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#83 Dos Doctorados

March 21, 2012
P

Estimado Dr. Craig,

Estoy curioso de saber cómo usted obtuvo sus dos PhDs. ¿Cómo usted obtuvo el segundo? Estoy curioso porque dicho logro está dentro de las metas que quiero alcanzar. Gracias señor. Que Dios le bendiga.

Con todo respeto,

Christopher

United States

Respuesta de Dr. Craig


R

Es decir que usted tiene más aspiraciones que las que yo tenía, Christopher. Nunca planificamos hacer eso; sino que fue algo como que fuimos llevados a hacerlo. Mi esposa, Jan, y yo hemos encontrado que él Señor nunca derrama su luz muy lejos de nuestro camino sino que nos da justamente suficiente luz para que tomemos el próximo paso.

De vez en cuando, me gusta tomar una Pregunta de la Semana que sea más personal como la que usted hace. Así que permítame compartir un poco de la historia de como Dios nos ha guiado.

En mi último año en la Universidad Wheaton, fui introducido al tema de la Apologética cuando leía el libro de E. J. Carnell titulado “An Introduction to Christian Apologetics” (Una Introducción a la Apologética Cristiana). Ese libro me electrizó. Carnell estaba tratando con todas las preguntas interesantes que yo me preguntaba y de las que quería tener respuestas. Tenía una gran admiración por Carnell porque él había obtenido doctorados en filosofía y teología de la Universidad de Boston y de la Universidad de Harvard respectivamente. Pensé que maravilloso sería tener la habilidad como esa en ambas áreas, pero nunca soñé que eso era algo que yo podría aspirar.

Sin embargo, yo sí aspiraba a una educación de seminario después de que me graduara de la universidad. Así que en el 1973, me mudé con mi joven esposa a la ciudad de Deerfield, Illinois, para dar inicios a mis estudios en la Filosofía de la Religión bajo el liderazgo del profesor Norman Geisler en Trinity Evangelical Divinity School (Escuela Evangélica de Divinidad Trinity). Allí pasamos dos años maravillosos, estudiando bajo hombres como Paul Feinberg, David Wolfe, John Warwick Montgomery, David Wells, John Woodbridge, J. I. Packer, Clark Pinnock y Murria Harris. Me gradué con dos maestrías. Una en Filosofía de la Religión y la otra en Historia Eclesiástica e Historia del Pensamiento Cristiano. Eso resultó ser un peldaño crucial en el camino que Dios había preparado para nosotros.

Cuando se acercaba la graduación de Trinity, Jan y yo estábamos sentados una noche en la mesa para cenar en nuestro pequeño apartamento universitario conversando acerca de lo que íbamos a hacer después de la graduación. Ninguno de los dos teníamos ninguna señal o inclinación de lo que deberíamos hacer después.

Así que Jan me dijo, “bueno, si el dinero no fuese un problema, ¿qué realmente sería lo próximo que te gustaría hacer?”

Yo respondí, “si el dinero no fuese un problema, lo que en realidad me gustaría hacer es ir a Inglaterra y hacer un doctorado bajo John Hick?”

“¿Quién es él? Ella me preguntó.

“Oh, él es ese famoso filósofo británico que ha escrito de manera extensa sobre los argumentos a favor de la existencia de Dios,” yo le expliqué. “Si yo pudiera estudiar con él, yo podría desarrollar un argumento cosmológico a favor de la existencia de Dios.”

Pero eso no parecía ser una idea realista.

La siguiente noche durante la cena, Jan me pasó un pedazo de papel con la dirección de John Hicks escrita en el mismo. “Hoy fui a la biblioteca y descubrí que él está en la Universidad de Birmingham en Inglaterra,” me dijo. ¿Por qué no le escribe una carta y le pregunta si puedes hacer una tesis doctoral bajo su liderazgo sobre el argumento cosmológico?”

