#367 Subestimando la Erudición del Jesús Histórico
May 31, 2014Estimado Dr. Craig,
En primer lugar, quiero agradecerle por su trabajo en el nombre del Cristianismo. Me gusta mucho ver sus debates y leer sus libros.
Ahora vayamos a mi pregunta—se trata de la erudición del Nuevo Testamento.
En sus argumentos sobre la resurrección de Jesús, usted dice, que la gran mayoría de los historiadores del Nuevo Testamento aceptan:
1) La muerte de Jesús
2) La tumba vacía
3) Las apariciones de la resurrección
4) Sus discípulos llegando a creer
Sé que Gary Habermas ha recopilado una lista de obras sobre este tema, la cual confirma la afirmación que usted hace.
Con frecuencia escucho como un contra-argumento el que inclusive si hay escépticos en esta área de trabajo, la probabilidad de que la mayoría de los historiadores del Nuevo Testamento se están inclinando hacia el cristianismo se debe a que nadie estudiaría un tema que él o ella piense que es absurdo, o al cual simplemente no esté interesado. Pero en realidad ese es el trabajo de los eruditos del Nuevo Testamento.
Por lo tanto, el resultado de que la mayoría de los eruditos del Nuevo Testamento aceptan estos cuatro hechos realmente no es un argumento, ya que la obra/opinión de ellos está bastantemente parcializada.
Me gustaría ver sus comentarios sobre eso.
Gracias,
Jasper
United States
Respuesta de Dr. Craig
R
Aquellas personas que hacen el intento de subestimar las visiones de la mayoría de los eruditos del Nuevo Testamento acerca de ciertos temas sobre la base de que el cristianismo está parcializado sólo demuestran lo inexperto que son acerca de los estudios del Jesús histórico. A pesar de que, sin lugar a dudas, es verdadero que los cristianos estarán representados de manera desproporcional en la erudición del Nuevo Testamento en comparación con varias disciplinas seculares, es mucho más simple descartar las conclusiones diciendo que la erudición del Nuevo Testamento está bastantemente parcializada y por eso se subestima con facilidad.
El hecho es que los eruditos del Nuevo Testamento, en su totalidad, han sido un grupo increíblemente escéptico. No hay ni un solo pasaje en los evangelios que no haya sido sujeto a la más severa de las críticas. R.T. France, un erudito británico del Nuevo Testamento, ha escrito,
Al nivel de su carácter literario e histórico tenemos buenas razones para tratar a los evangelios seriamente como fuente de información de la vida y enseñanza de Jesús […] De hecho, muchos historiadores antiguos se considerarían afortunados por tener cuatro relatos confiables [como los Evangelios], escritos dentro de una generación o dos de los eventos, y preservaron esa riqueza de evidencia de manuscritos tempranos. Fuera de eso, la decisión de aceptar el registro que ofrecen es probablemente influenciada más por una apertura a una cosmovisión ‘sobrenaturalista’ que por consideraciones estrictamente históricas.[1]
Jasper, como alemán que eres, tú de todas las personas deberías estar consciente de esto. La erudición alemana, la cual por doscientos años ha dirigido los estudios de la crítica bíblica, ha sido enormemente escéptica de los registros del Nuevo Testamento sobre la vida de Jesús. Los estudios del Jesús histórico fueron moldeados por la influencia abrumadora de David Friedrich Strauss, cuyo libro La Vida de Jesús Examinada Críticamente (1835), motivado por el argumento de Hume en contra de los milagros, estableció el tono para la investigación moderna del Jesús histórico. ¡Por qué, al final de siglo XIX, algunos eruditos como Bruno Baur fueron tan lejos hasta de negar que Jesús de Nazaret tan siguiera había existido! Ese escepticismo se extendió a través de toda la mitad del siglo XX con el trabajo influyente de Rudolf Bultmann, quien sostenía que las tradiciones acerca de Jesús habían sido tan re-formadas por la mitología que todos sabemos acerca del Jesús histórico que se podrían escribir en una ficha de 4X6 de dimensión. No hay que decir que ese escepticismo reinaba con respecto a los acontecimientos de la resurrección de Jesús como por ejemplo la sepultura apropiada y a la tumba vacía.
Fue durante la década del 1950 cuando el antiguo paradigma escéptico comenzó a colapsar. Uno de los desarrollos más importante en los estudios del Jesús histórico es lo que se ha venido a llamar “la reclamación judía de Jesús”. Se llegó a conocer que el contexto de interpretación apropiado para entender a Jesús y los evangelios no es la mitología pagana sino el judaísmo palestino del primer siglo. Por lo tanto, existe hoy en día un gran interés en Jesús, como uno de ellos, de parte de los eruditos históricos judíos. Esta reclamación de Jesús de parte de los judíos ha conllevado a una nueva apreciación de la credibilidad histórica de los evangelios y conllevado a la desconfianza de la mitología como una categoría relevante en los estudios del Jesús histórico.
