#676 ¿Deberíamos Resucitar la Teoría de la Conspiración?
November 05, 2025Estimado Dr. Craig:
Soy un gran admirador de su trabajo, y lo he sido durante varios años. Siempre estaré muy agradecido por todo lo que usted hace.
Durante unos diez años estuve convencido de que Jesús había resucitado de entre los muertos y de que su resurrección no había sido un engaño. Consideraba su resurrección como una prueba irrefutable de que Dios realmente existe, porque solo Dios podría hacer posible una resurrección. Recientemente compré y leí el libro del profesor John Lennox, Gunning for God, y lo disfruté muchísimo. Algo extraordinario sucedió mientras leía la sección sobre la resurrección de Jesús: él analizaba la teoría de que los discípulos podrían haber tomado el cuerpo del sepulcro. Antes, yo estaba de acuerdo con usted en que esa teoría era bastante improbable, ya que los discípulos fueron posteriormente torturados y crucificados, y me parecía muy poco probable que unos discípulos que sabían que la resurrección era una mentira defendieran esa mentira hasta el punto de ser torturados y crucificados. Siempre me había parecido que, si todo era mentira, habrían confesado para evitar la tortura y la muerte por crucifixión.
Sin embargo, en esa sección del libro del profesor Lennox, él señala que el robo de tumbas era un delito capital en Jerusalén en aquella época —algo que yo no sabía hasta que lo leí. Descubrir eso cambió completamente mi perspectiva sobre el tema de la resurrección. Ahora me parecía perfectamente posible que los discípulos hubieran retirado el cuerpo del sepulcro, y que hubieran inventado la historia de la resurrección como una forma de encubrir su crimen de robo de tumba. A partir de ahí, comencé a pensar que la motivación para defender una mentira sobre la resurrección era en realidad muy fuerte: desde su perspectiva, podrían haber pensado que defender esa mentira les ayudaría a evitar la crucifixión (por el crimen de robo de tumba), mientras que anteriormente yo había creído que defender esa mentira solo los llevaría a ser crucificados. El saber que el robo de tumbas era un delito capital en ese tiempo y lugar me quitó la principal razón que tenía para creer en los testimonios de la resurrección dados por los discípulos. Evitar la crucifixión sería una motivación muy fuerte para mentir —incluso si sabían que era mentira. De hecho, ahora me parece muy probable que los discípulos pudieran haber tomado el cuerpo del sepulcro, e inventado la idea de que Jesús había resucitado como forma de encubrir su crimen y, así, evitar la crucifixión. Si todo fue una mentira, pudo haber comenzado con una motivación muy poderosa, como la de unos hombres asustados que querían evitar una muerte horrible y tortuosa. Y luego, esa mentira pudo haberse propagado por muchas razones: por ejemplo, amigos de los discípulos que repetían la misma mentira para ayudarlos a evitar la crucifixión. Una vez que el rumor se esparció, el deseo de sentirse parte del grupo especial que supuestamente había visto a Jesús resucitado pudo haber motivado a otros a unirse a la mentira.
Mi pregunta es esta: ¿no cree usted que el hecho de que el robo de tumbas era un delito capital —y que, si las autoridades romanas se enteraban de que habían robado la tumba, serían crucificados— constituye una motivación suficiente para que los discípulos inventaran la mentira de que Jesús había resucitado de entre los muertos (si es que en realidad habían robado la tumba)? Este giro hipotético de los acontecimientos me parece mucho más probable que una resurrección real, y me pregunto cómo puede usted reconciliar esto con el hecho de que el robo de tumbas era un delito capital. Por favor, perdone mi ignorancia, y también cualquier posible ofensa de mi parte al plantear este tema; no tengo intención de ofender, sino que realmente quiero entender su perspectiva sobre todo esto, y si hay algo que se me está escapando, realmente me gustaría saber cómo es que la resurrección puede seguir siendo un acontecimiento histórico real que pueda ser defendido racionalmente, como yo antes creía.
Muchas gracias por su tiempo.
