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#613 ¿Por qué Dios simplemente no perdona a todas las personas?

March 31, 2019
P

Hola Dr. Craig,

Mi pregunta tiene que ver con la necesidad de la fe para la salvación. Específicamente, si Dios es perfectamente amoroso y la expiación de Cristo por los pecados del mundo es suficiente para la justificación de todos los seres humanos, ¿cómo puede ser que Dios requiere de fe de parte de las personas para que puedan ser salvas? Si Dios realmente tiene una voluntad salvífica universal y la sangre de Cristo tiene el potencial de cubrir todos los pecados de la humanidad, ¿qué es lo que detiene a Dios de perdonar todos los pecados de todas las personas? Parecería que tanto el amor como la justicia de Dios aún se podrían satisfacer bajo este escenario; el amor, porque la voluntad salvífica universal de Dios está plenamente realizada; la justicia, porque la sangre de Cristo expía todos los pecados de la humanidad, independientemente de si cada individuo se arrepienta de su pecado y acepta que esa expiación existe.

Le hago la pregunta porque en su debate sobre la naturaleza de Dios con Shabir Ally, usted señaló que la concepción musulmana de Dios ve su omnipotencia superando su justicia, de modo que su justicia puede ser socavada si así Él lo desea. Usted señala que entonces se hace algo inexplicable por qué Dios solo perdona los pecados de ciertas personas, salvo que Él simplemente ame a ciertas personas. Me parece que este dilema también se aplica para el cristiano, ya que la expiación de Cristo satisface la justicia de Dios. Sin que Su justicia le impida a Dios perdonar los pecados, se hace algo inexplicable por qué Él no perdona los pecados de todas las personas, salvo que Él solamente ame a ciertas personas.

Gracias,

Aidan,

Canadá

Afghanistan

Respuesta de Dr. Craig


R

Como explico en mi libro más extenso sobre la expiación que pronto estará publicado, creo que Dios ha perdonado los pecados de todas las personas sobre la base del pago sustitutivo de Cristo en lugar de nuestro castigo [que merecemos] y que, por lo tanto, las exigencias o requisitos de tanto Su esencial amor y justicia son satisfechas. Sin embargo, así como un perdón presidencial, el perdón divino debe ser aceptado de manera libre para ser eficaz. Las cortes de los Estados Unidos han dictaminado que no se puede forzar un perdón sobre un criminal; el criminal debe aceptarlo para que pueda tener su efecto. El presidente “no puede, bajo ley existente alguna, hacer efectivo el perdón completo sin el consentimiento del prisionero. Éste último debe estar dispuesto a recibir y aceptar un perdón completo antes de que pueda ponerse en práctica".[1] Es por eso que antes de que perdonaran a Richard Nixon, el presidente Ford envió un emisario secreto a Nixon para asegurarse que él estaba dispuesto a aceptar tanto el perdón como la culpa implicada por ello. Nixon dijo que estaba muy dispuesto. Si Ford hubiera otorgado el perdón y Nixon lo hubiera rechazado porque quería luchar en la corte, el perdón habría sido anulado e inválido.

El análogo teológico de esta situación tiene que ver con el tema de si un perdón divino debe ser aceptado para que sea eficaz. Dado mi compromiso con la libertad humana de la voluntad, creo sí que debe ser aceptado. Obviamente, Dios no está limitado por alguna ley superior, pero sí está limitado por la libertad humana. Los teólogos han diferido sobre si la gracia de Dios es intrínsecamente eficaz y, por eso, es irresistible por la persona a quien se le otorga o si la gracia es extrínsecamente eficaz y, por lo tanto, requiere el libre consentimiento de la voluntad de la criatura para producir su efecto. Yo tomo la última perspectiva. Dios nos trata como agentes morales significativos que toman decisiones morales libres. Él violaría Su propia justicia esencial si nos forzara a aceptar un perdón.

Debido a que es Cristo y no nosotros los que hemos cumplido la sentencia por nuestros pecados, nuestra redención no se lleva a cabo hasta que recibamos libremente el perdón de Dios. En contraste con el criminal que ha sido perdonado después de cumplir por completo su condena, nosotros permanecemos en nuestro estado de condena judicial hasta que aceptemos el perdón que Dios nos ofrece. Si alguien rechaza el perdón ofrecido por Dios, entonces el sacrificio de Cristo no le sirve de nada, ya que ha rechazado la satisfacción de la justicia de Dios que fue realizada por Cristo. Por lo tanto, “mucho más reinará en vida por medio de uno, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia”. (Romanos 5.17)

En contraste, en la perspectiva musulmana, la omnipotencia de Dios supera o triunfa sobre la justicia de Dios. Él puede tratar a los seres humanos, no como agentes morales significativos cuyas elecciones Él respeta, sino como simples títeres para ser manipulados por Él. Aquí, nuevamente, vemos la superioridad teológica de la concepción cristiana de Dios en comparación con la comprensión musulmana.

 


[1] WH Humbert, The Pardoning Power of the President [El Poder Perdonador del Presidente], con un prólogo de WW Willoughby (Washington, D. C. : American Council on Public Affairs, 1941), p. 135.

 

- William Lane Craig