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Dios, Tiempo y Eternidad

Summary

Dr. Craig explora la pregunta si Dios es atemporal o eterno a través de todo el tiempo infinito. La charla fue realizada en la Conferencia de Oxbridge el 23 de julio del 2002. Este artículo fue originalmente publicado con el título: “God, Time, and Eternity” y está disponible en inglés en: http://www.reasonablefaith.org/god-time-and-eternity.

Dios, Tiempo y Eternidad

William Lane Craig

Es un gran placer estar aquí y estoy particularmente feliz de que Walter haya mencionado la Sociedad Filosófica Evangélica [Evangelical Philosophical Society]. Dios ha estado haciendo una obra maravillosa en el campo de la filosofía en el ámbito anglo-americano y el crecimiento de la Sociedad Filosófica Evangélica es precisamente evidencia de eso. Tengo conmigo algunos ejemplares de nuestra revista “Philosophia Christi”para cualquiera de ustedes que le gustaría mirarla más de cerca. Les damos la bienvenida a ustedes a la Sociedad como miembros asociados o como miembros con pleno privilegio. Los dos tipos de membresía incluyen una subscripción para la revista, de modo que les invito a echarle un vistazo luego si están interesados.

En el programa que tienen es sus manos, el tema al cual se me asignó a hablarles hoy es el tema de la eliminación del tiempo absoluto por la teoría especial de la relatividad. Sin embargo, durante el intervalo, cambié de opinión sobre ese tema y después de haber escuchado a Sir John ayer, me alegré de haberlo hecho, ya que pienso que el Profesor Polkinghorne exploró de una manera muy efectiva la idea de que la teoría de la relatividad ha eliminado el concepto de Newton del tiempo absoluto. Como dijo Sir John, la noción del tiempo (o de la temporalidad) es una noción que en lo profundo es meta-científica o metafísica y, por lo tanto, en último análisis, no puede ser pronunciada por la ciencia. De hecho, me atrevería a decir que la teoría de la relatividad realmente no nos enseña nada sobre la naturaleza del tiempo, pero sí nos enseña todo acerca de las medidas físicas del tiempo. De manera que estoy contento de haber cambiado de tema: es decir de no abordar específicamente la teoría de la relatividad y, en vez, abordar una discusión más general sobre el tema, “Dios, el Tiempo y la Eternidad”.

“Dios”, declara el profeta Isaías, “es el Alto y Sublime, el que habita la eternidad” (Isaías 57.15). Pero siendo un profeta y no un filósofo, Isaías no tomó una pausa para reflexionar sobre la naturaleza de la eternidad divina. Como mínimo, ser eterno significa no tener principio ni fin. Decir que Dios es eterno quiere decir, en lo mínimo, que él nunca vino a la existencia y que nunca dejará de existir. Existir eternamente es existir permanentemente.

Pero habiendo dicho eso, debemos notar que hay por lo menos dos maneras en que algo pudiera existir eternamente. Una manera sería existir omni-temporalmente—es decir que existe en todos los instantes en el tiempo. Y si el tiempo se extiende infinitamente hacia el pasado y hacia el futuro, entonces un ser que exista omni-temporalmente existiría sin comienzo y sin fin. Él nunca entraría o saldría de la existencia. Él existiría permanentemente. Y, típicamente, la Biblia habla de Dios en términos de su duración eterna, es decir de Su duración omni-temporal. Por ejemplo, el Salmo 90.2 dice, “Desde antes que nacieran los montes y que crearas la tierra y el mundo, desde los tiempos antiguos y hasta los tiempos postreros, tú eres Dios”. La imagen aquí en la mente del salmista es de un Dios omni-temporal que perdura por todo el tiempo, desde la eternidad pasada hasta la eternidad futura.

Por otro lado, un ser pudiera existir eternamente, sin comienzo y sin fin, si dicho ser fuese absolutamente atemporal; es decir, un ser que trascienda por completo el tiempo, que no tenga ubicación o localización temporal y, por lo tanto, que no tenga ninguna extensión temporal, sino que sólo exista fuera del tiempo, no tendría ni comienzo ni fin. Dicho ser simplemente existiría en un presente único y atemporal, por así decir. Aunque la Biblia no habla de Dios explícitamente en términos de esa eternidad atemporal, no obstante, hay algunos pasajes bíblicos que sugieren una trascendencia de Dios que va más allá del tiempo. Por ejemplo, Génesis 1.1 dice, “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Y luego continúa describiendo su creación del primer día, del segundo día, tercer día, etc. Por lo tanto, ese comienzo imaginado por el autor de Génesis simplemente no pudiera ser un comienzo del universo o del cosmos material, sino un comienzo del tiempo mismo. Ahora bien, como Dios no comenzó a existir, eso implicaría que Dios, de alguna manera difícil de articular, existía más allá del comienzo del tiempo—más allá del comienzo del tiempo en el universo que se describe en Génesis 1.

De la misma manera, en el Nuevo Testamento hay una cantidad de textos muy interesantes que hablan de Dios existiendo antes del tiempo. Por ejemplo, en la doxología que se encuentra en la conclusión del libro de Judas, en el versículo 25, leemos: “al único Dios nuestro Salvador, por medio de Jesucristo nuestro Señor, sea gloria, majestad, dominio y autoridad, antes de todo tiempo, y ahora y por todos los siglos”. En este pasaje, en casi un inevitable façon de parler (manera de hablar), el autor se refiere a Dios como uno que existe antes de todo el tiempo; en cierto sentido, se refiere a que Dios existe fuera del tiempo. Si el tiempo fuera finito y tuviera un comienzo, entonces, Dios siendo eterno debe, de alguna manera, existir más allá (o trasciende) del tiempo.

Así que los datos bíblicos no son claros en cuanto a la naturaleza de la eternidad divina. Hay textos que dan a entender que Dios pudiera ser omni-temporal y hay textos que sugieren que Él pudiera ser completamente atemporal y, por lo tanto, es imposible decidir sobre esa cuestión de una manera bíblica. Debemos recurrir a la reflexión racional, teológica y filosófica para poder juzgar la naturaleza de la eternidad divina.

Ahora a este punto alguien podría preguntar: “¿por qué hacer eso?, ¿por qué simplemente no conformarnos con la afirmación bíblica de que Dios no tiene comienzo ni fin y que existe permanentemente, y detenernos ahí sin tratar de decidir entre esas dos teorías competentes de la eternidad divina?” Me gustaría sugerir dos razones de por qué pienso que es importante que indaguemos en ese tema de una manera más profunda y que no nos conformemos con la interpretación minimalista.