Atentamente,
Purusha
Estados Unidos
United States
Respuesta de Dr. Craig
R
Purusha, mi corazón se hunde cada vez que recibo una carta como esta. Aunque tú, muy amablemente, dices que has admirado mi trabajo durante años, aun así —¿cómo decirlo de otra manera?— revelas que tienes muy poco conocimiento del caso histórico a favor de la resurrección de Jesús. ¿Hablas en serio cuando sugieres que los discípulos originales robaron el cuerpo de Jesús del sepulcro y luego mintieron a la gente sobre las apariciones de resurrección? ¿No te das cuenta de que esta vieja teoría conspirativa, promovida por deístas en los siglos XVII y XVIII, lleva más de 200 años muerta, y que ningún erudito contemporáneo defendería tal postura? Incluso antes de responder a tu pregunta específica, ¿puedo al menos invitarte a detenerte y preguntarte: «¿Por qué todo el mundo rechaza esta teoría, aunque a mí me parezca tan convincente? ¿Cuál es la probabilidad de que todos los historiadores estén equivocados y yo sea el único que tiene razón? ¿Dónde está mi punto ciego?»
Tu falta de comprensión del caso histórico a favor de la resurrección de Jesús se hace evidente en el hecho de que pareces pensar que existe una sola objeción contra la teoría conspirativa: a saber, la improbabilidad de que los discípulos estuvieran dispuestos a morir por una mentira que ellos mismos inventaron. Si esa objeción falla, entonces pareces pensar que la teoría conspirativa es adecuada, sin problemas. Pero aunque considero que esa objeción sí revela una debilidad en la teoría conspirativa, la realidad es que esa teoría enfrenta muchas más objeciones —y, diría yo, más poderosas— que esa.
Existen tres hechos que cualquier hipótesis relevante debe explicar: la tumba vacía de Jesús, sus apariciones posteriores a la muerte, y el origen de la creencia de los discípulos en la resurrección de Jesús. Voy a reproducirte aquí mi evaluación de la teoría conspirativa como explicación de estos hechos, tomada de mi libro On Guard, donde explico por qué esa teoría es rechazada universalmente por los estudiosos contemporáneos.
Explicando la evidencia
Los historiadores consideran diversos factores al evaluar hipótesis rivales. Algunos de los más importantes son los siguientes:[1]
- La mejor explicación tendrá un mayor alcance explicativo que otras explicaciones. Es decir, explicará en mayor medida la evidencia disponible.
- La mejor explicación tendrá un mayor poder explicativo que otras explicaciones. Es decir, hará que la evidencia sea más probable.
- La mejor explicación será más verosímil que otras explicaciones. Es decir, se ajustará mejor a creencias de fondo que se consideran verdaderas.
- La mejor explicación será menos artificiosa que otras explicaciones. Es decir, no requerirá adoptar tantas creencias nuevas que carezcan de evidencia independiente.
- La mejor explicación será refutada por menos creencias aceptadas que otras explicaciones. Es decir, no entrará en conflicto con tantas creencias que ya se consideran bien establecidas.
- La mejor explicación cumplirá con las condiciones (1)-(5) de manera tan superior a las demás que haya muy poca probabilidad de que alguna otra explicación, tras una investigación adicional, logre superar ese cumplimiento.
Dado que una hipótesis puede funcionar muy bien en algunas condiciones pero no tan bien en otras, determinar cuál hipótesis es la mejor explicación puede ser difícil y requiere habilidad. Pero si el alcance explicativo y el poder explicativo de una hipótesis son muy altos —es decir, si hace un trabajo mucho mejor al explicar una amplia variedad de hechos—, entonces probablemente sea la explicación verdadera.
Así que apliquemos estos criterios a las hipótesis típicas que se han ofrecido a lo largo de la historia para explicar la tumba vacía, las apariciones posteriores a la muerte, y el origen de la creencia de los discípulos en la resurrección de Jesús, y veamos si dichas hipótesis explican estos hechos tan bien —o mejor— que la Hipótesis de la Resurrección.
Hipótesis de la conspiración
Según esta hipótesis, los discípulos robaron el cuerpo de Jesús y mintieron acerca de sus apariciones, falsificando así la resurrección. Como hemos visto, esta fue la primera explicación alternativa ofrecida para la tumba vacía, y fue revivida en el siglo XVIII por los deístas europeos. Sin embargo, hoy en día esta explicación ha sido completamente abandonada por la erudición moderna. Podemos entender por qué cuando la evaluamos según los criterios estándar para probar hipótesis históricas.
