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#747 Dios y el Espacio

January 02, 2023
P

Hola Dr. Craig. Una pregunta importante en la teología islámica es «¿Dónde está Dios?». Y diferentes sectas musulmanas han dado diferentes respuestas a la pregunta. Algunas creen que Dios está en todas partes, mientras que otras creen que Dios está literalmente en su trono en lo alto de los cielos. ¿Cuál es la respuesta cristiana a esta pregunta?

Ibn
Estados Unidos

United States

Respuesta de Dr. Craig


R

Me alegró mucho recibir esta pregunta porque, casualmente, estoy trabajando en este mismo momento en la sección de mi teología filosófica sistemática dedicada al tema de la omnipresencia divina. Los cristianos creemos que Dios, como ser espiritual que creó el mundo físico, no tiene cuerpo y, por tanto, las descripciones bíblicas de Dios con partes corporales o sentado en un trono son de naturaleza antropomórfica. Son descripciones de Dios en términos humanos que son figurativas y, por tanto, no deben tomarse literalmente. Los musulmanes reflexivos, creo, dirían lo mismo, en contraste con los literalistas estrictos. Que Dios no está circunscrito de manera espacial en el cielo es especialmente evidente en los pasajes bíblicos relativos a la omnipresencia de Dios, es decir, la doctrina de que Dios está en todas partes.

Las Escrituras insisten firmemente en que Dios no está confinado en algún lugar localizado. En la dedicación del Templo, Salomón reza: «Te he construido una casa excelsa, un lugar para que habites eternamente», pero luego añade: «Pero, ¿habitará Dios realmente en la tierra? Ni siquiera el cielo y lo más alto de los cielos puede contenerte, ¡y mucho menos esta casa que he construido!». (1 Reyes 8:13, 27). Salomón reconoce que, aunque el cielo, y no el Templo, es la morada propia de Dios (v. 30), ni siquiera el cielo puede circunscribir a Dios.

El salmista afirma que Dios está en todas partes:

 

¿A dónde podría alejarme de tu Espíritu?

    ¿A dónde podría huir de tu presencia?

Si subiera al cielo,

    allí estás tú;

si tendiera mi lecho en el fondo del abismo [Seol],

    también estás allí.

Si me elevara sobre las alas del alba,

    o me estableciera en los extremos del mar,

aun allí tu mano me guiaría,

    ¡me sostendría tu mano derecha! (Salmo 139:7-10).

 

Aquí se describe a Dios como presente en todo el mundo, así como en el cielo y en el reino del inframundo de los muertos.

Del mismo modo, el profeta Jeremías declara: «¿Soy yo un Dios cercano, dice el Señor, y no un Dios lejano? ¿Puede un hombre esconderse en lugares secretos para que yo no lo vea? dice el Señor. ¿No lleno yo el cielo y la tierra? dice el Señor» (Jer 23:23-24). Dios está cerca y lejos, y llena el cielo y la tierra, como el agua llena un recipiente.

En el Nuevo Testamento, una de las afirmaciones más llamativas de la presencia espacial ilimitada de Dios aparece en el discurso de Pablo en el Areópago, donde contrasta la morada de la diosa pagana Atenea con la presencia omnipresente de Dios:

«El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él es Señor del cielo y de la tierra. No vive en templos construidos por hombres, ni se deja servir por manos humanas, como si necesitara de algo. Por el contrario, él es quien da a todos la vida, el aliento y todas las cosas. De un solo hombre hizo todas las naciones para que habitaran toda la tierra; y determinó los períodos de su historia y las fronteras de sus territorios. Esto lo hizo Dios para que todos lo busquen y, aunque sea a tientas, lo encuentren. En verdad, él no está lejos de ninguno de nosotros, “puesto que en él vivimos, nos movemos y existimos”. Como algunos de sus propios poetas griegos han dicho: “De él somos descendientes”». (Hch 17:24-28).

Así pues, las Escrituras presentan a Dios como presente en todas partes, no confinado en un solo lugar.

La cuestión controvertida entre los cristianos es más bien el peso teológico que debe atribuirse a estos pasajes. Al igual que un Dios eterno puede concebirse como temporal o atemporal, un Dios omnipresente puede concebirse como espacial o aspacial, es decir, Dios puede existir en el espacio o puede trascender el espacio. Si Dios existe en el espacio, entonces Su omnipresencia requiere que Él exista en todas partes en el espacio u omniespacialmente.

Ahora bien, los datos bíblicos pertinentes a la omnipresencia divina apoyan casi unilateralmente la omniespacialidad de Dios, no su trascendencia del espacio. Pero en este punto conviene recordar el argumento del filósofo cristiano Paul Helm sobre la relación de Dios con el tiempo, según el cual los escritores bíblicos pueden haber carecido del contexto reflexivo para plantear cuestiones sobre la temporalidad divina frente a la atemporalidad; lo mismo cabe decir de la espacialidad de Dios frente a la aespacialidad. El propósito de los pasajes bíblicos citados no es enseñar metafísica, sino asegurarnos de la soberanía universal, la ineludibilidad y la accesibilidad de Dios.

De hecho, la idea central de los pasajes sobre la morada de Dios en el cielo es enfatizar Su trascendencia, ¡no Su ubicación espacial! Al decir que ni siquiera el cielo y lo más alto del cielo pueden contener a Dios, la oración de Salomón se inclina en realidad en la dirección de que Dios trasciende el espacio. Aunque el cielo de Dios, al igual que los cielos físicos (los cielos) se describen en lenguaje espacial, de modo que puede decirse que Dios está sentado en su trono en el cielo, que mira desde el cielo y que desciende del cielo, ese lenguaje es en cualquier caso burdamente antropomórfico y es un lenguaje plausiblemente metafórico indicativo de la trascendencia de Dios. Los autores bíblicos eran muy conscientes de que Génesis 1:1 enseña que en el principio el Dios trascendente creó los cielos y la tierra, de modo que todo lo que existe aparte de Dios fue creado por Él (Juan 1:1-3).

Muchos teólogos y filósofos cristianos, probablemente la mayoría, interpretan la omnipresencia de Dios en términos de omnipotencia y omnisciencia: Dios, aunque trasciende el espacio, es causalmente activo y consciente de todos los lugares del espacio y, en ese sentido, puede decirse que es omnipresente. Es interesante cómo el conocimiento y la actividad de Dios están tan íntimamente asociados a su presencia en pasajes de las Escrituras como los anteriores sobre la presencia universal de Dios (cf. Salmo 139:1-6, 11-18; Hebreos 4:12-13). El Dios trascendente está ciertamente activo en el espacio y sabe lo que ocurre en cualquier parte del espacio; pero, ¿está Él mismo literalmente en el espacio? Los datos bíblicos no son determinantes de manera suficiente, lo que pone la cuestión en manos del teólogo filosófico.

- William Lane Craig