La primera razón tiene una naturaleza apologética. Es decir, el naturalismo moderno frecuentemente ataca al teísmo (o a la creencia en Dios) no simplemente sobre la base de que hay una falta de evidencias para la existencia de Dios, sino porque, como los naturalistas acostumbran afirmar que el propio concepto de Dios es incoherente y, por lo tanto, no puede ser una entidad que encaje en ese concepto. Un buen ejemplo de eso sería el premiado físico P. C. W. Davies en su libro Dios y la Nueva Física[1], el cual fue un best-seller arrollador al principio cuando fue publicado e impulsó a Davis a una fama instantánea como uno de los mejores popularizadores científicos de nuestros días. Davies argumenta que Dios no puede ser ni temporal ni atemporal. Él dice que Dios no puede ser atemporal debido a que Dios, de la manera que la Biblia lo describe, es una persona. Pero las personas son inherentemente temporales por naturaleza; actúan y reaccionan; son seres conscientes que deliberan, anticipan y recuerdan; piensan acerca de cosas; planifican hacer cosas y luego llevan a cabo esos proyectos. Todas esas cosas son actividades temporales y, por lo tanto, si Dios es personal (como la Biblia afirma), entonces Dios no puede ser atemporal.

Por otro lado, afirma Davies, Dios tampoco puede ser temporal. Pues si Dios existe en el tiempo, entonces Él estaría sujeto a las leyes de la teoría de la relatividad que rigen el espacio y tiempo, y por lo tanto, Él no puede ser omnipotente porque él está bajo (o sujeto a) las leyes de la naturaleza. Por lo tanto, el teísta enfrenta un dilema. El teísta cree que Dios es tanto personal como omnipotente. Pero si él es ambas cosas, él no puede ser atemporal ni temporal y, por lo tanto, ese Dios simplemente no puede existir. El Dios de la Biblia no existe.

Ahora para responderle a alguien como el Profesor Davies, es inútil simplemente citarle versículos bíblicos, pues su argumento es que el concepto bíblico de Dios es incoherente. Por eso, el teólogo cristiano necesita proporcionar algún modelo o teoría coherente de la eternidad divina que escape el dilema de Davies.

Pienso que la segunda razón por la que no podemos permanecer callados sobre este asunto es doctrinal. Es decir, para bien o para mal, ya ha existido un sinnúmero de declaraciones descuidadas que se han hecho sobre la doctrina de la eternidad divina. De modo que no tiene sentido de que ahora nos quedemos callados. ¡El gato ya está fuera del saco! Desde el púlpito, los predicadores constantemente hacen declaraciones: “estaremos con el Señor en la eternidad”, etc. Muchas veces, pienso yo, esas declaraciones están erróneas teológicamente. Una buena ilustración de ese problema es el libro Desilusión con Dios[2], del popular autor cristiano Phillip Yancey.

Desde ya quiero decir que me gustó leer el libro “Desilusión con Dios” y encontré que mucho de su contenido es significativo y conmovedor. Sin embargo, el punto principal de la solución de Yancey para el problema de la desilusión con Dios — o sea, la desilusión que se obtiene por el sufrimiento y mal gratuito que Dios permite en nuestra vida—, [el punto central para su solución] es la doctrina de Yancey de la eternidad divina. Pero cuando uno lee su explicación de la eternidad, uno descubre que ella se contradice a sí misma. De hecho, él adopta dos analogías para la eternidad divina que apoyan visiones mutuamente excluyentes. Una de ella apoya la atemporalidad y la otra apoya la omni-temporalidad divina. Por lo tanto, en el centro mismo de su libro se encuentra la incoherencia lógica que deja el problema de la desilusión con Dios sin resolver.

Por lo tanto, como cristianos reflexivos, pienso que simplemente no podemos permanecer callados con respecto a la naturaleza de la eternidad divina. Necesitamos involucrarnos en el proyecto de preparar una teoría o modelo de la eternidad divina que sea bíblicamente fiel y lógicamente coherente.

Ahora, habiendo dicho eso, quiero hacer hincapié de que no lo hacemos de una manera dogmática porque las Escrituras están abiertas sobre esta cuestión. La teoría que desarrollemos se sostendrá tentativamente. Se planteará como un modelo sugerido para que la comunidad cristiana la escudriñe y evalúe. Y de hecho, al mirar el escenario contemporáneo, uno encuentra que los eruditos cristianos sí difieren en su entendimiento de la eternidad divina. Tradicionalmente, la eternidad de Dios ha sido entendida en términos de atemporalidad. Dios simplemente trasciende el tiempo; Él no existe en el tiempo. Él no existe ahora, sino que Él simplemente existe atemporalmente. Los grandes defensores de esta visión han sido personas como San Agustín, Boecio, Anselmo y Tomás de Aquino. Y en el escenario contemporáneo, filósofos como Eleonore Stump, Norman Kretzman, Paul Helm, Brian Leftow y John Yates todos han defendido la teoría de la atemporalidad divina.

Por otra parte, también hay un gran número de pensadores que han defendido la temporalidad de Dios. Entre los autores clásicos, podemos citar a John Duns Scotus o a William (Guillermo) Ockham. Isaac Newton, el gran padre de la física moderna, en su comentario Principia, el cual está en el material impreso que recibieron para esta conferencia, defendía la temporalidad divina. En el escenario contemporáneo, pensadores como Alan Padgett, Richard Swinburne, Stephen Davis y Nicholas Wolterstorff todos ellos han optado por modelos de la temporalidad divina.

Es claro que las dos visiones no pueden ser verdaderas, ya que se contradicen entre sí. Decir que Dios es atemporal es simplemente decir que Él no es temporal. De manera que una es la negación (o lo contrario) de la otra. Si Dios fuera atemporal, Él no sería temporal; si Él es temporal entonces, por definición, Él no es atemporal. Es muy común escuchar a personas laicas decir: “Bueno, ¿por qué Dios no pueden ser las dos cosas? ¿Por qué no puede Él ser temporal y atemporal a la misma vez?” Bueno, el problema con esa respuesta es que a menos que se puede proporcionar un modelo que le dé sentido a esa afirmación, es rotundamente auto-contradictoria y, por lo tanto, no puede ser verdadera. Es como decir que algo es negro y no negro. Eso es lógicamente imposible, a menos que se pueda proporcionar algún tipo de modelo que provea una distinción que haría eso posible. Por ejemplo, algo podría ser negro en un lado y no negro en el otro lado. O podría ser negro por un tiempo, pero luego no negro por otro tiempo. Así que si se ha de mantener que Dios es tanto temporal como atemporal, se necesita proporcionar algún tipo de modelo que le daría sentido a eso. Pero en este caso es obvio que ninguna de esas dos alternativas lograría hacer eso, ya que una parte de Dios no puede ser temporal y la otra parte atemporal porque Dios, como un ser inmaterial, no tiene partes separables. Es decir, Él no está compuesto por partes. Tampoco se puede decir con cierta coherencia que Dios es atemporal en un tiempo y temporal en otro tiempo, ya que es claramente auto-contradictorio decir que Él no es temporal en un determinado tiempo. Esa es una contradicción en términos. Por lo tanto, las dos visiones de la eternidad divina no pueden ser correctas. Tenemos que decidir si Dios es atemporal o temporal.

