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#11 ¿Cuál es el Precio de la Inerrancia Bíblica?

February 16, 2013
P

Después de haber re-evaluado mi fe cristiana y de podarla durante dos años, no pude desprenderme de lo que parecen ser dos conclusiones disímiles. Una de ellas es que la evidencia para la resurrección de Jesús es impecable. Pero la otra es que parece haber algunas realidades muy extrañas acerca la composición de la escritura (como errores o autores que afirman escribir con otro nombre). Sin embargo, los autores del Nuevo Testamento, incluyendo a Jesús, parecen usar las Escrituras de una manera que supone ser palabra por palabra de Dios.

Mientras que la lógica inductiva se utiliza para llegar a un caso histórico fuerte a favor de la resurrección de Jesús, la lógica inductiva también se puede utilizar para llegar a un caso fuerte a favor de muchas de las peculiaridades acerca de las Escrituras ya mencionadas anteriormente.

Parece ser que el enfoque que muchos apologistas toman en este punto es que, habiendo establecido la autoridad de Jesús por la resurrección, si el argumento que se plantea en contra de las Escrituras contradice una opinión expresada por Jesús en los Evangelios, entonces el argumento a favor de una contradicción no debe tener armonizaciones posibles para que este verdaderamente se pegue. Pero no veo cómo es justo decir esto, ya que (1) parece injusto usar la lógica inductiva para probar la resurrección de Jesús, pero luego no usarla para las críticas en contra de la Biblia y (2) un argumento inductivo puede ser fuerte a pesar de lo que Jesús dice, como se registra en los Evangelios, en especial ya que no podemos suponer la precisión con que muchos de los dichos fueron registrados. Y (3), cualquiera puede inventarse una armonización de algún versículo que sea posible pero no plausible, lo cual estoy seguro que usted ha visto muchas veces de primera mano.

Sin embargo, mantener esas dos posiciones en tensión tiende a ser algo corrosivo para mi fe y en última instancia conduce a cierta amargura contra Dios por dejar que los escritores bíblicos jugaran un juego de soltar y amarar con sus palabras y por no proporcionar una claridad que aportara más seguridad sobre lo que es y no es de él. Cualquier ayuda que usted puede dar para aliviar esta tensión sería muy apreciada.

Gracias,

Joshua

United States

Respuesta de Dr. Craig


R

Su pregunta es una con la que han tenido que luchar todos los cristianos que creen en la Biblia y que están familiarizados con el criticismo bíblico moderno. Hay mucho que decir aquí, así que permítame mencionar algunos puntos principales.

Para comenzar, de la manera que la aprendí y de la manera que creo que la mayoría de sus defensores de hoy la defendería, no se llega a la doctrina de la inerrancia bíblica de una manera inductiva sino de una manera deductiva. Los “inerrantistas” admiten de manera libre que nadie que lea toda la Biblia y mantenga una lista de las dificultades que se encuentran en el proceso, ya sean inconsistencias o errores, llegaría a la conclusión al final de su lectura de que la Biblia es inerrante. Esa persona probablemente concluiría que la Biblia, al igual que casi todos los libros, tiene algunos errores en ella. Pero los inerrantistas han sostenido que la creencia en la inerrancia de la Biblia se justifica como una deducción de otras verdades que están bien justificadas. Por ejemplo, el fallecido Kenneth Kantzer, decano del seminario al que asistí, argumentaba a favor de la inerrancia por medio de los siguientes dos silogismos:

El Primero:

1. Todo lo que Dios enseña es verdadero.

2. Otras evidencias históricas y proféticas muestran que Jesús es Dios.

3. Por lo tanto, todo lo que Jesús enseña es verdadero.

El Segundo:

4. Todo lo que Jesús enseña es verdadero.

5. Jesús enseñó que las Escrituras son la Palabra inspirada, inerrante de Dios.

6. Por lo tanto, las Escrituras son la Palabra inspirada, inerrante de Dios.

La afirmación aquí es que tenemos buenas razones para pensar que la Biblia, a pesar de sus dificultades, es la Palabra inerrante de Dios y por lo tanto, debemos aceptarla como tal. Como dijo Friedrich Schleiermacher en una ocasión: "No creemos en Cristo porque creemos en la Biblia; creemos en la Biblia porque creemos en Cristo." Uno de los mejores ejemplos de este enfoque de la doctrina de la inerrancia de la Biblia es el libro de John Wenham, “Christ and the Bible” (Cristo y la Biblia) publicado por InterVarsity en el 1972.

