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#647 ¿Por qué los historiadores profesionales no llegan a creer en la resurrección de Jesús?

February 02, 2020
P

Estimado Dr. Craig,

Soy cristiano y fan suyo y de su trabajo sobre la resurrección de Jesucristo, y tengo una pregunta sobre el argumento de un ateo en su contra. El argumento dice:

(P1) Si la evidencia de la Resurrección es convincente, entonces deberíamos esperar encontrar muchos ejemplos de historiadores no cristianos que llegan a ser convencidos por la evidencia de la Resurrección, y dado que muchos historiadores no cristianos son teístas que creen en los milagros, el aspecto sobrenatural de la resurrección no debería ser un problema para ellos aceptarlo.

(P2) Es sorprendente que no podamos encontrar ejemplos de personas que 1) comenzaron como no cristianos, 2) llegaron a ser convencidos por la Resurrección debido a la evidencia histórica y 3) llegaron a ser convencidos después de convertirse en historiadores profesionales.

 (P3) Pero si la evidencia histórica no garantiza una creencia en la Resurrección de Jesús, el que no podríamos encontrar personas como estas sería un asunto de, por supuesto, [entonces...]

 (C) Por lo tanto, hay razones para sospechar que la evidencia histórica no garantiza la creencia en la resurrección de Jesucristo.

Mi pregunta es: ¿cómo refuto este argumento? Por favor, ayúdeme a hacerlo, ya que este argumento ha desafiado severamente mi fe en el cristianismo y estoy completamente perdido en cómo responder y otros cristianos con los que he hablado tampoco saben cómo responder.

Espero con ansiedad escuchar su respuesta y seré paciente sin importar cuánto tiempo se tome. Gracias por su tiempo y trabajo para el Reino de Cristo y que Dios los bendiga.

Parker

Estados Unidos

United States

Respuesta de Dr. Craig


R

Te podría ayudar a saber, Parker, que este tipo de objeción realmente no tiene nada que ver con la resurrección de Jesús en particular. Más bien, esta es una objeción filosófica genérica y frecuentemente discutida para sostener cualquier posición en la que exista un desacuerdo significativo por parte de colegas académicos.[1] La afirmación básica es que si los colegas de uno, que son tan inteligentes e informados como tú, no están de acuerdo con tu posición, entonces eso de alguna manera socava tu justificación racional de mantener tu posición. Tú también deberías negarte a creer, aunque, después de mucho escrutinio y pensamiento, te encuentras convencido de que tus argumentos son sólidos.

Esta objeción tiene una consecuencia extraña: a pesar de que estoy convencido de mis argumentos e incluso puedo identificar dónde se equivocan mis críticos, ¡aún así yo debería enfrentar la evidencia tal como la veo y ser escéptico de mi posición! En lugar de seguir la evidencia hacia dónde conduce, yo debería resistir la fuerza de la evidencia solo porque mis colegas no están convencidos. Eso parece casi una receta para la irracionalidad y para seguir a la multitud.

Además, mis colegas se encuentran exactamente en la misma situación que yo, es decir, confrontados por colegas académicos (¡como yo!), tan inteligentes e informados como ellos, que están en desacuerdo con su perspectiva. ¡Así que ellos también deberían retener o negar la creencia desde su propia posición! Por lo tanto, se nos lleva a una parálisis en la que se impide que las personas a llegar a una evaluación racional de la evidencia, simplemente porque otros no están de acuerdo con ellos, lo cual parece algo perverso.

Esto se pone aún peor: la objeción resulta ser contraproducente. Muchos filósofos (cuidado si no la mayoría) no se sienten convencidos por esta objeción. De esto se deduce que si no estamos justificados en sostener alguna posición en la que exista un desacuerdo significativo por parte de los colegas académicos, ¡entonces no debemos creer en esa objeción! Aceptar la objeción es despreciar el hecho de que muchos de los colegas, que son tan inteligentes como tú, rechazan esta objeción. La objeción se derrota a sí misma.

Ahora bien, la objeción de la manera que la presentas agrega el giro adicional de recurrir a la autoridad experta: ¡los profesionales no están convencidos! Aunque esto podría ser intimidante para la persona que no es profesional, quien de hecho, debería reconsiderar su entendimiento de un tema si él se encuentra en desacuerdo con los expertos en el campo, esta apelación a la autoridad se desvanece para la persona que es profesional y experta en el campo. 