1. Alcance explicativo.
La hipótesis de la conspiración parece cubrir todo el conjunto de evidencias, ya que ofrece explicaciones para la tumba vacía (los discípulos robaron el cuerpo), las apariciones post-mortem (los discípulos mintieron acerca de haber visto a Jesús), y el origen de la supuesta creencia de los discípulos en la resurrección de Jesús (nuevamente, mintieron).
2. Poder explicativo.
¿Qué tan probable es la evidencia, suponiendo la hipótesis de la conspiración? Aquí es donde empiezan a surgir dudas sobre la suficiencia de esta hipótesis.
Primero, consideremos la historia del sepulcro vacío. Si los discípulos robaron el cadáver de Jesús, entonces sería completamente inútil inventar una historia sobre mujeres que encontraron el sepulcro vacío. Ese no sería el tipo de relato que hombres judíos inventarían. Además, la simplicidad de la narración no es lo que uno esperaría bajo la hipótesis de la conspiración: ¿dónde están las citas escriturales, la evidencia de profecías cumplidas? ¿Por qué no se describe a Jesús saliendo del sepulcro, como en falsificaciones posteriores como el Evangelio de Pedro? Tampoco se explica bien la controversia con los judíos no creyentes. ¿Por qué no aparece la guardia en el relato de Marcos, si ya está en el de Mateo? Incluso en la narración de Mateo, la guardia se coloca demasiado tarde: el cuerpo ya podría haber sido robado antes de que llegaran el sábado por la mañana, de modo que estaban custodiando, sin saberlo, una tumba vacía. El Evangelio de Pedro —reconocido como una falsificación— sí provee una coartada perfecta contra el robo: en ese relato, la guardia es establecida de inmediato tras la sepultura, no después.
En cuanto a los relatos de las apariciones, surgen problemas similares. Un falsificador probablemente describiría las apariciones del Jesús resucitado en términos de las visiones del Antiguo Testamento sobre Dios y las descripciones de la resurrección del tiempo final (como en Daniel 12:2). Pero entonces Jesús debería aparecer ante los discípulos en un esplendor deslumbrante. ¿Y por qué no incluir una descripción de la resurrección misma? ¿Por qué no apariciones a Caifás, el sumo sacerdote, o a los villanos del Sanedrín, como Jesús predijo? Así se los podría haber señalado como los verdaderos mentirosos por negar que Jesús se les apareció.
Pero el poder explicativo de la hipótesis de la conspiración es indudablemente más débil cuando se trata del origen de la creencia de los discípulos en la resurrección de Jesús. Porque esta hipótesis en realidad niega ese hecho; busca explicar únicamente la apariencia de creencia por parte de los discípulos. Pero, como los críticos han reconocido universalmente, no se puede negar de manera verosímil que los primeros discípulos al menos creían sinceramente que Jesús había resucitado de entre los muertos. Arriesgaron sus propias vidas por esa convicción. La transformación en las vidas de los discípulos no se explica de manera creíble mediante la hipótesis de una conspiración. Esta sola deficiencia ha sido suficiente, en la mente de la mayoría de los estudiosos, para descartar para siempre la antigua hipótesis conspirativa.
3. Verosimilitud.
El verdadero talón de Aquiles de la hipótesis de la conspiración es, sin embargo, su inverosimilitud. Podríamos mencionar aquí objeciones relacionadas con la increíble complejidad de una conspiración de ese tipo, o con el estado psicológico supuesto de los discípulos; pero el problema fundamental que eclipsa a todos los demás es que resulta completamente anacrónico suponer que judíos del siglo I tenían la intención de falsificar una resurrección del Mesías. La hipótesis de la conspiración interpreta la situación de los discípulos a través del retrovisor de la historia cristiana, en lugar de verla con los ojos de un judío del siglo I.
En primer lugar, no existía en el judaísmo ninguna expectativa de un Mesías que, en lugar de establecer el trono de David y someter a los enemigos de Israel, fuera ejecutado vergonzosamente por los gentiles como un criminal. Además, la idea judía de la resurrección no estaba conectada con la idea del Mesías, e incluso resultaba incompatible con ella, ya que el Mesías no se suponía que muriera. Como bien lo expresa N. T. Wright: si eres un judío del siglo I y tu Mesías favorito termina crucificado, básicamente tienes dos opciones: o te vas a casa, o te buscas otro Mesías.
