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¿El equilibrio entre los que se salvan y los que se pierden depende de nuestra obediencia a la Gran Comisión de Cristo?

Summary

Como seguimiento de la solución mía del conocimiento medio al problema del exclusivismo cristiano, pregunto si el problema no ocurre una vez más de otra manera bajo las siguientes preguntas: ¿no es el caso de que el equilibrio entre los que se salvan y los que se pierden depende del grado al cual nosotros los cristianos obedecemos a la Gran Comisión del Señor de llevar el evangelio a todas las naciones? Si es así, entonces ¿no es esa conclusión tan moralmente objetable como la afirmación de que el destino eterno de las personas depende de los accidentes históricos de la época y el lugar donde esas personas nacieron? Sostengo que tal conclusión no se deduce de ahí porque, dado el divino conocimiento medio y la providencia, no podría estar dentro de nuestro poder de producir un mejor equilibrio entre los que se salvan y los que pierden.

En la interrelación del cristianismo evangélico y otras religiones, el principal obstáculo para muchos es la afirmación del cristianismo de que la salvación está disponible exclusivamente a través de Jesucristo. Pero, ¿cuál es exactamente el supuesto problema con esta afirmación? La dificultad central que plantea la doctrina del exclusivismo cristiano [exclusividad del cristianismo], me parece a mí, es de índole contra-fáctico o contrafactual por naturaleza: incluso si se admite que Dios, por medio de la revelación general o especial, ha otorgado la gracia suficiente a todas las personas para que se salven (si es que desean aceptarla), aun así, algunas personas que, de hecho, rechazan libremente la revelación general de Dios, se podrían quejar diciendo que habrían respondido afirmativamente a Sus iniciativas si tan solo se les hubiera concedido el beneficio de Su revelación especial en el Evangelio. Si Dios es omnibenevolente, ciertamente Él debe, al parecer, proveerles a todas las personas la gracia no solamente suficiente, sino también eficaz para que se salven. Pero entonces el exclusivismo cristiano es incompatible con la existencia de un Dios omnipotente y omnibenevolente.

En obras que he publicado anteriormente,[1] he argumentado que para este desafío, el molinista podría responder diciendo que es posible que no haya un mundo viable para Dios en el que todas las personas respondan libremente a Sus iniciativas de gracia y, por lo tanto, se salven. Dada la verdad de ciertos contrafácticos de libertad de las criaturas (o libertad creatural), es posible que Dios no tuviera dentro de Su poder realizar un mundo en el que todas las personas respondan afirmativamente a su oferta de salvación. Pero en Su omnibenevolencia, Él ha materializado o traído a la realidad un mundo que contiene un equilibrio óptimo entre los que salvan y los que no se salvan. Dios en Su providencia ha ordenado el mundo de una forma de que a medida que el evangelio cristiano salía de la Palestina del primer siglo, todas las personas que iban a responder libremente a él, si lo escucharan, lo escucharon, y todos los que no lo escuchan son personas que no lo hubieran aceptado aun si lo hubieran escuchado. De esa manera, el exclusivismo cristiano pudiera ser visto como compatible con la existencia de un Dios omnipotente y omnibenevolente. 

En una respuesta muy interesante a la propuesta solución del conocimiento medio[2], William Hasker se imagina a un misionero veterano, Pablo, y a un misionero potencial, Pedro, entablados en un pensamiento reflexivo. Pablo se hace las siguientes dos preguntas:

 (A) ¿Hay personas a las que yo no les prediqué y que se van a perder, los cuales se habrían salvado si yo hubiera llegado hasta ellos con el Evangelio? 
 

(B) ¿Hay personas que se han salvado como resultado de mi predicación, que no se habrían salvado si nunca hubieran escuchado el Evangelio?

Estando informado de la solución del conocimiento medio que propongo, Paul concluirá, dice Hasker, que la respuesta a (A) es, con toda probabilidad, "No". Ya que dado:

1. Dios ha materializado [traído a la realidad] un mundo que contiene un equilibrio óptimo entre los que salvan y los que no se salvan en el cual no todos se salvan, y aquellos que no se salvan no habrían creído el Evangelio [incluso] si lo hubieran escuchado.

