English Site
back
5 / 06

#438 Desobedeciendo la Suprema Corte

November 21, 2015
P

Hola Dr. Craig,

Debo decir que comencé mis jornadas como un agnóstico y después de ver una multitud de los debates suyos, de leer su libro Reasonable Faith [Fe Razonable] y de revisar su página web, le confieso que estoy impresionado por la amplitud y profundidad de su investigación. He llegado a aceptar el cristianismo. De hecho, muchas de la apologética que ahora utilizo para ayudar a otros a comprender lo que yo, una vez, tenía problema entender lo aprendí de usted. Le agradezco por eso.

Ahora, como noticia reciente, con la legalización del matrimonio homosexual en todos los Estados Unidos, alguien me señaló que la Biblia dice que resistir o desobedecer a las autoridades sería algo que está directamente en contra los deseos de Dios. Para apoyar eso, él me mostró Romanos 13 versículo 1-7. Los versículos parecen sugerir que la autoridad es puesta por Dios y que nosotros debemos obedecerla, ya que desobedecerla sería igual a desobedecer a Dios.

Aquí están mis preguntas:

1. En general, si Dios constituye todas las autoridades (como parece sugerirse en los versículos 1 y 2), ¿ese capítulo tiene el objetivo de decir que no deberíamos resistir o desobedecer las autoridades incluso si las ordenes de parte de ellas aparentemente entren en conflictos con los deseos de Dios?

2. ¿Qué implicaciones tiene esto sobre el caso de la decisión de la Suprema Corte?

3. ¿Qué implican esos versículos para los alemanes a quienes les ordenaron matar a los judíos en los campos de concentración o en otros escenarios?

En resumen, esta parte del capítulo me confunde mucho y quizás usted pudiera derramar luz sobre donde estoy en conflicto

Gracias,

Natán

United States

Respuesta de Dr. Craig


R

¡Natán, me siento muy contento de que seas parte de la creciente familia de los hijos de Dios! Como observas, la recién decisión de la Suprema Corte estadounidense de legalizar el matrimonio entre las personas del mismo sexo va a poner a algunos cristianos en situaciones muy incómodas y angustiosas.

Antes de abordar tus preguntas, permíteme hacer una corrección. La Suprema Corte no legalizó (ni ninguna persona que abogue a su favor) el matrimonio homosexual. Lo que la Suprema Corte legalizó fue el matrimonio gay, independientemente de la orientación sexual. Cualquier decisión o ley que restringía el matrimonio del mismo sexo a las parejas gays o lesbianas sería patentemente discriminatorio contra las personas heterosexuales. Las leyes matrimoniales en los Estados Unidos deben ser (y siempre han sido) ciegas con respecto a la orientación sexual de las personas involucradas. Por lo tanto, si el matrimonio es esencialmente o no entre un hombre y una mujer no tiene nada que ver con la orientación sexual de ellos. Lo que la Suprema Corte ha hecho es redefinir el matrimonio de una manera que el ser una unión entre un hombre y una mujer ya no pertenezca a la esencia del matrimonio—ahora dos hombres o dos mujeres pueden casarse legalmente entre sí, sin importar su orientación sexual.

Como personas de buen juicio y como cristianos, no podemos consentir el intento de la Suprema Corte de redefinir lo que es el matrimonio. Cinco abogados (como les llaman los jueces disidentes) no pueden cambiar la esencia del matrimonio más de lo que ellos pueden cambiar la esencia de un caballo o una silla. Entonces nos encontramos en una sociedad donde hay matrimonios legales que, en la realidad, son pseudo-matrimonios. Esas personas no están realmente casadas, sino que están legalmente casadas.

Ahora bien, como tú observas, nosotros los cristianos estamos llamados a estar sometidos a las autoridades gubernamentales de la sociedad que nos encontramos, tenemos que obedecer las leyes a menos que ellas requieran que nosotros hagamos cosas que sean inmorales, es decir, que vayan en contra de la voluntad o de los mandamientos de Dios. Por ejemplo, cuando las autoridades de Jerusalén ordenaron a los primeros apóstoles a dejar de predicar el nombre de Jesús, Pedro y Juan respondieron con audacia: “¿Es justo delante de Dios obedecerlos a ustedes en vez de obedecerlo a él? ¡Júzguenlo ustedes mismos! Nosotros no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído” (Hechos 4.19-20). De la misma manera, cuando los Emperadores Romanos paganos ordenaron a los cristianos a quemarles incienso a los dioses paganos, los cristianos firmemente se negaron, pasando como consecuencia por torturas horribles y ejecuciones en vez de violar su conciencia.

Entonces en respuesta a tus preguntas:

1. ¿No deberíamos resistir o desobedecer a las autoridades incluso si las órdenes de parte de ellas aparentemente entren en conflictos con los deseos de Dios? No. Deberíamos (y debemos) resistir las autoridades si ellas requieren que actuemos en contra de la voluntad de Dios. Si no están en contra de la voluntad de Dios, entonces sí debemos obedecer incluso si estamos en desacuerdo con las instrucciones de parte de las autoridades.

