#559 ¿Qué es lo hizo que se interesara por el argumento cosmológico kalam?
May 06, 2018Dr. Craig,
Acabo de leer su libro The Kalam Cosmological Argument [El argumento cosmológico kalam] y lo encontré fascinante del punto de vista histórico y provocador del punto de vista filosófico. Usted ha invertido una gran cantidad de tiempo e investigación dedicándose a modernizar este antiguo argumento a favor de la existencia de Dios, y es realmente uno de los argumentos más convincentes y formidables a favor de la existencia de Dios. Habiendo dicho esto, ¿qué fue lo que inicialmente le llevó al estudio intensivo del argumento cosmológico kalam? Decenas de argumentos ya fueron presentados a lo largo de la historia sobre la ontología de Dios; entonces, ¿qué hizo que este argumento específico sea atractivo para usted, tanto como filósofo como teólogo?
Que Dios le bendiga,
Spencer
United States
Respuesta de Dr. Craig
R
Gracias, Spencer, por esta pregunta personal. Siempre me alegro de compartir la historia de cómo surgió ese descubrimiento transformador de vida.
Necesitas tener una apreciación de que, cuando era estudiante en la Universidad Wheaton, mis profesores de teología, como Robert Webber, me ensenaron que no hay buenos argumentos a favor de la existencia de Dios. Él decía que los argumentos tradicionales habían sido todos refutados. No se me enseñó ni un poco de teología natural, tampoco apologética positiva de cualquier tipo, en ninguna de las clases que tomé durante los cuatro años que pasé en Wheaton. En esa época, todo lo que teníamos era el tipo de apologética negativa, propuesta por Francis Schaeffer, en el sentido de que, si el teísmo (y en particular, el cristianismo) no es verdadero, la vida humana individual y la cultura se desvanecen y se desfondan en el desespero o en la incoherencia. El problema con este tipo de apologética negativa es que ella todavía deja a la persona sin ninguna razón para pensar por qué el cristianismo es verdadero, o que Bertrand Russell estaba equivocado al decir que, para hacer las paces con la vida, uno debe entender que el mundo realmente es un lugar terrible.
Una semana antes de la graduación, yo estaba dando una ojeada en la mesa de liquidación en la librería de la Universidad y, para mi sorpresa, allí encontré algunas copias de libro The Resurrection of Theism (1957) [La resurrección del teísmo], de Stuart Hackett. Yo escuché rumores de que ese libro, que ya hacía mucho tiempo se había salido de circulación, y hasta había tenido a Hackett como profesor en mi curso de Introducción a la Filosofía, en el primer semestre de primer año. Desafortunadamente, ese curso trataba sólo con un panorama de la historia de la filosofía y, por eso, nunca discutimos en detalles (¡si es que discutimos!) ningún argumento para la existencia de Dios. Había escuchado decir que Hackett presentaba una defensa de la existencia de Dios en ese libro. Así que agarré una copia del libro para leerlo después.
El verano después de la graduación, por fin logré leer el libro de Hackett, y estuve absolutamente impresionado con lo que leí. En el libro, él estaba defendiendo los argumentos tradicionales para la existencia de Dios, como el argumento cosmológico y el teleológico, y refutando toda objeción concebible que se traían contra ellos. Además, él presentaba las objeciones a los argumentos de forma tan vigorosa, tan convincente, que yo pensé repetidas veces: “¡Cierto, se acabó! No hay manera de rebatir esa objeción”. Luego, él comenzaba a desmantelarla. Yo nunca había leído un libro como ese: cada frase servía para llevar el argumento hacia delante, y era mejor que no esquivara una oración del libro, para no perder la secuencia del pensamiento. El libro es una pieza brillante de filosofía analítica de la religión, escrito diez años antes de que Alvin Plantinga apareciera en el escenario con el libro God and Other Minds [Dios y otras mentes]. Acostumbro decir que, si Hackett hubiese publicado su libro por medio de la editora de la Universidad Cornell, y no por la editora Moody, la revolución de la filosofía cristiana habría comenzado diez años antes.
Como es posible que tú hayas supuesto, el punto central de la teología natural de Hackett era una versión del argumento cosmológico con base en la finitud del pasado. Inmediatamente me identifiqué con el argumento: desde la infancia, la idea de un universo sin comienzo y un pasado infinito me parecía increíble. Pero yo no quería confiar en mi propia opinión sobre el argumento de Hackett; quería saber lo que otros pensaban.
Al prepararme para el Graduate Record Exam en filosofía, una prueba exigida para ser candidato para el programa de maestría en filosofía en la Escuela de Teología Evangélica Trinity, decidí leer y tomar muchos apuntes del monumental History of Philosophy [Historia de la filosofía] en nueve volúmenes de Frederick Copleston. En los meses que siguieron, lo que descubrí al leer el libro de Copleston fue que el argumento defendido por Hackett tenía una larga y distinta tradición en la historia de la filosofía occidental, procediendo desde los primeros comentaristas sobre Aristóteles y extendiéndose hasta la teología islámica medieval y la Immanuel Kant en su Primera Antinomia sobre el tiempo. Yo no tenía ni idea de que existiese esa tradición tan vieja. Determiné, allí mismo, que, si un día fuese a hacer un doctorado en filosofía, debía escribir mi tesis sobre esa versión del argumento cosmológico.
Ahora, avanzando unos años hasta cuando yo estaba completando mi maestría en Trinity. En ese tiempo, casi no había ningún filósofo escribiendo sobre argumentos para la existencia de Dios. Una notable excepción era el filósofo John Hick, en la Universidad de Birmingham, Inglaterra. Entonces, yo le escribí y pregunté si él estaría interesado en supervisar una tesis doctoral sobre el argumento cosmológico. Para mi alegría, él dijo que sí; y el resto, como se dice, es historia. En aprecio al desarrollo islámico del argumento, apodé el argumento de Hackett “argumento cosmológico kalan”, y el nombre se pegó.
Una última anécdota. Cuando Jan y yo llegamos a Birmingham, el profesor Hick me dijo: “¿Estás seguro que quieres escribir sobre el argumento cosmológico? No piensa que eso es como ‘llover sobre mojado’”.
¡Allá estábamos nosotros, después de hacer toda la mudanza para Inglaterra sólo para estudiar ese argumento, y él estaba sugiriendo que yo cambiase de tema! Tratando de mantener la serenidad, yo respondí: “Pues, pienso yo que todavía hay mucho que decir sobre el tema”. Entonces, para mi aliento, él aceptó dejar continuar.
Un par de años más tarde, después de terminar mi tesis doctoral, el profesor Hick vino a mí antes de presentar mi defensa oral y me dijo en confianza: “Le pasé tu tesis a un miembro de la facultad de física para avalar las evidencias físicas que tú presentas a favor del comienzo del universo”. Él se detuvo y, entonces, me comentó: “Él dijo que todo está correcto”.
Yo dije: “Yo sé que lo está”.
Él respondió: “¿Por qué los teólogos desconocen de eso?”
Simplemente sonreí y dije: “¿Todavía usted cree que el argumento cosmológico es ‘como llover sobre mojado’?”
Él sonrió con su sonrisa angelical y dijo: “¡Ah, no, de ninguna manera!”
- William Lane Craig