(y suponiendo, por hipótesis, que nadie más lleva el evangelio a la tribu no alcanzada en cuestión), se deduce que aquellos a quienes Pablo no les predicó probablemente no se habrían salvado incluso si Pablo hubiera llegado a ellos con el Evangelio. Hasker concluye que si, por lo tanto, Pablo hubiera ido a la tribu con el evangelio, ello "no habría tenido un resultado de conversiones".[3]

En mi respuesta a Hasker, señalé que esta conclusión es demasiado apresurada.[4] A pesar de que debería estar de acuerdo en que es plausible tener una respuesta negativa a (A), por lo tanto, no se deduce de eso que si Pablo hubiera llevado el evangelio a la tribu no alcanzada, no se habría producido ninguna conversión. Puesto que si Pablo hubiera ido a ellos con el Evangelio, Dios, a través de Su conocimiento medio, habría sabido esto lógicamente antes de Su decreto de crear un mundo y, de esa manera, podría haber decretado crear diferentes personas en la tribu los cuales Él sabría que responderían afirmativamente al mensaje de Pablo. Por lo tanto, si Pablo hubiera ido a la tribu, es muy posible que pudiera haber habido conversiones. No nos debemos olvidar que, partiendo de la perspectiva molinista, esos asuntos son una cuestión del plan providencial de Dios, no de una mera casualidad. Por lo tanto, si Pablo hubiera ido a la tribu, es probable que pudiera haber habido conversiones, pero el hecho que él no pudo ir a ellos no produjo que nadie se perdiera quien de lo contrario se hubiera salvado.

Pero eso conlleva naturalmente a la pregunta (B) de Pablo. Hasker afirma que con toda probabilidad la respuesta a pregunta (B) es "Sí". "No hay razón para dudar de que, en la gran mayoría de los ejemplos, aquellos que responden al Evangelio en fe se salvan específicamente porque han sido evangelizados y no se habría salvado de otra manera”.[5] Sin embargo, esta afirmación contiene una ambigüedad que merece ser observada. Hasker interpreta que esta afirmación significa que si Pablo no hubiera ido a ellos, muchos de los que se salvaron por medio de su ministerio "se habrían perdido de otra manera".[6]  Pero tal conclusión no se deduce de ahí. Suponiendo una vez más, por hipótesis, que si Pablo no les hubiera predicado el Evangelio a esas personas y ninguna otra persona lo hubiera hecho, podemos estar de acuerdo en que la mayoría de ellos no se habrían salvado. Pero eso no implica que la mayoría de ellos se hubieran perdido. Más bien, Dios, sabiendo a través de Su conocimiento medio que Pablo no iría a las tribus en cuestión, tal vez no habría puesto allí a las personas que Él, de hecho, puso, sino que habría creado otras personas que Él sabía que no responderían al evangelio incluso si lo escucharan.

Por lo tanto, si Pablo no les hubiera predicado a las tribus como lo hizo, las personas que se salvaron bajo su ministerio no se habrían salvado, pero tampoco se habrían perdido. Por otro lado, quizás es cierto que las personas que se salvaron bajo el ministerio de Pablo se habrían perdido si él no hubiera ido a ellas; pero eso no importa: puesto que Dios sabía a través de Su conocimiento medio que Pablo, bajo las circunstancias previstas, iría a esas personas, Dios puso en las aldeas a personas que Él sabía que se perderían si Pablo no hubiera ido, estando así absolutamente cierto que Pablo sí iría a ellas y esas personas se salvarían.

