English Site
back
5 / 06

#732 ¿Cómo sé si voy a perseverar?

December 14, 2021
P

Vengo teniendo dudas sobre mi fe. Aquí le presento mi preocupación. ¿Cómo sé si siempre permaneceré en la fe en Cristo y que no voy a descubrir algún argumento o hecho que destruya mi fe? Leo relatos de cristianos que, por alguna razón, han abandonado su fe. Sería correcto presumir que esas personas nunca fueron salvas en primer lugar, ¿cierto? Bueno, ¿cómo puedo saber si no hay alguna información, alguna experiencia de vida o algo que destruiría mi fe? No quiero haber creído que fui cristiano toda mi vida, solo para descubrir después de mi muerte que era como una de esas personas, excepto que nunca experimenté ningún detonante que me llevó a denunciar abiertamente el cristianismo. Esas personas, a menudo, parecen extremadamente apasionadas por el evangelio al principio, hasta que con el tiempo se extravían, ya sea porque sucede algo terrible que les hace perder la fe en Dios o porque creen que algún descubrimiento histórico o científico refuta el cristianismo. He estado leyendo muchas obras apologéticas y tengo bastante conocimiento para ser una persona común y corriente.

Por ahora, tengo confianza en mi fe en Cristo. Sin embargo, me preocupa que mi conocimiento esté demasiado en mi cabeza y que, en algún momento en el futuro, algo me haga perder la fe. No quiero ese tipo de fe. Quiero una fe con una garantía de 100% de que nunca me perderé. ¿Cómo puedo estar seguro de que soy genuinamente salvo y no un falso cristiano?

Bob

Estados Unidos

Respuesta de Dr. Craig


R

Bob, tu pregunta tiene muchas facetas y se puede abordar de muchas formas.

En primer lugar, como expliqué en mis clases de Defensores sobre la Doctrina de la Salvación, partes 18-21 [en inglés], creo que el Nuevo Testamento enseña que los cristianos regenerados pueden descarriarse y perder su salvación. Así que no estoy de acuerdo contigo en que los cristianos que, por una razón u otra, han renunciado a su fe «nunca fueron salvos en primer lugar». Al contrario, creo que fueron salvos, pero cuando se descarriaron, perdieron su salvación. Piense detenidamente en la advertencia dada por el autor de Hebreos contra la apostasía:

Porque en el caso de los que fueron una vez iluminados, que probaron del don celestial y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, que gustaron la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero,  pero después cayeron, es imposible renovarlos otra vez para arrepentimiento, puesto que de nuevo crucifican para sí mismos al Hijo de Dios y le exponen a la ignominia pública. (Hebreos 6:4-6, LBLA.)

Parece claro que él está describiendo aquí a un cristiano genuinamente regenerado, no a un cristiano falso y no regenerado. El peligro de la apostasía es muy real y es algo que todo cristiano verdadero debe tomarlo en serio.

Ahora bien, esta doctrina podría parecer, al principio, robarnos la certeza de la salvación. Sin embargo, lo opuesto es cierto. Recuerdo que mi profesor de teología, Clark Pinnock, comentó una vez que si Hebreos 6:4-6 describiera a alguien que no fue regenerado, ¿qué certeza tendría cualquiera de nosotros de ser regenerado? Como tu carta ilustra de manera tan poderosa, la persona que piensa que tal descripción podría aplicarse a alguien que no ha sido regenerado, de camino al infierno, podría sentirse abrumada por las dudas de que él es verdaderamente salvo, a pesar de su fe viva y segura. En contraste, puedes estar seguro de que eres salvo, basándote en el testimonio del Espíritu Santo con tu espíritu de que eres hijo de Dios (Romanos 8: 15-17).

Con la misma base, puedes estar seguro de que nunca «descubrirá ningún argumento o hecho que destruya [tu] fe». Incluso si encuentras objeciones o refutaciones [derrotadores] a tu fe cristiana que personalmente no puedas refutar, el testimonio del Espíritu Santo es una refutación intrínseca de la refutación que simplemente abruma las refutaciones dirigidas contra la fe cristiana al superarlas en la cuestión de la garantía.

Por lo tanto, nadie va apostatar debido a dificultades intelectuales con la fe cristiana. Más bien, el verdadero enemigo al que debes temer es el pecado. El pecado puede llevarnos a abandonar al Dios vivo (Hebreos 3:12). Por lo tanto, debemos guardarnos del pecado y depender diariamente del Espíritu Santo para llenarnos y fortalecernos. Lamento decepcionarte, Bob, pero no hay una garantía del 100% contra la pérdida de fe. Pedro pensó que tenía tanta fe. «Aunque todos se aparten por causa de ti, yo nunca me apartaré» (Mateo 26:33). Y mira adónde lo llevó. En contraste, Pablo no tenía ese tipo de fe. Él quería conocer a Cristo:

a fin de llegar a la resurrección de entre los muertos. No que ya lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús.  Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante,  prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.  Así que todos los que somos perfectos, tengamos esta misma actitud; y si en algo tenéis una actitud distinta, eso también os lo revelará Dios. (Filipenses 3: 11-15)

No deberíamos, como Pedro, tener una fe presuntuosa de que nunca fallaremos, sino, más bien como Pablo, confiar diariamente en Cristo para tener la fuerza para perseverar.

Afortunadamente, las Escrituras nos dan consejos sobre cómo perseverar. 2 Pedro 1:5-11 nos exhorta:

Por esta razón también, obrando con toda diligencia, añadid a vuestra fe, virtud, y a la virtud, conocimiento;  al conocimiento, dominio propio, al dominio propio, perseverancia, y a la perseverancia, piedad,  a la piedad, fraternidad y a la fraternidad, amor.  Pues estas virtudes, al estar en vosotros y al abundar, no os dejarán ociosos ni estériles en el verdadero conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Porque el que carece de estas virtudes es ciego o corto de vista, habiendo olvidado la purificación de sus pecados pasados.  Así que, hermanos, sed tanto más diligentes para hacer firme vuestro llamado y elección de parte de Dios; porque MIENTRAS HAGÁIS ESTAS COSAS NUNCA TROPEZARÉIS;  pues de esta manera os será concedida ampliamente la entrada al reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Cultivar estas virtudes espirituales en tu vida será la mejor garantía de que perseverará hasta el final.

- William Lane Craig