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#110 ¿Demuestra la Evidencia la Resurrección de Jesús?

February 12, 2012
P

He estado mirando un argumento en contra de la resurrección de Jesús que circula en Internet. Este básicamente dice:

1. Si no se puede establecer que Jesús fue transformado en un cuerpo sobrenatural después que resucitó de entre los muertos, entonces la Resurrección no puede ser establecida.

2. No se puede establecer que Jesús fue transformado en un cuerpo sobrenatural después que resucitó de entre los muertos.

3. Por lo tanto, la Resurrección no puede ser establecida.

Parece decir que aunque Jesús de alguna manera sobrevivió la muerte, no hay evidencia alguna de que él se resucitó con un cuerpo inmortal / indestructible. Por lo tanto, el argumento concede una especie de resurrección, pero no el tipo sobrenatural que describe el Nuevo Testamento. De manera que las afirmaciones divinas de Cristo no se pueden establecer por medio de la evidencia de la resurrección.

Una ilustración que a menudo acompaña el argumento es la de un hombre que dice ser impenetrable a los disparos de una pistola y que puede derretir objetos con rayos láser que salen de sus ojos. Aún si él demuestra eso, ¿deberíamos uno creer la otra afirmación de que él puede resistir la explosión de una bomba nuclear? El escéptico diría que no, ya que la explosión de una bomba nuclear es mucho mayor que unos simples disparos y rayos láseres.

¡En el mismo sentido, aún si Jesús volvió a la vida, eso es infinitamente inferior a su increíble afirmación de ser Dios! ¿Puede usted ayudarme?

Atentamente,

Don

United States

Respuesta de Dr. Craig


R

Don, esto realmente no es un argumento en contra de la resurrección de Jesús, más bien es un intento de probar que tú no puedes justificadamente inferir la resurrección de Jesús sobre la base de la evidencia empírica. Es un intento, no para refutar la resurrección de Jesús, sino para socavar un argumento histórico a favor de la resurrección de Jesús. Como tal, es de interés para los apologistas cristianos, pero no tiene que ser motivo de preocupación para la mayoría de los cristianos, quienes no basan su creencia en la resurrección de Jesús sobre la evidencia histórica.

Esta objeción a un caso histórico para la resurrección de Jesús tiene su origen en Greg Cavin, quien años atrás publicó un artículo sobre esto en la revista Faith and Philosophy (Fe y Filosofía). El nervio del argumento es que aún si todo lo que los Evangelios dicen acerca de Jesús se establece como verdadero, la inferencia de la resurrección de Jesús no está garantizada ya que la "resurrección" en el sentido pleno del término judío significaba la entrada en una condición corporalmente inmortal e indestructible. Pero, ¿cómo tú podrías demostrar que el Jesús de después de la Pascua podía haber sobrevivido una explosión de una bomba nuclear? Si no puedes probar eso, entonces tú no has demostrado dicha resurrección, en el pleno sentido teológico del término.

Tengo que decir con toda franqueza que esta objeción siempre me ha parecido como una mera cavilación. Ella podría estar instada, contra toda lógica, incluso por uno de los testigos oculares de la resurrección de Jesús, como el dudoso Tomás, lo que sin duda indica que algo anda mal con esto.

De hecho, el argumento anda mal en varias direcciones. En primer lugar, el apologista cristiano no tiene que ser entendido como alguien que argumenta a favor de la resurrección de Jesús en el pleno sentido teológico de la palabra. Usted puede observar de que en mi caso, lo que identifico como la Hipótesis de la Resurrección es la afirmación "Dios resucitó a Jesús de entre los muertos." Eso es todo lo que quiero decir con "resurrección." Dicho enunciado es la afirmación de un milagro, un acontecimiento causado por Dios el cual es naturalmente imposible. Como Cavin argumentó, en otro contexto, que es incomprensiblemente improbable de que todas las células en el cuerpo de Jesús debieron naturalmente volver a la vida, de modo que incluso su propia Twin Theory o Teoría Gemelas (la cual es tremendamente improbable y que también se conoce como la Teoría "Dave", nombrada así por la película de Kevin Kline) es preferiblemente una hipótesis naturalista. Así que si la Hipótesis de la Resurrección es, como afirmo, la mejor explicación de la evidencia, entonces estamos justificados en inferir un acto sobrenatural de Dios para Jesús. Se puede dejar como preguntas abiertas para la reflexión teológica el hecho de si ese acontecimiento también involucraba el cuerpo resucitado de Jesús investido con propiedades de invulnerabilidad, indestructibilidad,etc.