Entonces, lo que me gustaría hacer hoy es examinar, primero, los argumentos que se dan a favor y en contra de la atemporalidad divina y después examinar los argumentos a favor y en contra de la temporalidad divina.

Me encontré que la mayoría de los argumentos a favor de la atemporalidad que leí en la literatura estaban o claramente erróneos o, como más, eran inconclusos. Pero hay un argumento a favor de la atemporalidad que considero realmente muy convincente y ese es el argumento que se basa en lo incompleto de la vida temporal. La vida temporal es radicalmente incompleta en el sentido de que todavía no tenemos nuestro futuro y de que ya no tenemos nuestro pasado. Nuestro pasado se esfuma de una manera continua y siempre nos estamos extendiendo hacia un futuro que no todavía tenemos. El único control que tenemos sobre nuestra existencia es el momento presente, el cual se está siempre desapareciendo, siempre desvaneciendo y siempre pasando. Incluso así, esa es la única cosa que tenemos control en la existencia que mantenemos como seres temporales. Por lo tanto, nuestras vidas son radicalmente efímeras y tienen un control tenue sobre la existencia. Pero eso parece ser incompatible con la vida de un ser de alta perfección, como es Dios.

Varios años atrás, fui convencido de una manera inesperada y poderosa de lo efímero de la vida temporal cuando leía a nuestros niños pequeños, Charity y John, el libro Little House in the Big Woods [Publicado en español con el nombre: La Casa del Bosque] de Laura Ingalls. Ahora, no era de esperarse que ese libro fuese una fuente de percepción filosófica, sino que a medida que llegaba a los párrafos finales, concluyentes del libro, quedé absolutamente sorprendido con lo que leí. (El libro no causó tanto impacto en mis hijos, más a mí me pegó como un martillo en la cabeza). Aquí está lo que ella escribió:

Las largas noches de invierno, el fuego y la música vinieron de nuevo [...] Una voz fuerte y dulce de Papá cantaba en voz baja:

¿Deberíamos olvidar los viejos conocidos y nunca recordarlos?

¿Deberíamos olvidar los viejos conocidos y los días de antaño?

Y los días de antaño, amigo mío, y los días de antaño,

¿Podríamos olvidar los viejos conocidos y los días de antaño?”

Cuando el violín había dejado de tocar, Laura llamó en voz baja: ‘¿Qué son días de antaño, Pa?’

‘Son los días de mucho tiempo atrás, Laura’ dijo Pa.

‘Ahora, ve a dormir’.

Pero Laura permaneció despierta un rato, escuchando a Papá tocando el violín suavemente y el sonido solitario del viento del Gran Bosque. Ella miraba a Papá sentado en la banca junto a la chimenea, con la luz de la llama reflejando en el cabello y su barba marrón y castaña y reluciendo en el violín marrón con un tono de miel. Ella miró a Mamá, meciéndose suavemente y tejiendo.

Ella pensó a sí misma, ‘Esto es ahora’.

Ella estaba contenta de que la casa cómoda, Papá y Mamá, la luz del fuego y la música, eran ahora. Esas cosas no podrían ser olvidadas, pensó ella, porque ahora es ahora. Nunca puede ser un tiempo muy largo atrás.[3]

Lo que hace que este pasaje sea tan conmovedor, por supuesto, es que ahora el tiempo en el que Laura Ingalls pensó que era tan real, era “ahora” para ella, mucho tiempo atrás. Se había ido—¡se había ido para siempre! La mamá y el papá se habían ido. El Viejo Oeste estadounidense había pasado. La misma Laura Ingalls Wilder se había ido. Aquellos días que ella llamaba “días felices y de oro” se habían ido para siempre, nunca serían recuperados. El tiempo tiene una forma salvaje de consumir la existencia, haciendo tenue y fugaz nuestra afirmación sobre la existencia. Y, ciertamente, esto es incompatible con la vida de un ser que sea el ser más perfecto, como Dios. Un ser perfecto debe tener toda su vida en un mismo instante, completa, nunca desvaneciéndose o todavía sin legar. En otras palabras, la vida de un ser perfecto debe ser una existencia atemporal en la cual él existe en un eterno ahora que nunca pasa.

Este argumento a favor de la temporalidad divina me parece extremadamente convincente y poderoso. Incluso así, yo no creo que es completamente demostrable porque considero que la fugacidad del tiempo es subestimado por un ser omnisciente. Parte de la razón de que los dientes del tiempo nos aparecen tan salvajes se debe a que nosotros no tenemos una memoria completa del pasado o de la anticipación del futuro en nuestras mentes. Pero para un ser omnisciente que conozca por completo el pasado, presente y futuro como si fueran en este [mismo] momento, la naturaleza fugaz del transcurrir o pasar del tiempo no es un asunto tan melancólico. Dios puede recordar acontecimientos pasados y volver a vivirlos con una viveza y realidad como si ellos estuvieran presentes. De igual manera, Él sabe de antemano los acontecimientos que han de venir en el futuro con el mismo tipo de realidad con que sabe los acontecimientos presentes. Así que para un ser que tenga una plena memoria del pasado y una plena presciencia del futuro, el transcurrir o pasar del tiempo no es un defecto tan grave y perjudicial como lo es para nosotros, criaturas finitas y temporales. Sin embargo, ante la falta de contra argumentos para la temporalidad divina, creo que este argumento sí ofrece algunas bases plausibles para afirmar que Dios es atemporal.

Entonces, ¿cuáles objeciones se pueden plantear contra la temporalidad divina? Bueno, una de las objeciones más comunes que se ha planteado en la literatura es que la atemporalidad y la personalidad [personhood] son incompatibles. Las personas se involucran en actividades como anticipar el futuro y recordar el pasado; deliberar y pensar discursivamente; experimentar sentimientos conscientes. Todas estas actividades son de carácter temporal. Por lo tanto, se dice que la idea de una persona atemporal es incoherente.

Pues bien, ¿es éste un buen argumento? No estoy convencido de que esa sea una buena objeción. Vamos a hacer un experimento mental: imaginémonos que Dios se haya abstenido de crear el mundo. Imaginémonos a Dios existiendo sin la creación. Podemos pensar de un mundo posible en el que Dios existe solo, solitario, sin ningún universo o ninguna orden creada. ¿Sería Dios temporal en ese mundo? Bueno, si Él tuviera un flujo de conciencia, Él sería claramente temporal, ya que habría una serie [cronológica] de acontecimientos mentales ocurriendo en Su mente. Pero supongamos que Dios exista inmutablemente en ese estado, que Él tenga un solo estado de conciencia. En ese caso, ¿sería Él temporal? Bueno, creo que eso está lejos de estar claro. Por el contrario, en la visión relacional del tiempo, en la cual el tiempo es simultáneo con los acontecimientos, ese estado inmutable sería un estado de atemporalidad. Por lo tanto, Dios existiendo en un estado como ese, pienso yo, sería plausiblemente atemporal.

