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#473 Desafíos filosóficos en la doctrina de la expiación

November 09, 2016
P

Gracias por su compromiso con defender filosóficamente la fe cristiana. Vine a Cristo procedente del budismo theravada, en parte por medio de los argumentos suyos en “El caso de Cristo” y de otros en esa serie. Después que me convertí en cristiano, su obra y la obra de otros filósofos, teólogos y apologistas cristianos ha servido tanto como un estímulo constante y como una fuerza impulsadora importante en mi búsqueda de algunos posgrados en teología y filosofía. De manera que, en muchas maneras, me siento endeudado con usted por el trabajo que ha hecho.

En su pregunta # 472, usted mencionó “una teoría de la expiación que implique la satisfacción de la justicia de Dios como un aspecto esencial confronta fuertes desafíos filosóficos, de los cuales espero hablar tarde o temprano”. Sospecho que no soy el único que está anticipando con entusiasmo la conclusión de su investigación. Mientras tanto, ¿pudiera usted resumir algunos de esos desafíos? Estoy seguro que eso sería de gran interés para todos sus lectores, en particular para aquellos que estamos involucrados en teología filosófica.

Gracias, una vez más, por todo su trabajo. Qué Dios continúe bendiciendo a usted y a su ministerio.

Robert

United States

Respuesta de Dr. Craig


R

Robert, habiendo recientemente participado en un diálogo con un profesor de estudios budistas en Hong Kong, me regocijo de escuchar tu maravilloso testimonio. Tienes razón de que mi estudio sobre la doctrina de la expiación de Cristo ha resonado en los lectores de Reasonable Faith. Hay bastantes objeciones para cualquier doctrina de la expiación, la cual incluye la satisfacción de la justicia de Dios por medio de la muerte de Cristo como un elemento esencial que considero, francamente, como algo frívolo. Por ejemplo, que la muerte de Cristo es un abuso infantil cósmico o que la doctrina aprueba la violencia religiosa. En vez, de la manera que lo veo, el desafío fundamental que confrontan las llamadas teorías penales de la expiación se puede resumir en una pregunta: ¿le fue imputada a Cristo la culpa por nuestros pecados o no?

Si no le fue, entonces hay dos preguntas que surgen: (1) ¿cómo puede Cristo, una persona inocente, ser castigado justamente por nuestros pecados? Parecería injusto de parte de Dios de castigar a un individuo inocente por las cosas malas que otras personas hayan cometido. Además, (2) ¿cómo puede el sufrimiento infligido a Cristo ser verdaderamente llamado castigo, ya que el castigo insinúa la culpa de la persona que lleva el sufrimiento? Si Cristo no es culpable, entonces el sufrimiento en mi lugar no parece ser castigo.

En cuanto a la primera pregunta, sospecho que el Mandato de la Moralidad Divina, adoptado por razones totalmente independientes y por lo tanto no ad hoc, pudiera venir al rescate. Pues si nuestros deberes morales están constituidos por los mandamientos de Dios, entonces, como Él presuntamente no se emite mandatos para sí mismo, Dios no tiene ningún deber moral que cumplir. Por lo tanto, Él no puede ser acusado de actuar injustamente en castigar a Cristo por nuestros pecados, a pesar de que Cristo era inocente. El Mandato de la Moralidad Divina exige sólo que Dios actúe consistentemente conforme a Su propia naturaleza moral. Pero (se puede mantener) el hecho que Dios el Hijo voluntariamente haya cargado con el castigo de nuestro pecado que nosotros merecíamos es completamente consistente con la naturaleza de Dios, ya que ello demuestra Su gran amor por los seres humanos caídos de que Él cargara con la paga de los pecados que ellos merecían.

