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#22 ¿Debe el Ateo Ser Omnisciente?

February 15, 2013
P

He escuchado a algunos filósofos cristianos explicar que el ateísmo es insostenible porque filosóficamente/lógicamente uno no puede proponer un negativo absoluto. Además, la certeza absoluta de que no hay Dios quiere decir que uno tendría que ser omnisciente. ¿Cómo responderíamos cuando alguien dice lo mismo acerca del teísta? ¿No tendrían un teísta que ser omnisciente para estar cierto de que Dios existe? Gracias,

Annissa

United States

Respuesta de Dr. Craig


R

He escuchado que se arrojan esas dos afirmaciones en discusiones de apologéticas populares, Annissa, y me encuentro que ninguna de ella es convincente.

Irónicamente, la primera afirmación regularmente se encuentra en los labios de ateos, quienes buscan excusarse de llevar alguna parte de la carga de la prueba en la discusión. Por lo normal, la afirmación es que una negativa universal no se puede probar y por lo tanto la afirmación de que “No hay Dios” no se puede demostrar o probar. La segunda afirmación se da típicamente como la razón del por qué un negativo universal no puede ser probado: no importa cuanto conocimiento usted haya adquirido, siempre habrá más hechos que usted todavía desconoce y tal vez la excepción se encuentre en esos hechos. Por lo tanto, nadie nunca puede probar de que no hay Dios. Contrario a toda la lógica, esto de una manera se interpreta, no como una admisión de que el ateísmo no se puede defender, ¡sino como una demostración de que no tiene necesidad de una defensa!

Desafortunadamente, el argumento está erróneo en varios puntos.

En primer lugar, los enunciados negativos cuantificados universalmente pueden ser probados. Hacemos eso todo el tiempo. Cuando hacemos enunciados acerca de “todos” o de “ninguno”, estamos hablando de lo que es el caso con respecto a cierto dominio o esfera. Estamos diciendo que todos o ninguno de los miembros de ese dominio tienen o tiene cierta propiedad. Si el dominio es muy grande, con confianza puedo hacer enunciados afirmativos o negativos cuantificados universalmente. Por el ejemplo, estoy en plena confianza de que “Ningún Senador de los Estados Unidos es musulmán.” O otra vez, si tengo una muestra típica del dominio, puedo hacer inferencias inductivas sobre la base de la evidencia de la muestra en la totalidad, aun si el dominio total es demasiado grande para que yo haga un sondeo. Por ejemplo, tomando como mi dominio todos los microbios de la Tierra, puedo afirmar con confianza que “ninguno de los microbios tiene cerebro.”

Ahora bien, alguien podría decir que mientras haya que admitir que es verdadero que los enunciados negativos universales a veces pueden ser probados, el punto aún permanece de que en el caso de Dios, el dominio es muy grande y nuestra muestra es muy pequeña para llegar a cualquier conclusión negativa. Pero las personas que postulan este argumento parecen pensar que la manera que alguien determina si Dios existe es tomando un tipo de sondeo universal para ver si algo que responde a la descripción de Dios existe en algún lugar. Sin embargo, hay otras maneras de llegar a un conocimiento de declaraciones negativas cuantificadas universalmente que haciendo un sondeo inductivo.

Por ejemplo, podemos tener conocimiento de enunciados negativos cuantificados universalmente sobre la base de las propiedades esenciales de las cosas; por ejemplo, “ninguna molécula del agua está compuesta por CO2.” (Aun si algo pareciera y se comportara justamente como agua pero estuviera hecha de CO2, eso no sería agua sino una sustancia que se parece al agua). O si podríamos mostrar que una noción es lógicamente imposible, sabríamos que esta no existe. Por ejemplo, “No existen solteros casados.” De manera significativa, muchos ateos han intentado tomar esa ruta para probar que Dios no existe. Ellos argumentan que la idea de un ser todo-poderoso o todo-sapiente es lógicamente incoherente.

