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#715

August 17, 2026
P

Estimado

Hay muchísimo que podría abordar en este mensaje, pero intentaré ser lo más breve posible. Básicamente, he sido un cristiano devoto, «nacido de nuevo», durante toda mi vida, y sinceramente no podría haber estado más comprometido con Dios. Estudiar apologética cristiana era mi pasatiempo favorito. La hipocresía de la Iglesia me molestaba profundamente, al igual que la deshonestidad intelectual, y sinceramente probablemente fueron sus artículos los que mantuvieron firme mi fe en Dios. Eran prácticamente lo único que me proporcionaba la profundidad intelectual que necesitaba.

Pero me siento sumamente decepcionado al leer sus artículos sobre la homosexualidad. Si quiere, puedo compartirle mi carta en la que salí del clóset, pero básicamente habría dado cualquier cosa por ser heterosexual y le rogué a Dios que quitara mis pensamientos «impuros». Y esto a pesar de que yo mismo los detestaba. Cuando finalmente acepté que la «terapia de conversión» es dañina y que «rezar para dejar de ser gay» no funciona —créame, ¡lo intenté! Esto ha consumido toda mi capacidad mental y ha sido como vivir un infierno en la tierra—, llegué al punto más bajo de mi vida. Aun así, traté de vivir una vida libre de hipocresía y permanecí célibe. Compensaba mi extrema soledad relacionándome con mis amigos, y cuando ellos comenzaron a casarse, volví a tocar fondo. Tuve que llegar a tener pensamientos suicidas para emprender el camino más doloroso de mi vida: avanzar lentamente hacia la aceptación de mí mismo. Por lo que he escuchado, es algo que todas las personas LGBT intentan alcanzar, pero muy pocas lo consiguen.

La homosexualidad de ninguna manera es una elección, y la opresión hace que todo resulte todavía más difícil. Sinceramente, no creo que quienes tuvieron el privilegio de nacer heterosexuales puedan siquiera comenzar a comprender esta lucha. Todo lo que quiero es una relación amorosa y comprometida con una sola persona, con quien pueda casarme y a quien pueda amar incondicionalmente. Finalmente he comprendido que muchas otras personas homosexuales quieren exactamente lo mismo.

Sus comentarios acerca de un «estilo de vida» homosexual son extremadamente homófobos. Ciertamente puedo hablar por mí mismo cuando digo que los encuentros sexuales casuales no me atraen ni lo harán jamás. Solo me causarían daño. Para mí, el sexo sigue estando íntimamente ligado al amor. Si lee libros como The Velvet Rage, de Alan Downs, llegará a comprender que este «estilo de vida» homosexual estereotipado surge como una manera de llenar el vacío producido por toda una vida de heridas y opresión social —de lo cual la Iglesia tiene mucho por lo que responder—. Las luchas de los cristianos homosexuales son tan intensas que necesitan «pecar» —por ejemplo, beber cantidades excesivas de alcohol— para reprimir el «pecado» de la atracción hacia personas del mismo sexo. He hablado con muchos hombres homosexuales a lo largo de mi propio proceso y he llegado a darme cuenta de que, en lo profundo, ellos también desean amor con una pareja comprometida. La «cultura gay» ha surgido de los enormes vacíos y heridas presentes en sus vidas y se ha convertido meramente en un mecanismo de afrontamiento. De ahí ha surgido una cultura conflictiva e inauténtica. The Velvet Rage desarrolla esto con mayor detalle.

He atravesado un dolor inmenso y, aun así, me niego a abandonar mi fe en Cristo. La gente no puede creer que todavía pueda mantener la fe en un sistema de creencias que me ha causado tanto sufrimiento. Pero supongo que he tenido la capacidad intelectual para abrirme paso entre la deshonestidad intelectual y la hipocresía de la Iglesia, y he podido distinguir entre una fe personal y sincera en Dios y una fe que simplemente luce bien externamente cada domingo. Tengo muchísimo más que podría decir, y este es un tema extremadamente sensible y emocionalmente cargado debido al profundo dolor y a los pensamientos suicidas que me ha provocado.