En segundo lugar, la concepción judía de la resurrección de los muertos difería en al menos dos aspectos fundamentales de la resurrección de Jesús.
Primero, en el pensamiento judío, la resurrección hacia la gloria y la inmortalidad siempre ocurría después del fin del mundo. Los judíos no tenían noción alguna de una resurrección dentro de la historia. Por eso creo que los discípulos tuvieron tantas dificultades para entender las predicciones de Jesús acerca de su propia resurrección. Ellos pensaban que se refería a la resurrección al final del mundo. Mira, por ejemplo, Marcos 9:9-11:
«Y mientras descendían del monte, Jesús les ordenó que no contaran a nadie lo que habían visto, sino cuando el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos.
Y ellos retuvieron esa palabra, discutiendo entre sí qué significaría eso de resucitar de entre los muertos.
Y le preguntaban, diciendo: “¿Por qué dicen los escribas que Elías debe venir primero?”».
Aquí, Jesús predice su resurrección, ¿y qué preguntan los discípulos? «¿Por qué dicen los escribas que Elías debe venir primero?» En el judaísmo del siglo I se creía que el profeta Elías regresaría antes del gran y terrible Día del Señor —el día del juicio, cuando los muertos serían resucitados. Los discípulos no podían comprender la idea de una resurrección que ocurriera dentro de la historia, antes del fin del mundo. Por eso las predicciones de Jesús solo los confundían.
Así que, dada la concepción judía de la resurrección, los discípulos, después de la crucifixión de Jesús, no habrían llegado a la extraña idea de que él ya había resucitado. Lo más probable es que habrían esperado la resurrección en el día final y, siguiendo la costumbre judía, quizá habrían conservado su tumba como un santuario donde descansarían sus huesos hasta la resurrección.
Segundo, en el pensamiento judío, la resurrección siempre era la resurrección de todos los justos muertos. Los judíos no concebían la resurrección de un individuo aislado, separado de la resurrección general. Además, no había conexión alguna entre la resurrección de un creyente individual y la resurrección previa del Mesías. Por eso no encontramos ejemplos de otros movimientos mesiánicos fallidos en los que se afirmara que su líder ejecutado había resucitado de entre los muertos. N. T. Wright ha insistido en este punto: «Todos los seguidores de aquellos movimientos mesiánicos del siglo I estaban comprometidos fanáticamente con la causa... Pero en ningún caso —en todo el siglo anterior a Jesús y el siglo posterior a él— oímos de algún grupo judío que dijera que su líder ejecutado había resucitado de entre los muertos, y que realmente era el Mesías después de todo».[2]
Los judíos del siglo I no concebían la resurrección de un individuo aislado, y mucho menos del Mesías, antes de la resurrección general al final del mundo. Así que la idea de robar el cadáver de Jesús y luego afirmar que Dios lo había resucitado de entre los muertos no es algo que habría surgido en la mente de estos discípulos judíos, ni les habría parecido una estrategia verosímil para evangelizar a otros judíos.
¿Pero qué hay de influencias externas al judaísmo?
Una sugerencia muy difundida hoy en Internet es que los primeros cristianos idearon la idea de la resurrección de Jesús bajo la influencia de la mitología pagana. Esta sugerencia no es nueva. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, los estudiosos de la religión comparada recopilaron paralelos entre creencias cristianas y otros movimientos religiosos, y algunos incluso intentaron explicar creencias cristianas —incluyendo la creencia en la resurrección de Jesús— como el resultado de la influencia de dichos mitos. Sin embargo, ese movimiento colapsó rápidamente, principalmente por dos factores:
Primero, los estudiosos llegaron a reconocer que los paralelos eran falsos. El mundo antiguo era una especie de «canasta de frutas» llena de mitos sobre diversos dioses y héroes. Los estudios comparativos de religión requieren sensibilidad para notar tanto las similitudes como las diferencias, o de lo contrario se incurre inevitablemente en distorsión y confusión. Lamentablemente, aquellos que estaban ansiosos por encontrar paralelos a la resurrección de Jesús no mostraron esa sensibilidad.
