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#105 ¿Es el Ateísmo una Filosofía sin Esperanza?

March 22, 2012
P

Hola Dr. Craig,

Leí su artículo titulado “Does God Exist” (¿Existe Dios?) y en él usted dice lo siguiente:

“Si Dios no existe, entonces al final debemos vivir sin esperanza. Si no hay Dios, entonces al final no hay ninguna esperanza de los defectos que resultan de nuestra existencia finita.”

Simplemente tengo que estar en desacuerdo con eso. Como ateo, creo que uno ciertamente puede vivir con una esperanza tremenda. Digo que si no existe Dios, entonces al final no tengo que rendir cuenta.  No voy tener temor de presentarme frente a un Dios justo y Santo para rendir cuenta de mi vida. Uno puede vivir la vida que uno escoja como resultado de eso, sin ningún temor de castigo divino. Eso es esperanza para el ateo.

¿Puede usted refutar ese tipo de esperanza?

Gracias,

Bill

United Kingdom

Respuesta de Dr. Craig


R

Bueno Bill, ciertamente esta es una defensa novedosa de la esperanza atea: la esperanza de escapar el juicio de Dios. ¡Debo conceder que, en efecto, el ateo podría o debería esperar que él o ella no caiga en las manos del Dios vivo (Hebreos 10:31)!

Pero eso realmente no niega lo que yo dije. Yo identifiqué sentidos específicos en que el ateísmo es una filosofía sin esperanza:

2. Si Dios no existe, entonces al final debemos vivir sin esperanza. Si no hay Dios, entonces al final no hay ninguna esperanza para la liberación de los defectos que resultan de nuestra existencia finita.

Por ejemplo, no hay esperanza de que seamos librados de la maldad. A pesar de que muchas personas se hacen la pregunta de que como Dios pudo crear un mundo donde hay tanta maldad, hasta ahora la mayoría de los sufrimientos en el mundo se debe a la propia inhumanidad que comete el hombre contra el hombre. El horror de las dos guerras mundiales del siglo pasado efectivamente destruyó el optimismo ingenuo del siglo 19 acerca del progreso humano. Si Dios no existe, entonces estamos atrapados sin esperanza en un mundo lleno de sufrimiento injustificado y no redimido, y no hay esperanza de que seamos librados de la maldad.

O de nuevo, si no hay Dios, no hay esperanza de que seamos librados del envejecimiento, de la enfermedad y de la muerte. Aunque pueda ser difícil para ustedes como estudiantes universitarios contemplar, el grave hecho es que al menos que ustedes mueran a una edad joven, algún día ustedes—sí ustedes mismos—serán hombres viejos o mujeres viejas, luchando una batalla a perder con el envejecimiento, luchando contra el avance inevitable de la deterioración, la enfermedad, quizás la senilidad. Al final e inevitablemente ustedes morirán. No hay vida más allá de la tumba. Por lo tanto, el ateísmo es una filosofía sin esperanza.

Puede observar que estoy hablando de los defectos de nuestra existencia finita. Yo identifico dos en particular: (i) La maldad y (ii) el envejecimiento, la enfermedad y la muerte. Me parece que el ateísmo no tiene esperanza es esos asuntos. En un pasaje famoso, el filósofo ateo Bertrand Russell lamentaba:

Que el Hombre es el producto de causas que no tenían previsión alguna del fin que estaban logrando;…que ningún fuego, ningún heroísmo, ninguna intensidad de pensamiento o de sentimiento, pueden preservar la vida individual más allá de la tumba; que todos los trabajos de todas las épocas, toda la devoción, toda la inspiración, todo el brillo meridiano del genio humano, están destinados a la extinción en la vasta muerte del sistema solar y que el templo entero de la conquista del hombre habrá de quedar inevitablemente soterrado bajo los escombros de un universo en ruinas—todas estas cosas, si no están totalmente más allá de toda discusión, son tan aproximadamente seguras, con todo, que ninguna filosofía que las contradiga puede esperar subsistir. Únicamente en el armazón de estas verdades, únicamente sobre el fundamento firme de la desesperación inexorable, puede construirse en adelante con seguridad la morada del alma.[1]

Sastre, Camus y muchos otros ateos han expresado elocuentemente la desesperación a lo que lleva el ateísmo. En este sentido, el ateísmo no tiene esperanza.

Irónicamente, por el contrario el cristianismo no sólo proporciona esperanza para la liberación del mal y del envejecimiento, la enfermedad y la muerte, sino que también proporciona la esperanza que usted mismo aprecia: la liberación de las manos de un Dios justo y santo. Ese fue el mayor entendimiento de Martín Lutero. La misma justicia de Dios que obró su condenación como pecador fuera de Cristo, esa misma justicia se hizo la fuente de salvación para él como alguien que se unió con Cristo por fe. Porque cuando usted confía en Cristo como su Salvador y Señor, Dios considera la cuenta suya en la justicia de Cristo. “Pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1).

De manera que cualquier esperanza que pueda entretener el ateo es disfrutada muchas veces más por el cristiano, ya que disfrutamos no meramente el escape de juicio, sino la salvación positiva. Usted podría decir que los cristianos renuncian el poder de actuar con impunidad, como puede el ateo. ¡Lo otorgo eso, pero Bill, yo no quisiera actuar de esa manera! Cuando usted viene a Cristo, Dios cambia los deseos que usted tiene para que usted quiera vivir una vida de justicia e intachable. La Biblia dice que el fruto con lo que el Espíritu de Dios está llenando su vida es amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio (Gálatas 5:22). Piense de esa lista de virtudes personales. ¿No es esa el tipo de persona que le gustaría ser?

Un punto final: usted ha descrito la esperanza del ateo. ¿Qué tan firme es esa esperanza? ¿Que tan bien fundamentada está ella? Muchos de los ateos con los que hablo admiten que el ateísmo no puede ser probado. De hecho, muchos insisten en eso. Pero entonces, ¿cómo sabe usted que el ateísmo es verdadero? La esperanza del cristiano está bien fundamentada, no sólo en el testimonio del Espíritu Santo, sino también en los argumentos de la teología natural y en la evidencia a favor de Jesús y de su resurrección. Pero la esperanza del ateo, por su propia confesión, no tiene ningún fundamento fuerte. Entonces, ¿qué pasa si la esperanza que usted tiene está mal fundamentada? ¿Qué si usted está equivocado?

  • [1]

    Beltrand, Russell, “A Free Man’s Worship” (La Adoración de un Hombre Libre), en los Escritos Básicos de Bertrand Russell, Editor, Robert E. Egner y Lester E. Denonn (Publicado en New York: Simon and Schuster, 1961), Pág. 67.

- William Lane Craig