Pero realmente me decepciona leer que alguien con tanta solidez académica todavía escriba desde un sesgo subyacente. Nuevamente, todo lo que quiero es una relación comprometida y amorosa —siempre esperaré que sea con alguien del sexo opuesto—, pero la atracción hacia el mismo sexo no es más una elección que el color de los ojos, por lo que no creo que eso sea posible. Me pregunto por qué la Iglesia —que acepta sin problema volver a casar a personas divorciadas y permite la fecundación in vitro mientras se opone al aborto— puede realmente negarme esto. A diferencia del alcoholismo y cosas semejantes, la compañía y la sexualidad forman parte central de la persona y constituyen una necesidad humana básica. A pesar de todos mis esfuerzos, tuve que llegar prácticamente al suicidio para comprenderlo. Y mi historia no es única entre los cristianos homosexuales. Sinceramente, no creo que exista algo más doloroso por lo que pueda atravesar un ser humano.

Realmente espero que reflexione sobre esto de una manera más honesta, porque usted es una de las mejores personas que tenemos para preservar la fe cristiana y la integridad de aquello que creemos. Me preocupa profundamente que el cristianismo esté empezando a perder esta batalla, particularmente en temas controvertidos como este. Esta experiencia me ha obligado a humillarme enormemente y a perder toda dignidad, así que estoy dispuesto a hablar con total franqueza y honestidad acerca de cualquier cosa sobre la que necesite mayor claridad. ¡Demasiados cristianos homosexuales están encontrando que la disonancia cognitiva es tan intensa que terminan quitándose la vida! ¡Y demasiadas personas están volviéndose contra Cristo debido a cuestiones como esta! Soy médico y tengo experiencia en medicina general, psiquiatría y cuidados paliativos —si soy sincero, probablemente elegí estas áreas para poder enfrentar las grandes preguntas de la vida, ya que tuve que lidiar con la idea de la muerte desde el momento en que nací; esa es otra larga historia y otra de las razones por las que mi fe en Jesús es tan real para mí—.

Que Dios lo bendiga.

[El autor solicitó permanecer en el anonimato]

P.D. Una cita para considerar: «Pensaba que Dios quería utilizarme para mostrarles a las personas homosexuales cómo ser heterosexuales. En cambio, Dios quería utilizar a las personas homosexuales para mostrarme a mí cómo ser cristiano».

Nueva Zelanda

Respuesta de Dr. Craig


R

¡Gracias por tu sincera expresión del dolor que has experimentado! Tienes razón en que, personalmente, no tengo idea de cómo es la lucha por la que tú y otros cristianos homosexuales atraviesan. Lo mejor que puedo hacer es escuchar atentamente e intentar aprender de sus experiencias. Estoy de acuerdo en que Dios puede utilizar a las personas homosexuales para mostrarme cómo ser un mejor cristiano, no en el sentido de comprometer la enseñanza moral bíblica, sino en el sentido de ser alguien que escucha con humildad, un hermano comprensivo y una persona amorosa que acepta a aquellos con quienes discrepo en cuestiones éticas.

Dicho esto, no hay mucho en tu carta a lo que pueda responder. El propósito principal de mi artículo «Una perspectiva cristiana sobre la homosexualidad» es articular y defender la postura de que, aunque la orientación sexual de una persona pueda estar fuera de su control, nuestro comportamiento, sin embargo, no lo está, y que Dios ha prohibido la conducta homosexual. Puesto que los mandamientos de Dios determinan nuestros deberes morales, debemos obedecer lo que Él dice, sin importar cuán difícil sea.

