#720 ¿A qué se refiere cuando se usa la «Palabra de Dios»?
December 09, 2021Dr. Craig,
Tengo lo que se espera ser una pregunta extraña para usted. ¿Existe un argumento bíblico para la noción de que «la palabra de Dios», cuando se usa en la Biblia, se refiere a la Biblia misma? Los ejemplos más populares son Efesios 6:17 y Hebreos 4:12. Observe que no es un asunto de que si la Biblia proviene de Dios o de que si sea inspirada. Desafortunadamente, esos son los temas que abordan todos los artículos que logré encontrar que responden a la pregunta: «¿Por qué la Biblia es la palabra de Dios?» Mi pregunta es por qué el término usado en la Biblia se refiere a la Biblia misma en el contexto de esos ejemplos y dado el contexto de los otros usos de la expresión.
Robert
Estados Unidos
Respuesta de Dr. Craig
R
Para que no me malinterpretes, Robert, es importante reiterar que tu pregunta no se trata de argumentos a favor de la inspiración bíblica o de la condición de la Biblia como Palabra de Dios. Abordaré esos temas en mi libro de teología filosófica sistemática, de cual di un avance en la Pregunta # 713. Más bien, tu pregunta es sobre lo que quieren decir los propios autores bíblicos cuando usan la expresión «la Palabra de Dios». ¿Esta expresión siempre se refiere a la Biblia misma?
La respuesta a esta pregunta es: por supuesto que no, ya que la Biblia no existía antes de que se completaran sus últimos libros. Literalmente, no había Biblia a cual referirse. Solo después de que la Biblia fue terminada, se le podría referir como tal.
Sin embargo, Jesús sí se refiere a la Biblia hebrea, nuestro Antiguo Testamento, como la Palabra de Dios:
Jesús les respondió: «¿No está escrito en su ley: “Yo dije: son dioses”? Si a aquellos, a quienes vino la palabra de Dios, los llamó dioses, (y la Escritura no se puede violar), ¿a quién el Padre santificó y envió al mundo, ustedes dicen: “Blasfemas”, porque dije: “Yo soy el Hijo de Dios”?» (Juan 10: 34-36)
Observa que Jesús comienza con una pregunta: «¿No está escrito en su ley...» y luego cita no la ley en sí, sino el Salmo 82:6 y equipara la Palabra de Dios con la «Escritura».
Además, Jesús consideraba el Evangelio del Reino que predicó como la Palabra de Dios. En la parábola del sembrador, Jesús explica: «la semilla es la palabra de Dios» (Lucas 8:11) también, Lucas informa que «la multitud se agolpaba sobre Él para oír la palabra de Dios» (Lucas 5.1).
Así que referente a la prédica apostólica después de la muerte y resurrección de Jesús, descubrimos que los apóstoles también consideraban el Evangelio que predicaban como la Palabra de Dios. Pablo recuerda a los creyentes en Tesalónica: «cuando recibieron la palabra de Dios que oyeron de nosotros, la aceptaron no como la palabra de hombres, sino como lo que realmente es, la palabra de Dios, la cual también hace su obra en ustedes los que creen». (1 Tesalonicenses 2:13; cf. 2 Timoteo 2:9). El contexto sugiere que Efesios 6:17 y Hebreos 4:12 se refieren igualmente al Evangelio (Efesios 1:13; 6:14, 19-20; Hebreos 4:2).
Para el tiempo en que 1 Timoteo fue escrito, las tradiciones acerca de Jesús y quizás incluso Lucas-Hechos se consideraban Escritura. Pues el autor de 1 Timoteo, al ordenar que se otorgue doble honor a los ancianos de la iglesia, dedicados a la predicación y la enseñanza, ofrece como justificación: «Porque la Escritura dice: “No pondrás bozal al buey cuando trilla”, y: “El obrero es digno de su salario”». (1 Timoteo 5:17-18). La primera cita proviene de Deuteronomio 25:4, pero la segunda no proviene del Antiguo Testamento, ¡sino de Lucas 10:7! Aunque uno podría tratar de descartar la segunda cita como una agregación no bíblica, restringiendo la referencia a las Escrituras solo a Deuteronomio 25:4, no hay razón para hacer tal diferenciación, y tenemos ejemplos tempranos, extra-bíblicos de las palabras de Jesús siendo citadas como Escritura.[1] En cualquier caso, lo innegable es que, para el autor de 1 Timoteo, la segunda cita está tan dotada de autoridad como el Antiguo Testamento. Así es como comenta I.H. Marshall: «Ciertamente se requiere de una fuente escrita, y una que haya sido autoritaria».[2] Eso apunta al Evangelio de Lucas de alguna manera. Por lo tanto, para el tiempo de las epístolas pastorales, cualquiera que sea su fecha, los evangelios canónicos probablemente ya estaban siendo tratados como Escritura por la iglesia primitiva.
Las epístolas paulinas con el tiempo llegaron a ser consideradas Escritura, como vemos en 2 Pedro 3:15-16: «Consideren la paciencia de nuestro Señor como salvación, tal como les escribió también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le fue dada. Asimismo en todas sus cartas habla en ellas de esto; en las cuales hay algunas cosas difíciles de entender, que los ignorantes e inestables tuercen, como también tuercen el resto de las Escrituras, para su propia perdición». El autor de 2 Pedro equipara las cartas de Pablo con las Escrituras del Antiguo Testamento ya mencionadas en 2 Pedro 1:20-21.
El autor de 2 Pedro no está tratando de establecer un canon; Es posible que haya otros escritos apostólicos, además de los de Pablo, que se consideraban como Escrituras, pero los de Pablo se mencionan aquí porque los remitentes habían recibido al menos una carta paulina, que evidentemente consideraron llena de autoridad. «El hecho de que se añadieran las cartas de Pablo en esta categoría ciertamente significa que se consideran escritos inspirados y autoritarios (como, de hecho, dice el versículo 15), clasificados al mismo nivel que el Antiguo Testamento y probablemente varios otros libros, incluidos otros escritos apostólicos».[3]
Aunque no podemos decir cuán temprano los Evangelios y las epístolas apostólicas pasaron a ser consideradas como Escrituras autoritativas en las iglesias, ya para fines del primer siglo, fueron evidentemente consideradas como tal. Por lo tanto, en una fecha increíblemente temprana, los libros centrales del Nuevo Testamento estaban siendo tratados como Escritura, a un mismo nivel con las Escrituras judías. Esto es aproximadamente lo más cerca que uno puede llegar a hacerse la referencia propia de la Biblia como la «Palabra de Dios».
[1] Epístola de Bernabé 4:14: «como está escrito: “Porque muchos son llamados, pero pocos son escogidos”» (cita de Mateo 22:14) y 2 Clemente 2:4: «Y aún otra Escritura dice: “No he venido a llamar a los justos, sino a pecadores”» (cita de Marcos 2:17).
[2] I. Howard Marshall, A Critical and Exegetical Commentary on the Pastoral Epistles [Un comentario crítico y exegético sobre las epístolas pastorales], International Critical Commentary (Londres: T. & T. Clark International, 1999), p. 616.
[3] Richard J. Bauckham, Jude, 2 Peter [Judas, 2 Pedro], Word Biblical Commentary 50 (Waco, TX: Word Books, 1983), pág. 333.
- William Lane Craig