Alguien podría decir: “Un ser personal no puede existir en una manera atemporal”. Bueno, ¿por qué no? ¿Cuáles son las condiciones suficientes para la personalidad [personhood]? Bueno, me parece que la condición que es necesaria y suficiente para la personalidad es la auto-conciencia. Conocerse a sí mismo como una persona, tener conciencia de uno mismo y, por lo tanto, intencionalidad y libertad de la voluntad son suficientes para la personalidad. Pero la conciencia de sí mismo no es una noción intrínsecamente temporal. Dios puede simplemente saber todas las verdades en una sola intuición de la verdad sin tener que aprender o sin tener que llegar a ella por medio de un proceso. Siempre y cuando Su conciencia no cambie, no hay razón para atribuirle temporalidad a Dios. Por lo tanto, no hay nada sobre una vida auto-consciente que implique temporalidad, siempre y cuando esa auto-conciencia sea inmutable.

En cuanto a las otras propiedades que mencionamos, yo diría que a pesar de que son propiedades comunes de los seres humanos (que, después de todo, son temporales), no son propiedades esenciales de la personalidad. Por ejemplo, consideremos el deliberar y pensar discursivamente; esas propiedades están excluidas de Dios, no tanto por su atemporalidad, sino debido a Su omnisciencia. Un ser omnisciente no necesita deliberar porque él ya sabe las conclusiones de cualquier cosa que él pudiera pensar. Y por lo tanto, la vida de pensamiento de Dios no puede ser discursiva si Él es un ser omnisciente. Él simplemente sabe todas las verdades en una sola intuición, en un solo momento. De igual manera, la memoria y la anticipación no son esenciales para una persona atemporal ya que él no tiene nada que olvidar y nada que anticipar si él simplemente existe atemporalmente. No hay pasado ni futuro. Así que estas características, a pesar de que son comunes en los seres humanos, no son esenciales para la personalidad y, por lo tanto, me parece que no hay incoherencia en hablar de Dios como un ser atemporal y personal.

De hecho, creo que la doctrina de la Trinidad nos puede ayudar a salir de este dilema, ya que la doctrina de la Trinidad proporciona un modelo útil para la existencia atemporal de Dios. Casi siempre, las personas dirán que las personas tienen que existir en relaciones interpersonales y, por lo tanto, Dios tendría que ser temporal. Pero lo que eso supone es que las personas con las Dios se relaciona tendrían que ser personas humanas. Pero según la doctrina cristiana de la Trinidad, eso no es verdad. Dios, en Su propio ser, es tri-personal y en la unidad de Su propio ser, Dios puede disfrutar de la plenitud de relaciones interpersonales dentro de la propia Divinidad de una forma atemporal e inmutable. Todo lo que el Padre sabe, el Hijo y el Espíritu saben; lo que el Padre ama, el Espíritu y el Hijo aman; lo que el Hijo desea, el Padre y el Espíritu desean. Esa es la doctrina de perichoresis, según la cual las tres personas de la Trinidad son completamente transparentes entre sí y se compenetran mutuamente. Y así como a veces nos referimos metafóricamente a dos amantes que se sientan simplemente mirándose a los ojos, sin decir ni una palabra - como “perdidos en ese momento atemporal”, así también, de una manera literal, Dios, en las relaciones interpersonales de la Trinidad, puede existir en un momento atemporal de pleno amor, de realización y de felicidad en la autosuficiencia de su propio ser. Por lo tanto, no estoy convencido de que la atemporalidad y la personalidad sean incompatibles. Me parece muy posible (y plausible) que Dios pueda existir atemporalmente y al mismo tiempo ser personal.

En resumen, entonces, hemos visto un buen argumento a favor de la atemporalidad divina (no decisivo, pero creo que es plausible) y, hasta ahora, no hemos visto ninguna buena razón para rechazar la atemporalidad divina.

¿Qué podemos decir de la temporalidad divina? Permítanme compartir con ustedes dos argumentos a favor de la temporalidad divina. El primero es el argumento basado en la relación de la causalidad de Dios con el mundo. Para poder entender esto, ustedes deben primero entender la diferencia entre el cambio intrínseco y el extrínseco. Algo cambia intrínsecamente si cambia una de sus propiedades, la cual tiene en aislamiento de su relación con cualquier otra cosa. Por ejemplo, una manzana que se esté madurando cambia de verde a roja. Ese es un cambio intrínseco en la manzana. Algo cambia extrínsecamente si cambia en sus relaciones con otra cosa. Por ejemplo, una vez yo era más alto que mi hijo John, pero ahora soy más pequeño que él. Él creció más que yo. Yo me hice más pequeño que John al pasar por un cambio extrínseco. Yo permanecí intrínsecamente incambiable en términos de mi estatura, pero he pasado por un cambio extrínseco en relación a John en que, debido a su cambio en estatura, ahora estoy en una nueva relación, es decir, más pequeño que, mientras que antes estaba en una relación diferente de tipo “más alto que” con mi hijo. Así que he pasado por un cambio relacional o extrínseco.

Ahora, para que algo sea temporal, no necesita estar cambiando intrínsecamente. Todo lo que necesita experimentar es pasar por un cambio extrínseco en sus relaciones. Por ejemplo, imaginémonos una roca existiendo en el espacio exterior, congelada en el cero absoluto. (Sé que eso es físicamente imposible, pero es sólo un experimento mental). Imaginemos que esa roca esté congelada en cero absoluto; por lo tanto, es absolutamente inmutable intrínsecamente. ¿Sería esa roca atemporal? Bueno, claramente pienso que no, pues ella todavía pudiera cambiar extrínsecamente en su relación con las cosas a su alrededor. Un meteoro le pasa rápidamente—un rato después, otro meteoro le pasa rápidamente—y poco tiempo después, otro meteoro le pasa rápidamente. A pesar de que la roca sea intrínsecamente inmutable, ella obviamente está en relaciones temporales con esos acontecimientos sucesivos. Por lo tanto, el cambio meramente extrínseco es suficiente para la existencia temporal.

Ahora Dios, como el creador del universo, está causalmente relacionado con el mundo. Él trae el mundo a la existencia. Y la pregunta es: ¿sería Dios temporal en virtud de sus relaciones cambiables con el universo temporal? Hagamos otro experimento mental.