Esa reapreciación de la credibilidad histórica de los evangelios como fuentes para la vida de Jesús incluye lo que los eruditos alemanes llaman “das Geschick Jesu”, es decir lo que le sucedió a Jesús después de su crucifixión. A diferencia de los eruditos del Nuevo Testamento de la generación de Bultmann y más temprana, los eruditos contemporáneos del Nuevo Testamento, incluyendo a los eruditos judíos, toman en serio la historicidad de la sepultura de Jesús realizada por un Sanedrín judío (¡del cual hasta sabemos su nombre!) y el descubrimiento de su tumba vacía por un grupo de seguidoras de Jesús. Además, se está de acuerdo virtual y universalmente de que los primeros discípulos tuvieron experiencias de haber visto a Jesús vivo después de su muerte y de que ellos de repente y con sinceridad llegaron a creer que él había resucitado de entre los muertos.
Dicho giro de erudición y unanimidad no puede ser plausiblemente descartado como algo que se debe a la parcialidad cristiana. Tengamos pendiente que ser personalmente cristiano no implica ni requiere que un erudito vaya a concluir de que la evidencia sea suficiente para establecer algún supuesto hecho relacionado en los evangelios. Aún si yo creo, por ejemplo, que Jesús nació en Belén, eso de ninguna manera implica que yo piense que su nacimiento en Belén—sin mencionar del nacimiento virginal de Jesús—se pueda comprobar históricamente. De igual manera, uno podría creer que Jesús resucitó de entre los muertos y aún pensar que los hechos de su sepultura y la tumba vacía no se pueden comprobar de manera histórica sobre la base de la evidencia. El hecho de que la gran mayoría de los eruditos del Nuevo Testamento piensen de que estos hechos, a diferencia de los relatos del nacimiento, pueden ser establecidos con una confianza razonable dice algo de la fuerza de la evidencia. Si la parcialidad fuese a ser la culpa, entonces estos acontecimientos al principio y al final de la vida de Jesús deberían ser considerados como algo establecido con igual confianza.
De hecho, como da a entender el enunciado de France que se hace mención anteriormente, es realmente una parcialidad hacia el naturalismo que ha distorsionado el juicio histórico de muchos de los eruditos del Nuevo Testamento contra la historicidad de varios de los acontecimientos de los evangelios. (Véase, por ejemplo, mi artículo “Presuposiciones y Pretensiones del Seminario de Jesús” o véase la pregunta anterior que está relacionada con la evaluación de John Dominic Crossan de las tradiciones de la sepultura y la tumba vacía). Si esto está correcto, entonces la libertad de los eruditos cristianos (como podríamos esperar) de dicho prejuicio, tarde o temprano, va a servir para hacerlos más objetivos con respecto a evaluar la evidencia. Esto es precisamente de la manera que debería ser, por el hecho de que la sepultura y, hasta el descubrimiento de la tumba vacía, no son en sí acontecimientos sobrenaturales o milagrosos sino acontecimientos naturales. Es sólo cuando llegamos a explicarlos que el espectador del sobrenaturalismo levanta su cabeza. Y nunca he sugerido que la mayoría de los eruditos del Nuevo Testamento defienden una explicación sobrenatural de esos hechos—simplemente he sugerido que ellos reconocen la historicidad de la sepultura de Jesús, la tumba vacía, las apariciones postmortem y el origen de la creencia de los discípulos en su resurrección. Bien pudiera ser el caso de que la mayoría de los nuevos historiadores del Nuevo Testamento, sean cristianos o no cristianos, piensen que dicha inferencia está más allá del alcance de su capacidad.
Por último, lo que se necesita tener en cuenta en todo esto es que es la evidencia lo que importa al final, la cual ha convencido a la mayoría de los eruditos. Esto no trata con contar la cantidad de personas sino con sopesar la evidencia histórica que se da en apoyo a los cuatro hechos que se discuten aquí. La apelación a la visión de la mayoría es útil, en primer lugar, no como un argumento, sino como una manera de decir, “No yo únicamente que encuentra estos argumentos convincentes. La mayoría de los historiadores especialistas también los encuentran convincentes”. El intento fácil de descartar la evaluación de ellos como parcializada, al final, no importa porque es la evidencia y no los prejuicios del historiador[2]que determina si algo ha de considerarse histórico o no.
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[1]
R.T. France, “The Gospels as Historical Sources for Jesus, the Founder of Christianity” [Los Evangelios Como Fuentes Históricas a favor de Jesús, el Fundador del Cristianismo], Truth 1 (1985): 86.
R.T. France, “The Gospels as Historical Sources for Jesus, the Founder of Christianity” [Los Evangelios Como Fuentes Históricas a favor de Jesús, el Fundador del Cristianismo], Truth 1 (1985): 86.
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[2]
Véase el capítulo sobre la objetividad de la historia en mi libro Reasonable Faith [Fe Razonable], 3ra edición, publicado por Crossway, 2008. El problema de la falta de neutralidad es un problema común en la filosofía de la historia, casi nunca único a los estudios del Nuevo Testamento.
Véase el capítulo sobre la objetividad de la historia en mi libro Reasonable Faith [Fe Razonable], 3ra edición, publicado por Crossway, 2008. El problema de la falta de neutralidad es un problema común en la filosofía de la historia, casi nunca único a los estudios del Nuevo Testamento.
- William Lane Craig