Entonces, por ejemplo, en lo trata con la resurrección de Jesús, una persona como N.T. Wright,  Dale Allison o Michael Licona no será (ni debería ser) intimidada por la autoridad de sus colegas, sino que se siente en libertad de estar en desacuerdo con ellos cuando después de un estudio cuidadoso, él piensa que no han podido evaluar correctamente la evidencia. Por supuesto, él considerará cuidadosamente las objeciones de sus críticos y no las descartará a la ligera, pero al final una persona racional seguirá la evidencia hacia dónde ella lo lleve.

En cuanto a la objeción de la manera que se expuso, eso es un nido de yegua. Si esto es culpa de la formulación original o el resultado de una redacción descuidada de tu parte, por supuesto, no hay manera de saberlo. Pero ya sea que interpretemos el argumento de manera deductiva o inductiva, está mal formulado. Cuando se considera como un argumento deductivo, sería algo como esto:

1. Si la evidencia histórica de la resurrección de Jesús es convincente, entonces muchos historiadores no cristianos llegan a ser convencidos por la evidencia.

2. No muchos historiadores no cristianos llegan a ser convencidos por la evidencia.

3. Si la evidencia histórica no garantiza la creencia en la resurrección de Jesús, entonces la evidencia no llega a convencer a muchos historiadores no cristianos.

4. Por lo tanto, la evidencia histórica no garantiza la creencia en la resurrección de Jesús.

Este argumento es tanto formal como informalmente inválido. De (1) y (2) solo se deduce que

5. La evidencia histórica de la resurrección de Jesús no es convincente.

Entonces, ¿por qué necesitamos (3)? No juega ningún papel en el razonamiento. Además, incluso si admitimos (5), eso no implica la conclusión (4). Para la evidencia de algún acontecimiento E no necesita ser convincente para poder garantizar la creencia en E. La evidencia convincente es el grado más alto de evidencia, evidencia que exige u obliga al asentimiento. Rara vez la evidencia es convincente, incluso cuando es suficiente. La evidencia de que Oswald actuó solo en el asesinato de Kennedy, por ejemplo, podría no ser convincente, pero es suficiente para garantizar la creencia de que él era el único responsable. Incluso en un caso penal, un veredicto de culpabilidad requiere evidencia más allá de toda duda razonable, no de todas las dudas, por lo que el jurado no necesita considerar que la evidencia sea convincente para poder emitir un veredicto de culpabilidad. En muchas circunstancias de la vida, la evidencia que garantiza o justifica alguna creencia podría ser mucho más débil, tal vez solo un 51% probable.

Los defensores de la historicidad de la resurrección de Jesús han estado por todas partes en términos de evaluar la fuerza de la evidencia. Richard Swinburne estaría en el extremo superior del espectro, argumentando que la probabilidad de la resurrección se encuentra alrededor del 97%. Timothy y Lydia McGrew no asignan una probabilidad final pero también la considerarían muy alta. 

Stephen Davis, por otro lado, estaría en el extremo inferior del espectro, afirmando modestamente que la evidencia hace que sea racional creer en la resurrección de Jesús (lo que deja abierto que también es racional para alguien no creer en la resurrección). Gary Habermas, Michael Licona y yo argumentamos que la resurrección de Jesús es tanto la mejor explicación de la evidencia como una buena explicación. N.T. Wright no hace ninguna afirmación sobre la fuerza del caso para la resurrección de Jesús, sosteniendo que la evidencia garantiza la creencia en la tumba vacía y las apariciones post-mortem de Jesús y simplemente invita a su lector a "probar" la cosmovisión cristiana y ver si no tiene el mejor sentido. Ninguno de estos pensadores requeriría que la evidencia sea convincente para poder garantizar la creencia en la resurrección de Jesús.

Entonces, ¿cómo propone nuestro objetor llegar a (4)? Aquí el aparentemente inútil (3) podría regresar a la imagen. Quizás tenga la intención de inferir (4) partiendo de (2) y (3). Pero tal inferencia sería culpable de la falacia lógica de la afirmación del consecuente. No es válido inferir partiendo de P implicar Q y Q que, por tanto, P. Entonces, cuando se interpreta deductivamente, el argumento es tanto informal (por equívoco) como formalmente (afirmando el consecuente) inválido.