¡Qué gran mujer! Así que lo hice y para nuestra sorpresa y deleite, el profesor Hick me respondió diciendo que él estaría muy contento de supervisar mi trabajo doctoral sobre ese tema. Por lo tanto, eso fue una puerta abierta.

El único problema era, la Universidad de Birmingham pedía un estado de banco que certificara que teníamos todo el dinero para todos los años que me tomara completar el doctorado. (La universidad no quería que los estudiantes extranjeros abandonaran sus estudios a mitad de sus programas doctorales debido a que se les acabara el dinero).

Bueno, no teníamos esa cantidad de dinero. De hecho, “éramos más pobres que las ratas.” Nuestro apartamento era tan pequeño que cuando me acostaba en nuestro colchón que estaba en el piso, yo podía alcanzar y tocar el refrigerador. Cortábamos los platos de papel en dos para mantener los gastos bajos (Eso nos llevó a un momento vergonzoso una vez que invitamos al Dr. Woodbridge a comer postre en nuestro apartamento y Jan sin pensarlo, le sirvió su pastel en una mitad de plato de papel. Cortés hasta el extremo, él nunca dijo nada).

Pero sentimos que Dios nos estaba llamando a que nos fuéramos a Inglaterra a estudiar ese doctorado. No existían becas para estudiantes extranjeros de parte de las universidades de Inglaterra que estaban económicamente en aprieto. Necesitábamos salir con ese dinero nosotros mismos. De modo que comenzamos a orar todas las mañanas y las noches que de alguna manera el Señor supliera el dinero.

Para hacer la historia corta, hicimos una cita con un hombre de negocio que no era cristiano a quien conocía la familia de Jan, y le presentamos lo que nosotros creíamos que Dios nos estaba llamando a hacer. Y este negociante no-cristiano nos dio—no nos prestó—nos dio todo el dinero que necesitábamos para hacer el doctorado bajo John Hicks en la Universidad de Birmingham. Esta fue una de las más sorprendentes provisiones del Señor que yo he visto. De modo que Jan y yo sentimos como si de manera milagrosa Dios nos había arrancado y transportado a Inglaterra a estudiar el doctorado.

En efecto, escribí sobre el argumento cosmológico bajo la dirección del Profesor Hick y se me otorgó el Ph.D. en filosofía de la Universidad de Birmingham. Tres libros surgieron de mi disertación doctoral, incluyendo The Kalam Cosmological Argument (El Argumento Cosmológico Kalam) en el 1979. Hoy, el argumento kalam se a convertido en uno de los argumentos más discutidos de la teología natural.

Cuando se nos acercaba la culminación de mis estudios doctorales en Birmingham, de nuevo nuestro camino futuro no estaba claro para nosotros. Había enviado un número de aplicaciones para aplicar para posiciones de maestro en filosofía en universidades en los Estados Unidos, pero no había recibido ninguna oferta. No sabíamos que hacer.

Lo recuerdo como si fuese ayer. Estábamos sentados en la mesa de cena en mi pequeña casa en las afueras de Birmingham, y Jan de repente me dijo, “Bueno, si el dinero no fuera un problema, ¿qué sería lo próximo que realmente te gustaría hacer?”

Me reí porque me recordé como en el pasado el Señor había usado su pregunta para guiarnos. No tuve ningún problema respondiendo la pregunta. “Si el dinero no fuese un problema, lo que realmente me gustaría hacer es irnos a Alemania y estudiar bajo Wolfhart Pennenberg.”

“¿Quién es él?”

“Oh, él es ese famoso teólogo alemán que defendió la resurrección de Cristo de forma histórica,” yo respondí. “Si yo pudiera estudiar con él, yo podría desarrollar una apologética histórica a favor de la resurrección de Jesús.”

Nuestra conversación se movió a otros temas, pero Jan después me contó que mi comentario había encendido una llama en ella. El día siguiente mientras yo estaba en la universidad, ella se fue a la biblioteca y comenzó a hacer investigación de subvención para estudiar en universidades alemanas. Muchas de las pistas resultaron ser muertas o inaplicables a nuestra situación. Pero ella encontró dos becas que eran posibilidades. Usted se puede imaginar lo sorprendido que yo estaba cuando ella me dio la sorpresa.

