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May 26, 2026Saludos, Dr. Craig:
Gracias por sus aportes en filosofía y teología. He seguido su trabajo durante más de diez años. Debo decir que soy suscriptor de sus boletines mensuales y, después de leer uno de ellos, no estoy completamente seguro de entender exactamente cuál es el punto que usted quiere hacer. Me parece que comienza el boletín ofreciendo una clasificación del antiguo testamento de Génesis como etiología, lo cual implicaría que no necesariamente habría existido un Adán histórico. En segundo lugar, ofrece una explicación de la referencia de Pablo a Adán dentro del marco de que Pablo estaría refiriéndose al Adán literario. Luego usted aclara el desafío que la ciencia plantea en la discusión sobre la existencia de un Adán histórico. Finalmente, concluye el artículo afirmando que la historicidad de Adán tiene implicaciones para la inspiración y la autoridad de la Escritura. Sin embargo, me resultó difícil ver la conexión entre su afirmación de que la inspiración y la autoridad de la Escritura están en juego y los puntos anteriores de su análisis. ¿Cuál fue el propósito de presentar la clasificación de Génesis por parte de los académicos del Antiguo Testamento como etiología y de sugerir que Pablo quizá no esté refiriéndose a Adán como una persona histórica? ¿Está usted argumentando que Adán no fue una persona histórica y que Génesis es un relato mitohistórico? ¿Ofrece esta clasificación, por así decirlo, cierto margen interpretativo para entender Génesis como presentando algo histórico que usted no identifica explícitamente? ¿Le parece más plausible que no haya existido un Adán histórico? Esa es mi pregunta. Soy el facilitador de un grupo de apologética en línea y este tema ha sido causa de mucha confusión y discusión entre los miembros. Si usted no publica esta pregunta, estaría igualmente satisfecho con recibir una respuesta por correo electrónico que pueda compartir con los integrantes del grupo.
Muchas gracias.
Sean
Estados Unidos
Respuesta de Dr. Craig
R
Justo esta misma tarde estaba leyendo un ensayo del erudito del Antiguo Testamento Richard Averbeck que comienza con estas palabras: «No importa lo que digas (o escribas) acerca de los primeros capítulos de Génesis: vas a tener muchos problemas con mucha gente».
Esto es especialmente cierto en lo que respecta al Adán histórico. Se trata de un tema que hoy está lleno de controversia, parte de la cual describí en nuestros dos últimos boletines mensuales (junio y julio de 2018). Como compartí en esos boletines, ahora que mi trabajo sobre la expiación ha concluido, he dirigido el foco de mi investigación hacia la cuestión de la historicidad de Adán y Eva. En medio de todo el debate, una cosa de la que estoy relativamente seguro es que la perspectiva tradicional de la Iglesia (sin mencionar también el judaísmo) sostiene que Adán y Eva son los únicos progenitores de toda la raza humana. La cuestión es si esa perspectiva es correcta.
Investigar esa pregunta implica dos tareas independientes que, lamentablemente, con demasiada frecuencia se confunden o se mezclan: Primero, determinar qué enseña la Biblia sobre este tema. Y, en segundo lugar, formular una doctrina del hombre que sea empíricamente adecuada. La primera tarea pertenece a la teología bíblica, mientras que la segunda corresponde a la teología sistemática. El teólogo bíblico buscará determinar la interpretación correcta de los textos del Antiguo y del Nuevo Testamento relacionados con Adán, utilizando no solo estudios lingüísticos, sino también recurriendo a materiales extrabíblicos provenientes del Antiguo Cercano Oriente y del judaísmo del Segundo Templo. El teólogo sistemático, por su parte, intentará construir una doctrina del hombre que no solo sea consonante con la enseñanza bíblica, sino también adecuada a los hallazgos establecidos de la ciencia contemporánea, como la arqueología y la genética.
Es crucial que cada una de estas dos tareas se lleve a cabo en completa y rigurosa independencia una de la otra. Existe una tendencia casi irresistible a permitir que la ciencia guíe nuestra interpretación bíblica. Este tipo de enfoque interpretativo de la Escritura suele llamarse «concordismo». Comenzando con lo que la ciencia moderna nos dice acerca del origen del mundo y de la humanidad, nos acercamos al texto bíblico y leemos esa ciencia dentro del texto, o al menos interpretamos el texto de tal manera que concuerde con la ciencia moderna. Las fallas de una hermenéutica de este tipo son evidentes: (1) No interpreta el texto como el autor y sus lectores originales lo habrían entendido, sino que introduce en él significados que les son ajenos. (2) A medida que la ciencia progresa, cada generación leerá su propia ciencia en el texto, por ejemplo, la física newtoniana previa a la relatividad.