 

Cuando se enfrenta con dificultades bíblicas el inerrantista va a tratar de demostrar de que, después de todo, los supuestos errores no son realmente errores y a va a tratar de proporcionar armonizaciones plausibles de las aparentes inconsistencias. Donde esto no se pueda hacer, él admitirá honestamente que desconoce la solución a la dificultad, pero sin embargo, insistirá en que él tiene razones primordiales para pensar que el texto está correcto y que si se conocieran todos los hechos, la supuesta dificultad desaparecería. Este enfoque le ha servido bien al inerrantista: se podría dar ejemplos tras ejemplos de los supuestos errores bíblicos que fueron identificados por generaciones anteriores y que se han resuelto a la luz de descubrimientos más recientes. Uno de mis ejemplos favoritos es el de Sargón II, un rey asirio mencionado en Isaías 20.1. Críticos antiguos afirmaron que la referencia de Sargón fue un error porque no había absolutamente ninguna evidencia de que una vez había existido un rey asirio llamado Sargón II—hasta que los arqueólogos excavando en la región de Khorsabad desenterraron el palacio de un tal Sargón II. Ahora tenemos más información acerca de Sargón que de cualquier otro rey antiguo de Asiria.

Ahora la pregunta que se plantea en su carta es sobre cuál debería ser nuestra reacción, si llegásemos a estar convencidos de que realmente hay un error en la Biblia. ¿No tendría tal conclusión una especie de efecto inverso a lo largo de nuestra cadena de razonamiento deductivo, llevándonos a negar la resurrección y la deidad de Jesús? Esta fue aparentemente la conclusión a la que llegó Bart Ehrman, quien dice que perdió su fe en Cristo porque descubrió un pequeño error en los Evangelios.

Esta conclusión es innecesaria por dos razones. Primero, es posible que necesitemos revisar nuestra comprensión de lo que constituye un error. Nadie piensa que cuando Jesús dice que la semilla de mostaza es la más pequeña de todas las semillas (Marcos 4.31), eso es un error, aunque haya semillas más pequeñas que las semillas de mostaza. ¿Por qué? Porque Jesús no estaba enseñando botánica, sino que estaba tratando de enseñar una lección sobre el Reino de Dios y la ilustración es incidental a esta lección. Los defensores de la inerrancia afirman que la Biblia es autoritativa e inerrante en todo lo que enseña o en todo lo que quiere afirmar. Esto plantea la gran pregunta de qué los autores de las Sagradas Escritura intentaron afirmar o enseñar. Las preguntas de género tendrán un peso significativo a nuestra respuesta a esa pregunta. Obviamente la poesía, por ejemplo, no está diseñada para que se tome literalmente. Pero entonces ¿qué pasa con los Evangelios? ¿Cuál es su género? Los eruditos han llegado a ver que el género al que más se conforman los Evangelios es a la biografía antigua. Esto es importante para nuestra pregunta porque la biografía antigua no tiene la intención de ofrecer un relato cronológico de la vida del héroe desde la cuna hasta la tumba. Más bien, la biografía antigua se refiere a anécdotas que sirven para ilustrar las cualidades del carácter del héroe. Lo que alguien podría considerar un error en una biografía moderna no necesariamente contaría como un error en una biografía antigua. Para ilustrar, en un momento en mi vida cristiana creía que Jesús realmente purificó el Templo de Jerusalén dos veces, una vez cerca del inicio de su ministerio como lo relata Juan y la otra cerca del final de su vida, como lo leemos en los evangelios sinópticos. Pero un entendimiento de los Evangelios como biografías antiguas nos libera de esa suposición porque un biógrafo antiguo puede relacionarse con los incidentes de una manera que no es cronológica. Sólo un lector que sea poco comprensivo (y perplejo) tomaría como un error por parte de Juan el hecho de que Juan movió la purificación del templo como un acontecimiento que ocurrió más temprano en la vida de Jesús.