Una de ella procedía de una agencia del gobierno llamada la Deutsche Akademische Austauschdienst (DAAD), que ofrecía becas para estudiar en universidades alemanas. Desafortunadamente, la cantidad que ofrecía era muy poco y no tenía el objetivo de cubrir todos los gastos del estudiante. La otra venía de una fundación llamada Alexander von Humboldt Stiftung. Esta fundación evidentemente era un esfuerzo en Kulturpolitik (política cultural), con el objetivo de restaurar la imagen de Alemania en la era después de la guerra. Esta proporcionaba becas muy generosas para traer científicos extranjeros y otros eruditos a realizar investigaciones por uno o dos años en laboratorios y universidades alemanas.

Se me hacía la boca agua de tan sólo leer la literatura de la fundación Humboldt Stiftung. Ellos pagarían cuatro meses por un cursillo de actualización en el idioma alemán en el Instituto Goethe para el erudito y su esposa antes de comenzar la investigación, ellos ayudarían a encontrar un lugar donde vivir, ellos pagarían por las visitas a otra universidad si la investigación lo requería, pagarían por conferencias, de vez en cuando ellos enviarían dinero para uso personal—era increíble. Ellos incluso permitían que los recipientes sometieran los resultados de su investigación como una disertación doctoral que se utilizaría para un doctorado de la universidad en la que ellos estuvieran trabajando.

Por la literatura enviada por Humboldt Stiftung se hizo evidente que la gran mayoría de las personas que recibían la beca eran científicos naturales—físicos, químicos, biólogos, y así sucesivamente. Pero sí decía que las personas de cualquier área eran bienvenidos a aplicar. Así que decidimos aplicar en el área de la teología y propusimos como el tema para mi investigación hacer un análisis de la evidencia histórica para la resurrección de Jesús. También decidimos al mismo tiempo ir por el doctorado en teología.

Luego comenzamos a orar en la mañana y en la noche para que Dios nos diera esta beca. A veces yo podía creer que Dios haría tal cosa, pero entonces se me caía el corazón cuando me ponía a pesar en ese panel de 80 científicos alemanes en Boon evaluando las aplicaciones y tomando la propuesta sobre la evidencia histórica para la resurrección de Jesús.

Se tomaría alrededor de nueve meses para que la fundación evaluara las aplicaciones y mientras tanto nuestro contracto de casa se estaba venciendo, de modo que necesitábamos salir de la casa en Birmingham. De manera que le dije a Jan, “Cariño, te has sacrificado bastante durante mis estudios. Vamos a hacer algo que te gustaría hacer. ¿Qué realmente te gustaría hacer?”

Ella dijo, “Siempre he querido aprender francés. Tuve que retirar mi clase de francés cuando estaba en la universidad porque me enfermé, y siempre me he sentido mal de que no pude aprender francés.”

Le dije, “Está bien. Vamos a Francia y nos inscribimos en una escuela de francés.”

Por lo tanto, comenzamos a mirar las posibilidades. La obvia era la Alianza Francesa, que es la escuela oficial de idioma en Francia. Pero la opción mucho más interesante era el Centre Missionnaire en Albertville, una escuela cristiana de idiomas enclavada en los Alpes Franceses para entrenar misionarios extranjeros para ir a los países que hablan francés. Ellos hacían énfasis de aprender para realmente hablar francés con la menor cantidad de acento extranjero posible, como también a leerlo y escribirlo, juntamente con todo el vocabulario bíblico y teológico que únicamente una escuela cristiana puede proporcionar.

Así que le escribimos al Centre Missionnaire, pidiendo si podíamos estudiar allá. Para nuestra consternación, ellos respondieron informándonos que los candidatos tenían que ser misioneros que oficialmente estuvieran sirviendo en el extranjero. Además, el curso iba a costar unos miles de dólares. Bueno, no teníamos esa cantidad de dinero. Ya habíamos gastado casi todo el dinero que nos dio el hombre de negocio para hacer el doctorado en Birmingham.