En segundo lugar, la objeción parece malinterpretar el caso a favor de la resurrección de Jesús, aún en el pleno sentido de la palabra, como un argumento deductivo en lugar de como una inferencia a la mejor explicación. El objetor parece pensar que el apologista cristiano necesita poder deducir lógicamente la evidencia de que, por ejemplo, Jesús pudo haber sobrevivido el cólera o un accidente automovilístico. Pero esa no es la forma en que funciona un argumento inductivo. Para cualquier conjunto de datos habrá un número infinito de hipótesis que son consistentes con los datos. Para utilizar un ejemplo bien conocido, pensemos en un conjunto de puntos marcados en relación con dos ejes. Hay un número infinito de líneas que se pueden trazar a través de esos mismos puntos, algunas torciéndose por completo antes de conectar los puntos. Pero, ¿quiere decir eso que si un científico traza una curva suave a través de esos puntos es hacer una inferencia injustificada acerca de las implicaciones de los datos? ¡Por supuesto que no! Él infiere que la línea relativamente recta interpreta correctamente los datos sobre la base de su relativa sencillez.

Del mismo modo, al inferir que Jesús fue resucitado de entre los muertos en el pleno sentido judío de ese término, estamos haciendo una inferencia a la mejor explicación de los datos. Aquí el contexto histórico-religioso del acontecimiento es la clave para su apropiada interpretación. Dado que su contexto judío, si el Dios de Israel ha resucitado a Jesús y de esa manera vindicando las afirmaciones supuestamente blasfemas de Jesús por las cuales se puso en el lugar de Dios, entonces la inferencia más natural es que la resurrección de Jesús se produjo con antelación, antes de la resurrección general que era la esperanza judía. Esta conclusión es especialmente evidente si Jesús predijo su muerte y resurrección por el Dios de Israel, ya que él estaba hablando de la resurrección en el pleno sentido judío. Sería extremadamente ad hoc y no judío afirmar que una mejor explicación era que Jesús fue resucitado pero que todavía era susceptible, por ejemplo, a la malaria o a ser electrocutado. Esa hipótesis es consistente con los datos, pero fracasa completamente como una inferencia a la mejor explicación.

En tercer lugar, ese mismo punto se aplica con respecto a justificar las afirmaciones del Jesús de la divinidad. El argumento no es que sólo un ser divino puede ser resucitado de entre los muertos, o que la divinidad de Jesús se puede deducir lógicamente a partir de su resurrección. Más bien, la afirmación es que dado el contexto religioso-histórico del auto-entendimiento radical y de las afirmaciones blasfemas personales del propio Jesús, sin mencionar su actividad como hacedor de milagro, exorcista y heraldo de la incursión del Reino de Dios, el que Dios resucitó a Jesús de entre los muertos se entiende de una forma más plausible como la ratificación de Dios a esas afirmaciones.

Recuerdo una maravillosa ilustración de este tipo de inferencia hecha por el filósofo cristiano Tom Morris en su libro Making Sense of It All (Haciendo que Todo Tenga Sentido) (Pág. 177-180). Tom escribe:

Por muchos años yo no entendía exactamente cómo los milagros se suponían funcionar como marcas de la verdad divina, hasta que conocí a un hombre extraordinario. Yo vivía con otros dos estudiantes de posgrado durante mi primer semestre en la Universidad de Yale en una casa de vacaciones en el bosque localizada en siete acres de tierra. Un hombre de la propiedad vecina se presentó un día y me dijo que la noche antes que se había mudado, había encontrado una pandilla de motoristas, acampando en el bosque entre las dos casas. Eran las tres de la mañana, me dijo, cuando fue donde ellos y les convenció que se marcharan. Explicó que a menudo recorría el bosque de noche y cazaba cuando no podía dormir a causa de las heridas antiguas de guerra. Desabrochándose la chaqueta, me mostró la pistola magnum .44 de cañón largo en una pistolera de hombro que siempre llevaba con él. "A veces pone un poco nerviosa a la gente en el banco", agregó con una sonrisa y un guiño.

Subsiguientes visitas e investigaciones de mi parte dieron lugar a algunas historias de guerra que fueron, sin duda, material de cine. Él pertenecía a una unidad especial entrenada en las artes marciales relevantes. Podía matar a distancia con cualquier proyectil, un bolígrafo, un lápiz número dos. Él y un indio Shoshone fueron los únicos miembros de su unidad que regresaron con vida de la Segunda Guerra Mundial. Y eso fue después de haber sido disparado por un tanque. Fui invitado a sentir el agujero en el hombro de este enorme hombre de estatura, mientras que las historias crecían en drama: saltar de aviones detrás de las líneas enemigas, cortar en dos a perros alemanes de ataque cuando le brincaban, capturar y eliminar ataques nazis con cuerda de piano. Las estrategias eran:, un escape por un pelo, las cuales hacían las escapadas interesantes. Mejor que en las películas. Un día miré un medallón en el parachoques delantero de su camioneta con la inscripción del nombre de una ciudad en Connecticut y del "Honorable Encargado de la policía." Le pregunté acerca de eso.

