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#86 El Conocimiento del Destino de las Personas Perdidas

March 22, 2012
P

Dr. Craig,

Gracias por su obra bendita. Sus escritos y cátedras me han ayudado a cruzar por varios períodos de dudas y cuestionamiento en mi vida. He estado leyendo algunas de sus obras sobre el Universalism (Universalismo) de Talbot y tenía varias preguntas con relación al conocimiento que las personas salvas tendrán de aquellos seres queridos que se habrán perdido. Usted mencionó que Dios podría protegernos de tener conocimiento de las personas perdidas. En su artículo usted dice;

Pero no veo razón para pensar que esa protección de este doloroso conocimiento para Sus personas redimidas sea un engaño inmoral. Todos podemos pensar de algunos casos en los cuales protegemos a personas de un conocimiento que sería doloroso para ellos y que ellos no necesitan saber, y lejos de cometer algo inmoral, al evitarles ese dolor estamos ejemplificando la virtud de la misericordia.

Ahora bien, usted ha hablado y escrito de manera repetitiva de su creencia de que el supremo amor de Dios para nosotros hace imposible de que él anule nuestro libre albedrío o de que cambie lo que somos. Pero si Dios quitara ese conocimiento de nosotros, ¿No sería eso lo que él estaría haciendo? Él no nos está protegiendo del conocimiento sino que se está llevando ese conocimiento de nosotros. Nunca me olvidaría que tuve un niño y que desearía estar con él en la vida después de la muerte al menos que Dios específicamente alterara mi mente.

También me encuentro difícil llegar a un acuerdo con la afirmación que usted hace luego de que mi amor y gozo de estar en la presencia del Señor haría que no me interese acerca de los seres queridos que se están quemando en el infierno. Esta es una simplificación burda y talvez injusta de lo que usted escribió cuando dijo:

Es posible que la misma experiencia de estar en la misma presencia de Cristo (cp. La visión beatífica) simplemente va a sacar de las mentes de Sus redimidos cualquier conocimiento de los perdidos en el infierno. Su  presencia será tan abrumadora y el amor y el gozo que este inspira hará que el conocimiento de las almas perdidas sea desarraigado de la conciencia del pueblo de Dios. En dicho caso, los redimidos aún tendrían dicho conocimiento, pero nunca estarían conscientes de eso y nunca sentirían dolor por eso.

Solamente estoy teniendo problema imaginándome estar tan feliz que no pueda pensar de mi niño que se esté quemando en el infierno en condenación eterna.

Me preguntaba si usted quizás podría expandir sobre sus enunciados iniciales o dirigirme en dirección de alguna lectura adicional.

Gracias por su trabajo y que Dios continúe bendiciendo su ministerio.

Eric.

United States

Respuesta de Dr. Craig


R

Para los lectores que no están familiarizados con esta discusión, permítanme decir de forma de trasfondo que Thomas Talbott argumenta a favor del universalismo (la doctrina que afirma que todos los seres humanos encontrarán la salvación) sobre la base de que las personas redimidas nunca podrían estar verdaderamente felices en el cielo si ellos supieran que otras personas están en el infierno. Como el cielo es un estado de suprema felicidad, sigue que todas las personas deben (tarde o temprano) ser salvas. (Véase los artículos sobre el universalismo de Talbott, bajo la sección de esta página llamada “Scholarly Articles: Christian Particularism.”)

Yo afirmo que el argumento no es bueno ya que, en primer lugar, presupone sin ninguna justificación que los redimidos en el cielo sí saben que algunas personas están condenadas y, en segundo lugar, no distingue entre saber que P y estar consciente que P, donde P es cualquier hecho.

Mi primera opción sugiere que es posible que Dios remueva de las mentes de los redimidos cualquier conocimiento de los perdidos. Me parece que hacer eso es misericordioso y no involucra ningún acto malo de parte de Dios. Eric, usted objeta que Dios violaría el libre albedrío de las personas redimidas si Él toma dicha acción. No veo que esa implicación sigue. El que Dios respete el libre albedrío humano tiene que ver con la toma de decisión moral. Dios no va hacer que usted tome una decisión moralmente significativa en lugar de otra. Él le deja eso a usted. Pero obviamente Dios limita nuestra libertad en muchas maneras que son moralmente neutras. Él me ha puesto en situación que yo no puedo, por ejemplo, escoger de comenzar a hablar en vietnamés o de volar al sacudir mis manos. Mi libertad está circunscripta en innumerables de esas maneras. Ninguna de ellas viola mi integridad como agente moral. Mis decisiones que son moralmente significativas aún dependen de mí. De igual manera, si Dios quita de los redimidos el conocimiento de los perdidos, incluyendo el conocimiento de los seres queridos que están perdidos, Él no viola la integridad moral o el libre albedrío de las personas involucradas, nada más que Él la hubiese violado si Él les hubiera quitado su conocimiento de cálculo. Por lo menos aún no he visto ningún argumento que diga que el quitar dicho conocimiento viola el libre albedrío en la manera moralmente significativa del cual se está discutiendo.

Me encuentro que la segunda opción es más apelante: los redimidos sí retienen conocimiento del destino de los perdidos, pero no están conscientes de eso. Cuando lo piensa, no estamos conscientes de la mayoría de las cosas que sabemos. Esta alternativa sugiere que la experiencia de estar en la misma presencia de Cristo será tan abrumadora para los redimidos que no pensarán de los que están perdidos en el infierno. La respuesta suya de que no puede imaginarse estar tan feliz que usted deje de pensar en su hijo que está perdido. Bueno, para ayudarle a expandir su imaginación un poco, piense de una experiencia de dolor—por decir, tener su pierna amputada sin anestesia en el campo de batalla—lo cual es tan intenso que saca de la conciencia cualquier otra cosa. En esa condición usted no estaría pensando de su hijo para nada. Ahora bien, sustituya por ese estado doloroso de conciencia uno de un sentimiento de gozo y júbilo, inmensurablemente más intenso y apasionante. Esa es la visión beatífica de los redimidos en el cielo. No es del todo improbable, me parece, que dicha experiencia excluiría el que le llegue a la mente el conocimiento doloroso del destino de su hijo.

Por supuesto, no estoy afirmando saber si alguna de estas opciones es verdadera sino meramente que estoy afirmando que ellas sirven para derrotar el argumento a favor del universalismo que presenta Talbott.

- William Lane Craig