No estoy seguro qué decir sobre la segunda pregunta. A veces los teólogos distinguen entre las consecuencias del pecado y el castigo por el pecado. La muerte, por ejemplo, se puede considerar como tanto la consecuencia del pecado o como el castigo del pecado (o como ambos). Así que alguien pudiera decir que en la cruz, Cristo sufrió las consecuencias de los pecados de la humanidad sin ser técnicamente castigado por nuestro pecado. Él llevó el sufrimiento, el cual si fuese infligido a nosotros, sería castigo, pero el cual en su caso no fue castigo, ya que él no era culpable. No obstante, talvez, eso les concede demasiado a los oponentes de la sustitución penal. Quizás el sufrimiento no implica la culpabilidad de la persona que sufre. Eso necesita que se haga más reflexión.

Supongamos que uno sienta la fuerza de las objeciones que se hicieron anteriormente aquí y, así, sostiene que nuestra culpa le fue imputada a Cristo. Entonces los problemas mencionados anteriormente ser resuelven, ya que Cristo fue contando culpable por Dios, el castigo infligido a él es completamente justo. Además, como él es encontrado culpable, el sufrimiento que sufre es completamente un castigo. De manera que si Cristo llevó no solamente la paga de mi pecado sino también la culpa de mi pecado, el problema del primer tipo no surge.

Pero, entonces, uno confronta un dilema de cómo mi culpa puede ser transferida a otra persona, para que él se convierta literalmente en culpable por lo que yo he cometido. He visto a teólogos objetar diciendo que la culpa no puede ser transferida, ya que es y siempre será el caso de que soy el único que cometió el acto, no Cristo, de modo que nada puede cambiar el hecho de que soy culpable del pecado. Esta objeción está, no obstante, basada en un entendimiento inadecuado de la culpa y hace que sea imposible que la culpa sea alguna vez removida. Eso considera que la culpa simplemente sea el hecho de haber cometido algún acto malévolo. Pero, como nuestro sistema jurídico reconoce, la culpa no es solamente cometer un acto malévolo, ya que las personas pueden ser encontradas no culpables o inocente por enajenación mental, por ejemplo. En dicho caso, no hay disputa de que la persona cometió el acto, pero fue encontrado no culpable del acto debido a circunstancias atenuantes. La culpa no es solamente el hecho de haber cometido una acción mala sino, más bien, de ser culpable.

Entonces, ¿la culpa que yo llevo por mis pecados puede ser transferida a Cristo? Aquí es crucial que hagamos la distinción entre imputación e infusión. Para hacer una analogía, los reformadores protestantes insistían, contrario a los teólogos católicos, que la gracia justificadora de Dios es imputada a mí, pero no es infundida en mí. Esa es una transacción legal. De igual manera, nuestro pecado no debería ser entendido como infundido en Cristo de manera que se convierte en una persona egoísta, no amorosa, cruel, etc. Más bien, la culpa por mis crímenes es legalmente imputada a Cristo y por eso él es castigado en mi lugar.

La pregunta, entonces, es de si la idea de la imputación de la culpa tiene sentido. Me gustaría estudiar más sobre cómo la noción de la imputación funciona en el sistema jurídico. Para dar un ejemplo, las personas que violan la ley se tienen como culpables porque ellos saben que su acción va en contra de la ley. Ahora en muchos casos, las personas de hecho no conocen lo suficiente de la ley para saber que lo que ellos están haciendo está en contra de la ley. Pero en ese caso, nuestro sistema jurídico imputa a esas personas el conocimiento de la ley para que ellos puedan tenerse como culpables. ¡Me encuentro eso completamente increíble, de que una persona que, de hecho, es ignorante de la ley sea considerado legalmente como conocedor de la ley porque ese conocimiento se le haya imputado a él! Ahora si eso tiene sentido, no es tan obvio (me parece a mí) de que Dios no pueda imputarle a Cristo la culpa de mi pecado, a pesar de que Cristo es moralmente sin defecto.

No tengo ninguna posición sobre estos y otros problemas en particular, pero éstas simplemente son algunas de las preguntas importantes que surgen en la doctrina de la expiación.

- William Lane Craig