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#472 El amor y la justicia de Dios en contradicción

November 21, 2015
P

Dr. Craig,

Su ministerio ha cambiado radicalmente mi vida. Como resultado directo de sus argumentos y debates, yo pasé de ser un nihilista a ser un cristiano leal. Sin embargo, yo encontré un problema con el argumento ontológico.

¿Hay una contradicción entre la justicia perfecta y la misericordia perfecta en un ser máximamente grande? La manera que yo he visto esa objeción presentada es diciendo que el Dios cristiano es justo y misericordioso. La misericordia se define como la suspensión de la justicia. Por lo tanto, hay una contradicción. Yo también he visto el argumento siendo presentado como que la justicia perfecta da a todas las personas lo que se merecen, y la misericordia perfecta da a algunas personas menos de lo que se merecen.

¿Esa objeción es tan aplastante como sus proponentes la hacen sonar?

Tom

United States

Respuesta de Dr. Craig


R

Estoy contento por tu pregunta, Tom, ya que me da la oportunidad de presentar mi nuevo enfoque de investigación, ahora que ha terminado mi largo estudio sobre la aseidad (o existencia propia), es decir mi nuevo enfoque de investigación trata con la doctrina de la expiación.

La muerte de Cristo en la cruz es la manera de Dios de reconciliar con Él una humanidad pecadora y alejada de Él. El fallecido erudito del Nuevo Testamento, I. Howard Marshall, argumentaba convincentemente que el tema o mensaje central del Nuevo Testamento es la reconciliación con Dios.[1] Incluso esos temas grandes como la inauguración del Reino de Dios, o el estabelecimiento de un nuevo pacto, están subordinados al objetivo predominante de la reconciliación del hombre con Dios. “Reconciliación” es solamente otra palabra para “expiación”. La muerte de Cristo, de alguna forma, sirve para hacer que nosotros seamos uno con Dios, no en un sentido metafísico, sino en un sentido relacional de ser reconciliado con Dios.

Por muchos años, yo estuve desencantado con las teorías anémicas y bíblicamente inadecuadas de la expiación, articuladas y defendidas por los filósofos cristianos de hoy. En general, esas teorías no están fundamentadas en exegesis serias sino en experiencias humanas de reconciliación, las cuales pudieran ser fundamentalmente inadecuadas para una relación divina-humana. Nosotros tenemos necesidad de una teoría de la expiación que sea tanto filosóficamente coherente como bíblicamente fiel.

Tu pregunta es realmente sobre la doctrina de la expiación, no sobre el argumento ontológico. ¿Cómo puede Dios ser perfectamente justo y, aun así, ser amoroso? ¿Cómo puede Él conceder misericordia a personas pecaminosas sin comprometer Su justicia? Esa es solamente una de las preguntas que la doctrina de la expiación procura responder.

La pregunta más fundamental aquí es la necesidad de la muerte expiatoria de Cristo. ¿Cristo necesitaba morir para que los seres humanos pecaminosos se reconciliasen con Dios?, o ¿Dios pudo haber simplemente escogido perdonar a todos de sus pecados sin la necesidad de que Cristo muriera? Las personas que tienen la última de estas dos visiones señalan que cuando alguien perdona a una persona que le ha ofendido, no pensamos que él haya comprometido su integridad de alguna forma y que se haya hecho injusto (observa el apelo a los modelos humanos de reconciliación). Dios libremente, por cualquiera razón, ha elegido alcanzar la reconciliación por medio de la muerte de Cristo, pero si Él hubiese querido, Él pudo en vez haber perdonado los pecados de las personas sin que Cristo tuviera que morir. Incluso, dada la voluntad de Dios de que todos los hombres se salvasen, tal visión no necesita ser universal en su doctrina de la salvación. Alguien pudiera sostener que el perdón de Dios aún necesitaría ser libremente recibido por fe para poder ser apropiado.

En esa visión, no hay tensión entre la justicia y la misericordia de Dios. Dios puede ser misericordioso con los pecadores sin comprometer Su justicia. El problema simplemente se evapora (o talvez se mueve para otro lugar).

Aquellos que han sido educados en la teología protestante talvez se sorprenden de saber que la gran mayoría de los Padres de la Iglesia, de hecho, tenía la visión de que la muerte expiatoria de Cristo era innecesaria. En la visión de ellos, un ser omnipotente, como Dios, tiene el poder para perdonar los pecados sin tener la necesidad de utilizar cualquier medio de expiación. No fue hasta San Anselmo (el creador del argumento ontológico), en el siglo XI, que la necesidad de la muerte de Cristo recibió una fuerte articulación y defensa. Para Anselmo, era la honra de Dios, manchada por hombres pecaminosos, que necesitaba ser satisfecha. Un Dios que simplemente perdonara los pecados sin que la ofensa sea satisfecha no preservaría Su honra de ese modo, lo cual es imposible. La teoría de Anselmo de la expiación conectaba poderosamente con la cultura de honra/vergüenza del Cercano Oriente y, por eso, resonó muy bien entre los judíos del primer siglo.