Imaginemos, una vez más, a Dios existiendo solo, sin el mundo, sin la creación. Ahora, en tal estado, Dios o es atemporal o es temporal. Si Él es temporal, entonces el caso está resuelto: Dios existe en el tiempo. Entonces, vamos a suponer que Él sea atemporal. Además de eso, supongamos ahora que Dios decida crear el mundo y trae el universo a la existencia. Ahora, al hacer eso, Dios o continua siendo atemporal o, al contrario, se hace temporal en virtud de su nueva relación con el mundo cambiable. Si Dios se hace temporal, entonces Él claramente existe en el tiempo. Entonces, ¿pudiera Dios continuar siendo atemporal al crear el universo? Bueno, yo pienso que no. ¿Por qué? Porque al crear el universo, Dios pasa, en lo mínimo, por un cambio extrínseco— un cambio relacional. En el momento de la creación, Él entra en una nueva relación, en la cual Él no estaba antes ya que no existía un “antes”. Este es el primer instante del tiempo. Y, en el primer instante del tiempo, Dios entra en una nueva relación de sostener el universo o, por menos, de coexistir con el universo, una relación en la cual Él no estaba anteriormente. Entonces, en virtud de ese cambio relacional extrínseco, Dios sería traído al tiempo en el momento de la creación.

Pensadores como Tomás de Aquino intentaron evadir la fuerza de ese argumento negando que Dios sostiene cualquier relación real con el orden creado. Aquino admitía que si Dios entra en nuevas relaciones en el instante de la creación, como la de ser Señor, entonces Él sería temporal. De manera, pues, que Aquino fue llevado a negar que Dios mantuviera algunas relaciones reales con el mundo. Aquino dijo que nosotros, como criaturas, estamos realmente relacionados con Dios, como Sus efectos, pero que Dios no está realmente relacionado con nosotros como nuestra causa o Creador. Pero pienso que esa doctrina es claramente un expediente del desespero. Dios está causalmente relacionado con el universo y parece imposible, o incoherente, que pudiera haber efectos reales sin una causa real. ¿Cómo pudiéramos estar realmente relacionados con Dios como efectos a una causa, mas Dios no estar relacionado con nosotros como causa a efectos? Además de eso, Dios parece estar claramente relacionado con nosotros, ya que Él nos conoce, nos ama y desea nuestra existencia. Así que me parece que la solución de Aquino simplemente no es plausible. Esas son relaciones reales según cualquier definición sensible del término “relación real”. Por lo tanto, pienso que tenemos una razón poderosa para pensar que, en virtud de Su relación causal con la creación temporal, Dios es temporal.

El segundo argumento que me gustaría compartir con ustedes es el argumento basado en el conocimiento de Dios sobre los hechos temporalizados [tensed facts]. Para poder entender ese argumento, necesitamos apreciar la diferencia entre los “hechos temporalizados” [tensed facts] y los “hechos atemporales” [tenseless facts]. Por ejemplo, es un hecho atemporal que la conferencia sobre C. S. Lewis en Cambridge, comienza el 21 de julio del 2002. Ese hecho jamás cambia. Ha sido siempre verdadero y siempre lo será, es atemporalmente verdadero que la conferencia sobre C. S. Lewis se inicia el 21 de julio del 2002. Mas ese hecho atemporal no es información suficiente para impulsarme a dejar Atlanta, a abordar un avión el 20 de julio y volar a Cambridge. ¿Por qué no? Bueno, porque un hecho atemporal es siempre verdadero. ¿Qué necesito saber, además de ese hecho atemporal, para hacerme tomar un avión y volar hacia Cambridge? Lo que necesito saber es el hecho temporalizado de que hoy es 20 de julio, o que mañana es 21 de julio. En virtud de saber ese hecho temporalizado, yo tomo el avión y me voy a Cambridge para asistir a la conferencia. Por lo tanto, los hechos temporalizados son hechos sobre la relación de ciertos acontecimientos con el momento presente. Idiomáticamente, los hechos temporalizados pueden ser expresados por tiempos verbales, como pasado, presente y futuro; o por adverbios como “hoy”, “ayer” y “mañana”; o por frases preposicionales como “en un periodo de dos días[EndQuote] o “tres días atrás”. Todas esas son maneras de expresar hechos temporalizados.

Ahora, nótese que, en virtud de saber los hechos temporalizados, yo debo tener una ubicación temporal. Si sé que hoy es el 20 de julio, entonces estoy ubicado en el 20 de julio. Además de eso, al saber (o conocer) los hechos temporalizados, yo estaría constantemente cambiando. Yo sabría que hoy es el 20 de julio. Al día siguiente, sabría, entonces, que hoy es el 21 de julio y al próximo día que hoy es el 22 de julio. De modo que cualquier ser que sepa o conozca hechos temporalizados está pasando por cambios y, por lo tanto, es temporal. Como un ser omnisciente, Dios no puede desconocer los hechos temporalizados. Él debe conocer o saber no sólo los hechos temporalizados sobre el universo, sino también los hechos temporalizados sobre el mundo. De lo contrario, Dios sería literalmente ignorante respecto a lo que está ocurriendo ahora en el universo. Él no tendría ni la mínima idea de lo que estaría aconteciendo en el universo porque eso es un hecho temporalizado. Él sería igual a un director cinematográfico que tiene conocimiento de una película guardada en la lata [de la película], que sabe cuál imagen hay en cada toma de la película en la lata, pero no tiene idea de qué imagen está siendo proyectada ahora en la pantalla del cinema del centro de la ciudad. De la misma manera, Dios sería ignorante de lo que está aconteciendo ahora en el universo. Obviamente eso es incompatible con una doctrina vigorosa de la omnisciencia divina. Por lo tanto, estoy convencido de que, si Dios es omnisciente, Él debe conocer los hechos temporalizados y, por lo tanto, debe existir en el tiempo.

Por lo tanto, pienso que tenemos dos buenos argumentos a favor de la temporalidad divina. ¿Qué objeciones se pueden plantear en contra de Dios existiendo en el tiempo? Permítanme, una vez más, mencionar dos. La primera objeción a Dios existiendo en el tiempo es que los dos argumentos que acabé de presentar a favor de la temporalidad divina presuponen una visión dinámica de tiempo. Como ya hemos escuchado en el transcurso de esta conferencia, los filósofos del tiempo difieren con respecto a dos enfoques radicalmente distintos sobre la naturaleza del tiempo. Según la teoría dinámica del tiempo, el devenir temporal es objetivo y real. El pasado ya no existe; el futuro todavía no existe y es una pura potencialidad; y las cosas llegan a existir en el presente y dejan de existir a medida que expiran, de modo que el proceso temporal es dinámico y real. El pasado, presente y futuro son características objetivas de la realidad. John Polkinghorne y Bob Russell enunciaron esta visión.