'Oh, no fue nada', Tom. 'Yo estaba conduciendo' por la calle un día hace unos años y vi detrás de un edificio a cuatro chicos golpeando a un policía que tenían en el suelo. Bueno, yo no podía dejar que eso sucediera, así que salí de la camioneta y lo detuve. El alcalde pensó que estuvo bien de mi parte en ayudar, así que me hizo jefe honorario de la policía.'

Le pregunté, '¿Qué pasó con los cuatro chicos?' Él respondió: 'Digamos que tuvieron una larga estancia en el hospital.'

Las historias se hicieron más elaboradas, y comencé a preguntarme si todo esto podría ser cierto. Ya habíamos ido mucho más allá de cualquier historia de guerra y de espionaje que había oído o visto en la pantalla grande. En un momento determinado, cualquier persona llegaría a dudar de que todo eso pudiera ser posiblemente verdadero.

Entonces, un día cuando estaba sentado en una terraza al aire libre tocando la guitarra, me pico la avispa más grande y de aspecto más amenazador que jamás había visto. La picada era extremadamente dolorosa y el área en mi pantorrilla izquierda de inmediato comenzó a enrojecerse y a hincharse. Me mareaba. En un minuto o dos ya no podía caminar. El dolor era terrible, la hinchazón era enorme, y uno de mis compañeros tuvo que prácticamente llevarme a la casa del vecino para que me llevara al hospital. Al abrir la puerta de atrás, me miró y dijo: 'Dios mío, Tom que te pasa?' Le explicamos rápidamente mientras él nos ayudaba a entrar a su casa.

'Siéntate' me dijo, señalando un sillón que estaba junto a nosotros en el cuarto de estudio. Lo hice, con dolor. Yo esperaba que él agarrara las llaves, pero al contrario, me miró a los ojos y me dijo, 'Ahora, no te preocupes por nada. Voy a tener que hacer algo para ayudarte, pero puede que no quieras ver.' Yo quería ver. Yo soy un filósofo. Soy incurablemente curiosidad. 'Tenemos que estirar la pierna', dijo mientras la empujaba con el pie, levantándola y sosteniéndola en su propia rodilla, mientras se ponía en cuclillas al frente de mí. Luego juntó sus dos manos gruesas, con los pulgares hacia arriba. Con un movimiento repentino y violento, los oprimió en la parte posterior de la rodilla izquierda, golpeándola tan fuerte que pensé que iba a ver mi rodilla rebotar en el techo (y decir que este año, dieciséis años después, es que he tenido un pequeño problema con esa rodilla). Después pasó los pulgares a lo largo de la pantorrilla de una manera fuerte dos o tres veces. Luego alzó la vista y dijo: 'Ponte de pie. Tú vas a estar bien en un par de minutos.'

Sin ayuda me puse de pie, casi sin dolor. Puse presión sobre la pierna para probarla. No había dolor, miré hacia abajo y me sorprendí al ver que la hinchazón casi había desaparecido, sólo había un pequeño chichón en donde al principio había una hinchazón tan gran como del tamaño de un huevo. '¿Estás bien?' me preguntó. Yo estaba bien, al igual que todas sus historias.

'¿Cómo usted hizo eso?' Le pregunté. Él me dijo, 'Oh, es sólo un pequeño truco que necesitábamos hacer cuando mis compañeros cometían un error en los saltos que hacíamos en la noche. Teníamos que poder arreglar cualquier cosa.' Desde ese momento dejé de dudar de sus historias, por más dramática que fueran.

Y no mucho tiempo después, me di cuenta de que había una conexión entre cómo los acontecimientos de esa tarde habían mejorado la credibilidad de todas sus historias extraordinarias y como los milagros se suponían que hicieran lo mismo para las enseñanzas de Jesús y las afirmaciones extraordinarias acerca de él hechas por los cristianos primitivos. Las acciones extraordinarias corroboran las historias extraordinarias. Si, para explicar algunos hechos sorprendentes, tienes que postular que una persona está en contacto con alguna fuente de conocimiento y de poder más allá de lo ordinario, y es sólo algún estatus extraño que sería necesario para dar por creíbles esas afirmaciones acerca de esa persona, entonces atestiguar ese hecho o escuchar del mismo de alguna fuente fiable puede servir para aumentar la credibilidad de las historias, aún al punto de descartar todas las dudas practicas. Esto es lo que me pasó con mi vecino, y es exactamente lo que. . . podría suceder con nuestro juicio acerca de Jesús.

El acto milagroso de que Dios resucitó a Jesús de entre los muertos es plausiblemente tomado como la vindicación de Dios de las afirmaciones radicales y personales de Jesús, por las cuales fue crucificado como un blasfemo. A la luz de que Dios resucitó a Jesús, las afirmaciones personales de Jesús sobre su divinidad asumen una nueva credibilidad. La resurrección es el imprimátur o sello de Dios para estas afirmaciones extraordinarias.

- William Lane Craig