Por lo tanto, Pablo puede, de hecho, estar tranquilo en sus reflexiones: él puede tener la certeza en creer que, como resultado de su alcance misionero, habrá personas en el cielo que, de él no haber ido a ellos, no hubieran estado allí, ya que Dios entonces habría sabido de antemano el hecho de que Pablo no iría ido a ese lugar y, por eso, en Su providencia no habría puesto en ese lugar a las personas que él puso. Por otro lado, Pablo no necesita llevar la carga de culpabilidad y preocupación sobre sí pensando que si simplemente hubiera ido a otra tribu, a la cual no pudo llegar, se habrían salvado personas que, en cambio, se perdieron. Él puede estar seguro de que las personas se salvaron por medio de su trabajo ministerial, pero que nadie se perdió por medio de su pereza.

Vayamos ahora a Pedro, quien está considerando dejar el pastorado para convertirse en un misionero en el extranjero. Él también se hace dos preguntas:

 (C) Si yo tuviera que ir al campo misionero y predicarles a aquellos que de otra manera nunca escucharían el Evangelio, ¿hay personas que se salvarían como resultado de mi predicación, que de lo contrario se perderían? 
 

(D) Si yo no pudiera ir al campo misionero, ¿hay personas a las que yo, como resultado, no predicaría que se perderían, pero que se salvarían si yo llegara a ellas con el Evangelio?

En respuesta a (C), Hasker responde afirmativamente, ya que, según la perspectiva del conocimiento medio, Dios ha ordenado providencialmente al mundo de una manera que las buenas nuevas de salvación serán traídas a personas que Dios sabía que responderían si las escucharan. Pedro puede suponer con toda justificación que la respuesta a (C) es "sí" debido a que en la mayoría de los casos, Dios habrá dispuesto providencialmente de que las personas receptivas a las buenas nuevas de salvación estén entre las posibles audiencias de Pedro.

Pero la formulación de Hasker de (C) es problemática. En primer lugar, la pregunta está mal formulada, combinando los modos subjuntivos e indicativos. Como un condicional deliberativo, tanto el antecedente como el consecuente debería estar en el modo subjuntivo. En segundo lugar, la pregunta equipara falsamente "no salvarse" con "perderse". Pero hemos visto que bajo ciertas circunstancias las personas a las que Dios ha creado no habrían sido creadas, en cuyo caso ellas no se habrían salvado, pero tampoco ellas se habrían perdido. La verdadera pregunta que Pedro se debería hacer es:

C′) Si yo fuera al campo misionero y predicara a aquellos que de otra manera nunca escucharían el Evangelio, ¿habría personas que se salvarían como resultado de mi predicación, que de lo contrario no se salvarían?

Ahora bien, al sopesar un condicional deliberativo, generalmente suponemos que su antecedente es verdadero. Al hacer eso, Pedro podría, sobre la base del conocimiento medio y la providencia de Dios, suponer justificadamente que la respuesta a (C′) es "sí". ¿Pero qué sucede si el antecedente es falso? En ese caso, aunque la respuesta a (C′) siga siendo afirmativa, la respuesta a (C) es negativa. Pues si el antecedente del contrafáctico expresado interrogativamente en (C′) es falso, es decir, si Pedro no va al campo misionero, entonces Dios a través de Su conocimiento medio ya sabía eso y, por eso, no ha puesto a ningún prospecto converso en el campo no alcanzado de Pedro. Por lo tanto, no existe ninguna persona que estuviera en una situación de que si Pedro fuera al campo misionero y predicara el Evangelio, se salvaría. Sin embargo, todavía es cierto que si Pedro fuera al campo misionero y predicara el Evangelio, habría personas esperándolo como prospectos conversos, ya que Dios, a través de Su conocimiento medio, habría sabido que Pedro abandonaría su misión y, de esa manera, Dios habría puesto a prospectos nuevos creyentes en su camino.

                                      

Ahora consideremos (D). Hasker responde a (D) negativamente porque "es muy probable que no haya nadie que se salve como resultado de su predicación y que de otra manera no se salvaría", ya que todos los que se pierden no habrían creído el Evangelio incluso si lo hubieran escuchado. Pero así como (C), (D) está tan mal formulada. Lo que Pedro quiere saber no es la respuesta a (D) sino a:

 (D′) Si yo dejara de ir al campo misionero, ¿habría personas a quienes yo, como consecuencia, no predicaría que entonces no se salvarían, pero quienes se habrían salvado si yo fuera a ellas con el Evangelio?