A diferencia, los teóricos que defienden la visión estática del tiempo consideran que todos los momentos en el tiempo son igualmente reales, ya sean pasados, presentes o futuros. El tiempo es como si fuese un continuo espacial y los acontecimientos están ordenados en ese continuo como “antes de” y “después de”, pero la distinción entre el pasado, presente y futuro es una ilusión subjetiva de la consciencia humana. En realidad, el universo es un bloque de cuatro dimensiones que simplemente existe. Nunca llega a existir y nunca deja de existir. Simplemente es co-eterno con Dios y se puede decir que fue creado solamente en el sentido de que depende eternamente de Dios para su existencia. Tiene un comienzo sólo en el [mismo] sentido que una vara métrica tiene un comienzo, es decir, de que hay un primer centímetro en la vara. Pero el universo no viene a la existencia; el bloque cuatri-dimensional del espacio-tiempo simplemente existe. De manera similar, en la teoría estática del tiempo realmente no hay ningún hecho temporalizado. El tiempo lingüístico sirve sólo para expresar la perspectiva subjetiva de quien lo usa. No hay verdad absoluta acerca de lo que está aconteciendo ahora en el universo, ya que “ahora”, al igual que “aquí”, sirve meramente para identificar la perspectiva subjetiva de alguien. Todas las personas en cada instante en el universo espacio-temporal consideran su tiempo como “ahora” y otros como tiempo “pasado” y “futuro”. Pero en la realidad objetiva no existe “ahora” en el mundo. Todo simplemente existe de modo atemporal. Russell Stannard enunció esa visión.

Si uno adopta una visión estática del tiempo y niega así la realidad objetiva del devenir temporal y de los hechos temporalizados, entonces los dos argumentos a favor de la temporalidad divina son socavados. El argumento basado en la relación real de Dios con el mundo presumía la realidad objetiva del devenir temporal y el argumento basado en el conocimiento de Dios sobre el mundo temporal presumía la realidad objetiva de los hechos temporalizados. Mas si la visión estática del tiempo está correcta, nada con lo que Dios está relacionado viene o sale de la existencia y todos los hechos atemporales existen, de manera que Dios no sufre cambio extrínseco ni intrínseco. Él puede ser el Sustentador y Conocedor inmutable y omnisciente de todas las cosas y, por lo tanto, existe atemporalmente. Pues si el tiempo existe como parte de un bloque cuatri-dimensional, Dios no sufre cambio en Sus relaciones causales con el mundo. Existiendo fuera del tiempo, Él sólo causa que todo ocurra en el bloque cuatri-dimensional en diversas ubicaciones del espacio-tiempo. Sin embargo, Él es absolutamente inmutable en Sus relaciones causales con el mundo. De igual manera, en la visión estática del tiempo no existen hechos temporalizados. Los hechos temporalizados son una ilusión subjetiva de la consciencia humana. En el bloque del espacio-tiempo realmente no existe “ahora”; No hay pasado ni futuro. Simplemente son perspectivas de diferentes personas en el bloque, mas ninguna de ellas es objetiva ni real. Por lo tanto, si usted adopta la visión estática del tiempo, los argumentos que presenté a favor de la temporalidad divina son socavados.

Por lo tanto, estoy convencido de que la teoría de la eternidad divina que uno tenga se levantará o se caerá por la decisión que uno tome en relación a la teoría dinámica versus estática del tiempo. Si usted adopta la teoría dinámica del tiempo, debería creer en la temporalidad divina. Si usted adopta la teoría estática del tiempo, entonces la visión más plausible sería la atemporalidad divina.

Ahora en mi charla en esta mañana, no tengo suficiente tiempo para profundizar sobre ese tema. Eso se tomaría una charla completa, un seminario entero. Pero si usted está interesado, yo entro a profundidad en cuanto a los argumentos a favor y en contra de un teoría estática y dinámica del tiempo en mi libro Time and Eternity [Tiempo y Eternidad]. Y por si sirve de algo, mi juicio es que los argumentos a favor de una teoría dinámica del tiempo son superiores a los argumentos a favor de una teoría estática del tiempo. Pienso que el tiempo es dinámico, que la teoría estática del tiempo está abierta a objeciones filosóficas severas y, hasta pienso que está abierta a objeciones teológicas severas, mientras que la teoría dinámica del tiempo corresponde tanto a nuestra experiencia como a lo que la filosofía nos dice acerca de la naturaleza del tiempo. Por lo tanto, estoy convencido de que el tiempo es dinámico y, por eso, me encuentro en el bando de la temporalidad divina.

Pero hay una segunda objeción a la temporalidad divina con la que necesitamos tratar antes de concluir y esa es la pregunta: ¿Por qué Dios no creó el mundo antes? El filósofo alemán, Leibniz, presentó esta objeción contra el filósofo newtoniano Samuel Clarke en su correspondencia. Clark, al igual que Newton, creía que Dios había pasado por un vacío infinito, un tiempo muerto hasta un momento específico en el cual Él creó el universo. Y Leibniz preguntaba, “¿Por qué Él no creó el mundo antes?” ¿Por qué Dios perduraría ese periodo de inactividad creativa por una infinidad antes de crear el mundo?, y ¿por qué él crearía el mundo cuando lo hizo y no en un tiempo antes o un tiempo después? Veamos eso de esta manera. En la visión newtoniana, en cualquier tiempo t antes al momento de la creación, Dios se demoró de crear hasta algún tiempo más tarde t+n. En cualquier momento en el infinito pasado que usted escoja, Dios en ese momento pudo haber creado el mundo, pero sin embargo eligió no hacerlo. A pesar de que Dios dispuso crear el universo desde la eternidad, Él se abstuvo deliberadamente de crear desde ese momento y se demoró hasta algún tiempo más tarde. Dios ciertamente tuvo que tener una buena razón para hacer eso. Un ser supremamente racional, así como es Dios, no se demoraría en llevar acabo Su voluntad si no hubiera una buena razón para hacerlo. Pero en un tiempo infinito y vacío, puede no haber razón para preferir crear en dado momento y no en otro, ya que en un tiempo infinito y vacío todos los momentos son iguales. Ellos son indistinguibles y, por lo tanto, puede no haber razón para preferir un momento en vez de otro, y, por eso, no hay razón para Dios demorar (o dejar de) crear en algún tiempo t hasta t + n. Por lo tanto, Leibniz argumentaba, usted debe decir que el tiempo comenzó en el momento de la creación, que Dios no pasó por un tiempo infinito y vacío hasta la creación, sino que el tiempo comenzó en el momento exacto de la creación. Esa es exactamente la visión que San Agustín también adoptó al tratar con este problema.

Pero ahora tenemos una situación extremamente extraña. Hemos visto que el tiempo debe haber tenido un comienzo. Dios existe en el tiempo. E incluso así Dios no tiene un comienzo. ¿Cómo hace uno sentido de eso? ¿Cómo puede Dios existir en el tiempo, el tiempo tener un comienzo y aun así Dios no tener comienzo? Eso no parece tener sentido. ¿Nos obliga eso a concluir que, por lo tanto, Dios es simplemente atemporal?