Ahora bien, en este punto, tu amigo ateo podría protestar que yo he interpretado mal su objeción. En cuanto al lenguaje de la expectativa y la sorpresa se insinúa, tal vez, que esta objeción tiene la intención de ser un argumento inductivo que apela a varias probabilidades. Cuando se interpreta de esa manera, sin embargo, el argumento sigue siendo un desastre. Parece tomar la siguiente forma (donde P [A | B] representa la probabilidad de A sobre B):

1. P [muchos historiadores no cristianos llegan a ser convencidos por la evidencia | la evidencia es convincente]> 0.5.  

2. P [muchos historiadores no cristianos no llegan a ser convencidos por la evidencia] <0.5.   

3. P [muchos historiadores no cristianos no llegan a ser convencidos por la evidencia | la evidencia no garantiza la creencia en la resurrección de Jesús] >> 0.5.  

4. P [la evidencia no garantiza la creencia en la resurrección de Jesús]> 0.5.

En esta formulación inductiva del argumento, es (2) lo que es desconcertante. El objetor parece estar afirmando que, poniendo a un lado cualquier evaluación de la fuerza de la evidencia, la probabilidad previa de que muchos historiadores no cristianos lleguen a ser convencidos por la evidencia es alta. No solo tal probabilidad previa parece inescrutable, sino que asignar un valor alto a tal probabilidad parece traicionar la intención del objetor.  Pues él quiere decir que, a falta de buena evidencia de la resurrección de Jesús, es muy probable ("un asunto de curso") que los historiadores no cristianos no llegarían a ser convencidos por la evidencia. Lo que él quiere decir es que dada la evidencia convincente de la resurrección de Jesús, es improbable que no muchos historiadores no cristianos lleguen a ser convencidos por la evidencia. Pero eso es solo repetir lo que ya fue afirmado en (1): que es probable que, dada la evidencia convincente, muchos historiadores no cristianos lleguen a ser convencidos de la resurrección de Jesús, lo que hace que (2) sea redundante.

De modo que eso nos deja solo con las probabilidades comparativas de (1) y (3): es altamente probable que dada la evidencia convincente de la resurrección de Jesús, muchos historiadores no cristianos lleguen a ser convencidos, y es altamente probable que dada la evidencia débil la mayoría no lleguen a ser convencidos. ¿Y qué? Eso no hace nada para implicar (4): que es probable que la evidencia no garantice la creencia en la resurrección de Jesús.

Para que no proclamemos una victoria barata sobre nuestro oponente, intentemos ayudarlo a reformular su argumento de una manera correcta. Eliminemos el equívoco entre evidencia convincente y evidencia suficiente para la garantía e intentemos expresar su argumento inductivo con precisión. Esto es lo que creo que quiere decir:

1 *. Pocos historiadores no cristianos llegan a ser convencidos por la evidencia de la resurrección de Jesús.

2 *. P [Pocos historiadores no cristianos llegan a ser convencidos por la evidencia de la resurrección de Jesús | la evidencia es suficiente para justificar la creencia en la resurrección de Jesús] <0.5.

3 *. P [Pocos historiadores no cristianos llegan a ser convencidos por la evidencia de la resurrección de Jesús | la evidencia no es suficiente para justificar la creencia en la resurrección de Jesús]> 0.5.

4 *. Por lo tanto, el hecho de que pocos historiadores no cristianos llegan a ser convencidos por la evidencia de la resurrección de Jesús confirma el hecho de que la evidencia no es suficiente para justificar la creencia en la resurrección de Jesús.

Esto parece ser una formulación correcta del argumento. ¿Qué diremos sobre la objeción formulada de esa manera?