Al leer y releer tu carta, no encuentro nada en ella que refute esa perspectiva básica. Dices que has seguido «un lento camino hacia la aceptación de ti mismo». Eso es maravilloso, si con ello quieres decir que has llegado a reconocer que eres homosexual y que no intentas fingir lo contrario. Pero, como cristiano comprometido, no puedes querer decir que has llegado a pensar que la actividad homosexual es moralmente permisible, pues Dios claramente la prohíbe. Dices que «todo lo que quiero es una relación amorosa y comprometida (siempre esperaré que sea con alguien del sexo opuesto, pero la atracción hacia el mismo sexo no es más una elección que el color de los ojos, por lo que no creo que eso sea posible)». Lo entiendo, pero Dios prohíbe el matrimonio entre personas del mismo sexo. Te «preguntas por qué la Iglesia […] puede realmente negarme esto». Pues bien, es porque Dios ha establecido el matrimonio como una unión heterosexual. Si decides contraer un matrimonio heterosexual, como eres libre de hacerlo, debes hacerlo con absoluta franqueza desde el principio; de lo contrario, probablemente será inevitable que fracase. Es posible que tú, al igual que el Señor Jesús, seas llamado a una vida de celibato.

Yo también «estoy profundamente preocupado de que el cristianismo esté empezando a perder esta batalla […] ¡y demasiadas personas están volviéndose contra Cristo debido a cuestiones como esta!». ¡Créeme, lo sé! Pero no puedo comprometer lo que me parece una enseñanza moral bíblica clara simplemente porque sea impopular y obstaculice la evangelización. ¡Sencillamente no puedo hacerlo!

Ahora bien, hay un párrafo de tu carta que sí responde directamente a algo que dije, y tiene que ver con mis «comentarios acerca de un “estilo de vida” homosexual». Pongamos esos comentarios en su contexto. Al presentar una perspectiva cristiana sobre la homosexualidad, mi principal propósito es persuadir a otros cristianos como tú, sobre la base de la autoridad bíblica, para que se abstengan de la actividad homosexual. Pero reconozco que, en una sociedad secular, tales apelaciones a la Biblia no tienen ningún peso. Así que examino si acaso podría haber razones seculares para abstenerse de dicha actividad. Observo que existe un amplio consenso en que es moralmente incorrecto participar en actividades que sean autodestructivas o destructivas para los demás. A continuación, señalo la evidencia biomédica acerca de cuán destructiva suele ser la actividad homosexual (masculina). El estilo de vida gay suele ir acompañado de abuso de drogas, alcoholismo, problemas de salud mental, promiscuidad generalizada, entre otras cosas. Como médico, deberías ser consciente del daño patológico que provoca la sodomía prolongada. Tú no niegas la evidencia de que semejante estilo de vida sea perjudicial para uno mismo y para los demás. Más bien, afirmas que «este “estilo de vida” homosexual estereotipado surge para llenar un vacío producido por toda una vida de heridas y opresión social». En mi artículo me abstengo explícitamente de pronunciarme acerca de las causas de este estilo de vida destructivo. Quizá tengas razón, aunque, hasta donde sé, eso todavía no se ha demostrado de una manera científicamente creíble. Mi argumento sigue siendo que cualquiera que decida adoptar un estilo de vida gay está jugando con fuego y, por lo general, termina haciéndose daño tanto a sí mismo como a los demás. Eso proporciona razones seculares para abstenerse de dicha actividad. ¿Es «homófobo» que yo ofrezca tales razones? Si por «homófobo» quieres decir «lleno de odio», entonces ¡evidentemente no! Por el contrario, esto expresa una preocupación genuina por el bienestar de otras personas que podrían sentirse tentadas a adoptar ese estilo de vida.

Tengo la impresión de que tú no has adoptado semejante estilo de vida, por lo cual solo podemos dar gracias a Dios. De hecho, tengo la impresión de que todavía estás buscando una pareja. Te animaría a seguir el mandato bíblico, sin importar cuán difícil sea. Después de todo, el camino del discipulado cristiano es un camino de abnegación. Jesús dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Mateo 16:24).

- William Lane Craig