Muchos de los supuestos paralelos son en realidad historias sobre la asunción del héroe al cielo (Hércules, Rómulo). Otros son relatos de desaparición, que afirman que el héroe desapareció hacia una esfera superior (Apolonio de Tiana, Empédocles). Otros más son símbolos estacionales del ciclo agrícola, donde la vegetación muere durante la estación seca y vuelve a la vida en la temporada de lluvias (Tamuz, Osiris, Adonis). Algunos son expresiones políticas de culto imperial (Julio César, César Augusto).
Ninguna de estas ideas es paralela a la noción judía de la resurrección de los muertos. De hecho, la mayoría de los estudiosos han llegado a dudar de que, propiamente hablando, hayan existido mitos de dioses que mueren y resucitan. Por ejemplo, en el mito de Osiris —uno de los más conocidos mitos simbólicos de tipo estacional—, Osiris no vuelve realmente a la vida, sino que simplemente continúa existiendo en el reino de los muertos.
Los estudiosos han llegado a reconocer que la mitología pagana es simplemente el contexto interpretativo equivocado para comprender a Jesús de Nazaret. Jesús y sus discípulos eran judíos israelitas del siglo I, y es en ese trasfondo que deben ser entendidos. El colapso de los supuestos paralelos no es más que una evidencia de que la mitología pagana no es el contexto adecuado para interpretar la creencia de los discípulos en la resurrección de Jesús.
Segundo, en cualquier caso, no existe conexión causal entre los mitos paganos y el origen de la creencia de los discípulos en la resurrección de Jesús. Los judíos estaban familiarizados con las deidades estacionales paganas (Ezequiel 8:14-15), y las consideraban abominables. Por eso no hay rastro alguno de cultos a dioses que mueren y resucitan en la Israel del siglo I. Es sumamente improbable que los discípulos originales hayan concebido la idea de que Jesús de Nazaret resucitó de entre los muertos porque hubieran oído mitos paganos sobre deidades estacionales que mueren y resucitan. Por ello, los estudiosos han abandonado universalmente este enfoque. Los escépticos de Internet están más de 100 años desactualizados.
Observa que esta crítica no solo refuta las teorías de conspiración, que suponen que los discípulos proclamaron insinceramente la resurrección de Jesús, sino también cualquier teoría que sugiera que, por influencia pagana o judía, ellos creyeron sinceramente en la resurrección y la predicaron.
4. Menos artificiosa.
Como todas las teorías conspirativas en la historia, la Hipótesis de la Conspiración es artificiosa al suponer que lo que toda la evidencia parece indicar no es más que una mera apariencia, que debe explicarse mediante hipótesis para las que no existe evidencia alguna. En concreto, postula motivaciones e ideas en la mente de los primeros discípulos, así como acciones de su parte, para las que no hay ni una pizca de evidencia. Esta hipótesis puede volverse aún más artificiosa, ya que necesita multiplicar suposiciones para enfrentar las objeciones: por ejemplo, ¿cómo explicar la aparición a los 500 hermanos? ¿Cómo explicar el papel de las mujeres en las historias del sepulcro vacío y de las apariciones?
5. Refutada por menos creencias aceptadas.
La hipótesis de la conspiración tiende a ser refutada por nuestro conocimiento general sobre las conspiraciones: su inestabilidad y su tendencia a desmoronarse. Además, se ve refutada por creencias aceptadas como la sinceridad de los discípulos, la naturaleza de las expectativas mesiánicas judías del siglo I, entre otras.
6. Supera a otras hipótesis en el cumplimiento de las condiciones (1)-(5).
Esta condición claramente no se cumple, ya que hay hipótesis mejores (como la Hipótesis de las Alucinaciones) que no descartan la creencia de los discípulos en la resurrección como una mentira descarada.
Ningún estudioso defendería hoy la hipótesis de la conspiración.
El único lugar donde uno lee sobre tales cosas es en la prensa sensacionalista o en Internet.