2. ¿Qué implicaciones tiene esto sobre el caso de la decisión de la Suprema Corte? ¡Esta es la pregunta de los $64,000! [O sea la pregunta importante]. Es obvio que la ley no requiere que nosotros nos casemos con alguien del mismo sexo, de manera que no estamos siendo forzados a entrar en uniones ilícitas. Pero sí necesitamos reconocer, me parece a mí, que las otras personas que conocemos pudieran estar casadas legalmente y, por lo tanto, tienen ciertos derechos legales que debemos respectar, siempre y cuando hacer eso no requiera que actuemos inmoralmente. Sus matrimonios son un tipo de ficción legal que debemos respectar. Aquí es donde se complican las cosas. Supongamos que tú seas un panadero a quien se le pida hacer una torta (pastel) de boda para un matrimonio del mismo sexo o que tú seas un fotógrafo de bodas contractado para tomar fotos en una ceremonia de un matrimonio del mismo sexo. Se hace difícil de ver cómo tú puedes, con justificación alguna, resistir la autoridad legal aquí y negarte a cumplir, sin importar lo repugnante que eso pudiera ser para ti, ya que tu actividad no es un pecado de tu parte. Casos como esos demuestran el por qué, como advertí, la decisión acerca del matrimonio del mismo sexo no es un asunto privado sino que tiene implicaciones que se extienden mucho más allá de la pareja involucrada. Debido a que el matrimonio es una institución pública y civil, la redefinición del matrimonio tiene implicaciones de amplio espectro que pueden afectar a todos nosotros.

El caso de Kim Davis, secretaria del juzgado en el estado de Kentucky en los Estados Unidos, quien fue a la cárcel por negarse a otorgar actas de matrimonios a parejas del mismo sexo, es un caso más difícil. Ella dice que no puede, en buena conciencia, firmar esas actas porque eso constituye su aprobación de esa unión, la cual ella no aprueba. Las personas que simplemente dicen “¡es la ley!” no tienen ninguna apreciación por el dilema moral que ella tiene. Cuando mi esposa Jan y yo visitamos Nueva Zelanda unos años atrás, el país acababa de aprobar una ley, contra la oposición de los legisladores cristianos, de legalizar la prostitución. Peor todavía, la ley permitiría que se abrieran prostíbulos por toda parte, incluso en un vecindario o al lado de una escuela. Me puedo imaginar a un oficial gubernamental cristiano que se le pida firmar un permiso de zonificación permitiendo la construcción de uno de esos prostíbulos y encontrándose a sí, en buena conciencia, incapaz de firmarlo. Las personas que despreocupadamente dicen, “¡es la ley!” parecen olvidarse de las leyes Jim Crow en el sur segregacionista de los Estados Unidos o de las leyes antisemitas en la Alemania Nazi.

En algunos casos, pudiéramos tener la necesidad de resistir la autoridad legal porque [obedecer] eso requería que hagamos un acto inmoral de nuestra parte. Se nos asegura que, por ley, no se les va a requerir a los ministros y pastores (sacerdotes) oficiar ceremonias matrimoniales de dos hombres o dos mujeres. Pero supongamos que tú seas un capellán del ejército y que se te llame a oficiar un matrimonio de dos hombres o dos mujeres en la unidad donde tú estés sirviendo. Bien pudieras considerar esa acción, de tu parte, como algo inmoral (independientemente de su legalidad) y de esa manera te encuentras incapaz de obedecer. Como consecuencia, probablemente te den de baja del ejército. El resultado trágico será la desaparición de los capellanes cristianos de las fuerzas armadas.

De la misma manera, las instituciones cristianas educativas pudieran confrontar la pérdida de fondos federales para préstamos estudiantiles o becas e, incluso, su exención de impuestos por no obedecer las leyes que ratifican los matrimonios del mismo sexo. Si tú no piensas que esas preocupaciones son alarmantes, [te digo] que fueron expresadas por los propios Jueces, Robert and Scalia, durante las audiencias de la Suprema Corte y nunca fueron abordadas de una manera apropiada por el abogado que argumentaba el caso.

Habrá situaciones en las cuales los cristianos serán forzados, por su conciencia, a violar la ley, de la misma manera que lo sucedió en el inicio del Imperio Romano. A medida que nuestra cultura se hace más y más complaciente para el matrimonio del mismo sexo, la presión sobre los cristianos a comprometerse y ajustarse será pesada e imparable.

3. ¿Qué implican esos versículos para los alemanes a quienes les ordenaron matar a los judíos en los campos de concentración o en otros escenarios? A las personas que se les ordenó hacer esas cosas estaban obligadas a desobedecer las autoridades gubernamentales, ya que pecarían al obedecerles. Su negación a cumplir y a conformarse significaba que muchos [más] cristianos en la llamada “Iglesia de confesión” (die bekennende Kirche) iban a perecer al lado de los judíos en los campos de concentración. ¿Tendremos nosotros el coraje de ellos al enfrentar una cultura que se hace cada día más hostil?

Referencia:

O que ellas traten a los demás de una manera inmoral, como en el caso de las leyes que ordenan la segregación racial

- William Lane Craig