Bueno, pienso que no, y quiero proponer un modelo para la eternidad divina que creo que va a resolver ese problema. Vamos suponer que el tiempo comienza a existir en el momento de la creación, y, por hipótesis, llamemos ese momento “el Big Bang”. Entonces, Dios no existía literalmente antes del Big Bang, ya que existir antes del Big Bang es estar en una relación temporal. Por lo tanto, Dios no existiría temporalmente antes del Big Bang. De alguna manera misteriosa, Él existía más allá del Big Bang, pero no antes del Big Bang. Ahora, en tal estado, Él claramente tendría que existir de una manera inmutable, ya que si hubiese acontecimientos, si Él pasara por cambios, el tiempo no comenzaría en el Big Bang. El tiempo comenzaría con esos primeros acontecimientos. Así que para que Dios exista más allá del Big Bang, Dios debe existir inmutablemente. Pero ese estado de inmutabilidad, desprovisto de acontecimientos, debe ser, como acostumbro decir, plausiblemente considerado como un estado de atemporalidad. Por lo tanto, el modelo que quiero proponer es que Dios existe atemporalmente sin la creación y temporalmente subsecuente a la creación.

Creo que podemos obtener una analogía física para eso, extraída de la noción de la singularidad cosmológica inicial. La singularidad cosmológica en la que nuestro universo comenzó no es, estrictamente hablando, parte del espacio y del tiempo y, por lo tanto, no es anterior al universo; más bien, es la frontera o límite del espacio y del tiempo. La singularidad es causalmente anterior a nuestro universo, pero no es cronológicamente anterior al universo. Ella existe en la frontera del espacio-tiempo. Análogamente, quiero sugerir que consideremos la eternidad, de la misma manera que la singularidad, como la frontera del tiempo. Dios es causalmente anterior (pero no cronológicamente anterior) al universo. Su estado inmutable, atemporal, eterno es la frontera del tiempo; en el cual, Él existe sin el universo, y en el momento de la creación Dios entra en el tiempo en virtud de Su relación real con el orden creado y Su conocimiento de los hechos temporalizados. De modo que Dios es atemporal sin la creación y temporal subsecuente a la creación.

Ahora bien, pienso que esa extraordinaria conclusión merece una reflexión seria. Ella significa que Dios, tanto en la creación como en la encarnación, emprendió un acto de desdén por amor a nosotros. Existiendo solo en plenitud de las relaciones de amor intra-trinitario, Dios no necesitaba relacionarse con personas temporales. En Su existencia atemporal perfecta, no hay déficit en Su modo de existir, no hay deficiencia que tiene que ser llenada. Pero por Su amor y Su gracia, Él escogió crear un mundo temporal de criaturas finitas, para que esas criaturas pudiesen ser invitadas a compartir de la vida trinitaria íntima de la Divinidad y del amor de las tres personas de la Trinidad. Por lo tanto, en la creación, Dios se humilla para entrar e involucrarse en nuestro modo temporal de existencia para relacionarse con nosotros y traernos a una relación consigo mismo. Y, por supuesto, en la encarnación Él se rebajó (humilló) hasta más bajo de ahí asumiendo, no sólo nuestro modo de existencia, sino nuestra propia naturaleza humana.

Pienso que eso hace mucho sentido de la relación entre Dios y el tiempo. Dios es atemporal sin la creación y temporal subsecuente a la creación. Habiendo entrado en el tiempo, Él no depende de las señales de la velocidad finita de la luz o de los procedimientos del tiempo sincronizado [de reloj] para saber qué tiempo es. Más bien, existiendo en el tiempo absoluto, Dios es, como proclamó Newton, el Señor Dios de dominio de Su universo. En las palabras de San Judas: “¡Sea la gloria, la majestad, el dominio y la autoridad, por medio de Jesucristo nuestro Señor, antes de todos los siglos, ahora y para siempre! Amén”.

Discusión

Pregunta. (Hugh Ross): Bill, cuando la Biblia habla del tiempo, ¿no es posible que eso esté restringido al tiempo cósmico? Y, como podemos concebir el tiempo como propiedades multi-direccionales, multi-dimensionales e imparables, las cuales el tiempo cósmico no posee, no podemos concebir la temporalidad independiente del tiempo cósmico, y la atemporalidad, por lo tanto, pudiera simplemente ser una existencia que trascienda el tiempo cósmico. ¿Será que la Escritura no habla de ser temporalmente “antes del comienzo del tiempo”? ¿No son esas cosas, por lo menos, posibilidades?

Respuesta. Sí. Ciertamente es posible pensar que Dios exista en algún tipo de segunda dimensión que sería una clase de híper-tiempo, en el cual nuestro tiempo ordinario está incrustado. Pero no estoy convencido, como tú ya sabes, Hugh, que esa sea una buena alternativa, o una alternativa plausible. Pienso que es metafísicamente extravagante postular un híper-tiempo, una segunda dimensión del tiempo. No hay ninguna evidencia científica para eso. En las teorías de cuerda multi-dimensional, como sabes, esas dimensiones adicionales son dimensiones espaciales y no dimensiones temporales. Ellas todas evolucionan en la dimensión de un tiempo único que comienza en el Big Bang.Por lo tanto, es una extravagancia metafísica postular un híper-tiempo.

En segundo lugar, no pienso que proponer una segunda dimensión del tiempo resuelva algo, ya que todos los problemas de los cuales hemos hablado con relación a la primera dimensión del tiempo simplemente se van a repetir para la segunda dimensión del tiempo. ¿Es el híper-tiempo un tiempo atemporal o temporalizado? ¿Es dinámico o estático? Y todo el asunto simplemente vuelve a surgir una vez más. Así que no pienso que eso realmente resuelva algo.

Por último, mi tercer punto sería que pienso que al proponer una segunda dimensión, el tiempo está abierto a ciertas objeciones, es decir, que entiendo que tú sólo puedes hacer sentido de un híper-tiempo al interpretar el tiempo unidimensional en el cual vivimos y existimos como un tiempo estático. Si nuestro tiempo fuera un tiempo dinámico, entonces no puede estar embebido en una dimensión más alta del tiempo. Considerarlo como una dimensión más alta del tiempo es tratarlo como una dimensión espacial en la cual tú puedes tomar, por así decir, la longitud y añadírsela a la anchura con el fin de obtener un plano. Pero el tiempo no se expande como una figura espacialmente linear si tú tienes una teoría dinámica del tiempo. Eso sólo funcionaria en una teoría estática. Y como no pienso que la teoría estática sea correcta por numerosas razones, no pienso, por lo tanto, en última instancia, que el híper-tiempo sea metafísicamente posible. Así que por esas razones, yo lo rechazaría.

Pregunta: (Hugh Ross): Bien, ¿qué puede usted decir de la posibilidad de un híper- hípertiempo? En otras palabras, alguna capacidad de Dios completamente independiente de cualquier concepto del tiempo que tenemos, pero que, a pesar de eso, permitiría a Dios a --

Respuesta: cuando se usa la idea de “extra-dimensionalidad”, yo entiendo que se usa, de hecho, como una metáfora para algo que no es literalmente una dimensión más alta del tiempo. Es una metáfora para decir que Dios tiene la capacidad de actuar en nuestro tiempo de maneras extraordinarias, o algo parecido. Y, ciertamente, yo admitiría eso, pero no pienso que la metáfora de incrustar dimensiones más altas del tiempo sea una metáfora útil, ya que es demasiada engañosa. Si fuese tomada literalmente, como ya dije, [entonces] pienso que sería extravagante, no solucionaría el problema y tendría serias objeciones.

