English Site
back
5 / 06

#754 De la Fe en Jesús a la Fe en el Nuevo Testamento

March 01, 2023
P

Lamento que esto probablemente ya haya sido respondido, pero las búsquedas por palabras clave tienden a recomendarme contenido relacionado a otros temas. Supongamos que acepto que Jesús resucitó basándome en una perspectiva secular (investigando las pruebas de los evangelios). ¿Cómo pasaría de aquí a creer plenamente en la autoridad del Nuevo Testamento?

Wilson

Australia

Respuesta de Dr. Craig


R

Esta es una gran pregunta, Wilson, que abordo en el capítulo sobre la doctrina de la Escritura en mi proyecto de teología filosófica sistemática. Permíteme intentar resumir brevemente lo que digo allí.

Defiendo al menos dos formas en las que podemos concluir justificadamente que las Escrituras son la Palabra autorizada de Dios para nosotros.

  1. En primer lugar, los cristianos, en todo el mundo y durante milenios, tienen la experiencia de que Dios les habla a través de las Escrituras. Experimentan las Escrituras como la Palabra de Dios para ellos. Este fenómeno de «experimentar como», al igual que el fenómeno estrechamente relacionado de «ver que», es muy conocido en otros contextos. Por ejemplo, alguien que no esté familiarizado con las reglas del béisbol, puede, al igual que nosotros, ver una bola blanca bateada por encima de una valla, pero no vería que se ha bateado un jonrón. Alguien puede experimentar la acción de una persona de confianza como una traición, mientras que una tercera persona que ignora la situación no experimentaría la misma acción como una traición. Del mismo modo, los cristianos pueden experimentar la Escritura como la Palabra de Dios. Su verdad y autoridad son a su vez una implicación de que es la Palabra de Dios.

En este sentido, creer en la Escritura como Palabra de Dios es lo que los epistemólogos llaman una creencia propiamente básica, basada en la experiencia de escuchar la Escritura como palabra de Dios. Es una creencia básica porque no se infiere de otras creencias proposicionales más fundamentales. Es propiamente básica porque está adecuadamente fundamentada y no es simplemente arbitraria. Entre los epistemólogos contemporáneos está ampliamente reconocida la racionalidad de tales creencias propiamente básicas. En ausencia de algún factor que la derrote, la creencia de que las Escrituras son la Palabra de Dios puede estar justificada para nosotros. La racionalidad de la creencia en que las Escrituras son la Palabra de Dios exigirá una sólida defensa de la enseñanza cristiana por parte de teólogos y filósofos frente a posibles derrotadores.

Así pues, una forma de justificar la creencia en la autoridad de las Escrituras para los cristianos se basa en que experimentamos las Escrituras, especialmente los libros del Nuevo Testamento, como Palabra de Dios.

  1. En segundo lugar, también podemos argumentar históricamente a favor de la autoridad de las Escrituras. Tomando como punto de partida una especie de mero teísmo cristiano, se apela ante todo a autoridad de las enseñanzas del Jesús histórico para garantizar la creencia de que la Escritura es la Palabra de Dios. Este argumento puede considerarse una confirmación de la creencia propiamente básica basada en nuestra experiencia de la Escritura como Palabra de Dios.

Un argumento histórico sucinto a favor de la autoridad de las Escrituras podría basarse en premisas como las siguientes:

1. Dios existe.

2. Dios resucitó a Jesús de entre los muertos.

3. Si Dios resucitó a Jesús de entre los muertos, Dios ratificó las enseñanzas de Jesús.

4. Las enseñanzas fueron de tal forma que se pueden interpretar de manera verosímil en el sentido de que implicaban la autoridad del Antiguo y del Nuevo Testamento.

Por supuesto, será necesaria una sólida defensa de cada premisa para que este argumento confiera justificación a la creencia en la autoridad de las Escrituras. Los argumentos de la teología natural fundamentan la creencia en (1), la existencia de Dios, y la evidencia relativa al destino de Jesús fundamenta la creencia en (2), la resurrección de la muerte por parte de Dios. Su resurrección reivindicó la autoridad personal de Jesús y, por tanto, (3), sus enseñanzas. En apoyo de (4), se puede argumentar históricamente que Jesús no sólo asumió sino que enseñó la inspiración divina y la autoridad de las Escrituras judías. Lo que dice la Escritura, lo dice Dios. Por tanto, su enseñanza tiene autoridad. Así pues, tanto Jesús como los autores del Nuevo Testamento basaron su doctrina en sus enseñanzas. Pero Jesús no se limitó a la autoridad del Antiguo Testamento. Más bien reclamó una autoridad por derecho propio que excedía incluso la de las Escrituras judías. Además, confirió esa autoridad a sus doce discípulos para extender su ministerio, y no sólo a Israel antes de la muerte de Jesús. Más bien, Jesús se esmeró en equipar a los Doce para que continuaran el ministerio que él había iniciado más allá de su muerte a todo el mundo, de modo que lo que los apóstoles proclamaran, ya fuera de palabra o por escrito, tuviera esa misma autoridad divina. Los autores apostólicos del Nuevo Testamento, incluido Pablo, que fue añadido después a la compañía de los apóstoles, eran muy conscientes de la autoridad divina que ejercían y de la condición de su mensaje como Palabra de Dios. De ahí que, a finales del siglo I, escritos del Nuevo Testamento como Lucas/Hechos y las cartas de Pablo ya fueran explícitamente denominados «Escritura» por los escritores neotestamentarios y reconocidos como tales en la Iglesia primitiva. Así pues, sobre la base de las premisas anteriores, uno puede estar racionalmente justificado para creer en la autoridad de las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento.

Por lo tanto, el testimonio de Dios mismo y el de la historia se combinan para justificar la creencia en la inspiración bíblica y su autoridad.

- William Lane Craig