Podemos extender el punto al considerar la propuesta de que los Evangelios deberían ser entendidos como diferentes presentaciones, por así decirlo, de la tradición que se transmitió oral. El destacado erudito del Nuevo Testamento Jimmy Dunn, motivado por la obra de Ken Bailey sobre la transmisión de la tradición oral en las culturas del Medio Oriente, ha criticado duramente lo que él llama el "modelo estratigráfico" de los Evangelios, el cual considera los Evangelios como que están compuestos por diferentes capas puestas una sobre la otra, encima de una tradición primitiva. [Véase el libro de James D.G. Dunn “Jesus Remembered” (Jesús Recordado)] publicado por William B. Eerdmans en el 2003].) En el modelo estratigráfico, cada pequeña desviación de la capa anterior ocasiona especulaciones acerca de las razones para el cambio y a veces conlleva a algunas hipótesis bastantes fantasiosas sobre la teología de algún redactor. Sin embargo, Dunn insiste en que la tradición oral opera de manera diferente. Lo que importa es que la idea central sea transmitida, a menudo en algunas palabras claves y culminando en algún dicho que se repite palabra por palabra. Sin embargo, los detalles que lo rodean son flexibles y secundarios al relato.

Probablemente el ejemplo más cercano a esto en nuestra cultural no-oral, occidental es el relato de una broma. Es importante que obtenga la estructura y la culminación correcta del chiste, pero lo demás es secundario. Por ejemplo, hace muchos años escuché la siguiente broma:

"¿Qué dijo un calvinista cuando se cayó por el hueco de un ascensor?"
"No sé".
"Se levantó, se sacudió el polvo y dijo: '¡Uf, ¡Me alegro de que eso ya concluyó!’”
Ahora hace poco alguien me dijo lo que claramente era la misma broma. Sólo que ella la dijo de la siguiente manera:
"¿Sabes lo que un calvinista dijo cuando se cayó por las escaleras?"
"No"
“"¡Uf, Me alegro que ya concluyó!””

Observe las diferencias en la narración de este chiste, pero también observe cómo la idea central y, en especial, la culminación es la misma. Bueno, cuando usted compara muchos de los relatos que son contados acerca de Jesús en los Evangelios e identifica las palabras que ellos tienen en común, usted encuentra un patrón como este. Hay una variación en los detalles secundarios, pero muy a menudo el dicho central es casi palabra por palabra el mismo. ¡Y recuerde, esto es en una cultura donde ni siquiera existía el mecanismo de poner signos de citación! (Ese mecanismo fue añadido en la traducción para indicar el discurso directo. Para que tenga una idea de lo difícil que puede ser el determinar con exactitud dónde termina el discurso directo, sólo tiene que leer el relato de Pablo de su discusión con Pedro en Gálatas 2, o de la entrevista de Jesús con Nicodemo en Juan 3.) Así que los relatos en los Evangelios no deberían ser entendidos como evoluciones de alguna tradición primitiva antigua sino como diferentes presentaciones de la misma historia oral.

Ahora bien si Dunn tiene razón, eso tiene implicaciones enormes para la doctrina de la inerrancia de la Biblia, ya que eso significa que los Evangelistas no tenían ninguna intención de que sus relatos ser tomaran como informes policiales, precisos en cada detalle. Lo que nosotros en una cultura no-oral podríamos considerar como un error no hubiese sido tomado por ellos como algo erróneo.

Me llamó a la atención su comentario de que siente "cierta amargura contra Dios por dejar que los escritores bíblicos jugaran un juego de soltar y amarar con sus palabras y por no proporcionar una claridad que aportara más seguridad sobre lo que es y no es de él.” Joshua, usted le está imponiendo a Dios lo que usted cree que deberían ser los estándares de inerrancia en lugar de llegar a las Escrituras y aprender de ellas lo que significa la inerrancia. Los escritores bíblicos no estaban jugando un juego de soltar y amarar con Su palabra, si Dios nunca quiso que Sus palabras fuesen tomadas de la forma en que usted sugiere. Una Biblia que emplea una variedad rica de géneros no debería ser tratada como un libro monótono y simple. Tenemos que venir a la Palabra de Dios con humildad y aprender de ella lo que ella intenta enseñar y afirmar.

Échele un vistazo a mi artículo "Men Moved by the Holy Spirit Spoke from God (2 Peter 1.21): A Middle Knowledge Perspective on Biblical Inspiration,” (Hombres Movidos por el Espíritu Santo Hablaron de Dios (2 Pedro 1.21): Una Perspectiva del Conocimiento Medio sobre la Inspiración Bíblica), debajo de la sección Scholarly Articles: Omniscience (Artículos Académicos: La Omnisciencia) para una propuesta sobre como pensar de la inspiración verbal, plenaria y congruente de la Escritura.