Luego le escribí otra vez al Centre Missionnaire explicándole nuestra situación económica. También le expliqué que aunque oficialmente no éramos misioneros, queríamos servir al Señor e incluimos una carta de recomendación que escribió uno de los ancianos en la iglesia Brethren, a la que asistíamos en Birmingham. Después de eso básicamente se me olvidó.

Transcurrió el tiempo y ninguno de mis esfuerzos para encontrar un trabajo se había materializado. Tuvimos que enviar todas nuestras pertenencias a la casa de mis padres en Illinois. En una semana teníamos que mudarnos de nuestra casa en Birmingham y no teníamos ningún lugar a donde ir.

Me acuerdo caminar un día al buzón para buscar las cartas. Encontré una carta que venía del Centre Missionnaire. La abrí con poco ánimo y la leí. Luego mis ojos de repente se abrieron por completo mientras leía lo que decía. “Realmente no nos importa si ustedes son misioneros siempre y cuando ustedes quieren servir al Señor. Y en lo que al dinero se refiere, sólo paguen lo que puedan, y nosotros confiamos en Dios para lo demás.” ¡Increíble!

Una vez más nos sentimos como si Dios nos hubiera arrancado de manera milagrosa y transportado a otro país para hacer su voluntad. Luego supimos que el Centre había rechazado misioneros que iban a pagar y en un lugar nos aceptó a nosotros. Nos fuimos a Francia con un sentir profundo de que era una comisión divina y así nos lanzamos al estudio de idioma. Fue increíblemente riguroso, pero al final de los primeros ocho meses de estar allá yo estaba predicando en francés en nuestra pequeña iglesia y Jan trajo nuestros vecinos franceses a Cristo.

Nuestro entrenamiento en francés iba a concluir en agosto y todavía en julio no habíamos escuchado nada de Humboldt Stiftung. Entonces un día recibimos una carta de Humboldt Stiftung. El único problema era que la carta estaba en alemán y con mi alemán que estudié en la secundaria y que no había practicado por mucho tiempo, no estaba seguro de lo que decía.

Así que agarramos la carta y corrimos al pueblecito a una pequeña librería, donde encontramos un diccionario franco-alemán. Mientras nos paramos allí lentamente traduciendo la carta al francés, esperando contra la esperanza, no pudimos sostener el entusiasmo. “Nos complacemos en informarle que usted se le ha otorgado una beca de la Fundación Alexander von Humboldt para estudiar la historicidad de la resurrección de Jesús bajo la dirección del Profesor Dr. Wolfhart Pannenberg en la Universidad de Munich.” ¡Así que por los siguientes dos años el gobierno alemán me pagó para estudiar la evidencia histórica para la resurrección de Jesús! ¡Increíble! ¡Absolutamente increíble!

Jan y yo llegamos a Alemania un día frío de enero para iniciar cuatro meses de estudios del idioma en Instituto Goethe en Göttingen, una pequeña ciudad universitaria próxima a la frontera de Alemania Oriental. Habíamos escogido Göttingen porque el “alto alemán” que se habla por las personas comunes en esa región, opuesto a un dialecto local. Es increíble lo mucho que uno puede aprender en cuatro meses cuando se está inmerso totalmente en el idioma. Empleamos una estudiante universitaria llamada Heidi para que nos ayudara con nuestra pronunciación. Con mis estudios post doctoral en Munich aproximándose, estábamos más que motivados de aprender alemán. Después de un par de meses, estábamos decididos a sólo hablarnos en alemán hasta las 8:00 p.m., cuando cambiábamos a inglés. (Es chistoso, pero aún cuando uno sabe el significado de las palabras, “Ich liebe dich” no expresa el mismo sentimiento que la expresión “te amo” a una persona de la cual su idioma natal sea español).