Suponiendo que el antecedente de (D′) sea verdadero, Pedro responderá (D′) en forma negativa porque a las personas a quienes él no predicaría serían personas que no hubieran creído el Evangelio incluso si lo hubieran escuchado. Pero de eso no se deduce la inferencia de Hasker de que no hay nadie que se salvaría como resultado de su predicación quien no se salvaría de otra manera. Pues si el antecedente del contrafáctico expresado interrogativamente en (D′) es falso, la respuesta a (D′) seguirá siendo negativa, pero la respuesta a (D) será “sí”. Si el antecedente es falso, entonces Dios a través de Su conocimiento medio sabía eso y, de esa manera, ha puesto a prospectos conversos en el campo de Pedro para que pronto sean alcanzados. Por lo tanto, hay personas en una situación que si Pedro no fuera al campo misionero y predicara el Evangelio, no se salvarían. Sin embargo, aún es cierto que si Pedro no fuera al campo misionero y predicara el Evangelio, no habría personas ahí que serían potenciales conversos, ya que Dios, a través de Su conocimiento medio, habría sabido de antemano el hecho de que Pedro no iría al campo misionero y solamente pondría en el campo misionero a aquellas personas que no hubieran creído el Evangelio incluso si lo hubieran escuchado.

Por lo tanto, la confusión de Pedro sobre su situación no es mayor que la de Pablo. Pues los antecedentes de (C′) y (D′) son (más o menos) contradictorios. Por lo tanto, si el antecedente de (C′) es verdadero, en realidad hay personas existentes que se salvarán como resultado de la predicación de Pedro que de otra manera no se salvarían, y si el antecedente de (D′) es falso, hay personas quienes se salvarán a través de la predicación de Pedro, quiénes estén en una situación de que no se salvarían si Pedro no fuera al campo misionero. Por otro lado, si el antecedente de (D′) es verdadero, entonces no hay personas que, como resultado del fracaso de Pedro de no ir al campo misionero, no se salvarán, sino que se hubieran salvado si él hubiera ido al campo misionero, y si el antecedente de (C′) es falso, entonces no hay personas que estén en una situación de que se salvarían si Pedro fuera al campo misionero. No hay ninguna inconsistencia aquí.

Ahora todo esto se ha dicho como una forma de repaso. En una conversación con uno de mis exalumnos, Glenn Runnals, surgió la pregunta de si el escenario que he previsto no hace que el equilibrio entre los que se salvan y los que se pierden dependa de nuestra obediencia a la Gran Comisión del Señor de ir por todo el mundo y predicar el Evangelio. Si este fuera el caso, parece tan objetable como la opinión de que la salvación de las personas depende de los accidentes históricos y geográficos de su nacimiento.

Como una forma de obtener una mejor comprensión de esta pregunta, yo reproduzco aquí la siguiente transcripción de una conversación telefónica entre Pedro, quien (como recordaremos), está contemplando ir al campo misionero y Pablo, el misionero veterano, que había respondido previamente las preguntas de Pedro a través de la publicación:

Pablo: ¡Aló! Habla Pablo.

Pedro: ¡Aló Pablo! Habla Pedro. Te llamo porque, después de reflexionar sobre tu carta,

Tengo otra pregunta que me gustaría hacerte.

Pablo: Claro, adelante.

Pedro: Pues bien, en tu carta dijiste que todas las cosas siendo iguales, Dios, siendo omnibenevolente, no crearía necesariamente una cantidad de las personas que se perderían mayor que la cantidad específica que se requiere de los que se salvarían, para que el mundo tenga un equilibrio óptimo entre los que salvan y los que pierden. Pero, dada la libertad humana, es posible que un equilibrio tan óptimo pudiera implicar un número mayor de personas que se pierdan, ya que los mundos con un mejor equilibrio entre los que se salvan y los que se pierden no son viables para Dios.