Desde el mismo comienzo, vale la pena señalar cuán débil es el argumento, incluso si es completamente exitoso. Esto es simplemente un argumento confirmatorio. El argumento concluye simplemente diciendo que el hecho de que pocos historiadores no cristianos llegan a ser convencidos, etc., proporciona una confirmación del hecho de que la evidencia no es suficiente para justificar la creencia en la resurrección de Jesús. No prueba ese hecho; solo da algunas evidencias confirmatorias a su favor.  Evidencias confirmatorias son fáciles de encontrar. Recuerdo vívidamente, hace muchos años, sentado en un restaurante en Madison, Wisconsin, con el filósofo Keith Yandell, discutiendo argumentos confirmatorios. Para ilustrar su debilidad, dijo: "Supongamos que mi hipótesis es que a Leah, la Reina invisible de los Leprechauns de siete pies, le gusta poner vasos de papel en las mesas". Señalando dos vasos de papel en nuestra mesa, él dijo: "¡Ahí está! Te acabo de dar una confirmación de mi hipótesis”. Sí, su hipótesis era más probable dado los vasos de papel sobre nuestra mesa que lo sería sin ellos, pero es obvio que eso no hizo nada para establecer la veracidad de la hipótesis.

Entonces, el argumento es débil incluso si sus premisas son verdaderas. Pero, ¿son las premisas del argumento verdaderas? Creo que todos estaríamos de acuerdo en que (3*) es verdadera. Si la evidencia realmente fuera insuficiente para garantizar la creencia en la resurrección de Jesús, entonces es probable que pocos historiadores lleguen a ser convencidos por la resurrección de Jesús sobre la base de la evidencia. Podrían llegar a creer en la resurrección de Jesús sobre otras bases, por ejemplo, a través de una experiencia personal del Señor viviente o por el testimonio del Espíritu Santo de la verdad de las Escrituras, pero no es probable que lleguen a ser convencidos por la evidencia.[2] Entonces (3*) parece plausible.

Más bien, el obvio tendón de Aquiles del argumento es la premisa (2*). ¿Es realmente verdadero que si la evidencia de la resurrección de Jesús fuera suficiente para justificar la creencia en su resurrección, entonces es probable que muchos historiadores no cristianos lleguen a creer en su resurrección sobre la base de la evidencia? Es fácil pensar en todo tipo de razones por las que eso no podría ser verdadero. Aquí presento cuatro:

 (i) En primer lugar, al librarnos de la quimera de "evidencias convincentes", estamos permitiendo que las evidencias no obliguen a los no cristianos; de hecho, si adoptamos el enfoque de Davis, la evidencia sirve para hacer que sea racional creer en la resurrección de Jesús, pero la incredulidad también puede ser racional. Incluso en una evaluación más fuerte de la evidencia, como la que yo apoyo, la evidencia no es irresistible.

(ii) En segundo lugar, el mero hecho de que la evidencia sea suficiente para justificar la creencia no implica que muchos historiadores sean convencidos por ella, ya que ellos podrían no estar al tanto de esa evidencia. La evidencia puede ser tan fuerte como quieras, pero las personas que no estén familiarizadas con ella no serán convencidas por ella. Así como los científicos, los historiadores están increíblemente especializados en su trabajo. Un historiador que esté especializado en la Revolución francesa o en tácticas militares en la Guerra Civil estadounidense no sabrá nada sobre la historia del primer siglo de Israel. Me arriesgo a decir que muy pocos historiadores profesionales tienen más que un conocimiento laico de Jesús de Nazaret. Si tratamos de ajustar el argumento para incluir solo a los historiadores que han publicado profesionalmente sobre Jesús, llamémoslos historiadores "informados", entonces yo seriamente cuestiono la afirmación en la premisa (1*) de que pocos historiadores informados llegan a ser convencidos de la resurrección de Jesús sobre la base de la evidencia, pero hablo más sobre en un momento.

 (iii) En tercer lugar, hay suposiciones sobresalientes que, a pesar de la evidencia, limitan a que un historiador no cristiano llegue a ser convencido de la resurrección de Jesús. Gary Habermas ha señalado que hay "dos factores enormes" que moldean la postura de las personas hacia la resurrección de Jesús: el papel de las emociones humanas en determinar las creencias religiosas y la naturaleza explosiva de la resurrección misma. Él señala que, hasta ahora, el factor principal que afecta la duda religiosa son las emociones humanas en vez de la razón. Y la resurrección, si se admite, tendrá enormes reverberaciones en toda la cosmovisión de una persona, como la deidad de Cristo y una noción cristiana de salvación. Habermas informa,

Entonces, cuando este último se combina con todo tipo de deseos de no cambiar sus cosmovisiones o estilos de vida (hablo con muchas de estas personas de manera regular), está claro que  no les gusta  la evidencia o los cambios que necesitaría, por lo que creerán en casi cualquier otra perspectiva, o simplemente se alejarán de ella. . . . No puedo exagerar cuán grande es esto en los casos que veo.[3] 