Al pasar de los cuatro meses, yo había terminado la clase avanzada con la calificación más alta de “1,” y Jan, que su conocimiento del alemán cuando comenzamos no había avanzado más allá de “eins, zwei, drei,” podía conversar libremente con los tenderos y con las personas en nuestra comunidad. Una noche ella me sorprendió durante la cena en el Instituto Goethe. Hay un refrán alemán, “ohne Fleis, kein Preis” (Sin esfuerzo, no hay recompensa). Así que durante la cena Jan le preguntó a un hombre turco que estaba a su lado (en alemán) que le pasara la carne. Pero el le mostró el plato de servir vacío y en lugar le ofreció el tazón de arroz. A lo que ella de inmediato respondió, “Danke, nein! Ohne Fleisch, kein Reis!” (¡No Gracias! No arroz, sin carne). ¡Casi me caigo! ¡Allí estaba ella haciendo juego con palabras en alemán!

Tengo que admitir que parece un poco loco pasar nueve meses aprendiendo francés justamente antes de salir para hacer mis estudios doctorales en Alemania. Pero la providencia del Señor es maravillosa. El primer día que me presenté en el departamento de teología de la Universidad de Munich para dialogar con el Profesor Dr. Pennenberg, él me levó a la biblioteca del departamento y sacó tres libros del estante y dijo, “¿Por qué no comienza con estos?” ¡Para mi sorpresa, dos de los tres estaban en francés! Pensé, “¡Alabado seas Señor!” No podría haberle dicho a Pannenberg que no hablaba francés. Eso sería equivalente a haber dicho que no estaba calificado para hacer la investigación. Dios sabía lo que Él estaba haciendo.

Haber hecho mi doctorado en teología bajo la dirección de Pannenberg fue la cosa más difícil que he hecho en mi vida. Yo tuve hasta que pasar un examen calificativo en latín para obtener el título, lo que hizo necesario que tomara latín en alemán. Pero al final de nuestro tiempo en Munich, había aprendido tanto de la resurrección de Jesús que estaba a mundo de distancia de donde estaba cuando llegamos al principio. Como cristiano, por supuesto que creía en la resurrección de Jesús, y estaba familiarizado con la apologética popular a favor de ella; pero estaba totalmente sorprendido de descubrir como resultado de mi investigación lo sólido que puede ser elaborar un caso histórico a favor de la resurrección. Otra vez, tres libros salieron de esa investigación, uno que sirvió como mi disertación para mi segundo doctorado, esta vez en teología de la Universidad de Munich.

Desde entonces, yo he tenido la oportunidad de debatir algunos de los principales eruditos escépticos del mundo del Nuevo Testamento como John Dominic Crossan, Marcus Borg, Gerd Ludemann y Bart Ehrman, como divulgadores de libros best-sellers como John Shelby Spong, sobre la historicidad de la resurrección de Jesús. Con toda objetividad, tengo que decir que estoy indignado con lo impotente que están esos eminentes eruditos con lo que trata con refutar la evidencia a favor de la resurrección de Jesús.

Con mucha frecuencia, y hago énfasis, con mucha frecuencia, resultan ser las consideraciones filosóficas y no lashistóricas, las que están a raíz de su escepticismo. Pero, por supuesto, esos hombres no están entrenados en filosofía y por eso comenten errores de aficionados, los cuales un filósofo entrenado puede localizar con facilidad. Estoy muy agradecido que el Señor en Su providencia nos llevo, primero, a hacer un trabajo doctoral en filosofía antes de darnos la vuelta a hacer un estudio de la resurrección de Jesús, ya que es realmente la filosofía y no historia lo que apoya el escepticismo de los críticos radicales.

Por lo tanto, estamos muy agradecidos por la manera en la que el Señor nos ha guiado de forma maravillosa, ya que dimos un paso de fe, y nos equipó más allá de lo que nos podíamos imaginar para hacer su obra.

- William Lane Craig