Bueno, uno de los factores que determina el equilibrio entre los que salvan y los que no salvan parece ser nuestra obediencia a la Gran Comisión del Señor de evangelizar al mundo. Tú dijiste en respuesta a mi pregunta (D) que si yo no fuera al campo misionero, Dios no pondría allá a las personas que recibirían el Evangelio si lo escucharan. Y en respuesta a (C¢), dijiste que si yo fuera al campo misionero, entonces Dios probablemente pondría a las personas que serían receptivas al Evangelio. Así que parece que yo, por mi obediencia o desobediencia a la Gran Comisión, tengo el poder para hacer que se salven más y se pierda menos personas o que se salven menos personas y se pierdan más. Pero entonces la cantidad de los que se pierden parece depender del accidente de mi obediencia o desobediencia, lo cual parece casi tan objetable como hacer que la salvación o perdición de las personas dependa de accidentes históricos y geográficos de mi nacimiento.

Pablo: Hmm. Me parece que si existe tal cosa como un equilibrio óptimo entre los que salvan y los que se pierden, entonces dudo que tengamos el poder de actuar de una manera tal que si tuviéramos que actuar de esa manera, como consecuencia el equilibrio entre los que se salvan y los que no se salvan habría sido mejor. Por supuesto, si no existe un equilibrio óptimo, no se puede culpar a Dios por no crear un mundo en el que exista tal equilibrio, ya que eso sería lógicamente imposible. Pero, suponiendo que exista tal cosa, Dios, todas las cosas siendo iguales, preferiría un mundo que tenga ese equilibrio. Por lo tanto, incluso si fuéramos más obedientes a la Gran Comisión, el equilibrio entre los que se salvan y los que se pierden no podría mejorar.

Pedro: Pero, entonces, bien podríamos todos ir a las Bahamas en lugar del campo misionero, con la confianza de que Dios creará a todas las personas que se salvarían en el campo misionero si hubiéramos ido allí, [y las pondría] en las Bahamas en vez, donde aun se salvarán.

Pablo: No, pues mientras podría no ser el caso que tengamos el poder de actuar de tal manera que si fuéramos a actuar así, el equilibrio salvífico mejoraría, sin embargo, podríamos tener el poder de actuar de tal manera, si fuésemos a actuar así, el equilibrio salvífico sería peor. Bien podría ser el caso de que si todos fuéramos a las Bahamas, se salvarían menos personas y se perderían más personas de la que en realidad se salvarían y se perderán.

Pedro: Pero entonces ¿el equilibrio salvífico no depende de nuestra obediencia [a la Gran Comisión]?

Pablo: No, en ningún sentido objetable. Pues bajo el escenario previsto, Dios sabría que si Él fuera a usar cualquier otro medio de alcanzar a los perdidos con el Evangelio, incluidos aquellos que nos implican a nosotros como intermediarios, no se lograría un mejor equilibrio que el que se logrará. Tampoco hay cosa alguna que nosotros los humanos podríamos hacer, de modo que si fuéramos a hacer algo, haría que el equilibrio fuera mejor. Así que el equilibrio salvífico no depende crucialmente de nuestra obediencia a la Gran Comisión.

Pedro: Pero si todos fuéramos a las Bahamas, ¿no sería ese, entonces, el caso de que si fuéramos a obedecer la Gran Comisión, de la manera que lo hacemos en el mundo real, entonces el equilibrio entre los que se salvan y los que se pierden sería mejor, así como lo es en el mundo real?

Pablo: Por raro que parezca, la respuesta es “no”. Pues en el escenario imaginado, cualquiera que sea el mundo real, ese mundo tiene un equilibrio óptimo que no se puede mejorar por una tener una mayor obediencia por parte de los que se salvan.

Pedro: Entonces, si todos fuéramos a las Bahamas, ¿sería el caso de que no se pueda lograr un mejor equilibrio que el que se lograría, aunque el equilibrio sea peor del que es en el mundo real?

Pablo: Sí. Puesto que en el mundo real, este mundo es uno de esos mundos viables que tiene un equilibrio óptimo entre los que se salvan y lo que no se salvan. Pero en el mundo bahameño b, el mundo a no estaría entre los mundos viables óptimamente equilibrados; en vez, b lo sería. En b, a sería inviable.

