#285 La Invasión de los Cerebros de Boltzmann
November 02, 2012Dr. Craig,
Estoy familiarizado con la teoría de los Cerebros de Boltzmann, la cual con frecuencia se da como una respuesta a la teoría atea del multiverso. Un “Cerebro de Boltzmann” es un universo en el cual existe un solo celebro y nada más. Este universo es supuestamente “mucho más probable” que exista que el nuestro. Sin embargo, estaba curioso de cómo dicho cerebro se podría formar en un mundo de ese tamaño. De la manera que entiendo el cerebro, un cerebro necesita un cuerpo para sobrevivir y un cuerpo necesita un mundo externo con el cual interactuar, y en primer lugar ese mundo externo debe ser increíblemente enorme para que haya producido el cuerpo y el cerebro, y así sucesivamente. ¿No hace esto que la teoría completa del Cerebro de Boltzmann sea algo ridículo? Un cerebro no podría existir en un universo por sí mismo—¡por lo menos un cerebro de la manera que lo entendemos! La única manera que podemos salvar esta teoría de un universo del Cerebro de Boltzmann parece ser de sustituir el término “cerebro” por el término “mente”—pero una mente no necesita un universo en el cual existir, ya que hemos aclarado que Dios es una mente incorpórea que existe aparte del universo.
¿Es la idea del Cerebro de Boltzmann de un universo de un solo cerebro realmente tan viable como usted lo afirma en las obras populares y académicas que usted tiene? ¿He malentendido la teoría?
Atentamente,
Un buscador serio con una orientación científica,
Ben
United States
Respuesta de Dr. Craig
R
¡A quien no le encantan los Cerebros de Boltzmann! ¡Qué concepto!
Para las personas que no tienen el trasfondo relacionado con esta pregunta, Ben, permítame repasar. Increíble pero cierto, hoy en día la alternativa principal (y casi la única) para un Diseñador Cósmico para explicar el ajuste fino incompresiblemente preciso de las constantes y las cantidades elementales de la naturaleza es de postular un Conjunto de Mundos (un número preferiblemente infinito de) universos ordenados al azar. Por lo tanto, al multiplicar los recursos “probabilísticos” que uno tiene, no aseguramos que únicamente al azar en algún lugar en este conjunto, universos finamente ajustados como el nuestro van a aparecer.
Ahora viene el movimiento clave: dado que los observadores pueden existir solamente en mundos finamente ajustados para su existencia, ¡por supuesto que observamos nuestro mundo como finamente ajustado! ¡Los mundos que no están finamente ajustados no tienen ningún observador en ellos y por lo tanto, no pueden ser observados! Por lo tanto, nuestra observación de que el universo está finamente ajustado para nuestra existencia no es ninguna sorpresa: si no lo estuviera, no estaríamos aquí para ser sorprendidos. De modo que esta explicación del ajuste fino depende de (i) la hipótesis de un Conjunto de Mundos y (ii) de un efecto de la auto-selección de un observador.
Ahora bien, aparte de las objeciones a (i) de tipo directo, esta alternativa enfrenta una objeción muy formidable a (ii), es decir, si nosotros fuésemos un miembro al azar de un Conjunto de Mundos, entonces deberíamos estar observando un universo muy diferente. Roger Penrose ha calculado que la probabilidad de que nuestro sistema solar se forme instantáneamente por medio de la colisión al azar de partículas es incompresiblemente más probable al que el universo sea o esté finamente ajustado, de la manera que lo está. Así que si fuésemos un miembro al azar de un Conjunto de Mundos, deberíamos estar observando un pedazo de orden no más grande que nuestro sistema solar en un mar de caos. Los mundos como ese simplemente son incomprensiblemente más abundantes en el Conjunto de Mundos que en los mundos como el nuestro y por lo tanto deberían ser observados por nosotros si fuésemos cualquier cosa más que no sea un simple miembro al azar de ese conjunto.
Aquí es donde los Cerebros de Boltzmaan entran al escenario. Para que sea observable, el pedazo de orden no necesita ser tan grande como el sistema solar. El mundo más probable observable sería uno en el que un solo cerebro fluctúe en la existencia del vacío cuántico y observe su mundo vacío. La idea no es que el cerebro sea el universo completo, sino que sea solamente un pedazo de orden en el medio del desorden. No hay que preocuparse de que el cerebro no pueda perdurar mucho: solo tiene que existir lo suficiente para tener una observación, y la improbabilidad de las fluctuaciones cuánticas necesarias para que ella exista todo ese tiempo será trivial cuando se compara con la improbabilidad del ajuste fino.
En otras palabras, el efecto de la auto-selección del observador es explicativamente vacuo. No es suficiente con mostrar que solamente los mundos finamente ajustados son observables. Como Robin Collins ha observado, lo que necesita ser explicado no es solamente la vida inteligente, sino los agentes encarnados, interactivos e inteligentes como nosotros. Recurrir a un efecto de auto-selección del observador no logra nada porque no hay ninguna razón para pensar que la mayoría de los mundos observables son mundos en los cuales existe ese tipo de observador. De hecho, lo opuesta aparenta ser verdadero: la mayoría de los mundos observables serán mundos del Cerebro de Boltzmann.
Es sorprendente que una especulación tan metafísica como la hipótesis del Conjunto de Mundos debería estar susceptible a la refutación. Uno podría pensar que solo hay un empate entre una hipótesis tan especulativa y una hipótesis de diseño. Sin embargo, el argumento de Penrose parece mostrar lo contrario. La hipótesis del Conjunto de Mundos fracasa como una explicación del ajuste fino del universo para tener agentes interactivos como nosotros.
- William Lane Craig