Ahora bien, nuestro objetor intenta suavizar el impacto de los cambios en la cosmovisión señalando que  “muchos historiadores no cristianos son teístas que creen en los milagros, el aspecto sobrenatural de la resurrección no debería ser un problema para ellos aceptarlo”. Esta respuesta es, creo, ingenua. Los deístas estarían tan opuestos a las explicaciones milagrosas como los no teístas. En cuanto a los judíos y musulmanes, que constituyen los grupos predominantes de teístas no cristianos, la admisión de la resurrección de Jesús no solo requeriría cambios importantes en la cosmovisión, como señala Habermas, sino que para que esas personas crean en la resurrección de Jesús, en sus ojos, es traicionar a sus familias, su herencia, su propia identidad étnica.  A un musulmán se le prohíbe creer en la resurrección de Jesús porque el Corán rechaza explícitamente la muerte de Jesús en la cruz (4: 157-58). Curiosamente, los judíos pueden ser más abiertos, y varios eruditos históricos judíos, a pesar de las presiones sociales, han llegado a afirmar los hechos de la tumba vacía de Jesús, etc., e incluso la resurrección misma, como veremos. Creo que está claro que nuestro objetor ateo, al pensar que muchos historiadores teístas no cristianos llegarían a creer en la resurrección de Jesús si la evidencia es suficiente para garantizar esa creencia, tiene un entendimiento muy ingenuo del proceso humano de tomar de decisiones.

 (iv) En cuarto lugar, la consideración procedente destaca una distinción crítica en un caso histórico a favor de la resurrección que hasta ahora ha sido oscurecida por la conversación vaga sobre la "evidencia de la resurrección". Como he explicado en otra parte, un caso histórico a favor de la resurrección de Jesús involucra dos pasos: (I) establecer los hechos que se ha de explicar y (II) determinar la mejor explicación de los hechos. El paso (I) es la tarea del historiador y se ocupa de lo que mejor se entiende por "evidencia de la resurrección": la evidencia de esos hechos como la tumba vacía de Jesús, sus apariciones post mortem y el origen de la creencia de los discípulos en la resurrección de Jesús. Hoy en día, la gran mayoría de los eruditos históricos informados , de hecho, aceptan la “evidencia para la resurrección” en este sentido.

Pero muchos historiadores negarían que el paso (II) se encuentre dentro de su alcance. Muchos (probablemente la mayoría) de los historiadores dirían que el naturalismo metodológico impide a que ellos recurran a una explicación sobrenatural como "Dios resucitó a Jesús de entre los muertos" por fenómenos naturales como la tumba vacía, etc. Incluso si son teístas y aceptan la "evidencia para la resurrección", ellos están metodológicamente prohibidos de proporcionar explicaciones milagrosas. 

Mi sensación es que hay muchos eruditos del Jesús histórico en este campo. Tomemos a Bart Ehrman como ejemplo. En sus conferencias de la Teaching Company [Compañía de Enseñanza] sobre el Jesús histórico, Ehrman, aunque no es cristiano, aceptó sobre la base de la evidencia la historicidad de la tumba vacía de Jesús, sus apariciones post mortem y el origen de la creencia de los discípulos en la resurrección de Jesús. Sin embargo, negó sobre la base de los argumentos filosóficos de Hume[4] de que el historiador podría alguna vez inferir justificadamente que la resurrección de Jesús era la mejor explicación de esa evidencia. Entonces él retuvo el juicio.  Claramente, el problema aquí no es ninguna deficiencia en la evidencia, sino una limitación filosófica que impidió inferir a la resurrección como la mejor explicación. Como digo, creo que esa perspectiva es generalizada entre los eruditos del Jesús histórico. En ese caso, es improbable, en vista de las limitaciones metodológicas, que muchos historiadores llegarían a creer en la resurrección de Jesús sobre la base de la evidencia, incluso si la evidencia es suficiente para justificar la creencia en la tumba vacía, las apariencias post mortem, etc., como concuerda la mayoría de los historiadores informados.