Pedro: Pero todavía parece que el equilibrio salvífico depende de nuestra obediencia a la Gran Comisión, ya que en el mundo b, la razón por la cual el mundo a no es viable para Dios se debe a nuestra desobediencia. Si fuéramos a ser obedientes, el mundo a sería real en vez del mundo b.

Pablo: No, porque en el mundo b diferentes contrafácticos de la libertad son verdaderos que los que son verdaderos en el mundo a. En el mundo b es cierto que "Si fuéramos a obedecer a la Gran Comisión en lugar de ir a las Bahamas, no se lograría un mejor equilibrio". Pero en el mundo a es cierto que "Si fuéramos a obedecer a la Gran Comisión en lugar de ir a las Bahamas, se lograría un mejor equilibrio".

Pedro: Pero aun existe una correlación entre nuestra obediencia y un equilibrio más óptimo. En el mundo en el que somos obedientes, el equilibrio es mejor que en el mundo en el que no somos obedientes.

Pablo: ¡Sólo cuando comparamos el mundo a y el mundo b! Existe una gran cantidad de mundos posibles en que obedecemos plenamente a la Gran Comisión y el equilibrio es peor. En cualquier caso, una mera correlación no es suficiente para mostrar una relación de dependencia contrafáctica entre nuestra obediencia y un equilibrio óptimo. Nuestra obediencia a la Gran Comisión podría servir como evidencia de lo que obtiene el equilibrio óptimo, pero ese equilibrio no depende de nuestra obediencia. No está ni dentro del poder de Dios ni dentro de nuestro poder, eso es decir, dentro del poder de los que salvan, lograr que exista un equilibrio más óptimo del que existe.

Pedro: Pero entonces, ¿quién tiene el poder para lograr que exista un mejor equilibrio?

Pablo: La respuesta a esa pregunta es muy simple. Eso sólo se encuentra en el poder de los propios individuos que se pierden.

Pedro: ¡Por supuesto! Mejorar el equilibrio entre los que se salvan y los que se pierden depende naturalmente de la obediencia o desobediencia de los que se pierden a la revelación salvífica de Dios.

Pablo: Correcto. Se encuentra totalmente en el poder de los que se pierden lograr que más personas se salven y menos se pierdan de las que realmente se pierden.

Pedro: Entonces, supongo que el equilibrio entre los que se salvan y los que se pierden no depende, en ningún sentido crucial, de nuestra obediencia a la Gran Comisión del Señor.

Pablo: Eso parece ser lo correcto. Sí, tenemos el poder de actuar de tal manera que si fuéramos a actuar de esa manera, el equilibrio salvífico sería peor. Pero no tenemos el poder de actuar de una manera que si fuéramos a actuar de esa manera, el equilibrio sería mejor. Las únicas personas que tienen el poder para lograr que el equilibrio salvífico sea mejor son los propios individuos que se pierden.

Pedro: Eso responde a mi pregunta. Gracias Pablo

Pablo: ¡Dios te bendiga!

 

[1] “‘No Other Name’: A Middle Knowledge Perspective on the Exclusivity of Salvation through Christ,” [No hay otro nombre: Una perspectiva del conocimiento medio sobre la exclusividad de la salvación a través de Cristo] Faith and Philosophy 6 (1989): 172-188.

[2] William Hasker, “Middle Knowledge and the Damnation of the Heathen: A Response to William Craig,” [Conocimiento medio y la condenación de los perdidos: una respuesta a William Craig] Faith and Philosophy 8 (1991): 380-89.

[3] Ibid., p. 382.

[4] “Should Peter Go to the Mission Field?” [¿Debería Pedro ir al campo misionero?] Faith and Philosophy 10 (1993): 261-265.

[5] Hasker, “Middle Knowledge and the Damnation of the Heathen,” [Conocimiento medio y la condenación de los perdidos: una respuesta a William Craig] p. 382.

[6] Ibid., p. 383.