Sospecho que muchas de las interpretaciones extravagantes de los primeros capítulos de Génesis (por ejemplo, la llamada «creación funcional» o la teoría día-era) están motivadas por el profundo temor de que una teología bíblica desarrollada independientemente de la ciencia moderna revele que los creacionistas de la Tierra joven tienen razón y que, por consiguiente, la tarea del teólogo sistemático se vuelva desesperadamente difícil.
Si la teología bíblica de la creación defendida por los creacionistas de la Tierra joven fuera la interpretación correcta, entonces nos enfrentaríamos a dos opciones muy difíciles: o bien (1) intentar defender la viabilidad científica de un universo de entre 10 000 y 20 000 años de antigüedad —lo cual, como dije antes, parece prácticamente imposible—, o bien (2) revisar la doctrina de la inspiración y autoridad bíblica de tal manera que permita que la Escritura enseñe errores.
Creo que ya puedes ver, Sean, la relevancia que tiene esta cuestión para la inspiración y la autoridad de la Escritura. Para ilustrarlo, esta semana he estado leyendo el Comentario de Génesis del eminente erudito del Antiguo Testamento Gerhard von Rad. Una y otra vez von Rad parece ponerse del lado de los creacionistas de la Tierra joven al afirmar que Génesis debe interpretarse científica y factualmente, en lugar de mítica o figurativamente. ¿Significa esto que él está de acuerdo con el creacionismo de la Tierra joven? ¡Por supuesto que no! Más bien, considera que Génesis es anticuado y erróneo en muchas de sus afirmaciones científicas, históricas y geográficas, aunque sostiene las verdades espirituales expresadas en la Escritura.
No podemos permitir que la ciencia moderna guíe nuestra teología bíblica con el fin de evitar la interpretación de la Tierra joven. Pero sí podemos, a la luz de la ciencia moderna, sentirnos motivados a reconsiderar nuestra interpretación de los textos bíblicos para verificar si realmente los hemos entendido correctamente. Scot McKnight evita hábilmente el concordismo cuando explica:m«Mis encuentros con científicos dignos de confianza me enseñaron a volver a la Biblia con otras preguntas y con otras posibles interpretaciones, y a preguntarme qué significaba Génesis en su propio mundo». [1]
Ese es precisamente el proyecto que muchos están desarrollando en la conferencia del Creation Project, de la cual hablé en nuestro boletín mensual de julio. Yo no estaba «argumentando» a favor de ninguna postura particular; simplemente estaba compartiendo con nuestros lectores algunas de las preguntas clave que se discutieron en la conferencia y, de ese modo, familiarizándolos con los problemas que deben abordarse. Por ejemplo, si Génesis 1–11 es literatura mitohistórica, entonces gran parte de lo que dice no necesita tomarse de manera estrictamente factual, porque no fue escrito con la intención de ser leído de ese modo. Adán podría ser una persona histórica, pero no deberíamos tomar los relatos como factualmente exactos en todos sus detalles (por ejemplo, una serpiente que habla). Pablo parecía considerar a Adán como una persona histórica; sin embargo, como mencioné, incluso aquí existe —como tú lo expresaste— cierto «margen interpretativo» (wiggle room) para el teólogo bíblico.
Comencé a trabajar seriamente en la cuestión del Adán histórico hace apenas unos pocos meses, por lo que aún no tengo posiciones definitivas sobre estas cuestiones difíciles. Una vez que se complete la tarea de la teología bíblica, todavía queda por delante la tarea de la teología sistemática. Así que no, no «me parece más plausible que no haya existido un Adán histórico». Llegar a una conclusión así en este momento sería completamente prematuro y, por lo tanto, injustificado.
[1] Dennis R. Venema y Scot McKnight, Adam and the Genome: Reading Scripture after Genetic Science (Grand Rapids, Mich.: Brazos Press, 2017), pág. 95.
- William Lane Craig