Ahora considera tu respuesta a la luz de esta crítica, Purusha. Tu argumento se basa en la famosa y llamada Inscripción de Nazaret, que declara que la profanación de tumbas era un delito capital. (Para un muy buen artículo sobre esta inscripción, puedes ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Inscripción_de_Nazaret). Como verás al leer la inscripción, esta no prescribe, como tú afirmas, la crucifixión como castigo por profanar una tumba. Simplemente la declara un crimen capital.
Entonces, ¿en qué sentido es relevante tu respuesta frente a mi crítica a la hipótesis de la conspiración? Tal vez podrías decir que tu argumento debilita mi crítica sobre el poder explicativo de dicha hipótesis, respecto al origen de la creencia de los discípulos en la resurrección de Jesús, ya que —según tu planteamiento— si los discípulos ya habían robado el cuerpo, tendrían buenas razones para mentir al respecto, a fin de evitar ser ejecutados. Pero esto es malinterpretar la objeción. Mi punto es que «no se puede negar de forma creíble que los primeros discípulos al menos creían sinceramente que Jesús había resucitado de entre los muertos». Nadie que lea las páginas del Nuevo Testamento de forma imparcial puede negar que estas personas realmente creían en la verdad de lo que proclamaban. La pregunta no es: ¿habrían mentido si hubieran robado el cuerpo? La pregunta es: ¿estaban de hecho mintiendo? ¿Creían sinceramente lo que proclamaban? Estudiosos de todo tipo reconocen la evidente sinceridad de los primeros apóstoles cuando fueron transformados en proclamadores valientes de la resurrección de Jesús.
Estás haciendo la pregunta equivocada, Purusha. Si dejamos que L represente «Los discípulos eran mentirosos» y BS «Los discípulos robaron el cuerpo», lo que tú estás preguntando es la probabilidad condicional Pr(L | BS), en lugar de la probabilidad Pr(L). Lo primero podría ser alto, aunque lo segundo sea bajo. Para ilustrarlo: la probabilidad de que yo use tres zapatos, dado que tengo tres piernas y pies, podría ser alta; pero la probabilidad de que tenga tres piernas y pies es absurdamente baja. Estás siendo engañado porque tu evaluación de la probabilidad de L está siendo condicionada por la suposición de BS.
Además, parte de la razón por la que consideras que esta ridícula hipótesis de conspiración es «mucho más probable que una resurrección real» es porque asumiste que «la resurrección de Jesús era una prueba irrefutable de que Dios realmente existe». En contraste con los defensores clásicos de la resurrección de Jesús, quienes primero establecen la existencia de Dios mediante argumentos de teología natural, tú estabas confiando enteramente en la resurrección misma para cargar con todo el peso probatorio del teísmo. Si hubieras seguido el procedimiento clásico, tu teísmo ya estaría justificado antes de considerar la evidencia de la resurrección, de modo que una explicación milagrosa sería mucho más probable que lo sería en un contexto no teísta —y también más probable que hipótesis naturalistas fantasiosas como la de la conspiración.
Entonces, en respuesta a tu (equivocada) pregunta: «¿no cree usted que “el hecho de que el robo de tumbas fuera un delito capital... constituye una motivación suficiente para que los discípulos inventaran la mentira de que Jesús había resucitado de entre los muertos (si en realidad habían robado la tumba)”?» ¡Absolutamente no! ¿Por qué arriesgar tu vida proclamando un mensaje por el cual podrías ser perseguido o asesinado? ¡Mejor te vas de regreso a Galilea y te quedas callado! ¡O culpas a otros, como los discípulos de Juan el Bautista, del robo del cuerpo! ¿O por qué no proclamar, en línea con las creencias judías, que Jesús fue asumido al cielo, lo cual no habría ofendido a nadie, ni judío ni gentil?
Pero el punto más importante es: ¿por qué robar el cuerpo en primer lugar, sabiendo que tal acto era un crimen capital? ¡Por favor!
Así que el punto central es que estás haciendo la pregunta equivocada. La pregunta correcta es si los discípulos fueron sinceros en su creencia y proclamación de la resurrección. Sin duda, lo fueron.
[1] C. Behan McCullagh, Justifying Historical Descriptions (Cambridge: Cambridge University Press, 1984), p. 19.
[2] N. T. Wright, conferencia en Asbury College and Seminary, 1999.
- William Lane Craig