Pregunta: ¡Gracias por su excelente charla! El concepto de la inmutabilidad, de la imposibilidad de cambiar de Dios es, pienso yo, esencial siempre y cuando queramos mantenernos alejados de la teología del proceso o de otras áreas donde pienso que nos podríamos equivocar. Si Dios es atemporal antes de la creación y temporal después de ella, ¿está usted insinuando algún cambio en Su naturaleza, esencia, o Su carácter, o simplemente en Su relación con el tiempo?

Respuesta: ¡Excelente pregunta! No. De ningún modo, estoy insinuando que ocurra un cambio en Dios. Recuerda que hablé de que Él pasa por un cambio extrínseco, un cambio en las relaciones. Ese no sería un cambio en su naturaleza. Sí, pienso que Dios también cambia de maneras intrínsecas—por ejemplo, saber qué hora es. Él sabe que ahora es t1, ahora es t2, ahora es t3. Pero pienso que esos tipos de cambios triviales no amenazan en nada el concepto ortodoxo de Dios. Lo crucial es que Dios no cambia en sus atributos de omnipresencia, omnipotencia, santidad, amor, eternidad, y todos los demás. Todos esos atributos serían preservados como atributos esenciales de Dios según este modelo.

Pregunta: Usted dijo al principio de su charla que los laicos con frecuencia hacen la pregunta: “¿Por qué Dios no podría ser atemporal y en el tiempo?” Yo quisiera hacer esa pregunta otra vez: ¿Por qué Dios no pudiera ser atemporalmente existente y temporal? Pienso que hay un elemento de atemporalidad dentro del tiempo. Ese es mi argumento.

Respuesta: ¿Tú percibiste que el modelo que adopté al final realmente es la intuición del laico? Es decir, yo argumenté de que Dios es tanto atemporal como temporal. Esa es la intuición del laico, pero a menos que tú des un modelo, eso es rotundamente una contradicción. Eso es como decir que algo es A y no-A, y es lógicamente incoherente. Eso es imposible. Pero he intentado proporcionar un modelo con el fin de que eso ya no sea auto-contradictorio. ¿Cómo califico ese modelo? Dios es atemporal sin el universo y temporal subsecuente al comienzo del universo. Lo que he hecho, en un sentido (y pienso que esto es irónico porque no me dispuse hacer eso), fue terminar vindicando lo que el laico piensa cuando dice que Dios es tanto temporal como atemporal. Pienso que eso está correcto. Él es atemporal sin la creación y temporal subsecuente al momento de la creación.

Pregunta: Pero lo que yo le diría a usted es que, algo debe haberse perdido en eso, en esa transición de ser atemporal a ser temporal, porque si Dios se hace temporal después de la creación o durante la creación, entonces Él ya no debe recordarse de la atemporalidad que tenía antes. Él no puede recordarse de eso porque Él ya no es atemporal.

Respuesta: Sí—pues, ¡eso está correcto! Esa es una teoría muy extraña, debo admitir. Ese es un modelo muy, muy extraño. Pero cuando uno está tratando con temas como el tiempo y la eternidad, casi todo lo que se presenta es extraño. Así que lo que este modelo va a requerir es que nosotros digamos que la omnisciencia de Dios en Su estado atemporal implicaría el conocimiento de verdades exclusivamente atemporales, como “En t=0, yo creo el mundo”, “en t=n, libero a los israelitas de la esclavitud”, “en t=n+m, yo encarno en la persona de Jesús de Nazaret”y así sucesivamente. En el momento de la creación, de repente habrá un gran número de proposiciones temporalizadas las cuales cambiarían su valor de falsos a ser verdaderos: es decir, “yo liberté a los israelitas”, “yo encarné” y así sucesivamente. Las proposiciones en el tiempo verbal pasado se convertirán en verdaderas: “Yo creé el mundo hace un minuto”, “yo hice eso y aquello”, etc. Pero no habría ninguna proposición en el tiempo pasado sobre el estado atemporal antes del mundo porque ese no es en el pasado.

Pregunta: ¿Y en cuanto a las proposiciones de los futuros contingentes? ¿Se sorprende Dios por lo que hacemos?

Respuesta: No, no lo creo, ya que Él es omnisciente. La doctrina de la omnisciencia dice que para cualquier proposición o hecho verdadero, Dios sabe o conoce esa proposición o ese hecho y Él no cree en ninguna proposición falsa. Esa es la definición tradicional de omnisciencia. Como ahora hay verdades sobre el futuro, Dios, como un ser omnisciente, debe conocerlas. Y eso es lo que la Biblia afirma. El Nuevo Testamento tiene un vocabulario entero de palabras griegas con el prefijo pro-, como prognosis, que significa literalmente “conocimiento previo”, y le atribuye esto a Dios. Él predice (promartureo) el futuro. Él predestina (proorizo) el futuro. Además de eso, el conocimiento que Dios tiene del futuro es ejemplificado en la profecía, como la predicción de Jesús sobre la traición de Judas y la negación de Pedro, acontecimientos altamente contingentes. Afirmo, por lo tanto, que Dios no se sorprende por lo que sucede en el transcurso del desarrollo del tiempo porque Él es omnisciente.

Pregunta: Como Él se hace temporal, ¿de dónde Él obtiene esa presciencia?

Respuesta: Esa es una pregunta muy interesante. Pienso que hay, por lo menos, dos teorías, que tú pudieras adoptar como base de la presciencia divina. Una sería la que dice que Dios simplemente tiene la omnisciencia como un atributo esencial; es decir que es un atributo esencial de Dios creer sólo y todas las proposiciones verdaderas. Él no aprende nada [nuevo] porque Él tiene exactamente la propiedad esencial de conocer o saber todas las verdades, y estaría equivocado pensar que Dios tiene, de alguna manera, que aprender lo que Él sabe. El otro modelo es llamado “conocimiento medio”, el cual mantiene que Dios sabe lo que todas las criaturas libres harían libremente en cualquier circunstancia en la que fueran puestas. En virtud de conocer esas verdades y de conocer el decreto de Su propia voluntad de crear ciertas circunstancias y de poner ciertas criaturas en ellas, Dios, entonces, sabe todo lo que va a acontecer. Estoy convencido de que uno de esos dos modelos es un modelo viable para la omnisciencia divina y que el modelo del conocimiento medio es especialmente útil para explicar la providencia de Dios sobre un mundo de criaturas libres.

Notas

  • [1]

    Publicado en español bajo el título “Dios y la nueva física” (Biblioteca Científica Salvat (1986)

  • [2]

    Publicado en español bajo el título “Desilusión con Dios” (Vida, 2011)

  • [3]

    Laura Ingalls Wider, Little House in the Big Woods (Harper & Row, 1932), pág. 237-8.