#448 Consecuencialismo y el problema del mal
November 21, 2015Estimado William Craig
Imagínese que estamos en lo que es hoy el sur de Alemania unos cien años antes del nacimiento de Jesús. Cierto bandido, Richard, muy perdido en la historia, acaba de saquear un pueblo y de matar a todos sus habitantes, con excepción de una persona. Ese último sobreviviente, una mujer embarazada llamada Ángela, él encuentra escondida en una casa a punto de ser quemada. Por un capricho de compasión, él ordena que su vida sea preservada.
Pero quizás, no debió haberlo hecho. Pues supongamos que Ángela era la bisabuela de Adolf Hitler. Los millones de víctimas de Hitler eran, por tanto, también víctimas de Richard por haberle preservado la vida a Ángela.
Tal vez, si Richard hubiera matado a Ángela, Peter el hijo de ella se hubiera vengado, de esa manera causando que la esposa (viuda) de Richard, Samantha, se re-casara con Francis. Y tal vez si todo esto hubiera sucedido, Francis y Samantha hubiera tenido un descendiente 115 generaciones después, Malcolm Truly Appalling, quien habría conquistado el mundo y, al hacerlo, hubiese cometido crímenes muchos más extensos y terribles que los de Hitler. Por lo tanto, las consecuencias inmediatas de una acción (como matar a un aldeano inocente) pueden ser abrumados por las consecuencias miles de años en el futuro, que nadie pudo prever razonablemente. Tal vez conocí a alguien en un bar la semana pasada, cuya progenie 2,000 años en el futuro va a provocar la extinción humana. Eso implicaría que la peor cosa que he hecho en toda mi vida fue abstenerme de asesinar a ese conocido en el bar. Esto parece implicar que básicamente, no hay manera de saber si usted está tomando las decisiones éticas correctas.
Entonces, ¿cómo usted sabe si o no usted está tomando la decisión ética correcta? Parece ser un poco problemático saber si usted cometió un pecado, ya que su pecado (por ejemplo matar) pudiera ser el mayor bien para la humanidad.
Gracias,
John
Federación Rusa
Respuesta de Dr. Craig
R [
Escogí tu pregunta reflexiva, John, ya que ella tiene un peso importante en dos temas: la teoría ética y el problema del mal.
En primer lugar, tu pregunta expone un error fatal en las teorías éticas consecuencialistas como el utilitarismo, el cual dice que nuestro deber moral es hacer las acciones que traen la mayor felicidad para el mayor número de personas. Sam Harris, por ejemplo, es un consecuencialista, quien dice que deberíamos actuar de una manera que logre el mayor florecimiento de la vida consciente.
Como muestran tus ilustraciones, eso es una receta sin esperanza, ya que debido a nuestras limitaciones inherentes, simplemente no estamos en posición para hacer esas evaluaciones. Entonces, tienes razón de que en la perspectiva consecuencialista, “básicamente, no hay manera de saber si usted está tomando las decisiones éticas correctas”.
Por el contrario, en la llamada perspectiva deontológica, nuestras decisiones deben ser guiadas por ciertos principios morales, las cuales podemos conocer/saber que son verdaderas sin tener que mirar hacia el futuro para ver los resultados de nuestras decisiones. Una versión teísta de esa teoría considerara a estos principios como constituidos por los mandamientos de Dios para el comportamiento moral. Deberíamos trabajar (por ejemplo, en respuesta a la pregunta de Albert Camus en el libro “La Peste”) para aliviar el sufrimiento causado por la enfermedad porque eso es lo que se nos ha ordenado a hacer, sin especulación sobre los propósitos de Dios al permitir la plaga.
Ahora bien, por supuesto, a veces la aplicación de estos principios morales va a requerir que nosotros consideremos las consecuencias de nuestras acciones—por ejemplo, ¿a quién deberíamos tratar primero en la peste?—pero eso aun no es consecuencialismo porque lo correcto o incorrecto de esas acciones no está determinado solo por sus consecuencias. Incluso si las vicisitudes de la historia de infectar deliberadamente a alguien con la enfermedad deba traer un gran beneficio para la humanidad, aun sería moralmente malo cometer semejante atrocidad.
Así que el teísta no tiene ningún problema sabiendo "si usted cometió un pecado, ya que su pecado (por ejemplo matar) pudiera ser el mayor bien para la humanidad”. Si tú asesinaras a una persona inocente, tú quebrantarías o violarías el mandamiento de Dios y, por lo tanto, habrías pecado, independientemente del gran bien que pudiera venir por esa acción.
Esto tiene relevancia para el problema del mal, ya que tal como no estamos en posición para evaluar los resultados finales de nuestras decisiones/elecciones, tampoco estamos en buena posición para juzgar que Dios no tiene razones moralmente suficientes para permitir alguna instancia del sufrimiento en el mundo. Dios ve el final de la historia desde su comienzo y providencialmente dirige un mundo de personas libres hacia Sus finales previstos a través de las elecciones (o decisiones) libres que ellos hacen. Para tomar prestado tu ejemplo, al permitir que alguien sea asesinado en el bar el pasado fin de semana, Dios pudiera haber evitado la extinción de la raza humana 2,000 años a partir de ahora. Observemos que eso no es el consecuencialismo: eso no es decir que tú deberías haber asesinado la persona en el bar o que su asesinato no estaba mal y que era un pecado. Eso es decir que Dios puede tener razones moralmente justificadoras para permitir que ocurran males [en el mundo]. Ellas son cosas malas; pero son justamente permitidas. La suposición de aquellos que no ven esto es que "Lo que no debería ser, no se debería permitir". Este principio es falso. Puede que hay actos genuinamente malos, cosas que no deberían ser, y aun así nosotros—y Dios—podemos estar moralmente justificados por permitir que ellos ocurran.
Cuando pensamos en la providencia de Dios sobre toda la historia humana, podemos ver lo inútil que es especular sobre si o no Dios probablemente no tenga razones moralmente suficientes para permitir que sucedan cosas malas. No estamos en una mejor posición para hacer esos juicios que la que estamos para hacer juicios sobre los resultados finales de nuestras decisiones.
- William Lane Craig