Eso nos trae finalmente a la premisa (1*), la cual tu amigo ateo acaba de suponer como verdadera. Pero ya hemos visto que para que la premisa (2*) sea incluso remotamente plausible, la clase de historiadores no cristianos debe restringirse a los historiadores "informados", aquellos que se especializan y publican sobre los estudios del Jesús histórico. Entonces, ¿cuántos académicos cuentan como "pocos" y cuántos cuentan como "muchos"? 

Por leer la literatura sé que, no solo muchos, sino que los eruditos históricos más informados están convencidos sobre la base de la evidencia de tales hechos como la tumba vacía, las apariciones post mortem, etc. Historiadores como C. Behan McCullagh y Jeffrey Burton Russell estarían en ese grupo. También me vienen a la mente eruditos no evangélicos como Michael Grant, Paula Frederickson, D.H. van Daalen y John Shelby Spong.[5] ¿Cuántos de los que están convencidos por la evidencia fueron alguna vez no cristianos o aún no son cristianos? Para ser sincero, no tengo idea, y sospecho que tu amigo ateo tampoco. Después de todo, estas personas no suelen publicar autobiografías espirituales.[6] En ausencia de una encuesta sociológica publicada en una revista revisada por pares, tu amigo no tiene forma de saber de cuántas personas él está hablando. No dejes que él transfiera la carga de la prueba sobre tus hombros. Esta es su objeción, y tiene la carga de proporcionar apoyo para sus premisas.

En conclusión, en una nota personal, lo que más me perturba de tu carta, Parker, es tu informe que un argumento tan frágil "ha desafiado severamente mi fe en el cristianismo”. Esto me sugiere que realmente no has dominado el caso de la resurrección de Jesús. De lo contrario, tu reacción a este argumento hubiera sido: "No sé cómo responder a este argumento, pero sé que hay evidencia convincente de la tumba vacía de Jesús, las apariciones post mortem y el origen de la fe y los discípulos de los discípulos" y eso, no solo de mí, sino la mayoría de los eruditos que han escrito sobre este tema encuentran que la evidencia es convincente. ¡Entonces tiene que haber algo mal con este argumento! ”La persona que tiene una buena comprensión del caso histórico de la resurrección de Jesús se dará cuenta de que esta objeción no invalida la evidencia.

 

[1] Véase la útil discusión de JP Moreland en Fundamentos filosóficos para una cosmovisión cristiana, (Publicaciones Kerigma, 2018).

[2] Véase el ejemplo del Jesús histórico de Craig Keener: “Cuando yo era ateo, si me hubieran presentado esta evidencia, ciertamente habría tenido que lidiar seriamente con la figura de Jesús en los Evangelios y lo que él exige de mí". En cambio, el Señor “me convirtió del ateísmo por un encuentro directo y totalmente inmerecido con su Espíritu en el Evangelio"("Una entrevista fascinante: Craig Keener en su nuevo libro 'Christobiography' (Cristobiografía) < https://seanmcdowell.org/blog/ fascinante-entrevista-craig-keener-on-his-new-book-christobiography > ).

[3] Correspondencia personal, 16 de agosto de 2019.

[4] Estos son argumentos, dados por David Hume, contra la racionalidad de la creencia en los milagros, sin importar cuán fuerte sea la evidencia. Hoy, prácticamente todos los filósofos reconocen que el argumento de Hume, que se basó en una comprensión inadecuada del cálculo de probabilidad, es, en las palabras del filósofo de la ciencia John Earman, un "fracaso absoluto" (John Earman, Fracaso abyecto de Hume [Oxford: Universidad de Oxford Press, 2000]). Tristemente, recurrir al argumento de Hume continúa siendo común entre los que no son filósofos.

[5] Véase además a David Mishkin, Jewish Scholarship on the Resurrection of Jesus [Erudición judaica sobre la resurrección de Jesús](Eugene, Ore .: Wipf & Stock, 2017). Me parece recordar que en el espacio de televisión hace varios años From Jesus to Christ  [De Jesús a Cristo], algunos eruditos históricos judíos que fueron entrevistados acordaron con la historicidad de la tumba vacía de Jesús, pero confesaron estar desconcertados sobre cómo explicarlo.

[6] El historiador C. Behan McCullagh señala el problema: "No conozco a muchos historiadores cristianos profesionales lo suficientemente bien como para decir cuál es la base de sus creencias" (correspondencia personal, 19 de agosto de 2019).

- William Lane Craig