#505 ¿Pudo Dios haber perdonado los pecados sin el castigo?
January 20, 2017Estimado Dr. Craig,
Ya he hecho preguntas sobre la expiación en una pregunta anterior. Por favor perdone esta pregunta final (que tiene varias partes), la cual puede ser independiente.
Aquí está la pregunta: Incluso si fuese algo legítimo de que Dios utilizara la responsabilidad vicaria y el castigo para salvarnos—legítimo porque ellos son elementos establecidos en la ley occidental—¿por qué Dios preferiría la responsabilidad vicaria sobre el perdón, lo cual es también una parte reconocida de la ley occidental? ¿Qué ventaja, desde una perspectiva filosófica legal, tiene la responsabilidad/castigo vicario sobre el perdón? ¿Podría Dios haber elegido la opción legal del perdón si Él la hubiera deseado en lugar de la expiación sustitutiva? ¿Qué propósito hay en Jesús sufriendo, si se puede obtener la absolución de otra manera? ¿O hay alguna otra consideración moral, estética y personal que haga que la sustitución penal sea preferible?
Gracias,
Jarrod
United States
Respuesta de Dr. Craig
R
Antes de abordar tu interesante pregunta, Jarrod, permíteme aclarar que mi apelación a los sistemas de justicia occidentales no pretende legitimar el hecho que Dios castigó a Cristo en nuestro lugar. Más bien, tiene la intención de derrotar la objeción que se hace repetidamente de que la imputación de ofensas y culpas a un individuo inocente es algo extremadamente raro y sin precedentes en nuestra experiencia y, por lo tanto, la doctrina de la imputación es falsa o incoherente. Resulta que lo que esa objeción supone es rotundamente incorrecto.
Tienes razón en que el perdón, así como el castigo, es una herramienta de los sistemas occidentales de justicia de quitar la responsabilidad del castigo de una persona. Así como una persona que le haya pagado su deuda a la sociedad ya no es responsable de ser castigado, también alguien que haya sido perdonado por una autoridad reconocida del estado queda libre del castigo. Eso plantea la pregunta de si Dios simplemente pudiera habernos perdonado por nuestros pecados, en lugar de darnos un castigo exacto (a nosotros o a Cristo). ¿Era necesario que Cristo llevara nuestro justo abandono para que Dios nos pueda salvar?
Tú te pudieras sorprender de saber que los teólogos cristianos no han concordado sobre esta cuestión. Los Padres de la Iglesia, enfocados como estaban en las teorías del rescate y en nuestra liberación de Satanás, sostenían que Dios, siendo omnipotente, pudo haber derrotado a Satanás y librarnos sin el sacrificio de Cristo. No fue hasta Anselmo en el siglo XI que alguien argumentó a favor de la necesidad de la encarnación y de la pasión de Cristo como un medio de nuestra salvación. Anselmo denunció las antiguas teorías del rescate como inadecuadas para satisfacer las exigencias de la justicia de Dios, las cuales deben ser satisfechas si queremos ser salvos de nuestros pecados. Tomás de Aquino (a pesar de que aceptaba el relato de Anselmo sobre la muerte de Cristo) retornó a la visión de los Padres de la Iglesia, la cual decía que el hecho que Dios haya elegido redimirnos por medio de Cristo en lugar de hacerlo inmediatamente fue el resultado de la elección libre de Dios, no de un requisito de Su justicia. Entre los reformadores protestantes, los teólogos luteranos aceptaron la afirmación de Anselmo de la necesidad de la pasión de Cristo como el vehículo para nuestra salvación, mientras que los pensadores reformados estaban divididos sobre la cuestión. Con el surgimiento del socinianismo, el cual rechazaba la sustitución penal y negaba la necesidad de la muerte de Cristo en nuestro lugar, los teólogos reformados se unieron cada vez más en la convicción de que Dios simplemente no podría habernos perdonado sin el sacrificio de Cristo por nosotros.
Hugo Grocio, un famoso jurista internacional, defendió la sustitución penal contra las críticas de Fausto Socino, pero aceptó la visión de que el castigo sustitutivo de Cristo no era necesario. Dios nos pudo haber perdonado sin que Cristo tuviera que sufrir el castigo por nuestros pecados, pero Dios escogió la sustitución penal en lugar del perdón debido a las ventajas predominantes de hacerlo de esa manera. Apelando a los Padres de la Iglesia, Grocio argumentó que Dios tenía buenas razones para no remitir nuestros pecados sin castigar a Cristo, aunque Él pudo haberlo hecho. Dios no estaba dispuesto a pasar por alto tantos pecados tan horribles sin testificar, por algún acto, cuán disgustado estaba Él con el pecado. El acto más adecuado para esto es el castigo. Además, dejar de castigar el pecado por completo conduce a una estimación menor del pecado, mientras que, por otro lado, el mejor medio para prevenir el pecado es el temor al castigo. No sólo eso, sino que en el auto-sacrificio voluntario de Cristo, Dios declara de una manera notable Su gran amor por nosotros. Por lo tanto, Dios en Su más perfecta sabiduría eligió esa manera de redención por medio de la cual Él podía manifestar tanto Su odio hacia el pecado como Su amor por la humanidad.
Por lo tanto, incluso en visiones que consideran que la muerte de Cristo no es necesaria, aún puede haber buenas razones, como Grocio menciona, para que Dios escoja redimirnos por medio de la sustitución penal. Se pudiera considerar que el que Dios perdone a las personas sea muy superior al castigo sustitutivo, ya que eso resultaría en una salvación universal. Pero un momento de reflexión demuestra que ese no es el caso. La redención no sólo debe ser realizada sino también debe ser aplicada (véase # 482). Así como los beneficios del castigo sustitutivo de Cristo necesitan ser aceptados por fe, así también los beneficios conferidos por el perdón necesitarían ser adoptados por fe. Tal como las personas rechazan libremente el pago sustitutivo de Cristo por el castigo de ellos, así [también] puedan rechazar el perdón de Dios. De hecho, cuando tú piensas sobre ello, un mundo en el que se ofrece el perdón sin ningún ejemplo del amor sacrificial de Cristo y el costo del pecado podría ser un mundo en el que una cantidad menor de personas se salve comparado con en un mundo en el que Cristo cargue nuestros pecados por nosotros.
- William Lane Craig