La erudición protestante durante la época de la Reforma se fue más profundo que la de Anselmo, en ver que no era simplemente la honra de Dios que necesitaba ser satisfecha, sino Su justicia.[2] Teólogos, como François Turretin, argumentaban que Dios es fundamentalmente diferente a cualquier ser humano, puesto que Él es el Gobernador Moral del mundo. Él es tanto el dador de la ley moral como el Juez de sus infracciones. En Su capacidad como Juez, Él no puede dejar de aplicar la justicia. Por lo tanto, la muerte de Cristo es necesaria si la justicia de Dios ha de ser satisfecha, y los seres humanos librados por la misericordia de Dios. La muerte de Cristo muestra tanto el amor como la justicia de Dios, y ninguna de las dos se compromete.

Estoy convencido de que Turretin entendió de forma precisa un aspecto esencial de la enseñanza del Nuevo Testamento sobre la expiación. El énfasis en la ira de Dios por causa del pecado en los capítulos iniciales de la carta de Pablo a los Romanos exige que se haga algo para satisfacer [a Dios por] el pecado. Entonces en el capítulo 3, Pablo puede decir que Dios, al pasar por alto los pecados cometidos en las generaciones anteriores, no comprometió Su justicia, sino que por causa de la muerte expiatoria de Cristo, Él se muestra ser “justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Romanos 3:26). La muerte de Cristo resuelve la tensión que hay entre la justicia y la misericordia de Dios, mientras satisface Su justicia.

En su libro clásico sobre la expiación, George Smeaton reflexiona sobre el porqué los Padres de la Iglesia no veían la necesidad de la muerte expiatoria de Cristo para que las exigencias de la justicia de Dios fuesen satisfechas.[3] Él sugiere, pienso yo que de manera plausible, que la razón es que la teoría del rescate de la expiación, tan prevalente entre los Padres de la Iglesia, se enfocaba en lidiar con las consecuencias del pecado (principalmente de la muerte) en vez de lidiar con el pecado en sí. El énfasis estaba en el poder de Dios para conquistar los enemigos de la humanidad y no en Su justicia. Por causa de ese mismo enfoque, la encarnación (en vez de la muerte de Cristo) tendía a tomar prioridad. Al unirse con nuestra naturaleza en la encarnación, Cristo trajo inmortalidad y nos permitió participar en la naturaleza divina.

Esa énfasis en la encarnación de Cristo en vez de en la muerte está, obviamente, fuera de lugar cuando hacemos una lectura seria del Nuevo Testamento. En el Nuevo Testamento es la cruz de Cristo que predomina no sólo en los evangelios, sino en las epístolas. Por supuesto, la encarnación y la vida de Cristo tienen un papel vital, pero es la cruz que es central en lograr la expiación con Dios. Enredados en disputas como lo estaban ellos sobre la persona de Cristo, los Padres de la Iglesia no reflexionaron profundamente sobre la obra de Cristo, sino que permanecieron contentos con los relatos superficiales de rescate.

Ahora bien, estoy muy consciente de que una teoría de la expiación que implique la satisfacción de la justicia de Dios como un aspecto esencial confronta fuertes desafíos filosóficos, de los cuales espero hablar tarde o temprano. Pero espero que se haya dicho lo suficiente aquí para mostrar que dada la doctrina de la expiación, el concepto de Dios como perfectamente justo y perfectamente amoroso es lógicamente coherente.

  • [1]

    Howard Marshall, Aspects of the Atonement: Cross and Resurrection in the Reconciling of God and Humanity [Aspectos de la Expiación: La Cruz y la Resurrección en la Reconciliación de Dios y la Humanidad] (London: Paternoster, 2007), capítulo 4. (versión en inglés).

  • [2]

    Francis Turretin, Institutes of Elenctic Theology [Instituto de la Teología Eléntica], 3 vols., trad. George Musgrave Giger, ed. James T. Dennison (Phillipsburg, N. J.: Presbyterian and Reformed, 1992), tópico 14, Pregunta x (versión en inglés).

  • [3]

    George Smeaton, The Doctrine of the Atonement, as Taught by the Apostles [La doctrina de la expiación, de la manera que fue enseñada por los apóstoles] (Edinburgh: T.& T. Clark, 1870); reimpreso. ed.: The Apostles’ Doctrine of the Atonement [La doctrina de la expiación de los apóstoles] (Grand Rapids, Mich.: Zondervan, 1957), p. 508 (versión en inglés). Smeaton también observa que si la muerte expiatoria de Cristo no fuese necesaria, entonces sería incorrecto para el autor de Hebreos decir “porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados”. (Hebreos 10:4). Dios podría haber redimido los pecados si Él así lo hubiese escogido.

- William Lane Craig