Así que si nos enfrentamos con lo que parece ser un error en las Escrituras, lo primero que deberíamos preguntarnos es si no le estamos imponiendo a las Escrituras un estándar de inerrancia, el cual está ajeno al género de la escritura y a la intención de su autor. Recuerdo a Dr. Kantzer una vez hacer un comentario de que muchos de sus integrantes se sorprenderían si supieran lo que él estaba dispuesto a permitir en la Biblia sin llamarle error. Él entendía que debemos ponernos dentro del horizonte de los autores originales antes de preguntar si ellos se habían equivocado.

Pero en segundo lugar, supongamos que usted haya hecho todo eso y aún esta convencido de que la Biblia no es inerrante. ¿Significa eso que la deidad y la resurrección de Cristo se echa a la basura? No, para nada, ya que la premisa mucho más débil en estos dos silogismos de arriba será la premisa (5), en lugar de la premisa (2). Como usted reconoce, tenemos un caso muy fuerte a favor de la resurrección de Jesús. Ese caso no depende, en ninguna manera, en que la Biblia sea inerrante. Esto se hizo muy claro para mí durante mis estudios de doctorado en Munich con Wolfhart Pannenberg. Pannenberg había estremecido la teología alemana al sostener que se podía hacer un caso histórico sólido a favor de la resurrección de Jesús. ¡Sin embargo, él también creía que los relatos de las apariciones de la resurrección del Evangelio son tan legendarios que es muy difícil que tengan un núcleo histórico en ellos! Él tampoco confiaba en el relato de Marcos del descubrimiento de la tumba vacía. Más bien, su argumento estaba fundamentado en la tradición pre-Paulina temprana acerca de las apariciones que se encuentran en 1 Corintios 15.3-5 y en la consideración de que habría sido imposible que se levantara un movimiento en Jerusalén basado en la resurrección de un hombre muerto cuando existía una tumba que contenía su cadáver.

A veces los evangélicos hablan de la boca para fuera en lo que se refiere a la afirmación de que los Evangelios son históricamente fidedignos, aún cuando son examinados por los canones de la investigación histórica ordinaria, pero me pregunto si ellos realmente creen esto. Realmente es verdadero que se puede hacer un caso a favor de la resurrección de Jesús que sea sólido y convincente sin hacer ningún tipo de presuposición de la inerrancia de los Evangelios.

Por el contrario, el caso a favor de la creencia de Jesús de que las Escrituras del Antiguo Testamento eran inerrantes es mucho más débil. Creo que no hay duda de que la (5) es la premisa que tendría que irse en caso de que la inerrancia de la Biblia debiera ser abandonada. En ese caso, deberíamos tener que volver a pensar en nuestra doctrina de la inspiración, pero no tenemos que renunciar a la creencia en Dios o en Jesús, como lo hizo Bart Ehrman. Ehrman tenía, me parece a mí, un sistema teológico defectuoso de creencias como cristiano. Parece que en el centro de su red de creencias teológicas estaba la inerrancia de la Biblia y todas las otras, por ejemplo las creencias en la divinidad de Cristo y en su resurrección, dependían de esa. Una vez que el centro se había ido, toda la red de repente se derrumbó. Pero cuando usted piensa sobre esto, dicha estructura está profundamente defectuosa. En el centro de nuestra red de creencias debe haber alguna creencia fundamental, como la creencia de que Dios existe, juntamente con la deidad y con la resurrección de Cristo en algún lugar cerca del centro. La doctrina de la inspiración de la Escritura estará en algún lugar más lejos y la inerrancia aún más lejos hacia la periferia como corolario de la inspiración. Si la inerrancia se va, la red sentirá el eco de esa pérdida, a medida que ajustamos nuestra doctrina de inspiración, pero la red no se derrumbará porque la creencia en Dios, en Cristo y en su resurrección, y así sucesivamente, no dependen de la doctrina de la inerrancia de la Biblia.

Así que en lugar de ser corrosivo para la fe, espero que los estudios de la Biblia puedan llegar a ser para usted, como lo han sido para mí, una fuente de novedad, emoción y estímulo.

- William Lane Craig