Además los ateos típicamente van a presentar argumentos deductivos en contra de la existencia de Dios, los cuales van a eliminar la existencia de Dios sin hacer un sondeo inductivo. Por ejemplo, el ateo podría argumentar:

 

 

1. Si Dios existe, la maldad gratuita (innecesaria, sin propósito) no existe.

2. La maldad gratuita existe.

3. Por lo tanto, Dios no existe.

 

 

Si las premisas de este argumento son verdaderas, entonces se deduce que Dios no existe.

El punto es que no es del todo imposible probar los enunciados negativos cuantificados universalmente y los ateos han tratado históricamente de presentar argumentos no inductivos para demostrar que no hay Dios.

En segundo lugar, el enunciado “Dios no existe” no es un enunciado cuantificado universalmente. Cuando el teísta afirma que “Dios existe,” la palabra “Dios” está siendo utilizada como un nombre propio y no como un nombre común. Ese no es un enunciado como el enunciado “los perros existen” sino más bien como la declaración “Lassie existe.” Para probar que Dios no existe, uno no necesita probar que ningún dios existe. Nuestro interés es en un ser específico y no en todos los otros seres que podrían haber sido imaginados o adorados en todo el mundo. Así que la afirmación “Dios no existe” realmente es una afirmación singular, similar a decir “Sherlock Holmes no existe” o “Harry Potter no existe.” Nadie piensa que las afirmaciones negativas singulares no se pueden probar.

Por lo tanto, si esta afirmación está siendo hecha por el ateo que trata de evadir el llevar la carga de la prueba o por el cristiano apologista que intenta mostrar que el ateísmo es inherentemente indemostrable, creo que la afirmación es falsa. Por supuesto, la certeza absoluta no está disponible, pero eso es realmente un arenque rojo, ya que no tenemos certeza absoluta acerca de casi nada. Exigir una certeza absoluta solamente va a conducir a un escepticismo insostenible.

Ahora en cuanto a la pregunta que usted hace de si o no este argumento le falla al teísta, me parece que sí. A primera instancia podría parecer que hay una asimetría entre el teísta y el ateo. Si uno tiene conocimiento de que Dios existe, entonces no importa de cuales hechos caen afuera del dominio del conocimiento de uno—usted aún conoce el hecho de que Dios existe. Pero si uno no tiene conocimiento del hecho de que Dios existe, entonces tal vez el hecho yace afuera del dominio del conocimiento de uno. Para ilustrar eso, si usted se encontrara un mármol de oro, entonces usted sabe que los mármoles de oro existen, a pesar de cuales hechos están afuera de su campo limitado de conocimiento. Pero si usted no ha encontrado un mármol de oro, eso no constituye una buena razón para pensar que los mármoles de oro no existen, ya que tal vez la evidencia a favor de su existencia yace afuera del campo limitado de conocimiento.

La debilidad en este razonamiento es que el ateo podría tener, no meramente ningún conocimiento de la existencia de Dios, sino un conocimiento positivo del hecho que Dios no existe y entonces él, también, conocería ese hecho a pesar de cuales otros hechos yacen afuera del dominio o esfera de su conocimiento. Por lo tanto, ni el teísta ni el ateo necesita ser omnisciente para saber lo que él afirma saber o conocer.

Ahora bien, esa respuesta podría parecer no captar el punto. El punto, uno podría decir, es que el teísta podría estar justificado sobre la base de su conocimiento limitado en creer que Dios existe, mientras que el ateo nunca puede estar justificado sobre la base de la evidencia limitada en creer que Dios no existe.

Pero, como ya hemos visto, no hay una buena razón para pensar que ese sea el caso. El argumento presupone que la manera que uno llega a un conocimiento de Dios es al hacer un tipo de sondeo inductivo y ver si Dios sale en la red. De hecho, las situaciones de las evidencias del teísta y del ateo parecen simétrica. Afuera del campo de conocimiento del ateo, podría yacer la evidencia de que Dios existe, pero en el mismo sentido, afuera del campo de conocimiento del teísta, podría yacer la refutación de la existencia de Dios.

El punto es que no tenemos otra opción sino de irnos sobre la base del conocimiento y de la evidencia que sí tenemos—de la misma manera que lo hacemos en todos los otros asuntos de la vida.

- William Lane Craig