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May 26, 2026Dr. Craig: Enseño filosofía a estudiantes de preparatoria en una escuela internacional en Beijing. Su trabajo ha resultado ser un recurso invaluable para mis clases.
Recientemente, un estudiante me hizo una pregunta que suele surgir con frecuencia en el aula: ¿los bebés abortados van al cielo? En el pasado, normalmente he respondido a esta pregunta de manera afirmativa. Para respaldar esta respuesta suelo citar Jeremías 1:4–5 (Dios conocía a Jeremías antes de formarlo en el vientre) y 2 Samuel 12:22–23 (David le dice a sus siervos que su hijo muerto no volverá a él, pero que David irá a su hijo, implicando así que serán reunidos en el cielo).
Después de dar nuevamente esta respuesta, este estudiante en particular me lanzó una objeción inesperada. Señaló que si Dios posee realmente conocimiento medio, entonces Él sabe si —y cuáles— de estos bebés, si se les diera la oportunidad de vivir una vida completa, entrarían en una relación genuina con Él. Dadas las probabilidades de que ciertamente no todos lo aceptarían, aquellos de quienes Dios sabe que lo rechazarían recibirían su lugar correspondiente en el infierno.
Encuentro que el argumento del estudiante es a la vez convincente y perturbador.
¿Existe alguna manera de refutar su conclusión?
Martin
China
Respuesta de Dr. Craig
R
¡Qué emoción saber que nuestro material está siendo utilizado para formar estudiantes en China! ¡Que Dios te use grandemente, Martin!
Estoy de acuerdo con tu respuesta respecto a la salvación de aquellos que mueren en la infancia, principalmente sobre la base de la actitud de Jesús hacia los niños. Por ejemplo, Él dijo: «Dejen que los niños vengan a mí; no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos» (Mateo 19:14).
La solución basada en el conocimiento medio, sin embargo, no es una buena solución, por la sencilla razón de que una persona no puede ser condenada por algo que nunca ha hecho. Por ejemplo, si yo hubiera nacido en la Alemania nazi, tal vez me habría convertido en miembro de las Hitlerjugend y habría cometido atrocidades. Pero Dios nunca me juzgará por tales crímenes porque ¡nunca los cometí realmente! Solo podemos ser juzgados culpables por los males que efectivamente hemos cometido.
Así que (sin mencionar además el hecho de que aquellos que mueren en la infancia podrían rechazar a Cristo bajo ciertas circunstancias y aceptarlo bajo otras), el punto fundamental es que no pueden ser condenados por algo que nunca llegan a hacer.
- William Lane Craig