad que vemos, de hecho, es gratuita. De modo que ¿qué justificación existe para ser un ateo y, por lo tanto, para ser un moral escéptico?
Ahora bien, caracterizas mi respuesta a la afirmación de Sinnott-Armstrong de que la mayoría de la maldad en el mundo es gratuita de la siguiente manera “estamos carentes de todos los aspectos del entendimiento para evaluar la rectitud moral de la no intervención de Dios”. Este es un malentendido, Nick. La afirmación de Sinnott-Armstrong era de que la mayor parte de la maldad en este mundo es gratuita, es decir que no tiene sentido o que es innecesaria. Es precisamente a esa afirmación que estoy atacando. Dadas nuestras limitaciones históricas y cognitivas, pienso que simplemente no estamos en una posición de decir con algún tipo de confianza que la maldad que observamos en el mundo no tenga propósito o sea innecesaria.
Sin embargo, no estoy defendiendo el consecuencialismo como una teoría de la ética. Según el consecuencialismo, lo correcto e incorrecto moral de una acción está determinada únicamente por sus consecuencias. Esta es una teoría horrible de la ética. En el consecuencialismo, si el que tortures y violes a una niñita de alguna manera va a redundar al final para el beneficio de la humanidad, entonces no sólo esa acción es moralmente permisible para ti sino que estás moralmente obligado a hacerla. Más bien, yo sostengo que tenemos ciertas obligaciones que cumplir aún si no tienen como resultado buenas consecuencias y ciertas prohibiciones que obedecer sin importar los beneficios que pudrían resultar por desobedecer nuestros deberes. Como teísta, veo nuestros deberes morales como fundamentados en los mandamientos de Dios, los cuales son reflejos de Su carácter santo y amoroso, no en las consecuencias.
En cuanto a las propias acciones de Dios, no pienso que Dios tenga algún deber moral que cumplir, ya que Él presuntamente no se emite mandamientos a Sí mismo. De modo que no tiene sentido hablar de lo correcto e incorrecto moral de las acciones de Dios. Lo que sí podemos preguntar es de si la manera de Él actuar estaría consistente con Su carácter. ¿Estaría consistente con Su carácter, por ejemplo, no intervenir para salvar a un bebé de morir de una horrible enfermedad o a alguien de perecer en un tsunami? Y pienso que la respuesta es sí. Dios puede tener buenas razones para no intervenir en esas situaciones y de esa manera no actúa contrario a Su carácter.
Así que supongamos que yo sea una persona que quiere hacer su deber moral. Soy un doctor que puede salvar al bebé de morir de una enfermedad. ¿Tengo la obligación para hacerlo? Por supuesto, todas las cosas siendo iguales. Como Dios nos ha ordenado, “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Yo estaría violando ese mandamiento si no trato de salvar al bebé. Por supuesto, todas las cosas no siempre son iguales: supongamos que me encuentro haciendo una cirugía crítica y no puedo salir a salvar al bebé sin que pierda a ese paciente. Entonces amar a mi prójimo no requiere que yo abandone al paciente para atender al bebé. Es por eso que la toma de decisión moral a veces puede ser tan difícil.
Otra vez, todas las cosas siendo iguales, deberías tratar de salvar a la persona amenazada por el tsunami. (Pero si eso significa, por ejemplo, abandonar a tus propios hijos para que se ahoguen para lograr eso, entonces no estás obligado.) ¿Qué si Dios está tratando de llevar a cabo algún bien mejor al permitir que esa persona muera? ¡No importa! Tienes un deber objetivo que cumplir que Dios ha puesto sobre ti. Has tu deber y dejas a Dios que obre las consecuencias. Después de todo, Él ya sabía de antemano de si o no ibas a intentar salvar esa persona y factorizó eso en Su plan. No era como que al tú intervenir ibas a arruinar Su plan providencial.
Ahora bien, todo lo que se ha dicho hasta ahora es pre-eliminario a la pregunta real: ¿cómo podemos estar en una posición para juzgar las acciones morales de las demás personas o inclusive a tomar decisiones morales en primer lugar? La respuesta es que no discernimos nuestros deberes morales al tratar de ver el futuro y determinar si las consecuencias de nuestra acción están en la escala buenas o malas. Más bien, (i) Dios ha escrito Su ley moral en nuestros corazones (Romanos 2:14-15), de modo que tenemos intuiciones morales dadas por Dios para dirigirnos. (ii) Dios nos ha revelado Su ley moral en la Biblia, por ejemplo, los Diez Mandamientos y el Sermón del Monte y (iii) Dios creó al hombre a Su imagen, de modo que todas las personas están investidas con un valor moral intrínseco y por lo tanto, deben ser tratadas como un fin y no como medio para obtener un fin. A pesar de que estas guías no hacen fácil el proceso de tomar decisión moral encuentro que, más frecuente que no, está muy claro lo que es mi deber moral en casi todas las situaciones diarias. (Eso está al hacerlo y no al discernirlo, ¡eso es lo difícil!).
En resumen, si el consecuencialismo fuese verdadero, entonces tendrías absolutamente la razón de que nunca podríamos determinar nuestros deberes morales. Esta es una de la crítica más familiar (y devastadora) que existe de las teorías morales consecuencialistas como el utlilitarianismo. Alguna acción que aparente ser horrible a corto plazo pudiera resultar ser un gran beneficio para la humanidad y una acción que aparente ser de beneficios podría resultar ser desastrosa a largo plazo. Podemos estar agradecidos de que Dios no nos haya abandonado a ese caos moral sino que nos ha dado los recursos para ayudarnos a discernir Su voluntad moral para nuestras vidas.
- William Lane Craig